LA DESTRUCCIÓN PATRIMONIAL Y MEDIOAMBIENTAL DE LA ISLA DE SANTA CLARA


Os enviamos las imágenes prohibidas sobre las agresiones patrimoniales y medioambientales en la isla Santa Klara de San Sebastián. Decimos prohibidas porque la isla, salvo el espigón, lleva meses cerrada por obras al público a cal y canto con unas vallas. Bajo esta prohibición de acceso, se esconde la intencionalidad política (gobierno municipal) y profesional (negocio privado subvencionado con fondos públicos) de impedir que la ciudadanía tenga una opinión formada de lo que allí acontece.

Las imágenes han sido realizadas durante el mes de mayo de 2020 por una conocida y veterana entidad donostiarra que, por miedo al establishment o poder establecido, ha decidido mantenerse en el anonimato, pero hacerlas públicas en las redes sociales. Algunas fuentes indican que, al comprobar in situ, la agresión a la Naturaleza en ese bello y emblemático rincón, los autores de las imágenes, tanto en la isla como durante la vuelta a casa, han llorado a lágrima tendida de impotencia y dolor. Vosotras mismas podéis comprobar la veracidad de las imágenes en este link: https://youtu.be/7mSWCyzxdSs

Los vídeos y fotos se han ido convirtiendo en indignación según saltaban de móvil a móvil. Muchísimas personas no relacionadas con entidades naturalistas nos están rebotando los videos para que intentemos parar el dolor humano y medioambiental. Caminos ensanchados con maquinaria pesada en detrimento del espacio verde y un gran movimiento de tierra sin vegetación en la pradera superior que recuerda a la lengua de un glaciar, justo donde Parkea Bizirik había dado a conocer en sus vídeos didácticos (Link del vídeo en castellano: https://youtu.be/duE0OVZN6nE) que este punto es ¿era? el de mayor concentración de nidos en el suelo de aves marinas de toda la isla. Pues bien, basándonos en las imágenes, este lugar ahora está irreconocible y parece un desmonte.

La intervención NO ha concluido. Falta romper parte del flysch de Santa Klara. Para colocar la escultura van a excavar varios metros bajo el edificio del faro hasta hacer un gran socavón al que denominan vasija. Ahí romperán parte del flysch. También extraerán toneladas de tierra y roca reduciendo así el volumen de la propia isla y haciéndola más débil ante los embates del mar.

El proyecto consiste en destrozar un patrimonio industrial catalogado (el faro) asentado en un lugar emblemático y querido, la isla Santa Klara. Y así, convertirlo en una romería para el turismo internacional como han hecho en Bermeo con San Juan de Gaztelugatxe. A su vez, esta afluencia masiva de personas, generará todavía más afecciones graves a la biodiversidad de la propia isla, así como la carestía de vida (los precios de las cosas se ajustan en torno al turismo de alto poder adquisitivo) en perjuicio de las ya castigadas clases medias y bajas que comprueban cómo, en materia de vivienda, llevan décadas siendo desalojadas de la ciudad a lo que el establishment denomina “periferia”.

El alcalde y Cristina Iglesias no fueron sinceros con la gente al subrayar que no habría afecciones a la Naturaleza cuando sí las está habiendo, oponiéndose a realizar un Estudio de Impacto Ambiental y alegando que no estaban obligados a ello. Comunicaron que la intervención costaría 1,2 millones, pero ya ha subido hasta los 4,2 millones actuales y, según fuentes entendidas en la materia, es muy posible que alcance la cuantía final de 8 ó 10 millones de euros. No olvidemos que, según los propios datos del concejal de Hacienda, se prevé que la deuda municipal por la crisis del COVID-19 ascienda a 81 millones. Con fecha 9 de junio de 2020 el alcalde ha comunicado que el Ayuntamiento va a pedir un crédito de 30 millones “para dar respuesta a las urgencias sociales provocadas por la pandemia del COVID-19”.

Goia e Iglesias también jugaron con la terminología afirmando que la obra era “una donación” de la propia artista a la ciudad, un acto extraordinario de generosidad. Una donación por la que la ciudadanía ha de pagar una millonada y además endeudarse, no es una donación, es otra cosa.

Es junio. Lo que queda de la colonia vapuleada de aves marinas incuba los huevos y/o alimenta a sus crías en el suelo. Los huevos de la lagartija (Podarcis liolepis) propia de la isla, catalogada como “rara” por lo restringido de su distribución geográfica (5,4 Hectáreas), eclosionan ya en el interior de pequeñas grietas orientadas al sol y el brezo de mar (Frankenia leavis) protegido por el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas despliega sus hojas y flores al sol.

Nos encontramos en un momento de la historia de la humanidad donde la comunidad científica, universitaria y la propia ONU están alertando del vínculo entre pandemias globales y destrucción de la Naturaleza y unos gobernantes sin conciencia planetaria siguen actuando haciendo oídos sordos a las necesidades y prioridades de la gente y del Planeta.

Por todo ello, PARKEA BIZIRIK SOLICITA:

– Que el alcalde Eneko Goia y Cristina Iglesias pidan perdón a la gente y a la ciudad de San Sebastián.

– Que se haga pública la cuantía total del presupuesto para estropear la isla.

– Que se suspendan las obras en la isla y se proceda a la restauración ambiental de la misma.

– Que se proteja la isla y la Tierra.

DESESCALADA DEL MOVIMIENTO DE PENSIONES.

Transcurridos tres meses de estado de alarma, las noticias sobre la tragedia de las residencias de mayores siguen siendo pavorosas, con 20.000 defunciones en centros geriátricos. Aun así, hay sectores del movimiento de pensionistas impacientes por volver a las plazas. Se entiende que la situación sanitaria pase a primer plano, dejando de ser noticia de portada las pensiones. Entre las ‘fake news’ de las redes sociales se cuela el rumor de la supresión de la paga extra del verano, pese a que el ministro Escrivá insiste en que las pensiones están “absolutamente aseguradas”. En Euskadi no podía faltar un llamamiento a la movilización social en vísperas de las elecciones autonómicas. En este contexto se conmemora el 15 de junio el Día Mundial de la toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. No hay mayor agravio que negar el derecho a la vida privando de tratamientos hospitalarios. Sobran motivos para que el Gobierno reforme el Código Penal incluyendo el edadismo como delito de odio.

La salud, factor clave del estado de bienestar

El estado de bienestar es un bien común con tres pilares, sanidad, enseñanza y pensiones. A causa de las desigualdades sociales precisa el refuerzo de otro más, los servicios sociales. Hoy la principal preocupación de la población son los efectos sobre la salud de la pandemia, que deteriora la situación económica, con aumento del desempleo e incremento de los índices de pobreza. Esos cuatro jinetes del apocalipsis requieren la intervención firme y urgente de las instituciones del Estado, acallando los cantos de sirena del neoliberalismo. Hasta los magnates de las finanzas se vuelven socialdemócratas, pero claro, reclamando la intervención de la iniciativa privada en el plan de recuperación, sin derogar la reforma laboral de 2013 ni aumentar la presión fiscal.

Puede que en el plano económico lleguemos a una situación comparable a la de Europa al final de la segunda guerra mundial. De aquella crisis se salió con un acuerdo entre capital y trabajo para repartir de forma proporcional la riqueza creada en la nueva etapa de desarrollo. La ruptura de aquel pacto de convivencia entre oligarquía y clase trabajadora se constata, por ejemplo, en la privatización de industrias estratégicas y de servicios públicos básicos, realizada con la complicidad de gobiernos que, incluso declarándose socialistas, aplican la doctrina neoliberal que antepone el interés individual al colectivo.

Para superar la actual crisis sanitaria, económica y social, hace falta un nuevo contrato social, que anteponga lo público a lo privado. La base es un desarrollo sostenible, con reparto justo de la riqueza, aplicado de forma solidaria entre generaciones y entre territorios. Es un objetivo que afecta a todos los colectivos sociales, en particular a los de mayor edad. Pero no puede estar centrado en las pensiones. La clave del futuro es la vida saludable, meta cimentada sobre la economía de los cuidados. Abarca todos los espacios de la convivencia social, el conjunto de las relaciones humanas, desde la infancia hasta la edad tardía. Implica convertir las residencias de mayores, hoy antesalas del tanatorio, en hogares con ilusión por la vida.

La prensa, caja de resonancia del movimiento de pensionistas

Entre las claves del rotundo éxito del movimiento de pensionistas destaca el eco mediático. Los medios de comunicación han intervenido de forma determinante en su difusión y arraigo. Durante dos años la prensa ha mantenido el interés y la expectación, tanto a nivel de opinión pública como entre el propio colectivo de pensionistas. Bilbao, principal referente, ofrecía un escenario incomparable, entre el estrado de las escalinatas del Ayuntamiento y la monumental esfera ovoide de Oteiza. La prensa nombró líderes y lideresas, difundiendo sus discursos de forma acrítica, sin  contraste con la realidad. Algo similar ocurrió con la marcha a Madrid que partió de Bilbao. Siendo una actividad menos exigente que el frecuentado Camino de Santiago, gracias a los medios de comunicación tuvo gran notoriedad, culminando con un apoteósico recibimiento en la Puerta del Sol.

Al convertirse las concentraciones en un fenómeno normalizado, descender la participación y emerger las diferencias entre los diferentes sectores, el movimiento de pensionistas dejó de ser noticia relevante, mereciendo menos atención de la prensa. Tras la forzosa interrupción del confinamiento, la corriente abertzale decide relanzar las concentraciones, vinculando las reivindicaciones habituales a la denuncia de la desdicha de las residencias geriátricas. Son concentraciones minoritarias, denominadas simbólicas para justificar la escasa participación. Desaparecerán si dejan de acudir los medios de comunicación.

Cuando la cobertura informativa no es satisfactoria para los impulsores de las concentraciones, se achaca “falta de objetividad y de respeto democrático de algunos medios de comunicación”, además de acusar de dar cobertura a “quienes critican y denigran”. Tal comportamiento se produce al confundir e identificar la parte, en este caso Pentsionistak Martxan, con el todo que representaba el movimiento de pensionistas. Son reacciones a noticias como la difundida por la cadena SER el 25 de mayo: “Parte de los pensionistas retoman las concentraciones en los ayuntamientos”, precisando: “La concentración en Bilbao ha sido secundada por más de medio centenar de personas…”.

Ingreso Mínimo Vital y pensiones

El desarrollo social y humano de un país requiere atender las necesidades básicas de toda la población, evitando bolsas de pobreza. Afecta a los sectores más vulnerables y dependientes, en particular la infancia, la vejez y hogares monoparentales, la mayoría tutelados por mujeres. Según el Banco de España, el riesgo de pobreza afecta a 12 millones de personas. Hasta la fecha la cuarta potencia económica europea carecía de una ayuda asistencial de ámbito estatal que evitase caer en la exclusión y la indigencia. Cada autonomía tiene la suya, en general precaria, salvo en el País Vasco y Navarra. No es cuestión de hacer comparaciones. Como en tantos otros casos, la fuerza reivindicativa y la voluntad política pesan más que el poderío económico.

La cuantía del Ingreso Mínimo Vital equivale a la pensión no contributiva. Oscila entre 462 y 1.015 euros mensuales, en función de las personas que integren la unidad familiar. Se estima que llegará a unos 850.000 hogares integrados por 2,2 millones de personas. Su coste anual alcanzará los de 3.000 millones de euros. Será compatible con el cobro de un salario bajo. No afecta a las pensiones contributivas, pues la mínima individual es de 14 pagas de 683,50 euros, todavía inferior a los 740 euros que marcan el  umbral de la pobreza en el conjunto del país.

Dado que el Ingreso Mínimo Vital  se puede complementar con las ayudas de las comunidades autónomas, falta saber cómo afectará al colectivo de pensionistas. El caso más significativo es el de Euskadi. En la actualidad 13.500 pensionistas, la mayoría viudas, perciben la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), que complementa las pensiones más bajas hasta alcanzar a nivel individual 796 euros en 12 pagas. Los  colectivos de pensionistas Bat/Etorri de Gipuzkoa y ADOS/Consenso de Bizkaia, reclaman la equiparación de la pensión mínima con los 950 euros del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), declarando: “La combinación del nuevo IMV y la RGI deben servir para intensificar la lucha contra la pobreza extrema, para la inclusión social y para mejorar las pensiones en la Comunidad Autónoma Vasca”.

En Euskadi la gestión del Ingreso Mínimo Vital va a depender del propio Gobierno autónomo. Además está pendiente la transferencia de la Seguridad Social, lo cual facilita la aplicación del complemento. Siendo las pensiones públicas un derecho individual y colectivo, la demanda de dicho complemento no implica renunciar a la equiparación de la pensión mínima con el SMI. Por otra parte, al disminuir el gasto total de la RGI, la concesión de la ayuda no condiciona la mejora de las prestaciones del resto de las personas perceptoras de esa renta social.

Movilizaciones en torno a las elecciones vascas

La nueva convocatoria de elecciones al Parlamento Vasco coincidió el lunes 18 de mayo con una concentración del sector abertzale del movimiento de pensionistas ante la Diputación de Bizkaia. Se denunciaba la infausta situación de las residencias de mayores, además de reclamar pensiones mínimas de 1.080 euros. Ese acto tuvo lugar en Araba y en Bizkaia, no en Gipuzkoa, donde EH Bildu presidió la Diputación entre 2011 y 2015. Desde ese día la convocatoria se repite cada lunes, como durante los dos años anteriores.

Desde que el 9 de marzo se interrumpieron las concentraciones a causa de la declaración del estado de alarma, la situación ha cambiado de forma significativa. Las movilizaciones son minoritarias, la única asociación que las convoca es Pentsionistak Martxan. Las reiteradas demandas de entrevista con el lehendakari Urkullu en nombre de movimiento de pensionistas son ignoradas, mientras recibe a otras asociaciones. El gobierno municipal de Bilbao cuestiona la utilización de las escalinatas del Ayuntamiento como tribuna. El 15 de junio se celebró el 720 aniversario de la fundación de Bilbao. Una hora antes de la concentración simbólica de pensionistas, el Consistorio homenajeó a los fallecidos por coronavirus. Son actos con la misma motivación que se han dado la espalda.

Las circunstancias son adversas para movilizaciones. Al riesgo de contagio se une la proximidad del periodo vacacional. Además cuesta entender ciertas reivindicaciones en el contexto de una crisis económica y social aguda. Este año, como consecuencia del efecto de la COVID-19 sobre los precios, el denostado 0,25 % podría ser más favorable que la adaptación de las pensiones a la variación del IPC. Si la inflación fuese negativa, dado que el Índice de Revalorización de las Pensiones del Gobierno de Rajoy no se ha derogado, procedería aplicar el 0,25 %.

En la huelga del 30 de enero, promovida por el sector abertzale de pensionistas y convocada por los sindicatos ELA y LAB, se anunció una “primavera roja y en lucha”. En plena precampaña electoral, utilizando de nuevo el marco de la “Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria”, el 19 de junio se llama a manifestarse con la consigna: “Para reforzar lo público y lo esencial, hay que repartir la riqueza”. Entre las reivindicación destaca el desarrollo de servicios públicos, con publificación inmediata de las tareas de cuidados.

Se reclama además una nueva fiscalidad, con costes que recaigan sobre rentas altas, rentas de capital y beneficios de empresas. Siendo consecuentes, ELA y LAB podían haber incluido la supresión de las desgravaciones fiscales de las EPSV. Son productos financieros de empleo, defendidos por los sindicatos en la negociación colectiva, pese a competir con las pensiones públicas y beneficiar a las rentas salariales altas, intensificando las desigualdades sociales.

También figuran demandas específicas del colectivo de pensionistas, entre ellas la pensión mínima de 1.080 euros. Sin embargo, no se aprecia la implicación directa de Pentsionistak Martxan, que en la huelga del 30 de enero provocó el distanciamiento entre asociaciones. Cabe pensar que esta movilización está motivada sobre todo por el empeño del sindicato ELA, que de modo reiterado se comporta como la oposición más firme al Gobierno Vasco.

La anormalidad como norma

Ni el final del estado de alarma el próximo 21 de junio, ni el descubrimiento de la vacuna que posibilite frenar la pandemia del coronavirus, pueden asegurar la vuelta a la normalidad. La pandemia arrastra otras calamidades, además de la sanitaria. La drástica caída del PIB afectará más a las clases bajas que a las adineradas. Se aprecia a nivel productivo con el cierre de  Nissan en Barcelona o Alcoa en Lugo. Tras la aplicación de los ERTES que de modo transitorio impiden el cierre del comercio de proximidad y PYMES, evitando 3,4 millones de  despidos, está por ver el alcance del “plan de reconstrucción” que el Gobierno impulsa en el Parlamento para promover la recuperación económica y social.

No es deseable volver a la normalidad con empleo precario, altas tasas de paro, desigualdades sociales. Ni con alteración de ecosistemas y pérdidas de biodiversidad que provoquen nuevas pandemias. La constatación de la vulnerabilidad colectiva posibilita alcanzar acuerdos de reciprocidad entre clases sociales. Toca insistir en la necesidad de establecer un contrato social que comprometa a toda la población, basado en la convivencia con garantía de equidad. Todo ello pese al enrarecido ambiente político, pues nada resuelve la confrontación.

La situación requiere amplios consensos que determinen obligaciones y garanticen derechos. Pedir un nuevo contrato social no implica abandonar las movilizaciones. Lo mismo que la gran patronal actúa como grupo de presión sobre el Gobierno con la cumbre empresarial de la CEOE, deben surgir iniciativas en defensa del estado de bienestar, recuperando los derechos perdidos desde la crisis del 2008. Es preciso coordinar la acción de los diversos movimientos sociales, renovando hasta las consignas. Ahora toca proclamar que: “Gobierne quien gobierne, los servicios públicos se defienden”.

  *Luis Alejos, sociólogo y pensionista

Derecho a la buena muerte en tiempos de pandemia.

La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 ha tensado las estructuras de nuestro Sistema Nacional de Salud en todas las fases de la asistencia, también en la de la muerte. El reconocimiento al desempeño de los profesionales sanitarios en el marco de esta pandemia es unánime y las iniciativas vecinales y la responsabilidad colectiva dan cuenta de la capacidad de la ciudadanía para responder a una emergencia con solidaridad y creatividad. Caben, sin embargo, algunas consideraciones con respecto a la gestión de la última fase de la vida, que deberíamos afrontar también en base a esos mismos valores. El hecho traumático de que el virus esté acortando miles de vidas, a veces de forma inesperada, no excusa la necesidad de abordar la situación con la responsabilidad que cabe esperar de una sociedad madura. El final de una vida digna es una muerte digna, y debemos intentar preservar este principio, incluso en estas complicadas circunstancias. 

Si bien la ciudadanía ha aceptado la suspensión temporal de algunos derechos durante el Estado de Alarma, de los cuales el de la libertad de movimiento sería el máximo exponente, entendemos que un Estado responsable debe minimizar, tanto como sea posible, la regresión en esta materia. Por ello, consideramos oportuno recordar que la capacidad de decisión sobre la propia vida y el acompañamiento familiar forman parte de los derechos de lo/las pacientes y deberían ser garantizados en la medida de lo posible. Es necesario que la ciudadanía tenga presentes sus derechos para que valore las diferentes alternativas y solicite la aplicación de las que considere oportunas; que lo/las profesionales ayuden a hacerlas posibles; y que las instituciones garanticen los derechos del paciente previamente mencionados.

Tomar la decisión de renunciar a un determinado tratamiento parece más fácil cuando existe un diagnóstico claro de sufrir un proceso terminal con un deterioro de la salud tan grave que nos impida ser independientes. En el caso del Covid-19, al no ser necesariamente irreversible, las decisiones al final de la vida son mucho más complejas. Sin embargo, cabe señalar que el consentimiento informado es el fundamento de la relación asistencial y que, por tanto, también en esta difícil situación, es necesario hacer un esfuerzo por respetar el derecho a la información, a la elección entre las distintas opciones clínicas, al alivio del sufrimiento y a una muerte digna en compañía de seres queridos. Antes de la toma de decisiones, es muy importante, y un imperativo legal, preguntar a cada persona sobre sus valores y su voluntad, que deberá ser respetada en la medida de lo posible.

Las medidas de aislamiento estricto para los y las pacientes de coronavirus están provocando situaciones de desconsuelo al final de la vida que podrían mitigarse, como de hecho se está haciendo en algunos casos, como mínimo garantizando la comunicación telemática. Más allá de eso, y siendo conscientes de la dificultad, debemos tender a garantizar también el acompañamiento de al menos un familiar o persona de confianza, con las medidas de protección pertinentes, en los casos en los que la enfermedad se haga irreversible. En este sentido, celebramos las propuestas por parte de asociaciones profesionales, como la SEMFYC  o la SECPAL, así como la puesta en marcha de protocolos desde las instituciones, e instamos a las Comunidades Autónomas que aún no lo han hecho a tomar medidas para garantizar una muerte digna.

Las decisiones al final de la vida no se improvisan, obedecen a unos valores y un concepto de dignidad sobre los que cada persona debe reflexionar, compartir con su entorno y con los profesionales, fundamentalmente de atención primaria. Para afrontar la muerte y planificar las decisiones al final de la vida, la mejor herramienta es el testamento vital, también conocido como documento de instrucciones previas o de voluntades anticipadas. Por ello, solicitamos al Ministerio de Sanidad y a las Comunidades Autónomas que refuercen a la atención primaria en la difusión y firma del testamento vital.

Desde DMD instamos además a las autoridades competentes -Ministerio de Sanidad y Consejerías de Sanidad autonómicas- a garantizar unos cuidados paliativos, tanto en el domicilio como en hospitales y residencias, que  faciliten una muerte digna y sin sufrimiento, tanto a las personas que deseen permanecer en su domicilio, como a las que estén ingresadas, acompañadas de sus seres queridos. Por último, entendemos que los ritos funerarios deberían ser considerados actividades esenciales, de manera que se permitiera una despedida más humana y acorde con nuestra cultura.

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Ongi hiltzeko eskubidea pandemia garaietan

COVID-19k eragin duen osasun-krisiak ia muturreraino eraman ditu Osasun Sistema Nazionalaren egiturak, ematen duen arretaren fase guztietan, baita heriotzaren fasean ere. Larrialdi-egoerei elkartasunez eta sormen handiz erantzuteko ahalmena erakutsi du gure gizarteak; horren isla dira, batetik, pandemia honen aurrean osasun alorreko langileen jarduera txalotzeko aho batezko jarrera, eta bestetik, herritarren ekimenak zein ardura kolektiboa. Alabaina, bada zer esanik bizitzaren azken unea kudeatzeko moduari buruz, gure ustean, balio horien berberen arabera ekin behar baikenioke horri ere. Birusa milaka pertsonaren bizitza errotik moztea ez da aitzaki, benetan egoera traumatikoa izan arren, gizarte heldu bati eskatu dakiokeen erantzukizunez ez jokatzeko. Bizitza duinaren amaiera heriotza duina da, betiere printzipio hori lehenesten saiatu beharko genuke, baita egoera zailenetan ere, oraingokoetan esaterako.

Alarma-egoerak iraun bitartean herritarrek zenbait eskubideren (eta horien artean gailena, mugimendu-askatasunaren) etena onartu duen arren, gure ustean arduraz eta erantzukizunez jokatu nahi duten estatuek halako gaietan atzerakada ahalik eta gehien murriztu beharko lukete. Horren guztiaren aurrean, uste dugu garrantzitsua dela gogoratzea norbere bizitzari eta senideen laguntzari buruzko erabakiak hartzeko ahalmena pazienteen eskubide direla, eta bermatu egin beharko liratekeela, ahal bezainbeste. Garrantzitsua da: herritarrek beren eskubideak aldarrikatzea, aurrean izan ditzaketen aukerak aztertu eta egokienak eskatu ditzaten; profesionalek herritarren aukera horiek gauzatzen ahalik eta gehien laguntzea; eta erakundeek pazienteen eskubideak errespetatuko direla bermatzea.

Errazagoa dirudi tratamendu jakin bati uko egitea diagnostiko argi batek adierazten duenean gaixoa prozesu terminal batean dagoela, osasunaren gainbehera nabarmena dela, mendekotasun-egoerara eramateraino. COVID-19ren kasua ez da hori: ez denez nahitaez atzeraezina, bizitzaren amaierari buruzko erabakiak askoz konplexuagoak dira. Alabaina, jakin behar da baimen informatua dela asistentzia-harremanaren oinarri, eta, horrenbestez, ahalegina egin behar dela, baita egoera zail honetan ere, honako eskubide hauek errespetatzeko: informazioa jasotzekoa, aukera klinikoen artean erabaki ahal izatekoa, sufrimendua arintzeko, eta duintasunez hiltzekoa, pertsona kuttunen alboan.

Erabakiak hartu aurretik, oso garrantzitsua da –eta hala agintzen du, gainera, legeak– pertsona orori bere balio eta borondateei buruz galdetzea, zein, bestalde, errespetatu egin beharko diren ahal bezainbeste.

Koronabirusak jotako gaixoei ezarritako isolamendu-neurri zorrotzek atsekabe egoerak eragitez dizkiete bizitzaren amaieran; egoera horiek arindu egin litezke –eta kasu batzuetan horrela egiten da–, gutxienez ere komunikazio telematikoa bermatuz gero. Horrez gain –eta aintzat hartuta neurriaren zailtasuna–, gaixotasuna itzulezinezko bihurtzen den kasuetan gaixoak gutxienez senideren edo konfiantza osoko pertsonaren baten laguntza izatea bermatu beharko genuke, edo hori bermatzera jo beharko genuke. Ildo horri jarraiki, pozik hartzen ditugu zenbait elkargo profesionalek (horien artean daude SEMFYCen eta SECPALenak) bideratu dituzten proposamenak, bai eta erakundeek abian jarritako protokoloak ere, eta heriotza duina bermatzeko neurriak hartzeko eskatzen diegu oraindik egin ez duten autonomia-erkidegoei.

Bizitzaren amaierako erabakiak ez dira bat-batean asmatzen, norberak sakon hausnartu, eta senide, lagun hurko eta profesionalekin (batez ere lehen mailako arretakoekin) konpartitu beharreko balioei eta duintasunaren kontzeptuari erantzuten diote. Heriotzari aurre egiteko eta bizitzaren amaierako erabakiak planifikatzeko tresnarik hoberena Bizi-testamentua da, zein ezagutzen baita Aurretiazko Borondateen Dokumentu izenarekin ere. Horregatik guztiagatik, Bizi-testamentua ezagutarazten eta egiten laguntzeko lehen mailako arretan eman beharreko arta indartzeko eskatzen diegu Osasun Ministerioari eta autonomia-erkidegoei.

Horrez gain, DMD-DHEktik zainketa aringarriak bermatzeko, nola gaixoaren etxebizitzan, hala ospitale eta egoitzetan eskatzen diegu eskumenak dituzuen erakundeei –hots, Osasun Ministerioari eta autonomia-erkidegoetako osasun sailei–, heriotza duina eta sufrimendurik gabea izan ahal dezaten, eta pertsona kuttunek lagunduta, ohiko etxebizitzan egon nahi dutenei zein ingresatuta daudenei. Azkenik, uste dugu hileta errituak oinarrizko jardueratzat jo beharko liratekeela, hartara zendu direnei agurra modu gertuagoan ematea baimentzeko, gure kultur ereduan ohi bezala.

Marta Barandiaran (Heriotza Duinerako Eskubidea): “Lege hau oso murriztailea iruditzen zaigu; hala ere, pauso bat da”

Joan den astean eman zuen lehen pausoa Madrilgo Kongresuak estatu espainiarrean eutanasia arautzeko. Marta Barandiaran Forcada ‘Heriotza Duinerako Eskubidea’ plataformako kideak adierazi digu eurentzat legea motz geratzen dela, “aurrerapauso” bat dela onartu digun arren.

¿LA SALUD DE QUIEN ESTAMOS DEFENDIENDO? DESIGUALDADES SOCIALES Y SANITARIAS EN TIEMPO DE PANDEMIA

1.TIEMPO DE DELIBERAR PARA DECIDIR

Eudil Carbonel, co-director de los yacimientos de Atapuerca, piensa que la catástrofe humanitaria que estamos viviendo es uno de los pocos momentos de la historia en que se pone en peligro “la especie humana”. Un pequeño virus desconocido por nosotros ha puesto en jaque todo el omnipotente poder de la civilización, con sus conocimientos, sistemas, normas, pactos, técnicas y desarrollo.

De pronto somos conscientes de nuestra fragilidad como humanidad y de nuestra interdependencia, no sólo entre los pueblos y personas, sino del planeta y del cosmos en que habitamos. Nuestra pretendida y sobrevalorada autonomía moderna, tantas veces malentendida como autosuficiencia, parece que no es suficiente para el mantenimiento de lo más básico y perentorio: vivir.

Dice Reyes Mate (1) que la vacuna será una tregua, pero no una solución definitiva a la fragilidad y dependencia de la humanidad, porque simplemente nuestra fragilidad no tiene solución, somos radicalmente interdependientes y vulnerables, y no solo biológicamente. Dependemos de las dependientas y reponedores de los supermercados, siempre, de las baserritaras y las personas que trabajan en el sector primario, siempre, de la compasión y el compromiso de quienes nos cuidan, siempre, de quienes limpian las calles y los espacios comunes, siempre, del aire que respiramos, SIEMPRE.

En esta cuarentena impuesta e involuntaria, en este tiempo de interrupción, podemos decidir. La palabra CRISIS significa etimológicamente “decisión”; Es el tiempo para DECIDIR qué debemos de hacer, es el tiempo de la ÉTICA, de la RESPONSABILIDAD, de ver lo que está ocurriendo y reconocer cuáles son los VALORES imprescindibles a preservar ahora, en este tiempo extraordinario, y después, para avanzar como humanidad. Es el tiempo para escuchar, dialogar y DELIBERAR, para encontrar respuestas y soluciones PRUDENTES, como diría el profesor Gracia Guillén (2); es el tiempo de acordar como comunidad humana, como sociedad, qué VALORES Y VIRTUDES debemos cuidar, proteger, desarrollar y crear. Es el tiempo de proponer lo que nos parece que es BUENO.

Este documento es el resultado de ese esfuerzo. 22 personas interesadas por la ética, principalmente profesionales de los servicios sociales y sanitariosi, hemos intentado darnos cuenta y comprender lo que estaba ocurriendo. Ampliando la mirada, más allá de la necesidad de UCIs y respiradores, hemos tratado de VISIBILIZAR por qué estaban sufriendo las personas, las familias, los barrios, las ciudades. Tras reconocer los hechos que generan incertidumbre y dolor, hemos indagado en sus porqués desde diferentes perspectivas e interpretaciones (económica, política, sanitaria, social, psicológica, educativa…), y nos hemos atrevido a proponer algunas orientaciones para algunos de los problemas que hemos descubierto. Problemas profundamente humanos como el miedo, abandono, injusticia, soledad, inseguridad, desconfianza, pobreza, hambre, exclusión, discriminación, dolor, sinsentido, mal morir y mal vivir. También somos AGENTES MORALES en situaciones tan extraordinarias como la que estamos viendo y también ahora hemos de procurar lo éticamente correcto, las propuestas óptimas para respetar la dignidad y los derechos de todas las personas y colectivos.

Sin duda hemos partido de un gran “capital humano”: la confianza, entre nosotras y nosotros y en la sabiduría de tantas gentes expertas cada una en lo suyo, de diferentes edades, procedencias y estatus, ideologías políticas y religiosas, con miradas y experiencias diversas, que merecen ser escuchadas por ser valiosas y necesarias para encontrar propuestas buenas.

2.¿UNA CRISIS SANITARIA?

Dicen que esta es una crisis sanitaria, que el problema mayor ha sido que el sistema sanitario no estaba preparado para una pandemia así. Los gobiernos y hasta los/las gestores/as han adoptado mayoritariamente un lenguaje bélico: es una guerra contra un virus que nos ha sorprendido y nos quiere matar. Hay que resistir (“Resistiré” ha sido el himno), confinarse y, de modo urgente, centrar todos los esfuerzos en poner a punto lo mejor que tenemos frente a la muerte, las UCIS. Parecía que si hubiéramos estado preparados con más UCIs y más respiradores, nada grave hubiera ocurrido.

Pero es mucho más, si comprendemos la salud como forma de vivir autónoma, solidaria y gozosa, según la define nuestra Ley de Salud Pública, es algo más que sobrevivir, es algo más que no enfermar; salud es tener capacidad de desarrollar un proyecto personal y social, ser solidarias con las personas que nos rodean, de amarlas, de no abandonarlas. Es capacidad de cuidar, y cuidarnos.

Algo se ha quebrado en la gestión de esta pandemia. La solidaridad de las personas jóvenes con las mayores, a la que tanto se ha aludido, ha quedado empañada por la interpretación de que su mayor bien es la mera supervivencia. Y pensamos que no, que nadie quiere la supervivencia a cualquier precio, al precio de la soledad, del miedo, de la falta del cariño de tus seres queridos, del abandono.

Siguiendo el empeño de algunas personas en utilizar la terminología militar, se están provocando graves daños “colaterales”, porque lo urgente sirve como excusa para dejar de lado lo importante. Medidas excepcionales como las que estamos manteniendo, con graves consecuencias para las personas mayores, para las personas con discapacidad, para las personas en riesgo de exclusión, para la infancia, para las personas privadas de libertad… ¿hasta cuándo se pueden mantener? ¿La salud de quién estamos defendiendo? ¿No estaremos defendiendo la salud de una persona adulta de mediana edad, generalmente hombre, que tiene un trabajo y una vivienda confortable, con apoyo social, con colchón económico para el día después y para quien el confinamiento apenas supone un incomodo?

Esta crisis saca a la luz la debilidad de los avances conseguidos en las políticas de coordinación entre las prestaciones sanitarias y de servicios sociales, en la asunción de la función, también cuidadora, del sistema de salud, en el modelo dominante biomédico y centrado en el hospital, que ha dejado de lado la atención comunitaria de la atención primaria y también los cuidados básicos, responsabilidad de los servicios sociales.

También nos muestra que es más fácil protocolizar para todos igual, con tratamientos uniformes que abordan de igual manera situaciones de partida distintas, con posiciones extremas y absolutas que solo protegen un valor: frenar los contagios.

No es fácil compaginar medidas epidemiológicas con medidas humanitarias, pero no podemos dejar de lado cuestiones humanitarias por razones epidemiológicas. Protocolizar para todos igual es discriminatorio e injusto porque olvida la equidad y con ella los apoyos necesarios para que las personas en diversas situaciones y con déficits diversos puedan acceder al bien común de la asistencia sanitaria sea para curar, para aliviar o para obtener los cuidados necesarios para un buen morir.

Así, se indican aislamientos excesivos por el bien común como si fuera una indicación inocua, sin darnos cuenta que en muchos casos no tiene nada inocuo y puede ser estimado como una auténtica mala praxis, por ejemplo en la atención al final de la vida o en algunas circunstancias de la asistencia a personas con enfermedad mental o con adicciones. Así, se ha olvidado la heterogeneidad del colectivo de personas mayores (7 millones en España), la dificultad para aislarse de los que no tienen dónde, la imposibilidad de hacerlo si la comida depende de la beca escolar de comedor, la necesidad de continuar atendiendo enfermedades y tratamientos crónicos que no pueden suspenderse, o los derechos de una persona con grave discapacidad a recibir apoyos para seguir un tratamiento intensivo que evite su discriminación. Como dice Javier Segura (3): “Urgentes medidas de brocha gorda que desatienden importantes detalles, estandarizan la complejidad y devuelven a los respectivos armarios los avances conseguidos en la acción social y la formación de talento”.

Y ¿por qué? Probablemente porque de nuevo, en los comités de expertos y comisiones políticas donde se toman las decisiones, predominan las personas adultas de mediana edad, mayormente hombres, con una vivienda confortable y apoyo familiar y red social.

 

3.EL AISLAMIENTO TOTAL COMO RESPUESTA UNICA y HOMOGENEIZANTE PARA UNA SOCIEDAD DIVERSA Y CON GRAVES DESIGUALDADES

Nuestra naturaleza social nos configura como seres interdependientes y es el reconocimiento reciproco lo que nos permite sobre-vivir, más allá de lo puramente orgánico. La naturaleza humana es expresión de pertenencia a la especie pero también de desigualdad y diferencia.

El aislamiento por sí mismo es una situación potencialmente dañina para cualquier ser humano; el confinamiento impuesto y controlado, está correctamente regulado y requiere supervisión judicial. La regulación de la pérdida de libertad, incluso en las personas en régimen penitenciario, no puede justificar la pérdida de otros derechos.

Entendemos y consideramos que ha sido correcta la medida de confinamiento de la población en esta situación. Pero reconocer y estar atentos a los daños que puede provocar, forma parte de nuestra salud moral y de la obligación de los/as profesionales. Si bien en un primer momento esto no era posible, nos sorprende lo que se ha tardado (más de 40 días) en comenzar a prestar los apoyos necesarios para aquellas personas en que el aislamiento genera daños importantes. Sabemos cuáles son los factores principales que inciden en sus consecuencias: la voluntariedad o no del mismo; la capacidad de comprender la situación asumiendo que tendrá un final para poder tolerar la incertidumbre; el acompañamiento que otorga seguridad frente al miedo; la experiencia de confianza o de desconfianza; y el contar con los recursos suficientes para cubrir las necesidades básicas.

La pandemia ha puesto en evidencia las desigualdades existentes anteriormente que NECESARIAMENTE diversifican la afectación de la enfermedad, y de las medidas propuestas, aunque se haya pretendido ofrecer una visión homogeneizadora de cómo afecta el contagio de la COVID-19. Se ha argumentado insistentemente que el Bien común en situación de emergencia justifica la falta de atención al bien particular y la restricción de derechos individuales, dando por supuesto que lo común (vivir) es igual en toda la ciudadanía.

Pero el vivir, no era el mismo vivir, y consecuentemente el confinamiento no ha sido el mismo vivir confinado en todas las personas: La imposibilidad de seguir manteniendo la economía sumergida y las actividades “laborales ilegales” o al menos “alegales”, mayoritariamente feminizadas (mujeres migrantes sin regularizar, cuidadoras intensivas y sin derechos, de personas con graves dependencia, mujeres prostituidas, limpiadoras…) ha hecho emerger la precaria situación de pobreza extrema de muchas personas y familias que han acudido a los servicios sociales de base solicitando alimentos y cobijo. La escolarización en remoto ha mostrado la evidente brecha digital, y lo que es más importante económica y social, de niñas y niños en situaciones de grave exclusión. La paradoja de la ocupación de los polideportivos, recurso necesario para el mantenimiento de la salud poblacional, por personas sin hogar o en situación de hacinamiento o de infravivienda, ha revelado los verdaderos datos y números tantas veces inciertos. La existencia de personas con deficiencias sensoriales incapaces de comprender y seguir las recomendaciones públicas para no enfermar, o deficiencias psíquicas que impiden comprender su razón de ser, ha mostrado que la convención de la ONU de los derechos de las personas con discapacidad no son sólo para las situaciones sin riesgos, porque la discapacidad no desaparece de las personas en situación de alerta o de pandemia.

Parece necesario establecer con claridad criterios de flexibilización, de compensación o de apoyos en algunas personas que pueden vivir con gran sufrimiento, o que les puede generar daño, la situación de aislamiento prolongado. Las llamadas de teléfono como recurso generalizado utilizado en este tiempo puede ser un recurso escaso y hasta ineficiente si sólo persigue un control de la situación de la persona y no generan un espacio para expresar su vivencia y sentirse escuchada, comprendida, validada en la misma.

Para evitar la homogenización que criticamos en esta aportación, vemos necesario perfilar algunas situaciones donde el aislamiento debe de ser establecido con cautela.

*En el ámbito de los servicios sociales residenciales, el aislamiento es especialmente penoso para muchas personas: genera graves consecuencias en centros con condicionantes físicos y espaciales muy limitados, con escaso apoyo personalizado o sin capacidad de percibirlo. Dicha situación se agrava, muchas veces, con condicionantes previos, que impiden a la persona adaptarse a la nueva situación (demencias, enfermedad mental, limitaciones psíquicas, adicciones, etc.) y si no se considera su especificidad pueden llegar a ser víctimas de maltrato por el Lo que nos permite soportar el confinamiento son, entre otras cosas, los recursos cognitivos, la capacidad de comprender los antecedentes y el desarrollo de los hechos y, sobre todo, de poder proyectar, imaginar y prever consecuencias y escenarios futuros. Las personas con discapacidad intelectual y con deterioro cognitivo cuentan con menos recursos en este aspecto, y, cuanto mayor es su necesidad de apoyos (comunicativos y cognitivos), más precisan de referentes que las acompañen para mediar entre la realidad que es vivida como hostil y su vivencia. Del bienestar de las personas que viven en los centros ha dependido el modelo de confinamiento: el modelo estricto de confinamiento total en habitaciones para todas las personas, afectadas o no por el virus, sin contacto entre ellas, modelo que es muy seguro pero puede ser maleficente; o un modelo más laxo, con convivencia entre residentes y personal, con cautela, y estricto sólo con los casos positivos de enfermedad, que aporta más seguridad emocional a las personas.

*El confinamiento en el hogar puede ser generador de daño si se prolonga mucho en el tiempo, tanto para las personas con capacidad limitada (por discapacidad intelectual y/o trastorno del espectro autista, por deterior cognitivo o por otras causas), como sobre la familia cuidadora, ya que la dependencia y la necesidad de apoyo intenso en el domicilio sin momentos de respiro (como los que proporciona la asistencia a un centro de día), sumadas al aislamiento, pueden ser altamente estresantes en la persona concernida, porque la deprivación social y de estímulos de todo tipo, en general, puede provocar retrocesos en su desarrollo y trastornos diversos.

*Las personas aisladas en sus domicilios con soledad prolongada no deseada, mayoritariamente ancianas, han sido durante el primer mes el colectivo que más ha sufrido la desproporción de esta medida de manera extrema, habiendo casos en que sus propias familias no les han acompañado, siguiendo las orientaciones emitidas por los medios de dejarles la comida o lo que necesiten en los felpudos, y La relación telefónica con el entorno resulta un vínculo muy escaso en situaciones como la vivida, (de miedo, angustia e incertidumbre) y las videollamadas no están a su alcance, salvo en escasas ocasiones. Preocupa que no se valore adecuadamente esta realidad, existiendo incluso propuestas de que sean las últimas ciudadanas en poder salir del aislamiento, y especialmente que desde los servicios sociales no se les facilite el acceso a los apoyos para poder salir La falta de EPIs ha dificultado las visitas de personas del exterior que pudieran de manera limitada y supervisada apoyarles, como las/los profesionales comunitarios y de centros de apoyo para visitas en domicilio. Los esfuerzos realizados por muchas profesionales y los recursos de videollamadas puestos a disposición en algunos territorios a través de ayudas públicas son merecedores de reconocimiento por haber supuesto un gran alivio para muchos casos.

*El aislamiento debe ser modulado y en ocasiones suspenderse periódicamente para evitar conflictos o conductas de alto riesgo, en algunas personas con enfermedad mental, TEA, adicciones crónicas, discapacidad intelectual, o sin capacidad de comprensión del encierro…, tanto si viven en un medio residencial, con sus familias o son personas excluidas socialmente y albergadas en espacios Si bien cabe subrayar el gran esfuerzo de todos los cuerpos policiales para facilitar el abastecimiento, la higiene, el control social y los servicios esenciales de la población, no siempre se ha modulado adecuadamente y con la flexibilidad debida, el control poblacional para evitar contagios y la atención a las necesidad especiales de algunos colectivos, haciéndonos cargo de su vulnerabilidad y observando las diferencias.

*El aislamiento en los centros hospitalarios es probablemente el mayor problema para encontrar propuestas que compaginen la necesidad humana de ser acompañado/a por personas de confianza en situaciones de grave riesgo como la hospitalización en la enfermedad, y el riesgo de aumento de contagios tanto de los/as profesionales como de la población. Consideramos que la prudencia justifica el aislamiento total de las personas enfermas en los centros sanitarios suspendiéndose todas las visitas en un primer momento, pero del mismo modo que se han ido encontrando soluciones como la sectorización, la provisión de EPIs en otros mercados, la adecuación de locales y edificios como hospitales e incluso UCIs, no han existido apoyos, recursos y propuestas que minimicen el sufrimiento generado por el aislamiento en personas con enfermedades graves, personas con demencia, menores, personas con discapacidad etc. Suponemos que esta falta de abordaje es debida a la falta de personas con especialización en las necesidades emocionales y sociales, lo que nos lleva a pensar que las personas “expertas” han sido mayoritariamente del mismo perfil, es decir capacitadas para establecer propuestas que minimicen el riesgo de Este curso tan extremo de acción, ha supuesto en determinados hospitales y centros, la falta de atención a otras patologías graves o muy graves, o al menos el retraso en sus tratamientos de modo desproporcionado e injustificado, con plantas y profesionales de varias especialidades sin posibilidad de atender a las personas enfermas que lo necesitaban.

*Las personas privadas de libertad, desde la instrucción adoptada el 12 de marzo por Instituciones penitenciarias para continuar con las actuaciones de contención del virus en los establecimientos penitenciarios, han visto significativamente reducidas sus posibilidades de relación. Se han suspendido las visitas (comunicaciones íntimas, familiares y de convivencia), los permisos ordinarios, las salidas programadas, las actividades realizadas por entidades, la recepción de paquetes,…etc. Esta situación, está generando importantes limitaciones en el día a día, que sufren especialmente las personas más empobrecidas, las que tienen menos habilidades, las que carecen de apoyos, quienes no tienen ingresos económicos, quienes sufren adicciones y/o enfermedad mental; a pesar del alivio de algunas medidas (incremento de llamadas semanales permitidas, como novedad algunas videollamadas). Además, para las personas sin apoyo familiar, la posibilidad de acogerse al tercer grado se han paralizado o dificultado.

*Resulta necesario resaltar que el confinamiento, en muchos casos, ha encerrado a las víctimas de violencia de género con sus maltratadores. Estas mujeres enfrentan dos pandemias: el Covid-19 y la violencia machista, viéndose obligadas a convivir las 24 horas del día con su mayor enemigo, bajo el mismo Se ha puesto a disposición de estas mujeres teléfonos de atención, y en algunos municipios se han establecido servicios de urgencia para dar respuesta a este terrible problema. Ahora más que nunca se hace necesario disponer de viviendas alternativas que hagan posible un confinamiento libre de violencia.

*Desde la declaración del estado de alarma, a los niños y niñas se les aplica un confinamiento total, sin entrar en las pocas excepciones que se han considerado para las personas Entendiendo la gravedad de la situación, valoramos que ha faltado una mirada que integrara las necesidades y especial vulnerabilidad de la infancia. Todas las expertas/os coinciden en considerar que estas restricciones aplicadas a la infancia pueden afectar a su desarrollo -físico, social, educativo y emocional- y es necesario un apoyo y contención especial por parte de sus cuidadores, que seguramente no todas las familias están  en  condiciones  de  ofrecer.  Se  ha  echado   en  falta   la  presencia   de expertos/as en el área de la intervención social y, en particular, de infancia para poder haber asesorado y emitido recomendaciones para las vivencias de duelo y miedo que muchos niños y niñas están viviendo, así como como posibles espacios de “excepción” al confinamiento, con las medidas y limitaciones que se establecieran.

La declaración del estado de alarma ha supuesto el cierre de centros educativos especiales, centros de día, etc. Para muchos niños y niñas con discapacidad o necesidades especiales, también para sus familias, esto ha supuesto la pérdida de un espacio social y una atención directa a sus problemas, con graves consecuencias para su desarrollo. Después de 6 semanas, se comienza tímidamente a vislumbrar la posibilidad de recuperar estos recursos y los seguimientos y tratamientos individuales que siguen los niños y niñas con estas necesidades especiales: psicoterapias, rehabilitación, Atención Temprana, etc. En estos casos, al ser tratamientos especializados y basados en la relación, resulta muy difícil “sustituirlos” por una intervención a distancia.

*La generalidad de las medidas de confinamiento han respondido de forma uniforme a una situación de crisis y de emergencia, sin tener presente que muchas familias vulnerables que viven con alta precariedad en situación de hacinamiento, en viviendas con falta de espacio, luz, ventilación, etc. Tampoco que la educación a distancia está limitada en muchos casos por la “brecha digital” lo que genera situaciones de “injusticia” y producen “inequidad” al tratar por igual situaciones muy diferentes.

Consideramos de interés y necesidad especial la infancia que está en situación de riesgo de violencia intrafamiliar, de origen machista o de tipo filio parental o con medida de protección tras separación del medio familiar. Hay un número significativo de niños y niñas que se encuentran en situación de riesgo con programas municipales y forales de intervención socioeducativa familiar. Esta intervención, básica para garantizar su protección y mantenimiento en el medio familiar, se ha suspendido o limitado en una situación de sobreexposición al estrés de ese medio familiar, que ya sufre limitaciones y conflictos importantes. Una vez más, la disposición profesional para el seguimiento telefónico parece claramente insuficiente.

Se debe de considerar también los casos que se están produciendo durante este periodo en los que se debe asumir una medida de Guarda o Tutela, que supone la separación temporal del medio familiar, y aquellos otros en que existe una medida de protección y están acogidos/as en otra familia o en centros residenciales. En estos casos, el confinamiento, en ocasiones unido a una cuarentena de aislamiento en una habitación, supone una situación especialmente preocupante por la pérdida de relación con sus progenitores/as.

 

4.LA JUSTICIA COMO CRITERIO EN LAS POLÍTICAS SANITARIAS Y DE SERVICIOS SOCIALES

El reconocimiento de la IGUAL DIGNIDAD es la que fundamenta la igualdad de derechos de la ciudadanía, también en esta situación de alarma que estamos viviendo. Desde siempre, y también ahora, han existido modos de tratamiento y relación que quebrantan la dignidad. Se dan en las siguientes situaciones (Etxeberria, 2005)4:

  • Cuando se trata a la persona como puro medio que vale para algo. Decimos entonces que la persona no tiene valor en sí, sino precio, y se tolera el mal trato y la lesión de sus derechos para conseguir determinados intereses personales, económicos, lucrativos… El caso claro sería la explotación de una persona para los propios
  • Cuando la persona es considerada un no valor, por carencia de capacidades y/o recursos, y, en consecuencia, sufre menosprecio, indiferencia o, incluso, exclusión o marginación (no es tenida en cuenta, se la aparta si nos estorba o molesta, se la aísla o margina para no ser vista…). Esta situación no dependerá solamente de las condiciones de déficit o capacidad de la persona, sino sobre todo de la situación subjetiva de quien observa y se relaciona (mayor o menor control emocional) y, especialmente, del compromiso ético y el vínculo personal que existan entre ambas
  • Por último, se atenta contra la dignidad cuando se considera a la persona como un disvalor peligroso, porque supone una carga para otros/as o para el sistema, por sus conductas inadecuadas, por generar gasto, molestia o insatisfacción en su comunidad de En estos casos, puede plantearse su eliminación y discriminación (modelo eugenésico) con respecto a los recursos sociales o sanitarios, por considerar que son «desproporcionados» o “poco eficientes” para la calidad de vida que se obtendrá.

En términos generales, con respecto a las políticas de salud pública, el ámbito residencial se queda a medio camino entre el hospital y la comunidad, en “tierra de nadie”, con la excepción del control de las cocinas y de la intervención cuando surge un brote de transmisión alimentaria o de otro tipo. La orientación preventiva en sus instalaciones, en la práctica del cuidado, en la formación de su personal, queda a su propia responsabilidad, sin la orientación, por ejemplo, de un servicio de medicina preventiva de la que sí dispone un hospital. Y no es que haya que “medicalizar” las residencias, pero hay que reconocer que son instituciones cerradas donde residen muchas personas de riesgo, y su abordaje no es en absoluto comparable a la de cualquier domicilio. Este hecho unido a la todavía no suficientemente desarrollada coordinación sociosanitaria, ha podido generar discriminación para estos colectivos de personas que no viven en domicilios propios, especialmente en una situación de recursos escasos, como ha podido ser el de los equipos de protección personal. Habrá que repensar en el futuro el modelo de prevención de la salud en el ámbito residencial.

Consideramos, escuchando algunas noticias, comentarios, artículos y argumentaciones de expertos/as, que hay tres grupos sociales que están en riesgo importante de vivir una de las tres situaciones de discriminación expuestas: no ser destinatarias de prestaciones por ser un mero medio que ahora no se requiere para lograr el fin (por ejemplo, se mantiene el salario del profesional y por tanto no es ya necesario para el profesional seguir prestando atención), no ser un valor (por ejemplo, hay vidas humanas a las que se da menos valor que a otras ), ser un disvalor que hay que eliminar o controlar (por ejemplo, porque su atención en igualdad de condiciones que el resto genera peligro de contagio). Consideramos que el riesgo ha aumentado en las personas ancianas, las personas con discapacidad importante (física y/o psíquica), las personas en situación de exclusión social (puede que antes algunas de ellas fueran explotadas y fueran consideradas útiles) y, especialmente, en el caso de las mujeres pertenecientes a estos grupos.

Son varias las personas o colectivos5 que han alertado del aumento de la APOROFOBIA (discriminación por ser pobre), GERONTOFOBIA (discriminación por edad) Y DEFICIENTISMO (discriminación por discapacidad) y queremos hacernos eco de ello. En concreto, queremos visibilizar las siguientes situaciones:

  • La exclusión social es un proceso en cuya esencia están el aislamiento, la falta de vínculos y de apoyo social. El decreto del estado de alarma y la obligación de confinamiento en el domicilio ha hecho que muchas personas con grave exclusión y sin hogar hayan tenido que recurrir, en ocasiones de manera involuntaria, a las plazas de acogida de emergencia que las administraciones han dispuesto de manera apresurada en dispositivos variados (polideportivos, albergues juveniles, residencias etc.). Por otro lado, las personas que se encontraban alojadas en centros de acogida, permanente o “invernales”, se han visto sujetas al confinamiento prolongando y forzoso en las condiciones (y también las dificultades) de convivencia durante las 24

Las circunstancias y problemáticas previas al confinamiento que presenta cada persona condicionan de forma decisiva el acceso y la permanencia en los recursos sociales. En este sentido, para las personas con algún trastorno mental (diagnosticado o no) así como las personas con adicciones, el confinamiento supone una dificultad añadida ya que limita gravemente las posibilidades de relajamiento mental (“andar a mi rollo”). Por otro lado, el uso y/o abuso de sustancias legales e ilegales produce en muchas personas alteraciones en el comportamiento que afectan gravemente a la convivencia, ya de por sí difícil en un confinamiento forzoso y prolongado.

Las personas en situación de exclusión social siempre han sido “temidas” y estigmatizadas a partes iguales: son un “otro” del que nos queremos diferenciar y al que no nos preocupamos mucho por conocer… y lo desconocido genera miedo. Además, muchas de ellas tienen un aspecto característico: físicamente deterioradas, desaliñadas, con falta de higiene… Y son acusadas de no aportar nada a la sociedad.

En un momento de crisis y miedo (a la enfermedad, a la escasez de recursos tras la pandemia, etc.), se da el caldo de cultivo necesario para que la estigmatización de las personas en exclusión aumente, y se refuerce en el imaginario colectivo su imagen de propagador de enfermedades (por su aspecto y delicada salud), acaparador de recursos (por su baja empleabilidad), delincuente, etc.

El estado de salud de las personas en situación de exclusión social es más precario que el de la media de la población, convirtiéndolas en población de mayor riesgo, lo que debiera de entenderse como una razón para que la atención sanitaria fuese mayor, pero sin embargo no se han planteado desde el sistema sanitario una atención “de apoyo” a los lugares habilitados. Todo el dispositivo de acogida de emergencia ha puesto de manifiesto, más claramente si cabe, los déficits existentes, no solamente en aspectos cuantitativos (nº de personas en exclusión residencial grave) sino sobre todo en los cualitativos, ya que ahora podemos observar casi en una única mirada las personas que están atendidas y las que no lo están por parte de los distintos sistemas del bienestar, llamando especialmente la atención las dificultades de acceso al Sistema Sanitario (Atención Primaria por no disponer de TIS y a la Red de Salud Mental) y al Sistema de Servicios Sociales (de Atención Primaria y Secundaria), y de permanencia en ellos.

 

  • Un grupo “desconocido” hasta ahora ha sido el de las personas, mayoritariamente mujeres, y familias migradas o con empleos precarios, que en esta situación han perdido los recursos escasos que obtenían normalmente a través de trabajos irregulares como cuidados, limpieza, empleo sumergido. Este grupo está emergiendo poco a poco como solicitantes de ayudas en los servicios sociales de base por falta principalmente de alimentos y productos de higiene. Todavía hoy, hay quien no se reconocen como sujetos con derecho a una prestación social por ser personas que nunca se habían imaginado estar en una situación de pobreza o riesgo de exclusión.

 

  • La gestión de la epidemia de COVID-19 ha tenido una demoledora mirada de las personas mayores que debe de ser repensada, al menos por dos motivos: ha focalizado en la edad el riesgo de enfermar y morir, en lugar de en variables de salud; y ha “culpabilizado” a los centros residenciales de personas mayores en la extensión y deriva de la pandemia. Hay una identificación permanente en los medios de comunicación entre ser mayor y mortalidad por la infección por covid19. Si bien sólo el 20 % de las personas mayores son personas fragilizadas de modo importante, lo que las convierte en un grupo para el que no está indicado un tratamiento intensivo, han sido frecuentes los argumentos de edad para limitar determinados recursos sanitarios específicos como UCIs, y organizar la distribución de los centros sanitarios y sociales en caso de Las personas mayores han sido así potencialmente discriminadas trasmitiendo a la sociedad la idea de personas menos-valiosas, invitándolas a protagonizar un “altruismo obligatorio” sin posibilidad de participación y de dudosa reciprocidad. Han sido discriminadas por tanto, también en su autonomía, no dejándoles participar en la toma de decisiones en las cuestiones que les afectan y asumiendo sobre ellas, al mismo tiempo, una actitud paternalista de sobreprotección de las que difícilmente han podido escapar.

La edad nunca debe de ser un criterio excluyente para la atención, y tampoco el residir en un centro de alojamiento permanente con otras personas mayores. El sistema sanitario debe de procurar similares prestaciones con similares criterios científicos que para el resto de la población, tanto para tratamientos de agudos como de crónicos, como puede ser el abordaje del dolor, de la salud mental, de las dificultades para la autonomía personal o para las relaciones sociales. Las intervenciones de profesionales ajenos a los servicios sociales y sanitarios (militares, ONGs, etc.) en la atención a las residencias de personas mayores, y no en otros colectivos, evidencia la falta de consideración en los planes de atención y cobertura sociosanitaria.

  • El confinamiento ha sido durante siglos el modo habitual en que en nuestras sociedades se ha abordado las necesidades de las personas con discapacidad, especialmente con discapacidad intelectual. El llamado modelo prescindente (prescindir socialmente de estas personas) ha derivado en diversos momentos de la historia en un modelo claramente eugenésico, que está siendo sustituido por un enfoque social de la discapacidad recogido en la Convención de sus Derechos de la ONU del año 2006, ratificada por España en el 2008.

El llamado modelo social nos descubre que todas las personas podemos ser discapacitadas si nos encontramos con barreras que impidan el desarrollo de nuestras capacidades y la participación social en condiciones de igualdad. Poner esto de manifiesto es esencial, porque solo la excepcionalidad de la situación justifica esta mirada focalizada en las personas con discapacidad y/o en situación de dependencia, lo que nada tiene que ver con la escisión artificial entre nosotras, las personas normales, y ellas, las personas con discapacidad generando una alteridad extraña y ajena.

El colectivo de personas con discapacidad, especialmente con discapacidad intelectual y/o en situación de dependencia, ha sido definido desde el comienzo de la pandemia como grupo de especial vulnerabilidad para el virus COVD-19. Pero este reconocimiento no ha ido acompañado de otros efectos: a día de hoy se desconoce la incidencia de la infección en este colectivo, cómo se están cubriendo las diferentes necesidades en los confinamientos, las hospitalizaciones, los criterios de acceso a recursos específicos como UCI, etc. Las personas con alguna discapacidad se han diluido en el grupo de personas mayores y su invisibilidad (como tantas veces) se ha manifestado, entre otras cosas, en la falta de recomendaciones y apoyos a las propias personas con discapacidad, a sus familiares (que en general son sus personas de apoyo), a entidades de cuidado y defensa de sus derechos, residencias, etc., y, de forma más dolorosa, en momentos de discriminación en el acceso a servicios sanitarios y apoyos específicos necesarios en cada caso. La ausencia de información y casuística en los medios de comunicación y de debate público promovido desde las organizaciones y asociaciones que representan a estas personas, genera riesgos añadidos de exclusión e injusticia, así como de trato inadecuado.

La situación vivida en la pandemia por parte de las personas más vulnerables sanitaria y socialmente, pone de manifiesto una crisis muy importante de cuidados y responsabilidad y una evidente ruptura del llamado “pacto intergeneracional de cuidados” que puede generar riesgos graves de daños y maltrato.

El desarrollo en las últimas décadas de los servicios de atención a personas vulnerables y en situación de exclusión, por parte del estado, como expresión de justica, puede haber debilitado la conciencia de ligazón y ob-ligazón de las personas dentro de los contextos de apoyos naturales: familias, vecindario, amigos/as, etc. La pandemia está poniendo en escena los límites y contradicciones del propio sistema. Un problema muy importante que puede generar, si no se aborda convenientemente, es un debilitamiento de la cohesión social y abandono y discriminación de las personas más vulnerables.

Como contrapunto muy importante reconocemos la irrupción de personas voluntarias que de manera libre y solidaria se han ofrecido gratuita y altruistamente a ayudar en lo que fuese necesario. Es indudable su gran aportación y su valor tanto para las personas que han cuidado o atendido como para la sociedad en general. Es destacable sin embargo la falta de liderazgo para sistematizar y dar cauce a su aportación que ha quedado en muchos casos sin ser aprovechada para mejorar y aliviar la situación.

El “nada humano me es ajeno” (dicho de Terencio atribuido a Séneca) no parece una opción ahora, sino una elección en clave de consecuencias, porque apela a la responsabilidad, más allá de los derechos. Se actualiza el hacerse cargo porque el nosotros, lo común, se construye en el reconocimiento y respeto a la dignidad del otro, que me completa en mi humanidad (Ricoeur, Lévinas).

 

5.MORIR Y HACER DUELO EN TIEMPOS DEL COVID

En estos meses de pandemia han muerto muchas personas como consecuencia del contagio del Virus Covid-19, (a 27 de abril, 1.269 personas fallecidas con enfermedad confirmada en Euskadi, y 23.822 en España), bien porque ya partían de procesos delicados de salud que no les han permitido hacer frente a la enfermedad, o bien porque ésta les ha afectado de manera cruenta y la evolución ha sido desfavorable. La falta de respuesta a los tratamientos intensivos, y en algunos casos el no ser candidatas a ellos, requeriría, como marca nuestra legislación, una atención propia para bien morir que claramente ha sido deficitaria en muchos de los casos.

La centralización de la asistencia sanitaria en los tratamientos agudos e intensivos, la atención telefónica de atención primaria en los domicilios, la prohibición de visitas y acompañamiento familiar a las personas enfermas en hospitales y centros residenciales, y la falta de cualificación y de recursos necesarios en determinados lugares, para unos correctos cuidados paliativos, han sido las causas principales de este mal morir. El fallecimiento de una persona es algo único que no se puede posponer para cuando la crisis pase, ni se puede recuperar, y que aunque parezca que no deja consecuencias negativas, puede dejar graves huellas emocionales en las personas allegadas, y dificultar el duelo posterior.

En los centros residenciales de servicios sociales, la tendencia ha sido la no derivación de las personas consideradas como paliativas a otros medios. Este hecho, que en condiciones normales se considera como buena práctica en los centros que disponen de capacitación interna o con apoyos externos sanitarios, sin embargo, no ha resultado adecuado en muchas situaciones. Los centros residenciales no tienen por qué contar con recursos sanitarios especializados, pues no son centros sanitarios, sino lugares donde vivir en los que se prestan los apoyos para las actividades de la vida cotidiana. Por tanto, lo correcto es que sus residentes accedan como ciudadanas, en igualdad de condiciones que el resto, a las prestaciones sanitarias comunitarias (atención primaria, unidades de cuidados paliativos, hospitalización a domicilio u otros). Se ha visto que, en numerosas situaciones, estas prestaciones han sido inaccesibles por la gestión establecida por los/las responsables sanitarios/as, o por la ausencia de una coordinación sociosanitaria eficiente.

Si bien en pocos días se flexibilizó la medida de restricción absoluta de visitas para las personas en procesos finales de vida, han existido diversos criterios a la hora de determinar cuáles son las personas que se encuentran en el momento final de su vida, y más concretamente en situación terminal. Se ha identificado este momento especialmente con la agonía, cuando la persona ya está muy desconectada y la comunicación es difícil, lo que ha dificultado en los días previos las despedidas, la expresión de los afectos y la resolución de asuntos pendientes, acciones tan necesarias para un buen morir.

Las restricciones por riesgo de contagio también posterior al fallecimiento, han dificultado, y en algunos casos han impedido, poder ver y reconocer a la persona fallecida y despedirse de ella, siendo especialmente duro si el fallecimiento ha sido imprevisto. La dificultad continúa con la organización de los ritos funerarios y la despedida social de la persona fallecida… Para que haya un buen proceso de duelo, sin sentimientos de culpa y experiencia de abandono familiar, es importante, entre otras cosas, que se haya podido hacer bien tanto el acompañamiento como la despedida.

Se comprenden las limitaciones en esta situación por los riesgos para la salud pública, pero no podemos olvidar los derechos de las personas al final de la vida, recogidos en nuestro marco legislativo, y que deben de garantizarse, en la medida de lo posible. La situación de alerta actual, no anula el derecho de la persona a recibir información veraz sobre su proceso y enfermedad, a rechazar un tratamiento, a unas correctas decisiones de representación en caso de incapacidad y al alivio del sufrimiento mediante una asistencia paliativa de calidad, derechos poco respetados en muchos casos.

Es necesario y urgente facilitar el acompañamiento de las personas en el final de sus días, permitiendo la presencia, como mínimo, de una persona familiar o allegada durante un tiempo suficiente, en un espacio íntimo, siempre respetando las normas de higiene y de prevención, y proporcionándole el equipo adecuado si está en un centro sanitario o residencial. Reconocer y destacar la iniciativa de los centros residenciales, y de algunas unidades hospitalarias que, además de lo anterior, han facilitado las despedidas de otras personas, amistades y familiares mediante otros sistemas de comunicación (teléfonos, lecturas de correos electrónicos, videollamadas, etc.).

6.LAS OBLIGACIONES ÉTICAS DE LOS/LAS  PROFESIONALES Y LA RESPONSABILIDAD CIUDADANA

Los colectivos profesionales, asistenciales y de servicios, han demostrado gran integridad y compromiso en esta crisis, como lo ha reconocido la ciudadanía general en los aplausos de las 8,00 p.m cada día. La responsabilidad profesional emerge en las personas que han cultivado determinados valores y modo de concebir su profesión. Quienes no han cultivado dichos valores y virtudes no es fácil que estén dispuestas a arriesgarse. Por eso han existido casos de personas que no han cumplido con lealtad aquello a lo que se habían comprometido previamente con la sociedad. Entendemos que un/a profesional es alguien dotado/a de capacidades técnicas y éticas suficientes como para comprometerse con las personas de una comunidad y aportarles un bien, un beneficio. El fundamento por tanto está en dicho compromiso (promete hacer el bien) que como decimos, se ha dado en un gran número de personas, pero no en otras.

De todos los colectivos, el gran protagonista de la crisis generada por la COVID-19 ha sido el de profesionales sanitarios/as, especialmente los de ámbito hospitalario, por varios motivos. El más visible ha sido la grave afectación de la salud de gran parte de la población, que ha colapsado las urgencias y ha necesitado de ingresos y de medidas intensivas. Y segundo, por la dificultad de contar con medios materiales y humanos para hacer frente a la pandemia, lo que ha expuesto a profesionales a jornadas intensivas y al contagio.

Sin embargo, ha habido otros escenarios que no son secundarios, sino paralelos e igual de importantes. La crisis ha revelado quiénes son realmente profesionales esenciales que generan un bien social: personal de supermercados, transportistas, limpiadoras, cuidadoras y auxiliares geriátricas, celadores/as, educadores/as, trabajadoras/es sociales, psicólogos/as maestra/os, policías, integradores/as sociales…y tantas otras personas que quizá no han recibido ni la protección ni el reconocimiento a su compromiso leal y en ocasiones heroico. Sin ellas la población se habría podido ver expuesta sin remedio al hambre, la afectación de la salud, la precariedad y a la desprotección en general frente a la epidemia.

Se hace imprescindible también una reflexión colectiva de todos los aspectos afectados en esta crisis, reconociendo que, junto a la salud biológica, están en juego otros factores de salud como son los psicosociales. La consecuencia más inmediata, que ya se ha hecho notar, es el aumento de la brecha social, que agrava la vulnerabilidad de las personas que ya eran vulnerables, y deja en situación de fragilidad a otras muchas. Y la brecha de género, por ser las mujeres las más afectadas en esta crisis, por su mayoritario papel de cuidadoras en los ámbitos público y privado. De ahí la importancia de que además del reconocimiento legal de ser esenciales que ya tienen los servicios sociales y sus profesionales, se les de la visibilidad política y social que les corresponde, por ser cuidadores del contexto social que soporta el confinamiento para la salud y las consecuencias socioeconómicas que ya se están derivando del mismo.

Han existido conflictos de carácter ético (y en ocasiones también legal) entre la responsabilidad de atención a la población, y la seguridad y el cuidado de su salud. No está bien abusar del carácter vocacional y solidario, y permitir que las personas trabajen en condiciones límites y/o de desprotección o sobreexponerlas a la fatiga y al burnout. Tampoco es correcto en virtud de la propia seguridad, negarse a atender necesidades que no pueden ser prestadas a través del teletrabajo. Como siempre, los extremos no suelen ser la mejor opción en situaciones de conflictos de valor. Creemos que ha faltado la deliberación para poner en marcha cursos de acción que distribuyeran los equipos de protección en función del riesgo y no del estatus o la categoría profesional y facilitaran el acompañamiento personal y emocional de los/las profesionales, también en los momentos en los que se requiera movilidad o cambios en la actividad laboral para atender necesidades urgentes.

La situación tan intensa que viven los equipos profesionales y las personas afectadas gravemente por la crisis, por las circunstancias y condiciones en las que enferman y fallecen las personas, y las solicitudes imprevistas de movilidad y cambios en la actividad laboral para cubrir necesidades importantes y urgentes, les coloca en grave riesgo emocional que no ha sido suficientemente valorado a la hora de establecer medidas de protección y apoyo emocional. La responsabilidad no es sólo de las personas profesionales, es también de las entidades e Instituciones, que tienen el deber de buscar y distribuir de manera eficiente los medios existentes (humanos y materiales) para que la población y las profesionales que más riesgos físicos y emocionales sufre en esta situación, sean protegidos prioritariamente.

No es menos importante, hablando de responsabilidad y de solidaridad, la excelente respuesta de la mayoría de la población “quedándose en casa” con lo que ello supone no solo de aislamiento y pérdida de relaciones sino, en muchísimos casos, de pérdida del propio sustento. Creemos que las autoridades en su conjunto no han reconocido dicha responsabilidad y han comenzado a extralimitarse en las medidas de control impuestas con un fundamento marcadamente paternalista. Queremos subrayar la necesidad que tenemos las personas de cumplir con nuestras propias obligaciones morales, independientemente de nuestra condición social y de salud.

Es comprensible que dichas obligaciones se vean limitadas si su cumplimiento puede suponer un riesgo contrastado y demostrado para terceras personas. Si no es así, se podrá aconsejar y recomendar a la población determinadas medidas y orientaciones para el cuidado de la salud, pero no se pueden imponer coactivamente, más en el caso de que supongan una limitación de sus derechos.

¿Y AHORA QUÉ? MIRANDO AL FUTURO

 Próximamente vamos a iniciar la fase de desescalada, es decir, de ir retomando poco a poco la normalidad, con prudencia, para seguir vigilando la extensión del virus, pero reconociendo y confiando en la responsabilidad ciudadana en la gestión de su salud, sin discriminación por edad y respetando la autonomía personal, que no es otra cosa que la capacidad de cumplir con las propias obligaciones morales.

Hemos aprendido mucho en estas semanas, muchas cosas buenas, pero también cosas que pueden mejorar y es nuestra obligación intentarlo seriamente si de ello depende que las personas, todas, podamos vivir decentemente. Compartimos a continuación lo más importante de lo aprendido en nuestro grupo:

  • Que no todas las personas somos iguales, que algunas son más vulnerables y que requieren que se atiendan sus necesidades de una manera distinta; que no valen fórmulas sencillas para realidades Que si tratamos a todas las personas igual, faltaremos a la equidad y al reconocimiento de que la igual dignidad merece igual estima y consideración, pero no hacer lo mismo.
  • Que hay personas que tienen serias dificultades para ser reconocidas como sujetos de derechos, también de derechos a la asistencia sanitaria, a la libertad de decidir, a la vivienda, a la educación…y que entre ellas la mayoría son mujeres.
  • Que la salud es más que biología mecanicista individual que funciona correctamente, que es vida autoinsuficiente con significado, que necesita relación y compromiso.
  • Que las ayudas de emergencia, beneficentes y graciables, no pueden ni deben de ser, en una sociedad justa, el modo habitual de enfrentar el empobrecimiento de las personas, por lo que se debe de garantizar una renta básica a toda la ciudadanía que asegure unos mínimos de vida saludable (al menos con los estándares básicos que existen cuando una persona está hospitalizada por enfermedad).
  • Que hay servicios esenciales que no se pueden sustituir por teletrabajo, pues exigen intervenciones cualificadas de cuidado que pueden generar graves riesgos si se suspenden, por lo que deben de retomarse lo antes posible los servicios de día para personas con dependencia y/o discapacidad, los tratamientos individualizados de tipo sociosanitario que necesitan adultos/as y menores con discapacidad o necesidades especiales, y las medidas educativas de carácter comunitario para familias en situación de riesgo y personas con vulnerabilidad social.
  • Que en cualquier momento podemos morir y que no es lo mismo morir bien que mal, aislado/a o acompañado/a, porque morir siempre es con-morir, como vivir siempre es con-vivir. Por eso debemos reconocer como sociedad la deuda que hemos contraído de las personas que han fallecido en absoluta soledad y la ausencia de despedida de sus familiares, y debemos de hacer todo lo necesario para aliviar con recursos psicológicos suficientes el daño que han sufrido sus allegados.
  • Que la “crisis de los cuidados” y el “envejecimiento de nuestras sociedades”, temas “estrella” en nuestros foros académicos, políticos y económicos, han sido en este tiempo retos que nos han devuelto la conciencia de que las relaciones comunitarias en los entornos naturales son imprescindibles.
  • Que poner en marcha un sistema eficaz y suficientemente dimensionado de servicios sociales, que pueda preservar y enriquecer las relaciones y los apoyos comunitarios, es imprescindible, si no queremos que el próximo gran colapso sea el de los servicios sociales de base facilitando ayudas de emergencia para necesidades básicas a una gran parte de la población.
  • Que hay compromisos y lealtades, profesionales o voluntarias, que no se pagan con “salarios”, sino con “honorarios”, es decir con reconocimiento social a quien más allá de sus obligaciones legales, presta una atención excelente corriendo riesgos, porque sabe que en la relación asistencial no solo se juega la dignidad de la persona atendida, (cuidada, educada, protegida, lavada, alimentada o acariciada) sino el propio proyecto de autorrealización personal.
  • Que el lucro y la distribución desigual de los bienes básicos escasos, (como por ejemplo la prioridad de los deportistas en el acceso a los test diagnósticos frente a los grupos de riesgo, o a los profesionales de la intervención social y sanitaria), es inmoral e injusto.
  • Que la justicia requiere trasparencia, argumentación, conocimientos y deliberación entre diferentes perspectivas, desde la convicción de que cualquier mirada es siempre limitada y necesita complementarse desde otras experiencias, siempre afectadas y subjetivas, porque la subjetividad está en la mirada y no en el virus.

30 de abril de 2020

 

MIEMBROS DEL GRUPO DE TRABAJO

 

  1. Marije Goikoetxea, Psicóloga, Profesora de ética. Universidad de CEIS Bizkaia. CEA Plena Inclusión
  2. Juana Aza, Enfermera especialista en geriatría, IFAS-Diputación Foral De Bizkaia. CEIS Bizkaia
  3. Lourdes Zurbanobeaskoetxea, Médica. Servicio de Valoración y Orientación. Diputación Foral de Bizkaia. Coordinadora Sociosanitaria. CEIS Bizkaia
  4. Concha Castells, Epidemióloga. Departamento de Salud. Gobierno Vasco. Asociación DMD-DHE
  5. Coro Rubio, Psicóloga, ASPACE-Bizkaia. CEIS Bizkaia
  6. Angel Bao, Psicólogo. Atención Temprana-Diputación Foral de CEIS Bizkaia
  7. Porfirio Hernández, Federación Vasca de Deporte Adaptado. CEIS Bizkaia
  8. Celia Ramos, Trabajadora social. Ayto. de Bilbao. CEIS Bizkaia
  9. Txema Duque, Trabajador social. Ayto. de Bilbao
  10. Javier Yanguas, Doctor en Psicología. Aubixa
  11. Boni Cantero, Trabajadora Social. Ayto. de Vitoria-Gasteiz. CEIS Araba
  12. Pablo Ruiz, Coordinador técnico. Asociación Bizitegi
  13. Rafael Armesto, Abogado. FEVAS-Plena Inclusión. CEIS Bizkaia
  14. Brígida Argote, Enfermera especialista en geriatría. IFBS-Diputación Foral de Áraba. CEIS Áraba
  15. Ángela Fernández, Trabajadora Social. Ayto de Ermua. CEIS Bizkaia
  16. Mirian Del Campo, Psicóloga. Fundación Gizakia. CEIS Bizkaia
  17. Maria Angeles Larrinaga, Trabajadora Social. Red de Salud Mental de Bizkaia. CEIS Bizkaia
  18. Zorione Benedicto, Trabajadora Social. CEIS Gipuzkoa
  19. Carlos Romera, Jurista, Mediador y Educador Asociación Goiztiri. CEIS Bizkaia
  20. Yolanda Pérez. Técnica del Departamento de Salud. Gobierno Vasco. CEIS Bizkaia
  21. Marian García, Trabajadora Social.CEIS Bizkaia
  22. Álvaro Mosquera, Educador Social-Residencia Aspaldiko. Profesor Universidad de Deusto

1  REYES      MATE,      M.      (2020)     “Un      test      sobre     nuestra      humanidad”.      Religión      digital. https://www.religiondigital.org/opinion/Reyes-Mate-tomarse-serio-salud-deponer-progrescuarentena-iglesia-coronavirus-reflexion_0_2223677631.html

2 GRACIA GUILLEN, D. (2016) “Tomar decisiones morales. Del casuismo a la deliberación”. Dilemata, Nº. 20, 2016, págs. 15-31

3 SEGURA  DEL POZO,  J. (2020). “Salud pública  y  otras  dudas”. https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/author/javierseguradelpozo/

4 ETXEBERRIA, X. (2005). Aproximación ética a la discapacidad. Bilbao: Universidad de Deusto.

5 Adela Cortina, Plena Inclusión, SEGG, etc.

CoviDecisiones al final de la vida. En tiempos de Pandemia.

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MUERTE DIGNA Y CORONAVIRUS.

Vivimos tiempos difíciles y muy desconcertantes. Muchas personas tenemos claro que preferimos una muerte digna a padecer un proceso terminal que nos provoque un sufrimiento físico o psíquico intolerable. Pero en muchos casos el Covid-19 no es irreversible. Al ser potencialmente curable, la incertidumbre es mayor y las decisiones al final de la vida son más difíciles de tomar.

Si me infecto de Coronavirus, ¿voy a morir?

Si acepto ingresar en un hospital, ¿acabaré en una UCI?

¿Me puedo negar?

Si lo hago, ¿moriré sola?

¿Podré morir en casa?

Algunas personas mayores, incluso con patologías previas, se recuperan del Covid-19 gracias a la asistencia hospitalaria. Otras expresan que bajo ningún concepto están dispuestas a ingresar en un hospital. Todas las medidas deben contar con tu permiso (consentimiento informado), y en cualquier momento podrás rechazar un tratamiento, si esa es tu decisión. Por eso, te planteamos algunas cuestiones que te ayuden a reflexionar y a enfrentarte al Covid-19 para que, en cualquiera de los escenarios, se respete tu voluntad.

SI ENFERMAS POR COVID-19,TENDRÁS QUE DECIDIR SI:

INGRESAS EN UN HOSPITAL: para probar todas las opciones que ofrece la sanidad e intentar superar la enfermedad, sabiendo que puedes estar semanas en una UCI y finalmente superar la enfermedad o morir en soledad.

TE QUEDAS EN CASA: asumiendo el riesgo de empeorar y morir en casa, con unos cuidados paliativos (en el caso de que estén disponibles) y la compañía de tus seres queridos.

PERMANECES EN LA RESIDENCIA: con unos cuidados paliativos (en el caso de que estén disponibles). Si tu situación se agrava, asegúrate de que te garantizan una buena muerte y en algunos casos, el acompañamiento de al menos una persona de tu confianza.

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¿CÓMO PUEDES PREPARARTE?

SI DECIDES INGRESAR EN UN HOSPITAL

1.Si tu enfermedad se agrava, en caso de que no desees ingresar en la UCI, comunica al personal sanitario si deseas que alivien tu sufrimiento mediante una sedación paliativa, profunda y mantenida hasta tu fallecimiento.

2.Nombra a alguna persona para que esté al tanto del proceso y, si ella está dispuesta y esa es tu voluntad, le permitan que te acompañe.

3.Si no se permite el acompañamiento, comunícate con las personas que desees por teléfono o videollamada (no olvides el móvil y el cargador).

4.Comparte tus decisiones y tus preguntas con el/la médico de referencia y el equipo de enfermería.

SI DECIDES QUEDARTE EN CASA

1.Comparte tu reflexión con las personas que conviven contigo o las que te van a cuidar (sin al menos un/una cuidador/a no podrás quedarte en casa).

2.Habla con tu equipo de atención primaria, explícale tus deseos y concreta cómo pueden ayudarte.

3.Pregunta cómo puedes acceder a un equipo de cuidados paliativos, por si lo vieras conveniente. En ese caso, concierta una visita y comparte tus deseos con ese equipo.

4.Deja claras tus preferencias: quedarte en tu casa, asumiendo el riesgo de fallecimiento, en compañía de las personas que tú quieras, con una asistencia que alivie tu sufrimiento hasta el final.

SI DECIDES PERMANECER EN UNA RESIDENCIA

1.Si tu enfermedad se agrava, en caso de que no desees ingresar en la UCI, comunica al personal sanitario si deseas que alivien tu sufrimiento mediante una sedación paliativa, profunda y mantenida hasta tu fallecimiento.

2.Nombra a alguna persona para que esté al tanto del proceso y, si ella está dispuesta y esa es tu voluntad, le permitan que te acompañe.

3.Si no se permite el acompañamiento, comunícate con las personas que desees por teléfono o videollamada.

4.Comparte tus decisiones y tus preguntas con el/la médico de referencia y el equipo de enfermería.

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TESTAMENTO VITAL
(documento de instrucciones previas o voluntades anticipadas)

Es el documento en el que se deja por escrito qué tratamientos deseas y cuáles rechazas cuando tu situación médica sea irreversible y hayas perdido la capacidad de tomar decisiones. Se hace para evitar que se tomen medidas que prolonguen tu vida cuando ya no tienes opciones realistas de mejorar. Su objetivo es evitar la obstinación terapéutica, lograr que alivien tu sufrimiento con todas las medidas disponibles (incluida la sedación paliativa) y eviten prolongar el proceso de morir.

SI TIENES TESTAMENTO VITAL

Es recomendable que compartas tus reflexiones sobre qué harías en caso de enfermar por Coronavirus, con tu representante, para que si hace falta haga de mediador con el personal sanitario y se respete tu voluntad. Si quieres dejar constancia, puedes adjuntar una manifestación de voluntad según el modelo adjunto en el anexo.

SI NO TIENES TESTAMENTO VITAL

*Si estás ingresado/a en un hospital puedes otorgar tu testamento vital en el Servicio de Atención al Paciente.

*Si estás en casa, probablemente no podrás otorgar tu testamento vital hasta después del confinamiento. Puedes dejar por escrito, en un documento privado, una manifestación de voluntad sobre los tratamientos que deseas recibir (ver modelo adjunto en el anexo)

Es difícil formalizar un testamento vital durante el confinamiento. Para que tenga validez, el documento debe estar firmado ante el/la representante y tres testigos (dos en Aragón y Valencia) o ante el/la funcionario/a del registro, en este momento cerrado.
El documento de manifestación de voluntad que proponemos no cumple los requisitos legales del testamento vital. Expresa con claridad tus decisiones y demuestra que son el resultado de una reflexión seria e informada sobre las consecuencias del Covid. Si la persona enferma y se puede expresar por sí misma, este documento respalda que sus decisiones no son improvisadas, ni están interferidas por el miedo o los síntomas de enfermedad. En el caso (menos probable) de que su lucidez se vea comprometida por la enfermedad, autoriza al representante a solicitar que se respete la voluntad expresada en el documento.

Una vez pasado el Estado de Alarma, DMD recomienda a todas las personas que registren su testamento vital, según regule su Comunidad Autónoma. Puedes informarte en la web de DMD

https://derechoamorir.org/testamento-vital/

Si deseas saber qué medidas se están tomando para garantizar una muerte digna consulta este post donde recogemos todos los protocolos existentes.

https://derechoamorir.org/2020/04/15/covid-19-listado-de-iniciativas-para-facilitar-el-acompanamiento-al-final-de-la-vida/

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SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDAD POR CORONAVIRUS Y CUIDADOS INTENSIVOS

Para la mayoría de las personas afectadas, el coronavirus provoca un catarro leve o con fiebre y tos de 2 o 3 días, que no requiere ir al hospital. En los casos graves la fiebre dura más días y aparece dificultad respiratoria, es decir, fatiga al levantarse y hacer tareas cotidianas, como síntoma de una neumonía. A veces, provoca diarrea y vómitos.

La mayoría de los casos graves se dan en personas mayores de 60 años, con otras enfermedades como hipertensión arterial, enfermedad respiratoria crónica o asma, diabetes, enfermedad cardiovascular u otras.

Cuando las pruebas de imagen confirman una lesión aguda pulmonar bilateral con baja saturación de oxígeno (no se respira bien) es necesario ingresar a esa persona en una UCI para recibir oxigenoterapia intensa tras ser intubada y conectada a un respirador artificial, con el fin de darle tiempo a su cuerpo para que reaccione a la infección.

Está indicado el ingreso en la UCI a toda persona, con independencia de su edad, cuando hay expectativas de resolución del proceso con buena calidad de vida y funcionalidad. Muchas morirán durante el ingreso en UCI, aún con los mejores cuidados. Otras pueden fallecer tiempo después del alta, o quedar con graves secuelas.

Todas las personas con enfermedad grave que no son ingresadas en UCI deben recibir, como es habitual, tratamiento paliativo, que incluye soporte emocional, control de los síntomas, acompañamiento y sedación paliativa.

 

DOCUMENTO COMPLETO PARA DESCARGAR:

GUIA COVIDECISIONESDMD con Testamento Vital

 

 

 

“LAS CIFRAS DE LA VERGÜENZA DEL INSS ANTES DE LA PANDEMIA POR COVID-19”

Desde Jóvenes Pensionistas, en publicaciones recientes, venimos aludiendo al término de “Cifras de la vergüenza” para referirnos a los datos sobre incapacidades permanentes rechazadas anualmente, de los que ni el INSS ni ninguna administración dan datos oficiales.

Hoy, en una publicación de “Cinco días” firmada por el presidente de Fidelitis, un grupo de abogados laboralistas que trabajan en incapacidades, nos encontramos con un dato estremecedor. Antes de la crisis del Covid-19 las solicitudes presentadas por vía administrativa eran denegadas en un 95%. Esto quiere decir que se concedía una incapacidad permanente a una de cada veinte personas que la solicitaban.

No hay que ser muy inteligente para leer entre líneas. ¿Acaso cabe atribuir las diecinueve restantes a la picaresca o el engaño?¿Es que todas se solicitan sin basarse en criterios médicos?.
Más bien se trata de un modelo hecho en sí para poner trabas y obstáculos. Empezando por un equipo de evaluadores que en la mayor parte de los casos no tienen nada que ver con las especialidades médicas asociadas a nuestras patologías. Donde priman más aspectos económicos que las pruebas e informes de los especialistas que nos atienden.

A todo esto hay que sumar lo siguiente:
● El endurecimiento de los protocolos de concesión de pensiones, dado que los fondos de reserva de la Seguridad Social, que aún no se habían recuperado de la crisis de 2008, se han visto afectados por esta situación.
● El colapso sufrido por la sanidad pública, que trae consigo el retraso de pruebas diagnósticas y los correspondientes informes médicos, por lo que aquellos que estén en trámite de solicitud verán alargado este proceso en varios meses más.
● Como la mayoría de los casos se resuelven por vía judicial, la paralización de estos procesos trae consigo una importante demora. La media en España antes de la pandemia suponía unos 9 meses de espera. En algunas ciudades se demora más de un año y medio.

Todo esto supone un duro mazazo para un colectivo desfavorecido ya de por sí y que deja literalmente sin recursos a miles de personas cada año en este país.
Nos complace oír que en esta difícil situación por la que atravesamos no se va a dejar a nadie atrás, pero los datos dicen lo contrario. Sin pandemia ni confinamiento ya estamos dejando personas y familias atrás. Personas que terminan perdiendo los trabajos por sus enfermedades crónicas y a las que sistemáticamente se les niega una pensión para subsistir dejándolas abandonadas a su suerte.

Es por ello que exigimos una completa reestructuración del sistema que atienda a las necesidades sanitarias y a las pruebas e informes de los especialistas que nos atienden, y que dejen de una vez de basarse en criterios económicos y de austeridad.

jovenespensionistas@gmail.com

ADOS/Pensionistas de Bizkaia y BAT-ETORRI/Pensionistas de Gipuzkoa, ante las próximas elecciones al Parlamento Vasco del 12 de Julio.


Propuestas de Bat Etorri-Consenso.

 La Ley 18/2008, de 23 de diciembre, para la Garantía de Ingresos y para la inclusión social, aprobada en el Parlamento Vasco, vinculó las cuantías de las ayudas al importe del Salario Mínimo Interprofesional (S.M.I.). En el caso de las unidades de convivencia formadas por perceptores de pensiones contributivas o no contributivas de la Seguridad Social, las cuantías garantizadas eran: 100% del S.M.I. para las unidades de convivencia unipersonales; 125% del S.M.I. para las unidades de convivencia de dos personas y un 135% del S.M.I. para las unidades de convivencia de tres o más personas. De seguir vigente esta norma, los importes de los complementos de pensiones a día de hoy serían 1.108,-€/mes; 1.385,.€/mes y 1.495,-€/mes en 12 pagas respectivamente.

El año 2011, como consecuencia de la crisis económica, se recortó “de forma temporal” un 7% su cuantía y en 2016 sus cuantías se desvincularon del S.M.I. No se recuperó tras la crisis el denominado “recorte temporal” y se redujeron sus cuantías con la desvinculación de las mismas del S.M.I. Hoy las cuantías son 795,95%; 994,94% y 1.074,53% respectivamente, es decir, más de un 28% de reducción.

Datos de interés

Según el informe de la Red Europea de Lucha contra la pobreza (EAPN), el Umbral de la Pobreza en Euskadi es de 839,43 €/mes en 14 pagas.

De las personas que perciben la RGI, algo más de 13.400, son pensionistas, en su mayoría mujeres. Unas 207.000 pensiones, que suponen el 37 % del total de las pensiones en el País Vasco, tienen un importe inferior al umbral de pobreza. Además, en torno a 35.000, es decir, el 6,26 % del total de las pensiones vascas tiene un importe inferior al umbral de pobreza severa. Más de 240.000, el 43,53% de las pensiones, están por debajo del Salario Mínimo Interprofesional.

En el País Vasco, según datos de EAPN, hay más de 200.000 personas en riesgo de pobreza. La pobreza de las mujeres siempre ha sido superior a la de los hombres y, en la actualidad, el 10,2 % de la población femenina está en riesgo de pobreza, cifra que contrasta con el 9,1 % que registra la tasa masculina.

Nuestras Propuestas

Es conveniente recordar, con carácter previo, que la capacidad para determinar las cuantías de las pensiones mínimas es competencia del Gobierno Central. Pero no es menos cierto, que el Gobierno Vasco tiene competencias para poder complementar las cuantías de estas pensiones.

Por otra parte, se acaba de aprobar por el Gobierno español el Ingreso Mínimo Vital (IMV) que se ha configurado como una prestación de la Seguridad Social y será compatible con la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) vigente en el País Vasco y su gestión, que en nuestro caso ha sido transferida al Gobierno Vasco.

En consecuencia la RGI vasca tendrá un papel complementario. Es decir, la RGI abonará la diferencia entre lo que las y los beneficiarios reciban de la IMV y las cuantías que garantice la RGI si las personas beneficiarias no alcanzaran dicho importe. Por tanto, estaríamos ante un ahorro muy importante en el gasto de la RGI, que permitiría mejorar sus actuales prestaciones para luchar contra la exclusión social y la reducción de la brecha de género de manera más eficaz.

Dicho lo que antecede, las propuestas que trasladamos a las fuerzas políticas para que las tengan en consideración para lograr el objetivo la lucha contra la pobreza extrema, para la inclusión social y para mejorar la protección a las y los pensionistas, serían las siguientes:

*Llegar a todas las personas pensionistas que teniendo derecho a complementar su pensión, no lo saben o  tienen dificultades para acceder a  la R.G.I. y así poder erradicar al 100% la pobreza en nuestro territorio.

*Modificar algunos requisitos de acceso, sobre todo el del patrimonio, para ampliar el número de personas que pueden tener derecho a la RGI  para poder llegar al 100% de la población en riesgo de pobreza.

*Mejorar las cuantías de los complementos para recuperar el espíritu de la ley que la origina y se vinculen sus cuantías al Salario Mínimo  Interprofesional (SMI).

En definitiva, reivindicamos que con la cuantía de los complementos de las pensiones más el importe de su pensión, no exista ninguna persona pensionista en Euskadi con ingresos por debajo del SMI vigente en cada momento.

 Donostia 8 de junio de 2020

 

ADOS/Pensionistas de Bizkaia* reclama que ningún pensionista en Euskadi tenga un ingreso inferior al SMI.

La combinación del nuevo IMV y la RGI deben servir para intensificar la lucha contra la pobreza extrema, para la inclusión social y para mejorar las pensiones en la Comunidad Autónoma Vasca.
Conviene recordar con carácter previo que las pensiones públicas constituyen un derecho individual y colectivo, no una ayuda social, y que la capacidad para determinar las cuantías de las pensiones mínimas es competencia del Gobierno Central. Al respecto, consideramos que debe abordarse sin demora la revalorización de la pensión mínima situándola en referencia al Salario Mínimo Interprofesional. No obstante lo anterior, el Gobierno Vasco tiene competencias para poder mejorar la situación de las pensiones en Euskadi.

TODO SOBRE EL INGRESO MINIMO VITAL

La aprobación por el Gobierno central del Ingreso Mínimo Vital (IMV) como una prestación de la Seguridad Social, compatible con la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) del País Vasco y la transferencia de su gestión, permite al Gobierno Vasco complementar las cuantías de las pensiones y la mejora general de las ayudas de la RGI.

La transferencia del IMV supone un ahorro muy importante en el gasto de la RGI, ya que supondría abonar la diferencia entre lo que las personas beneficiarias reciban de la IMV y las cuantías que garantice aquella.
Entendemos que esto permitiría mejorar sus actuales prestaciones para luchar contra la exclusión social y la reducción de la brecha de género de manera más eficaz.

En ese sentido nos vamos a dirigir a los partidos políticos de Euskadi para instarlos a:

-Mejorar las cuantías de los complementos de las pensiones para recuperar el espíritu de la Ley 18/2008 que vinculaba las cuantías de la RGI al Salario Mínimo Interprofesional (SMI).

-Modificar algunos requisitos de acceso a la RGI para poder llegar al 100% de la población en riesgo de pobreza, entre ellos en relación al patrimonio.

-Llevar a cabo una amplia campaña de difusión, en combinación con las organizaciones de personas mayores, para lograr que puedan acceder todas las personas pensionistas que teniendo derecho a complementar su pensión no lo saben o tienen dificultades para acceder a la R.G.I. y así poder erradicar al 100% la pobreza en nuestro territorio.

En Euskadi cobran la RGI algo más de 13.400 pensionistas, en su mayoría mujeres y hay unas 216.000 pensiones que tienen un importe inferior al umbral de la pobreza que, según EAPN, Red Europea de Lucha contra la pobreza, es en Euskadi, de 839,43 €/mes en 14 pagas. La pobreza de las mujeres siempre ha sido superior a la de los hombres y, en la actualidad, el 10,2 % de la población femenina está en riesgo de pobreza, cifra que contrasta con el 9,1 % que registra la tasa masculina. En torno a 35.000, es decir, el 6,26 % del total de las pensiones vascas tiene un importe inferior al umbral de pobreza severa. Si tenemos en cuenta las que están por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) se alcanzarían las 240.000 personas, el 44% del colectivo de pensionistas.

En definitiva, reivindicamos que con la cuantía de estos complementos, más el importe de su pensión, no exista ningún pensionista en Euskadi con ingresos por debajo del SMI vigente en cada momento.
Igualmente, en el ámbito de la reforma de la Seguridad Social, debe abordarse sin demora la revalorización de la pensión mínima situándola en referencia al Salario Mínimo Interprofesional.

Bilbao 10.06.2020
* La plataforma de pensionistas ADOS-CONSENSO/Pensionistas de Bizkaia está formada por las asociaciones
NAGUSIAK, AJPD, COESPE-Bizkaia y personas y portavoces de la coordinadoras de Bilbao, Barakaldo, Muskiz, Sestao y Santurtzi.

Caminando hacia la justicia social y climática: XR demanda Asambleas Ciudadanas para decidir juntos el futuro del planeta.

Imaginemos de verdad un futuro mejor. Hacia dónde queremos ir? ¿Qué decisiones se deben tomar? Que hay que cambiar? Sólo así lo conseguiremos. El futuro es más incierto que nunca, ahora es el momento idóneo para repensarlo todo. Las decisiones no las tiene que tomar una minoría según sus intereses sino que las tenemos que tomar juntas a través de las asambleas ciudadanas. Queremos dejar atrás este sistema injusto, machista, racista, colonial, extractivista, destructor y desigual. Queremos una economía que ponga la vida en el centro.
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El cambio es ahora. Salimos a la calle. Hablemos claro. Organízate para una transformación justa.
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# TransformaciónJusta
#justiciasocialyambiental

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, las plataformas 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima, realizaron a lo largo de todo el territorio estatal una serie de acciones por la justicia social y ambiental reclamando una transformación justa, en una iniciativa para reivindicar “la participación ciudadana, la justicia social ante la crisis climática y por la recuperación verde tras el COVID-19”. De esta manera, recuperamos las movilizaciones tras meses de inactividad por el estado de alarma, reivindicando ecosistemas más sanos y resilientes.

Como afirma la comunidad científica, no hay mejor prevención para futuras pandemias, que unos ecosistemas sanos. La actual crisis mundial nos ha permitido entender la magnitud de los impactos de las crisis climáticas, que podemos sufrir en el futuro, y ha dotado de una nueva relevancia al derecho a la vida de las generaciones futuras.

 

Desde Gipuzkoa, los movimientos de Greenpeace, Fridays For Future y Extinction Rebellion reivindicamos una mayor participación ciudadana, con un sistema más robusto de democracia directa, a través de asambleas ciudadanas, para que la reconstrucción no deje de lado el clima, la justicia social y la biodiversidad, que son “la red que nos sustenta”.

Reivindicamos también a los ayuntamientos, diputación y Gobiernos fuertes inversiones en transición ecológica, tan altas, como el coste que los gases de efecto invernadero causarán a las generaciones futuras.

Reivindicamos repensar el modelo de la ciudad y el de la movilidad. Queremos menos coches en las ciudades, más espacios verdes y más vías para las bicicletas.

Reivindicamos repensar el modelo de consumo que el mismo sistema actual retroalimenta con sus políticas e ideologías. Mover nuestra economía lineal hacía una economía totalmente circular, generando así el mínimo residuo posible.

Estamos en un punto de inflexión en la historia, y todas las decisiones que se tomen ahora, repercutirán en el futuro.

Somos las ciudadanas las que tenemos que tomar la responsabilidad individual del cambio para así poder presionar y conseguir cambios eficientes y respetuosos que pongan

¡ SIEMPRE, LA VIDA EN EL CENTRO!

Ingurumen egun internazionala medio, “2020 Rebelión por el Clima” eta “Alianza por el Climak “ justizia klimatiko eta transizio ekologikoa eskatuz jarduerak antolatu dituzte lurralde guztian zehar, “krisi klimatikoaren aurrean herritarren parte hartzea eta COVID-19-aren errekuperaketa berde bat eskatuz”. Modu honetara, berriro mobilizazioak antolatzen hasiko gara, alarma egoeraren ondorioz hilabete batzuetan geldialdian egon eta gero.

Zientziak dioen bezala, ez dago ekosistema osasuntsu batzuk baino prebentzio hobeagorik pandemien aurrean. Momentuko krisi mundialak krisi klimatikoak eduki ditzakeen inpaktuak agerian utzi ditu berriro ere, etorkizunean sufri dezakeguna eta etorkizunean bizitza duin bat bizitzeko eskubidea.

Gipuzkoatik, Greenpeace, Fridays For Future eta Extincion Rebellion mugimenduek herritarren partaidetza handiagoa aldarrikatzen dugu, sistema sendoago eta demokazia zuzenaz osatua, herritarren asanbleen bidez,berreraikitzeak ez dezan klima alde batera utzi berriro ere, justizia soziala eta biodibertsitatea babestuz.

Udaletxe eta gobernuei trantsizio ekologikoan inbertsio handiak egin ditzaten eskatzen diegu, berotegi efektuak etorkizunean eragingo dituen eraginak bezain altuak.Mugikortasunaren eta hiriaren modeloa berpentsatzea aldarrikatzen dugu. Kotxe gutxiago nahi ditugu, eta espazio berde eta bidegorri gehiago.

 

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Sistemak berak eraikitzen duen kontsumo modelo aldaketa nahi dugu, gure ekonomia lineala ekonomia guztiz zirkular batera bideratu behar dugu, horrela ahalik eta zabor gutxien sortuz.

Momentu historiko batean gaude, eta orain hartuko diren erabakiak erabakiorrak iznago dira etorkizunean.

Herritarrok hartu behar dugu banakako aldaketaren ardura presioa jarriz eta BETI BIZITZA ERDIGUNEAN JARTZEN duten aldaketa handiak lortuz!

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Imajina dezagun etorkizun hobea. Nora joan nahi dugu? Zer erabaki hartu beharko lirateke? Zer aldatu? Orduan bakarrik izango dugu arrakasta. Etorkizuna inoiz baino ziurgabetuagoa da, momentu aproposa da dena pentsatzeko. Erabakiak ez dira gutxiengo batek bere interesen arabera hartu behar, baina elkarrekin egin behar ditugu herritarren batzarrak. Sistema injustu, matxista, arrazista, kolonial, erauztzaile, suntsitzaile eta desorekatua atzean utzi nahi dugu. Bizitza erdigunean jartzen duen ekonomia nahi dugu.
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:mega: Aldaketa orain da. Kale hegaletik irten gara. Argi izan dezagun. Antolatu bidezko eraldaketa baterako.
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#Justizia eraldaketa
#justiciasocialyambiental

CENTRO VIDA NUEVA: TESTIMONIOS DESDE LA DIGNIDAD

Nadie como los que hemos estado dentro de este mal llamado centro de rehabilitación sabemos cómo de endiosados están los responsables. Ahora pretenden callarnos bajo la amenaza de denuncia.

No hemos tenido bastante ya como para ahora silenciarnos. ¡No es delito decir lo que hemos vivido!. Siempre diremos que nos encerraban, que nos maltrataban, que trabajábamos sin descanso y sin cobrar, que cuando venían las inspecciones nos obligaban a mentir y a decir que todo era maravilloso.

Nunca dejaremos de decir que nos obligaban a agachar la cabeza (de forma literal también) cuando los responsables pasaban, que hemos visto como maltrataban y humillaban a la gente hasta encerrarla en sótanos y no dejarla salir durante días, que a los niños les pegaban y a las familias las separan.

 

Muchas veces me acuerdo de mi estancia en este centro. Cuando estaba allí no entendía qué ocurría conmigo, por qué yo era una persona distinta a lo que había conocido antes. Ahora que estoy fuera entiendo un poco mejor lo que sucedía allí. El maltrato y los años de hacer lo que otros ordenan me habían distraído de mi propia personalidad. Muchas veces el pastor desde el púlpito dice que Dios quiere cambiar hasta la personalidad de la gente. Esto es una agresión y una forma de control y manipulación. Utilizan técnicas muy agresivas como el Gas lighting para maltratar. Esta técnica consiste en hacer creer a una persona que no has hablado con ella a pesar de haberlo hecho o que no le has pedido que haga algo aunque si lo has hecho.

Está demostrado que el uso de estas técnicas de maltrato generan estados de ansiedad y de estrés y estos, prolongados en el tiempo, llevan a un deterioro importante. Como todo les parece poco y nunca tienen suficiente también hacen que la gente trabaje sin descanso, veinte minutos al día les parece que está bien para personas que están 24 horas limpiando, cocinando y como dicen ellos, sirviendo. Lo curioso de todo esto es que Luis, el supuesto pastor( digo supuesto porque el se eligió a si mismo, lo reconoce y lo cuenta con orgullo) este personaje, no trabaja en nada, solo hace que habla con Dios y por ello percibe un alto salario. No contento con esto la iglesia le paga la casa, la gasolina, el coche, la comida… Un chollo, vamos. El colmo fue el día que volvió de un viaje a Japón y dijo que había que saludarle haciéndole reverencias, agachando la cabeza. Este hombre es el paradigma de megalómano degenerado. Su hijo mayor es todavía peor, igual que su mujer que ordena que se maltrate a los niños, que los encierren y les castiguen sin hablar por largos periodos de tiempo. Lejos de ser un centro social son una secta. Son mala gente, despreciables y desean el mal para todos aquellos que llegan. No volvería jamás

“Mis hijos y yo nos hemos enfrentado al culto de Vida Nueva durante 25 años. Nacimos en Francia.”

Mi hija Nathalie, alrededor de los 20 años, fue a Pamplona para continuar sus estudios (turismo) donde tuvo la desgracia de caer bajo la influencia de esta secta proselitista de Iberoamérica. Hasta entonces no tenía nada que decir. Era una iglesia, no era asunto mío. Pero, con el paso de los años, esa iglesia se ha radicalizado y se ha convertido en un culto. Mi hija se casó con otra víctima y tuvo dos hijos que ahora tienen 16 y 19 años.

Desde el día en que se unió a este culto, Nathalie se separó gradualmente de nosotros, evitándonos e incluso llegando a no enseñar francés a sus hijos, privándolos así de un activo para su futuro. Todo esto para evitarles la frecuentación y la influencia de los perfectos “malhechores” que somos. ( sus hermanos y hermanas y sus hijos )

En agosto de 2013, después de muchos reproches, sobre todo por escrito, ya que sólo la veía 8 días al año, y después de una nueva carta mía, dejó de tener contacto. Fue necesario que su hijo mayor, en la revuelta contra la secta, recuperara el contacto con nosotros en agosto de 2017, para que nos enteráramos de que había recaído de su cáncer y todos fuimos a verla por última vez a Pamplona en julio de 2017, para volver al mes siguiente para su funeral.

En 4 años, había visto a mi hija y a mis nietos durante 6 días.

Desde entonces, mi yerno, un pobre hombre intoxicado, se ha hecho cargo para que no nos veamos y sobre todo no podamos tener una conversación sin que él esté presente, lo que es un poco ridículo dado que no habla ni una palabra de francés.

El mayor de mis nietos ya es mayor de edad, ha dejado la secta y desde entonces ha sido objeto de incesantes acosos, tanto por parte del maldito pastor y su esposa (aún más agresiva), como por parte de su irresponsable padre. Su hermano sigue el mismo camino y es constantemente acosado por su propio padre: amenazas, intimidación… ¡Es un desastre!

Mi hija menor alquiló especialmente para ellos una casa de vacaciones en Barcelona en agosto de 2018 con sus propios hijos para poder verlos: sólo podían venir durante 3 días (porque el padre amenazó con echarlos si se quedaban con su familia francesa de vacaciones) acompañados por su padre para evitar cualquier contacto directo con sus primos o su tía.

Todo esto después de que ayudé a su pareja varias veces dándoles dinero (incluso para la compra de una casa) porque en su casa sólo el hombre tiene que trabajar. Me refiero a trabajar por dinero. Porque mi hija durante 25 años trabajó gratis para estos ladrones. Este estafador que sirve como su pastor sólo encuentra en la Biblia lo que le conviene. Yo, con el ojo de un antropólogo y no de un creyente, leo: “Ay del que hace trabajar a su vecino por nada y no le paga un salario” (Jeremías XXII – 13).

Soy impotente dada mi edad ( 78 ) y dadas las diferencias de legislación entre España y Francia . Si esto sucediera en mi país, presentaría una denuncia. Mis nietos están secuestrados mental y moralmente y en Francia hay leyes que condenan estos delitos. En Navarra, no sé…”

 

” Yo cuidé de una chica que estuvo en el centro Vida nueva. Recuerdo que era una chica muy alegre cuando la conocí pero con los años vi como su felicidad se fue apagando. Esta chica había tenido problemas de alimentación y tal y como me confesó en varias ocasiones nunca lo había superado. Ya le habían dado el alta cuando yo la cuidé y volvió después de estar casada en el centro. Esta vez estaba muy triste y entró en contra de su voluntad. La llevaron obligada y obligada firmó una declaración que decía que permanecería allí hasta que los responsables le dijeran que podía irse. En todo el tiempo que estuve a su lado vi como los responsables del centro le negaban la medicación que necesitaba cuando tenía mucha angustia. Le hacían esperar horas para dársela y ella solo se ponía peor. La encerraban durante días en el sótano y nos decían a las demás que no debíamos juzgar lo que Dios decidía para cada una y que estaban intentando que su comportamiento fuera normal.

Lejos de mejorar, fue a peor. Recuerdo que quería irse y no la dejaban, la retenían en contra de su voluntad. Destruyeron su matrimonio, quemaron sus cosas y anularon todo lo que ella era. Una noche se tiro de unas grúa. Los responsables dicen que fue un accidente, pero todos sabemos que se suicidó. Lo había intentado mil veces y con la angustia que tenía era bastante previsible que lo hiciera. Los responsables nunca recurrieron a personal cualificado para tratarla. Su tratamiento era limpiar sin descanso. En realidad a todos nos tratan igual, limpiar y limpiar. Ella nunca pudo pedir ayuda porque nadie la creía, su familia cree ciegamente en los mandatos del “pastor” y a día de hoy todavía niegan lo ocurrido. Es una pena todo esto. Yo lo vivi de cerca y realmente puedo asegurar que fue una burrada lo que le hicieron. Para mí no fue un simple suicidio, fue un asesinato inducido.”

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Hola mi nombre es María Cristina Manea y aunque hace mucho tiempo  me sentía con la obligación escribir mi experiencia del Centro Vida Nueva  no me he atrevido a hacerlo hasta ahora ya que cuando tienes una experiencia tan negativa en tu vida es muy fácil hundirte en los malos recuerdos y por naturaleza propia intentamos evitar el dolor a toda costa.

Quiero hablar de mi situación cuando mis padres me ingresaron en El Centro. Tenía 17 años y el fundamental problema por el cual me ingresaron era por problemas de alimentación, al tener ese problema mi carácter cambio por completo y se convirtió en algo mucho más grande.

Yo no quería ir, pero en ese entonces le dijeron a mi padre que tratarían mi principal problema.

Os quiero decir que en El Centro lo único que hacía era limpiar, limpiar y mas limpiar y al ser menor de edad no les permitían dormir en El Centro y me hacían ir todos los días a dormir en casa de una pareja de la iglesia.

En casa de esta pareja me tenía que levantar todos los días a las 7 de la mañana. Tenía que hacer mi cama, hacer la cama de las otras dos chicas que eran las hijas de esta pareja, limpiar la casa mientras toda la familia desayunaba tranquilamente en la cocina. Yo no podía tener ningún contacto con ningún miembro de esta familia y al finalizar las tareas  el padre y las hijas se iban a trabajar.

Luego yo desayunaba y  me llevaban a limpiar en El Centro.

Después de comer teníamos media hora de descanso en el salón. En un sofá sentadas y luego otra vez empezaba las tareas domesticas, mas limpiar y preparar la cena.

Tu vida en ese centro se basa en hacer todas las tareas.

Sinceramente te aíslan por completo, no te dejan hablar con nadie .El principal lema es obedecer y llegan hasta tal punto que en la mesa tengas que pedir el pan de la cesta. Te hacen creer realmente que estás loca, yo no pude hablar con mis padres hasta al mes de estar allí y cuando lo hice solo podía  llorar y me quitaron el teléfono.

Tengo que decir que jamás trataron mi problema de alimentación, ni me hicieron terapias ni nada. Cuando hablaba con algún responsable me decían que era muy desobediente y sinceramente te hacen creer que estás loca, que si sales de allí no sabrás tener una vida en la sociedad que te hundirás. Porque son ELLOS que forman ese carácter en ti….

Me acuerdo que en El Centro había una chica que llego embarazada ,no se dieron cuenta, como os dije antes solo les interesaban obedecer , no les importaba ni tu salud ni nada de nada , y al mismo tiempo también se quedo embarazada una responsable su nombre Rebeca. Esta chica menor de edad estaba algo rellenita y no la dejaban casi comer  para que adelgazara. En cambio la otra se atiborraba a dulces ya que sus antojos  eran importantes pero la otra niña tenía que obedecer.

A los meses mi abuela murió y una responsable (Rebeca) me acompaño, como es normal al ver tu abuela en el ataúd te quedas destrozada empecé a llorar. Tenía a mi padre y a mi tío al lado. Rebeca se metió en el medio y no dejo que mi padre me abrazara. Restringiéndome  el contacto con mi familia.

En este Centro no hay ni terapias, ni nada, meten a todos con todo tipo de problemas mezclados. Estuve con una chica llamada Abigail en su habitación. Ésa chica pobre tiene problemas y la mayoría de tiempo hablaba sola, yo con mi edad no tenia porque ver esas cosas ,me volvía loca. Esta chica me decía :”no puedo avanzar, aquí en mi vida me vuelvo más loca de lo que estoy…”palabras textuales. Y es normal BORRAN tu identidad, tu carácter y te quieren hacer nueva, pero a su imagen y semejanza.

Cuando decidí salir del centro,  las caras de las responsables cambiaron por completo, es como si un ángel se transformara en un demonio .Os lo cuento de verdad, las expresiones de la cara, sus gestos, todo me dijeron que si me iba del centro iba a ser peor. Que iba a morir porque no sabría estar en la sociedad.

Un poco de razón sí que han tenido porque te anulan por completo y luego quieres tener una vida normal y no puedes.

Tengo que decir que jamás en mi vida he pensado en quitarme la vida. Pero al estar allí he pensado en ocasiones en levantarme por la noche y beber lejía, ya que nadie de mi familia me creía en el infierno que estaba viviendo.

Con el tiempo transcurrido he recuperado mi vida, y mi salud mental. Pero si tenéis algún familiar en ese sitio solo os puedo recomendar en sacarlo de allí porque aprovechan a personas que son débiles para volverlos locos. Llevarlos a un sitio con especialistas y que puedan tratar su problema de verdad.

Están muy trastornados, es una verdadera secta, es un negocio y se queda lejos de lo que es amar…

Creo que estas palabras se quedan cortas con lo que viví allí y como os dije en el principio de mi testimonio aunque han pasado muchos años todavía me cuesta recordar esta etapa de mi vida.

NOTA ACLARATORIA:

Ametzagaña ha tenido acceso a parte de muchos testimonios ,relatados en parecidos términos. Hemos mantenido la forma de expresarse de las propias victimas.