TERRORISMO PATRONAL EN EL CAMPO

 

“ El Capital no tiene la menor consideración ni por la salud ni por la duración de la vida del trabajador, a no ser cuando la sociedad le obliga a ello.”

( Karl Marx)

 

 

Hace pocas fechas, en este verano del 2020, salta la noticia de un trabajador del campo nicaragüense, Eleazar Blandón, que muere por un golpe de calor y es abandonado a las puertas de un centro de salud de Lorca, en la región de Murcia.

Es Agosto, y en el campo murciano el sol golpea, sin misericordia. Jornadas con 40 a 44 grados a la sombra, en un campo de sandías. Los propietarios no facilitan ni agua, ni alojamiento. Sin sombra y sin agua. Una cuadrilla de temporeros, mal alimentados, mal descansados, mal hidratados, recoge sandías y las carga en un camión. Jornadas de 11 horas a pleno sol, de lunes a sábado por unos 30 euros al día. El nicaragüense, Eleazar Blandón, padre de cuatro hijos, forma parte de ese grupo. No tiene papeles, tampoco contrato, como tantos miles de inmigrantes en el campo español. Sobre las dos de la tarde, Eleazar, empieza a sentirse mal, hasta el punto de desmayarse. Los patrones esclavistas trasladaron su cuerpo inerte a una camioneta y lo dejaron abandonado como un perro delante de un centro de salud en Lorca. En dicho centro intentaron salvarlo, sin lograrlo, falleciendo por golpe de calor y parada cardiorrespiratoria.

Muerte en Murcia…. podría ser el título de una película de Visconti…. pero no. Se trata de otro acto de terrorismo patronal que acaba en homicidio, y deja el cadáver de un hombre de 42 años. Se trata de un “ilegal”, un “nadie” que diría Galeano. Le llaman “accidente laboral”, pero sigue siendo un homicidio. Se trata, una vez más, de otro trabajador esclavizado y asesinado por la patronal esclavista que ve crecer sus fortunas gracias, entre otros factores, a las leyes de inmigración que reducen a decenas de millares de personas a trabajar en condiciones de esclavitud, a pleno sol con más de 40 grados, a trabajar bajo los aviones que fumigan los campos encima de esas personas.

Ha sido asesinado otro ser humano proveniente de un país rico pero empobrecido por el saqueo capitalista, otro ser humano empujado a los terribles caminos del éxodo que tienen que emprender millones de personas siguiendo la ruta que emprenden las riquezas que las multinacionales saquean en sus países. Otro ser humano empujado al éxodo hacia las metrópolis del capitalismo que succionan las riquezas pero rechazan a las personas (a menos que estas sean reducidas a la esclavitud moderna por las leyes migratorias, y así servidas en bandeja a los empresarios de toda laya). Otro ser humano que tuvo que padecer la discriminación, la persecución, el racismo, la explotación aberrante y hasta el asesinato en la Europa del Capital, en esa Europa cuya cínica crueldad pretende vestirse de “mundo civilizado”. Otro hermano humano asesinado, que las cucarachas racistas llaman “ilegal”, cuando lo “ilegal” debería ser la esclavitud, debería ser este sistema criminal en el que un puñado agiganta sus fortunas sobre la explotación de las y los trabajadores y sobre el saqueo de la naturaleza. “Ilegal” debería ser saquear países hasta la médula y encima luego saquear a los humanos así empujados a migrar, “ilegal” debería ser el imperialismo que impuso su geopolítica a través de una historia colonial y sigue imponiendo latrocinio, ecocidio y genocidio, sigue perpetrando injerencia, golpes de Estado, guerras imperialistas y rapiña.

Uno de los empresarios homicidas que facilita cuadrillas de trabajadores a las explotaciones agrícolas fue detenido, pero ya está en libertad y sin fianza ninguna. Además sólo es un esbirro de la mafia agrícola murciana, un subordinado más cruel aún que sus jefes, un pringao que está ahí para comerse los marrones.

Al parecer los que abandonaron al trabajador nicaragüense van a ser “investigados” por infracción a las leyes laborales. Todo se traducirá en nada, nada de cárcel y, en todo caso, una multa leve que esos homicidas amortizarán rápidamente con toda la plusvalía que le sacan a la mano de obra en semi-esclavitud). En todo caso, no serán investigados por trato esclavista y homicidio, como debería ser.

 

“ Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, capaz de insanos vicios y crímenes bestiales, que bajo el pardo sayo esconde un alma fea.” (Antonio Machado)

 

El trabajador nicaragüense víctima del terrorismo patronal, sufrió constantes maltratos, vejaciones y humillaciones por parte de capataces y jefes. En sus comunicaciones con su hermana, dijo: “ Aquí casi todos somos hombres y no hay ni uno sólo que no haya derramado lágrimas por los maltratos recibidos.” Estaba a punto de volverse a Nicaragua… ¡pero no le dio tiempo! Ningún cargo público, ningún representante de la administración ha dado el pésame a la familia, ni ha ofrecido su ayuda.

Que no haya ninguno de estos empresarios esclavistas en la cárcel, es síntoma de la mierda de justicia que tenemos. ¿Qué clase de empresarios homicidas tenemos ene este país?  ¿Por qué actúan tan impunemente ante la indiferencia, cuando no la complicidad de las administraciones públicas y de la mayoría de los medios y partidos políticos? Porque estamos ante las más altas cotas de miseria humana al servicio de la economía capitalista. Hace poco tiempo, las Naciones Unidas enviaron a un relator ante las denuncias recibidas por las condiciones de esclavitud laboral en el campo español. El relator de las ONU quedó impactado cuando pudo comprobar las situaciones esclavistas en los campos de muchas regiones, y así lo reflejó en su informe. Pero nada ha cambiado, y lo peor es que todos sabemos que nada cambiará, ni con gobiernos anteriores ni con este gobierno supuestamente progresista. En realidad, nada ha cambiado desde 2018 con este gobierno “progresista”, siguen los mismos abusos laborales, el trabajo esclavo, las horribles condiciones de trabajo. Lo mismo ocurre con el homicidio de Eleazar, pues la noticia se olvidará en pocos días y la gente seguirá comiendo sandías sin preguntarse nada.

Está claro que no hay control ni vigilancia alguna por parte de los organismos correspondientes. ¿Y los inspectores de trabajo? ¿Es que no saben que estas salvajadas ilegales pasan todo el tiempo y en todos los sitios? ¿No saben que el campo está lleno de inmigrantes esclavizados y explotados que trabajan en condiciones inhumanas? ¿No lo saben?, porque lo sabe todo el mundo.

En realidad y en nombre de la sacrosanta economía, las autoridades laborales reciben instrucciones “de arriba” para no intervenir, o, en todo caso,  aparentar que intervienen, por ejemplo, anunciando con antelación las inspecciones para que les de tiempo a los empresarios ocultar lo que haya que ocultar. Así, las autoridades de inmigración dejan a miles de personas sin papeles y los condenan a la clandestinidad; el Ministerio de Sanidad los ignora, y Bienestar Social es indiferente… y todo porque dicen que así la fruta sale barata. Así que gobiernos y administraciones son culpables, por omisión y complicidad.

Estamos ante la nueva esclavitud del siglo XXI, ante una auténtica esclavitud laboral que es la que ejerce esta gentuza que se hacen llamar empresarios productores. Luego tienen la cara dura de quejarse de que los españoles no quieren trabajar en el campo, ¿con esas mierdas de salarios? ¿bajo esas espantosas condiciones? Además, en el colmo de la inmoralidad, esos empresarios cuando el gobierno de forma tímida amenaza con inspecciones laborales en el campo, levantan el grito en el cielo y se indignan.

Estos mafiosos del campo, estos empresarios esclavistas, son una mierda de personas, insensibles al dolor y al sufrimiento de los demás, quizás por qué ¿Cuántos empresarios han muerto por un golpe de calor trabajando en el campo? Esta gentuza son hombres y mujeres sin alma ni corazón, que no quieren entender los problemas de los más vulnerables, porque ellos y ellas y sus familias viven de puta madre.

A mí, en estos casos, me brota una rabia asesina sólo comparable a la que siento con respecto de los violadores o torturadores. Añoro los tiempos no tan lejanos, en que se colgaba a los patrones asesinos.

Como decía el escritor Valle Inclán:

“ … Barcelona es muy querida a mi corazón. Todos los días matan a un patrón, a veces a dos. No deja de ser un consuelo.”

 

Alberto Martínez López

UNAI PASCUAL DOCTOR EN ECONOMÍA AMBIENTAL«Deberíamos diseñar ya una asamblea ciudadana por el clima»

 

Para Unai Pascual, 2020 va a ser un año clave para saber si la arquitectura levantada durante años para llegar el Acuerdo de París, con el objetivo de limitar el calentamiento global a 2º C –a ser posible 1,5ºC– frente a la era preindustrial se viene abajo o se pone en marcha. Que los países reporten sus emisiones de forma comparable y con datos fiables, y la financiación para que los países más empobrecidos puedan comprometerse a sus reducciones de CO2 son retos que quedaron pendientes en la cumbre de Madrid y que tendrán que decidirse en noviembre en Glasgow. El «no acuerdo», que para muchos fue mejor que un mal acuerdo, debería convertirse ahora en medidas concretas sobre el mercado de emisiones. Aun así, estima que «el fiasco de Madrid» hay que tomarlo con cautela, ya que las expectativas por la presión cada vez mayor de la calle eran demasiado elevadas para unos Estados que posponen decisiones hasta el límite.

¿Esperarán los países hasta última hora para aumentar sus compromisos en Glasgow o no habrá la ambición suficiente?
Creo que hay menos ambición real que la que retóricamente se trata de mostrar. Los países van a incrementar sus compromisos nacionales pero mi impresión es que en Glasgow todavía vamos a estar lejos de llegar a esos 2º C de aumento. Se dijo que este tipo de acuerdos voluntarios generan una especie de círculo virtuoso en el que los países empiezan a implicarse con un efecto contagio positivo. Es el único acuerdo político que se puede llevar a cabo. Otra cosa es que llegue a ser efectivo pero quizá no había otra manera de convencer a EEUU, Rusia… de que hagan esfuerzos para reducir sus emisiones cuando otros países emergentes que tienen responsabilidad se quedan fuera. En la última década China se convierte en el primer emisor mundial de CO2 –aunque per capita emita mucho menos que EEUU– pero nosotros importamos un montón de productos de China.

Aquí entra en juego la geoestrategia.
Si hasta ahora la geostrategia ha impactado en el clima, estamos en un momento en el que el clima está impactando en las cuestiones geostratégicas. China hoy produce dos terceras partes de todas las hélices eólicas del mundo, dos terceras partes de las baterías de litio y la mayoría de los paneles solares del mundo. Ya no es el país de la mano de obra barata de hace veinte años. China produce en este momento la mitad de carbón de todo el mundo. Lo que haga con su carbón tendrá efecto en las emisiones a nivel mundial y en los acuerdos comerciales el tema de la energía se convierte en uno de los puntos más importantes de readecuación del orden mundial. Si China, como primer emisor, no participa de manera decidida es muy difícil que el Acuerdo de París tenga recorrido real. Este año va a haber una presión diplomática sobre China, que va a pedir contraprestaciones. Es muy posible que, dentro de su estrategia comercial y de dominio de nuevas tecnologías energéticas, quiera asegurarse un pastel de ese sector para sus exportaciones. En setiembre va a haber una reunión entre Europa y China sobre relaciones comerciales, y creo que Europa va a tratar de presionar para que China dé un paso decidido en sus compromisos en Glasgow. Si no, es muy difícil que cualquier otro país se comprometa. Pero va a ser más complicado que Europa convenza a China si EEUU no se mueve.

EEUU se mueve… hacia atrás.
Unos días antes de la cumbre de Glasgow todo el mundo va a estar mirando a la Casa Blanca y ver quién va a ser presidente de Estados Unidos. Hasta el último minuto va a ser una cumbre con muchas incógnitas. O hay una jugada maestra y los grandes emisores de CO2 ponen sobre la mesa compromisos más ambiciosos o significará un fracaso del diseño del Acuerdo de París. Si llega otro presidente a la Casa Blanca y China se compromete, podría generar un efecto positivo y significaría que el Acuerdo de Paris ya empieza a funcionar. Si no, puede tener un efecto dominó donde toda la arquitectura de París se puede venir abajo. Estaríamos en un terreno desconocido y muy preocupante.

¿Y Europa? Acaba de presentar el Gran Acuerdo Verde, comprometiéndose a la neutralidad en carbono para 2050.
La única piedra en el zapato es Polonia. Polonia está jugando sus bazas. Sabe que es básico para el consenso europeo y está buscando una tajada de este acuerdo europeo. Gran parte de su industria y su estructura económica depende del carbón y está buscando esa compensación. Ese tipo de negociación dentro de Europa hasta ahora ha sido un hueso duro de roer pero creo que lo conseguirán. Tenemos a Alemania un poco reticente y Francia que depende de energía nuclear.

La energía nuclear como parte del Acuerdo Verde.
Hay lobbys o países que dependen de ese tipo de energía que no van a dar su brazo a torcer. La retórica verde no es real si vamos hacia una Europa que al final consigue esa neutralidad de carbono comprando derechos de emisión y basándose en la energía nuclear. Cuando se repite machaconamente que hay una emergencia climática también hay un efecto que puede llegar a ser perverso. Yo prefiero hablar de urgencia.

¿En qué sentido?
Por un lado, la gente y los medios ven que es real, que los impactos están aquí y son muy graves, pero bajo cualquier emergencia se pueden aprovechar momentos en los que sicológicamente la gente siente esa especie de miedo y pasar por el aro de un montón de cosas, como fomentar la energía nuclear. Claro que es urgente. Los datos científicos nos dicen que en los próximos diez años si queremos llegar a 1,5ºC de calentamiento global del planeta tendríamos que estar reduciendo las emisiones globales en más de un 7% anuales. Eso es una revolución. También es cierto que lo sabíamos hace décadas. Los negacionistas y el lobby de los combustibles fósiles han sido muy eficaces en estirar el chicle del uso de combustibles fósiles. Y ahora parece que las principales empresas energéticas ya empiezan a ver que es difícil seguir estirando y se tienen que reconvertir en el gran negocio de las renovables.

La economía verde.
La economía verde es el sistema capitalista vestido de verde generando nuevos negocios y el contrapunto es la economía ecológica. Tenemos que pensar hasta qué punto el crecimiento económico es necesario para un progreso social y humano. Los científicos llevan décadas diciendo que hay un límite a partir del cual el crecimiento económico tiene más implicación negativas que positivas. La economía verde que se entiende como utilizar el sector de energías renovables para hacer negocio y seguir creciendo económicamente puede tener muchos impactos sociales y económicos. Lo renovable también tiene una cara oscura. En lugar de un Gran Acuerdo Verde, ha mí me gustaría hablar de un Nuevo Pacto Ecológico donde las necesidades sociales y la equidad social vayan de la mano de un cambio en el paradigma de los recursos naturales.

Esto supone cambios en los modos de producción, consumo… que habrá que adoptar en la década que comienza.
Es que no hay otra. O cambiamos el paradigma del sistema económico. que tiene que ser respetuoso con el planeta, la biodiversidad y la gente que depende de esos ecosistemas o podemos empezara controlar el clima pero a costa de cargarnos varios ecosistemas. Todo lo que tiene que ver con el cambio de uso de la tierra, los bosques, la biodiversidad,… es fundamental. La biodiversidad es el seguro natural de la humanidad. No podemos hablar de resolver el problema del sector energético y pensar que tenemos resulta la crisis climática. Podemos estar generando muchísimos otros problemas muy graves. Lo racional es que las políticas vayan hacia una transformación socioeconómica en equilibrio con los sistemas ecológicos. No existe la solución tecnológica. Eso es una quimera. La solución es política, es social. El Nuevo Acuerdo Verde es un parche muy urgente pero no dejaría de ser un parche desde una perspectiva más completa. Estamos muy lejos incluso de imaginarnos qué transformación necesitamos para llegar a ese desarrollo donde el respeto por la naturaleza, la justicia social y el progreso humano irían de la mano. Eso no lo veo en varias décadas.

¿Cuál debería ser la ambición ante la crisis climática en Euskal Herria?
Tenemos que tener una responsabilidad mayor que el promedio de la Unión Europea, porque vivimos en un país que tiene unas capacidades mayores que las capacidades políticas, tecnológicas, de capital social que la UE. Tiene que ser vanguardia a nivel global. Si Europa va a marcar el 50% de reducción de CO2, para 2030  yo diría un poco más del 50%. Nos podemos mirar en el espejo de Escocia, que tiene una ley de cambio climático bastante interesante o en países que tengan legislaciones más ambiciosas y tratar de traerlas.

Por otro lado, para temas complejos la sociedad debe tomar el timón para impedir que con esa semántica de la emergencia puedan pasar medidas que no sean socialmente aceptables. Hay modelos de participación ciudadana que tienen que ver con al democracia directa. Son asambleas donde gente elegida por sorteo llegan a un acuerdo sobre las preferencias para atajar el cambio climático. Conoceríamos la perspectiva social de forma directa y podría ofrecer una serie de medidas que se pueden votar en un Parlamento o en un referéndum. Esto lo ha puesto en marcha Macron y se ha hecho en Irlanda con el tema del aborto. Claro que después el Parlamento se lo tiene que tomar en serio y llevar esas aportaciones a la práctica. El auzolan en la práctica. ¿Por qué no con esto también? Deberíamos empezar a diseñar en 2020 una asamblea ciudadana por el clima en Euskal Herria.

PABLO RUIZ DE ARETXABALETA (naiz 2020/01/01)

Necesitamos una Asamblea Ciudadana para la Emergencia Climática-

“Lo llaman democracia y no lo es”. Este conocido lema del 15M, tomado del carismático cantante Evaristo, de La Polla Records, no ha dejado de extenderse en la sociedad, hasta definir hoy en día el sentimiento más común para una aplastante mayoría de ciudadanos, independientemente de sus opiniones políticas. Efectivamente, en 2019, el 82% de los españoles otorgaba un suspenso al funcionamiento de la democracia actual al considerar, según una encuesta de la Fundación BBVA, que los políticos dedican más atención a sus propios intereses y a los de grandes grupos económicos que a los intereses de la sociedad. Tras la primera ola de la crisis del covid, 9 de cada 10 españoles desean ahora que la reconstrucción se haga dentro del marco de un pacto de Estado basado en un amplio acuerdo político y social, centrado realmente en el interés colectivo.

¿Pero qué puede garantizar que el interés colectivo sea el criterio verdaderamente primordial en la acción pública? Sin duda, que las decisiones se tomen lo más cerca posible y capten de la forma más nítida posible lo que piensa la gente. En este sentido, y ante la emergencia climática, movimientos internacionales como Extinction Rebellion han hecho de la Asamblea Ciudadana su tercera demanda. En España, tras finalizarse el confinamiento, el colectivo XR cubrió de zapatos varias plazas emblemáticas de las principales ciudades del país, para visualizar la responsabilidad con las generaciones futuras, exigiendo participación ciudadana en la reconstrucción post-covid y en la necesaria transición ecológica. Las asambleas ciudadanas ya se han concretado en Reino Unido y Francia como una etapa decisiva para renovar la democracia y orientar los cambios drásticos que reclaman tanto la emergencia climática como la crisis masiva provocada por la pandemia.

Extinction Rebellion Europa lo reclama a cada uno de los Estados europeos y también al Parlamento Europeo: les pide que cumplan con las recomendaciones recientes del informe de la OCDE Democratic wave (junio 2020). La democracia directa real debe integrarse, reforzar y refundar el sistema de democracia representativa, para reducir la profunda ruptura entre la ciudadanía y sus representantes políticos, en el contexto de una crisis ecológica, ambiental, política, social y económica sin precedente.

 

¿De quién es la democracia hoy?

El actual modelo de partidos políticos, presionado por empresas y otras partes de interés, con sus puertas giratorias y su corrupción endémica, no ha sido capaz de eliminar de raíz las causas que provocan el cambio climático, la destrucción masiva de ecosistemas y la continuidad de la vida de miles de especies, incluida la humana.

En España, como en el resto de Europa, es evidente la alargada sombra del poder económico sobre la acción pública. Así las cosas, el 20 de febrero de este mismo año la Comisión Europea contrató a BlackRock, el mayor gestor de fondos de inversión del mundo, con una cartera que supera en 5 veces el PIB de España y con fuertes intereses en la industria del petróleo, para que le asesore a la hora de definir normas medioambientales para la banca y las entidades financieras europeas. De esta manera, Bruselas le encargó al lobo la vigilancia de las ovejas. El mismo lobo también vigila muy de cerca a los políticos en España. Nada más formarse el gobierno de Sánchez, Blackrock y Blackstone presionaron hasta impedir una medida con la que se pretendía limitar el alza desproporcionada de los precios de los alquileres.

Estos son los hechos reales, hard facts, que demuestran que la opinión pública, masivamente crítica con los partidos políticos, tiene toda la razón. No es democracia y el contrato democrático está en muy mal estado, por no decir roto, porque los intereses de unos muy pocos son los que priman sobre la supervivencia de todos. La ciudadanía, plenamente consciente de la amenaza mortal que supone la emergencia climática, es ahora mismo el único actor capaz de emanciparse de esta tutela, para organizar la defensa democrática del derecho a la vida de las generaciones presentes y futuras.

¿Qué es la Asamblea Ciudadana y por qué funciona?

El pasado 21 de enero de 2020 el Gobierno de Pedro Sánchez declaró el estado de emergencia climática. La declaración contenía 30 medidas de acción climática, comprometiéndose el Ejecutivo a poner en marcha cinco de ellas en los primeros 100 días de gobierno. Entre estas cinco medidas destacaba la creación de una Asamblea Ciudadana del Cambio Climático. El pasado 19 de junio, a punto de finalizar el estado de alarma, la vicepresidenta Teresa Ribera aplaudió, en un anuncio demasiado discreto, las resoluciones de la Asamblea Ciudadana francesa y anunció que pensaba “relanzar pronto la iniciativa” en España.

La primera ventaja de la Asamblea Ciudadana es la independencia real: se compone de unas 150 personas seleccionadas por un sorteo representativo que refleja la realidad social del país. Con este modo de selección, la Asamblea Ciudadana funciona fuera del ámbito de influencia económica de los lobbies, de los grupos de presión y de las lógicas de intereses políticos partidistas. Upton Sinclair decía: “Es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”. Y si los que están diseñando ahora la sociedad del futuro están siendo los de siempre en función de los intereses de siempre, lo más probable es que nos lleven otra vez donde siempre.

La segunda clave de la Asamblea Ciudadana es la transparencia y la visibilidad: gente de la calle, debidamente informada por científicos y académicos independientes, actores sociales y ONGs deliberan sobre la situación de emergencia climática y social, proponiendo acciones basadas en criterios de justicia social y de interés colectivo. Estas deliberaciones y sus resoluciones finales se retransmiten en canales televisivos públicos y son visibles para el resto de la ciudadanía, que también puede participar mediante una plataforma digital.

Las dos asambleas celebradas este año en Francia y en Reino Unido son éxitos democráticos rotundos, cuyas conclusiones han sido plenamente respaldadas por todos los colectivos militantes ecologistas y sociales. Esta nueva forma de participación democrática directa en asuntos de política general de máxima importancia ha contribuido notablemente a que en los dos países se hable de emergencia climática y de justicia social, generando nuevas dinámicas y demandas mucho más exigentes. Sus límites actuales son los que impone el sistema representativo al no asegurar el carácter vinculante de las resoluciones de la ciudadanía. Y aceptando que con el sistema representativo actual no se garantiza el carácter vinculante de las resoluciones adoptadas por la Asamblea Ciudadana, no cabe duda de que los poderes del Estado tienen muy difícil justificar frente a la ciudadanía el incumplimiento de sus mandatos.

En España, desde que el Gobierno de Sánchez anunciara en enero la creación de una Asamblea Ciudadana para el Clima, no se han dado pasos necesarios para constituir una Asamblea Ciudadana que no sea un simulacro de democracia directa. Nos preocupa que, en su formulación inicial, la propuesta del Gobierno no tuviera ningún contenido concreto. Nos alarma igualmente que, de momento, los grupos ecologistas tradicionales hayan mostrado el mínimo interés en exigirla. Es necesaria la alianza de todas las militancias para abrir una nueva forma de contacto directo con la ciudadanía y reclamar tanto la independencia de la organización como la formulación de los objetivos concretos de la Asamblea, tal como lo hicieron en Reino Unido los principales movimientos verdes, o en Francia 22 ONGs y sindicatos, en el llamado “Réseau Action Climat” (Red de Acción por el Clima).

Sin embargo, por las razones ya apuntadas, parece que una Asamblea Ciudadana sigue siendo mucho más que una buena idea: en la gravísima crisis actual, es el principal camino que nos queda para reconstruir una democracia real y construir asimismo un futuro sostenible y compartido con la mayoría de la gente.

Para encarar esta década decisiva para la supervivencia de la humanidad, nos encontramos ante el pronóstico de Einstein: “El mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que lo observan y no hacen nada”.

La Asamblea Ciudadana para la emergencia es el espacio en el que la gente puede actuar colectivamente para la defensa del mayor bien común: el derecho a la vida digna. Con una herramienta eficaz de participación ciudadana directa, España podría salir del actual atolladero partidista y encontrar un punto de apoyo muy legítimo en la participación popular, para mover las estructuras actuales que condicionan a la vez la confiscación de la democracia y la inacción climática.

La pandemia ha sido un serio aviso y lo sigue siendo: es un ensayo descomunal para lo que puede suceder con la emergencia climática. Necesitamos actuar ya frente a esta otra gran amenaza, para poder aunar democracia y participación directa con reconstrucción social y económica e imperativos vitales de transición ecológica profunda.

España debe ser el referente mundial en cómo enfrentar democráticamente el futuro y encarar la reconstrucción ecológica post-covid, todo ello en un entorno frágil y vulnerable como el mediterráneo, donde las actuaciones contra la emergencia climática en reducción de emisiones y en adaptación al calentamiento global deberían ser modélicas.

Avancemos para que lo que llamamos democracia lo sea de verdad.

Avancemos.

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Agnès Delage es miembro de Extinction Rebellion Europa, Pepe Campana es ingeniero industrial y Fernando Prieto forma parte del Observatorio de la Sostenibilidad

LOS PARDAILLAN

Los Pardaillan o mejor conocido en francés Les Pardaillan es una serie de veinticuatro novelas históricas creada por el escritor francés Michel Zévaco(1860-1918), que se desenvuelve en un periodo de la historia francesa comprendido entre 1553 y 1616

Esta serie fue editada en fascículos o folletines que posteriormente serían re-editados en formato de libros completos. De esta manera, la edición completa de la serie de libros se publicó desde 1902 hasta 1907 en Francia.

El personaje principal es Juan de Pardaillan, uno de esos hombres «que Dios crea a veces para hacer sentir a los príncipes la nada de su poder», un hombre personificación de la bondad, el valor, la frialdad, la generosidad y también del orgullo; un espadachín aventurero «sin casa ni hogar» que podría ser la encarnación del mejor discípulo de Diógenes. Caballero de los tiempos antiguos con ciertos toques del pensamiento liberal propios de la Revolución Francesa se ve inmerso en la historia de su país casi a regañadientes. El Caballero de Pardaillan es un personaje sumamente complejo que presenta en ocasiones el tipo de anti-héroe. Los motivos y razones de sus acciones son en ocasiones incomprensibles, aunque siempre están guiadas por la lógica de la personalidad del caballero.

Se presenta al lector como un joven de unos veinte años, alto, fornido, de temperamento alegre pero presto a la lucha; excelente espadachín y galán indiscutible. A pesar de esta descripción no se debe pensar que es un Don Juan, por el contrario es reservado en sus amores e incluso es ingenuo. Pobre, pero con una personalidad por la que, como él mismo describe, «nunca me siento tan rico como cuando no tengo un sou».

Pardaillan solo posee tres cosas en el mundo, además del vestuario que tiene: Pipeau (un perro), Galaor (un caballo) y Granizo (una espada). A pesar de ser un personaje pobre de riqueza, no lo es de espíritu. Las enseñanzas de su padre son su guía, aun cuando en ocasiones debe desobedecer de ellas en bien de alguien más.

Según la novela, el caballero de Pardaillan nace en Francia en febrero de 1549 y es hijo de Honoré Guy Henri de Pardaillan y madre desconocida. Incluso el autor no deja muy en claro la paternidad del caballero, mencionando que este podría ser sólo un hijo adoptado. A pesar de todo, la filosofía de Pardaillan se ve claramente marcada por los consejos de su padre: «Desconfía de los hombres, desconfía de las mujeres y sobre todo desconfía de ti mismo».

La historia se centra en el caballero Juan de Pardaillan y se divide en tres períodos de tiempo: su juventud, madurez y vejez. Durante su juventud asiste como espectador involuntario a muchos de los suscesos de la historia francesa; como por ejemplo el año de 1572, un año en que las guerras religiosas en Francia llegaron a su triste clímax con la matanza de San Bartolomé. Se involucra en toda la trama de las guerras religiosas que enfrentan a Catalina de Médicis y Juana de Albret y que inevitablemente lo lleva a querer ayudar y rescatar a los necesitados, cambiando el rumbo de la historia de forma dramática.

Participa así mismo en la lucha por el trono entre Enrique III y Enrique de Guisa e interviene para que al final sea Enrique de Borbón quien se convierta en Rey de Francia. En este punto se ve la entereza y autosuficiencia del caballero, quien proclama tranquilamente: “Enrique de Guisa no va a ser rey sencillamente por que yo no lo quiero”

Durante la segunda fase de la historia se presenta a un Juan de Pardaillan más entrado en años (ha cumplido los treinta o los cuarenta) que sin querer se ve involucrado en las intrigas de la Papisa Fausta y cómo se encarga de desbaratar sus planes mientras él busca su propia venganza. Ahí conocerá al Papa y ayudará al hijo de su querido amigo Diosdado.

Michel Zévaco, autor de las novelas “Los Pardaillan”

En la tercera parte de la historia vemos a un Juan de Pardaillan más viejo que viaja a Sevilla (España), donde es embajador de Enrique IV. En esta ocasión se tiene que enfrentar ante el Gran Inquisidor Francisco Jiménez de Cisneros y tiene la curiosa oportunidad de conocer al escritor Miguel de Cervantes Saavedra. Es en esta parte de la historia, mientras se enfrenta a las torturas psicológicas de la Inquisición, donde se aprecia mejor la gran fuerza de voluntad del caballero.

 

Para Descargas aquí:

Fausta vencida – Miguel Zevaco

Fausta – Miguel Zevaco

Una epopeya de amor – Miguel Zevaco

Los Pardaillan – Miguel Zevaco

Camino a la libertad (La red de evasión Comète y la frontera vasca durante la II Guerra Mundial)

La España franquista era deudora de las potencias del Eje y proclive a sus intereses, pero su precaria situación económica y la presión de los aliados la llevaron a declararse neutral en la II Guerra Mundial. Aquella situación tan singular hizo que el País Vasco se encontrase en una posición estratégica a caballo entre la Europa ocupada por los nazis y un país formalmente no beligerante. De modo que el paso de la frontera, ya fuera con personas, material o información, se convirtió en una de las actividades más características e importantes de la resistencia contra el nazismo en el País Vasco. Una orografía propicia, una larga tradición de contrabando y, sobre todo, un importante elemento humano que practicaba y veía el paso clandestino de la muga con naturalidad contribuyeron a ello. Por tanto, no es de extrañar que sobre ambos lados del Bidasoa se tejieran redes de todo tipo. La más famosa es, sin duda, Comète, especializada en la evacuación de aviadores aliados. Juan Carlos Jiménez de Aberásturi reconstruye de forma asombrosamente minuciosa la historia de Comète en el País Vasco y, además, lo hace a través de los hombres y mujeres que, por encima de ideologías, se jugaron la vida en esta peligrosa aventura.

El libro incluye mapa despegable con las dos principales rutas utilizadas por Comète, la del Bidasoa y la del Baztan.

 

Florentino Goikoetxea no era un político, un intelectual, un científico, un afamado deportista… Y, sin embargo, es alguien que pasará a la historia. Quizá no esté en la /G/ de una gran enciclopedia, pero su recuerdo estará presente no sólo en los corazones de los cientos de pilotos aliados y agentes de la Resistencia que salvó y en sus familias. Estará presente, junto a otros colaboradores de la red, también en el monumento que en su día erigió el Ayuntamiento de Hernani en el camino de Osiñaga y que busca recordar a las generaciones futuras la contribución de un grupo de hernaniarras a la lucha por la libertad durante la II Guerra Mundial. Y queremos que esté presente Florentino también a través de este libro que recoge su vida y nos describe su carácter, su pasión por la libertad, su fortaleza física y humana y su capacidad de entrega a los demás.

Joxan Rekondo (Hernaniko Alkatea)

Aquí puedes Descargar:

Jimenez de Aberasturi JC, El camino de la libertad

Democracia directa: reconstruir en tiempos de catástrofe social y climática.

En el Contrato Social, cuya edición original data de 1762, Rousseau afirmaba que el pueblo inglés se autoengañaba pues, pensándose libre, solamente lo era durante la elección de los miembros del Parlamento y que tan pronto como los elegían, volvían a ser esclavos, a no ser nada. ¿Pero son libres ese día? Se preguntaba casi 250 años después el pensador greco-francés Cornelius Castoriadis, al tiempo que denunciaba el veto a la participación directa de la ciudadanía en el quehacer político. Democracia sin participación ciudadana, lo calificaba.

No le faltaba razón. Las democracias occidentales funcionan sin el demos; sin la ciudadanía. En ellas, hacer política se ha convertido en la adopción de acuerdos negociados con los partidos políticos, las organizaciones empresariales y sindicales; las asociaciones, las ONGs y otras partes de interés.

Convertida de este modo en mera gestión administrativa, la política ya no sirve para confrontar posturas antagónicas ni para inducir los cambios sociales que requiere cada época. Su único fin es aprobar medidas populistas, en su mayor parte vacías, con las que mantener en crecimiento el ciclo producción-consumo, cuya base se supone intocable y por todos aceptada.

Autores como Zizek, Rancière o Mouffe dicen de esta forma de hacer política que es “post-política”; “post-democracia”. «Estos métodos post-democráticos —afirma Erik Swyngedouw—, reconfiguran el acto mismo de gobernar convirtiéndolo en la adopción de acuerdos de gobernanza multiescalar con las partes interesadas. El Estado tradicional opera entonces institucionalmente junto con expertos, ONG y otros socios “responsables” (mientras que los socios “irresponsables” quedan excluidos)».

Asamblea Ciudadana. Participación directa y real

Una Asamblea Ciudadana, no es una asamblea popular. A diferencia de estas últimas, las Asambleas Ciudadanas reproducen la estructura de la sociedad eligiendo para ello, a través de un sorteo estratificado, a un número representativo de ciudadanos y ciudadanas que se configuran dentro de un marco institucional y oficial. Si a esto se une que las Asambleas Ciudadanas deciden en Política, se admitirá fácilmente que se convierten en instrumentos clave para la redemocratización y regulación social.

Hay varias experiencias en Europa que así lo demuestran. Así, por ejemplo, en Irlanda se constituyó en 2016 una asamblea de los ciudadanos con la que se resolvieron diversas cuestiones que afectaban a la Constitución de aquel país, incluyendo la aprobación del aborto o la adopción de un término fijo para los mandatos del parlamento. De igual modo, el pasado mes de febrero se ha creado en la provincia germanófona de Bélgica una Asamblea Ciudadana permanente que trabajará junto con los representantes electos en sus decisiones políticas. Iniciativas similares se han dado en otras partes del mundo.

También en Francia y Reino Unido se han constituido sendas Asambleas Ciudadanas para abordar la crisis climática y proponer, bajo criterios de justicia social, acciones con las que afrontarla y mitigarla.

Es precisamente en este campo, el de la crisis climática, y especialmente ahora, cuando se une a ella una crisis sanitaria, social, económica y política, donde más necesaria es la participación directa de la ciudadanía en la toma de decisiones. Podemos hablar de cambio climático, de deshielo del Ártico, de subida del nivel del mar, o de calentamiento global; de pérdida de biodiversidad, de zoonosis, de pandemias, o de COVID-19; de recesión y de desempleo masivo. Lo mismo da. La solución no se encontrará buscándola en discusiones de pasillo, ni en comisiones de expertos. Tampoco atendiendo a quienes ostentan y representan intereses particulares concretos. Su solución no se encontrará de ningún modo si los “irresponsables” ciudadanos siguen excluidos de su formulación.

Aparentemente así lo entendió en su momento el Gobierno de Sánchez, quien en respuesta a la presión ciudadana, aprobó en enero de este mismo año la Declaración de Emergencia Climática comprometiéndose a crear en los primeros cien días de su mandato una Asamblea Ciudadana del Cambio Climático. Y si bien entendemos que la aparición de la COVID-19 puede haber dificultado su puesta en marcha en los plazos comprometidos, no por ello dejamos de pedir que se constituya cuánto antes. No es suficiente con que la vicepresidenta Teresa Ribera nos recuerde como hizo no hace mucho, que el compromiso del gobierno sigue en pie y nos anuncie que relanzará esta iniciativa en breve.

No a cualquier precio

En efecto, ya no se trata de minimizar los efectos del cambio climático. Minimizar presupone optimizar su impacto en función de intereses ajenos. De lo que se trata es de abordar una situación de emergencia, frenando en seco el cambio climático, alentando en todo momento la justicia social, asegurando la protección de los más vulnerables y garantizando el mantenimiento de los ecosistemas y sus múltiples formas de vida. En este contexto, fijar de forma precisa el cometido de la Asamblea Ciudadana es fundamental si se quiere garantizar el éxito de su trabajo. Las recomendaciones de los científicos del IPCC, entre otros, deberían servir de guía para establecer y hacer públicos esos objetivos.

Se unen a este punto otros dos que consideramos de igual importancia. El primero tiene que ver con el horizonte temporal que se pide a las propuestas de la Asamblea Ciudadana. En efecto, su extensión debería ser la más amplia posible, abandonando el cortoplacismo en el que se mueven los políticos de turno, muchas veces limitados a la duración de sus mandatos. Entendemos que sólo de este modo se evitarán soluciones de compromiso que tienden a mantener el statu quo existente y se abordarán programas ambiciosos y duraderos que signifiquen una solución efectiva. El segundo, no pretender respuestas utilitaristas. Los valores en juego —la salud, la biodiversidad, la preservación de los ecosistemas, la vida—, no son sustituibles por valor monetario alguno.

Sólo resueltos estos puntos y con una misión clara y concreta, los asambleístas estarán en condiciones de alcanzar acuerdos válidos. Para ello, moderados por facilitadores independientes, los miembros de la asamblea se informarán preguntando a científicos, expertos independientes, representantes de colectivos, ONGs y a cuántos sea necesario, contrastando con ellos hechos y valores, sopesándolos y decidiendo sobre las políticas que deban implementarse. En otras palabras, ejercer, como el mismo Castoriadis reclamaba, la autonomía individual —lucidez, reflexión, responsabilidad—, como presupuesto necesario para el ejercicio democrático.

Y aún más. La democracia directa es una democracia abierta. La retransmisión en directo de las sesiones de la Asamblea Ciudadana y la utilización de canales de comunicación apropiados, deberían permitir a cualquier ciudadano dirigirse igualmente a la Asamblea Ciudadana y expresar sus propias dudas y preguntas, enriqueciéndose así el debate, fomentándose el compromiso de la sociedad civil y asegurándose la aceptación de las resoluciones que finalmente adopte la Asamblea.

Compromiso más allá de las buenas palabras

Pero no basta con esto. En efecto, si las reglas de funcionamiento deben asegurar la absoluta independencia de los miembros de la Asamblea Ciudadana, es igualmente necesario que sus resoluciones y acuerdos sean respaldados por el gobierno, y cuando sea preciso por el poder legislativo. El compromiso del gobierno debe ser llevarlos a cabo incluso si son más ambiciosos de los hasta ahora propuestos por el propio gobierno o la Comisión Parlamentaria para la Reconstrucción Social y Económica.

Pongamos un ejemplo: el borrador de proyecto de ley del cambio climático y la transición energética, PLCCTE, fija para el 2030 una reducción en la emisión de gases de efecto invernadero de al menos un 20% respecto de 1990 y pretende que la “neutralidad climática” se alcance antes de 2050. Pero ¿y si la sociedad civil pensara en términos más ambiciosos y la ciudadanía debidamente informada acordara que la neutralidad de emisiones se alcance a más tardar en 2035? ¿O incluso antes, en 2025, tal como reclama el movimiento internacional Extinction Rebellion, XR? ¿Estarían el gobierno, la oposición, los poderes económicos y financieros, los sindicatos y cuántos grupos de expertos se quieran constituir, dispuestos a aceptar ese reto y a trabajar por conseguirlo, o preferirán los unos y los otros seguir haciendo post-política sin contar con los ‘irresponsables’ ciudadanos? Dicho de otro modo, ¿se respetarán las decisiones adoptadas democráticamente por quienes tienen el derecho real de decidir por sus propias vidas y, dicho sea de paso, de asumir el reto de decidir también por todos aquellos, humanos y no humanos, que aún no han nacido?

No se trata de una decisión económica en la que predominan, como cuando se hace post-política, conceptos de gestión administrativa. Es una decisión en la que prevalecen valoraciones políticas y, por lo tanto éticas, respecto de nosotros y respecto de cuantos cohabitan ahora o en el futuro este planeta, ese al que todos pertenecemos y que estamos en vías de destruirlo.

Por eso pedimos a este gobierno que sea valiente y que asuma, sin más demora, la constitución de una Asamblea Ciudadana para la Emergencia. y que, ante la amenaza sin precedentes que se cierne sobre nuestra supervivencia como especie, asuma valientemente lo que ya preconizaba Castoriadis: que “sólo la humanidad organizada democráticamente podrá llevar a cabo los profundos cambios necesarios” para gestionar los recursos en función del bien común y del derecho a una vida digna.

Pepe Campaña Ingeniero Industrial

Agnés Delage Extinction Rebellion Europa

Fernando Prieto Observatorio de la Sostenibilidad