CLAVES PARA ENTENDER LA SITUACIÓN DE VENEZUELA.

 

 

Contaba Eduardo Galeano que le preguntó a un hombre del pueblo venezolano que por qué votaba a Chávez; la respuesta fue: ” Porque no quiero volverme invisible nunca más.”

América del Sur, en este año del 2019, con excepción hecha de Bolivia, Venezuela y Surinam, està en manos de la derecha. Derecha que no es cualquier derecha, conservadora y republicana. Es una derecha extremista, radical y agresiva, absolutamente complaciente con el imperio del norte, del que se siente vasalla.

Hace apenas unos pocos años las cosas eran muy diferentes, con la mayoría de los países con gobiernos progresistas o de izquierda, la Década de Oro como la llamó Rafael Correa. Cuando nació la CELAC que buscaba agrupar a todos los países de Latinoamérica y El Caribe, sin distingos ideológicos, para iniciar una era de cooperación y solidaridad que permitiera que la región tuviera voz propia. Dejando al pasado la historia de sometimiento y dependencia con relación a USA, que ejercía su control indiscutible. Aquel esfuerzo, que tanta esperanza levantó, ha sido bloqueado. El imperio ha vuelto a imponer su dominio con la complicidad de las oligarquías nacionales ayudadas por los graves errores cometidos por los sectores de izquierda y progresistas.
Hoy Venezuela sufre un brutal asedio encabezado por el imperio y secundado por el bloque de países gobernados por la extrema derecha, con Brasil, Colombia, Argentina y Chile como los más destacados. Ese es el Grupo de Lima, diseñado para atacar a Venezuela. Ahí como socios menores está Costa Rica, con el resto de paìses dependientes y sumisos de Centro América.
Ya no hay recato alguno, nos tienen alineados y comprometidos con el imperio y la extrema derecha continental.
Como dice Natalia Andújar:
“Hay mucha gente que dice que no entiende cómo los países democráticos pueden aceptar la imposición de Guaidó. No sé de qué se sorprenden. Esto es una constante en la historia de los países occidentales: primero fueron a evangelizar a “los salvajes”, luego a liberarlos del yugo de la esclavitud que ellos mismos habían instaurado. Más tarde fueron a salvar a las pobres mujeres y a protegernos de armas que solo existieron en sus propias fábricas. Ahora ya no utilizan ningún subterfugio: si tienes petróleo yo te digo quién tiene que dirigir tu país para que yo me beneficie. Yo de lo que me sorprendo es de que la gente sea tan ignorante o ciega. Esa es la democracia y las luces que siempre hemos exportado, mediante la violencia.”

Venezuela antes de Chaves
Durante el período anterior al chavismo, conocido como “Pacto de Punto Fijo” (1958 a 1989), Venezuela estaba totalmente subordinada a los intereses de EUA. Durante más de tres décadas estuvo dirigida por su retrógrada oligarquía local, subordinada a los intereses de las élites extranjeras. Ese período se caracterizó por una intensa corrupción a todos los niveles, por una miserable explotación, por la desigualdad social, la dependencia externa y por el abuso del poder. Cuando el petróleo pasó a ser la principal, y casi única, actividad económica del país, la burguesía venezolana se dedicó a la importación y a la exportación. Se apropiaba de los recursos del petróleo, importaba bienes y vendía esos bienes en el mercado interno. Se la conocía como burguesía compradora, una clase social que jamás estuvo comprometida con el desarrollo del país, limitándose a ser una entidad parasitaria de las rentas del petróleo, recibiendo esas rentas de formas legales e ilegales por medio de una enorme corrupción sistémica  y generalizada.
Todo ello llevó a que el modelo estallase. Con la revuelta popular conocida como el “Caracazo” se llegó a la derrota del Pacto de Punto Fijo. A pesar de la brutal represión que provocó centenares de muertos según el Gobierno, millares según otras fuentes, el modelo se hundió. El “Caracazo” fue la reacción del pueblo contra las injusticias provocadas por el modelo político y económico neoliberal implantado en el país. Venezuela se encontraba con un desempleo del 30%, con 3.500.000 niños en la pobreza más absoluta, con el 83% de la población privada de los servicios sociales más básicos, y con el 70% viviendo en miseria total.
La reacción, tras varios avatares, llegó de la mano de las Fuerzas Armadas, por medio del golpe que dio Hugo Chávez.

El legado del chavismo
Hugo Chávez buscó valorizar el legado histórico de Venezuela, volviendo a las raíces de Simón Bolívar “El Libertador” y sus luchas de liberación. Igualmente se basó en Simón Rodríguez, el educador y su sueño de crear una república de hombres y mujeres libres y verdaderamente ciudadanos, con una participación activa en los procesos de transformación política. Y también se fijó en el ejemplo de Ezequiel Zamora “General del pueblo soberano”, uno de los peores enemigos de la oligarquía venezolana de la época, él retomó la lucha de Bolívar por la distribución de la tierra y la dignificación de los campesinos.
A lo largo de casi 20 años de gobierno, primero con Chávez y luego con Maduro, el chavismo ha conseguido 23 victorias electorales, basadas en las transformaciones políticas, económicas y sociales logradas. Los indicadores socioeconómicos de Venezuela mejoraron mucho durante ese período: disminuyó la desigualdad social, aumentó el desarrollo humano y de forma constante el país fue mejorando. A través de las llamadas “Misiones” se llevaron los servicios sociales, la educación, el trabajo y la dignidad a amplios sectores de la población que jamás fueron ayudados en nada por los diversos gobiernos parásitos de la burguesía.
Precisamente esa burguesía se posicionó desde un principio en enemiga mortal del chavismo. Cuando Chaves interrumpió el proceso del parasitismo de las rentas del petróleo, cerrando los canales de trasvase de dinero a la oligarquía, ésta respondió con una oposición tremendamente rabiosa, con un odio incombustible.
Tras décadas y décadas de expolio y corrupción capitalista y abandono de las clases populares, las medidas de Chávez y la ayuda del precio del petróleo, lograron, a través de las llamadas “Misiones”, por primera vez en la historia del país llevar adelante un programa asistencias humanitario a gran escala. Los excedentes de las rentas petrolíferas siempre fueron destinados por la oligarquía venezolana a hacer más ricos a los ricos y más pobres aún a los más pobres. Chávez invirtió el sistema, pero es importante señalar que -al igual que Lula en Brasil-, en Venezuela, pese a la retórica bolivariana, nunca se instauró ni la revolución ni el socialismo. Chávez se limitó a aliviar a las clases populares explotadas durante siglos de abandono, pero, aunque cerró el grifo de las rentas del petróleo, no pudo tocar las enormes fortunas ya amasadas. Cierto que era muy difícil revertir esa situación, y ni siquiera veinte años de chavismo lograron cambiar sustancialmente esa brecha económica.
No obstante el chavismo construyó una mayoría sólida a lo largo de los años, siendo que la crisis económica afectó profundamente al régimen. A eso se añadió en 2015, la pérdida de la mayoría en la Asamblea Nacional, tras lo cual el chavismo mantiene una mayoría relativa. Sin embargo, llevando en cuenta las sanciones internacionales, la presión mediática, los sabotajes, la guerra económica y todas las demás presiones, considerando todas las medidas de desestabilización a las que fueron sometidos los gobiernos de Chávez y siguen perjudicando a Maduro, que más de la mitad del país siga apoyando al chavismo es un activo político extraordinario.

La sed de sangre de la oligarquía venezolana.
Otra vez se puede establecer un paralelismo con las ofensivas burguesas contra los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil. A pesar de no haber sido llevada a cabo ninguna revolución, el mero hecho de sentirse amenazada en sus privilegios, despertó una verdadera sed de sangre y venganza en los sectores oligárquicos venezolanos.
El problema no era el socialismo, porque no hubo ni hay socialismo de ningún tipo en Venezuela. Oportunidades para los negocios e incluso para la corrupción no han faltado en absoluto, ni con Chávez ni, especialmente, con Maduro. De hecho, surgió una llamada “boliburguesía” que, vestida de rojo y aliada a sectores chavistas, continuaron saqueando el país, aunque con ciertas dificultades.
El problema tampoco es la ineficiencia económica o la corrupción chavista, porque ambos bandos, la burguesía y el chavismo son ineficientes y corruptos. La ineficiencia económica se dio antes de Chávez, con él y con Maduro. Nadie quiso ni supo “sembrar el petróleo”, es decir, utilizar esas rentas para diversificar la economía e industrializar el país. Siempre se siguió en una economía dependiente, de monocultivo del petróleo. En cuanto a la corrupción siempre fue y es endémica en el país.
El problema de fondo de Venezuela, es que por parte de la oligarquía hay sed de sangre, sed de venganza, porque no son capaces de asimilar emocionalmente la humillación que durante más de dos décadas le ha supuesto a la oligarquía que el chavismo haya dado la palabra a los más pobres del país. El problema para la burguesía y el capitalismo, es que durante veinte años, unos millones de desarrapados muy pobres han ganado las elecciones y han pretendido ser ciudadanos de una república, con un protagonismo político con el que jamás habían soñado. Esta ha sido la gran anomalía venezolana: que durante veinte años ganaron las elecciones los más pobres.. Las élites venezolanas no podían dar crédito: una marea de millones de desheredados que, en una gran mayoría, antes de Chávez, ni siquiera estaban censados, les ganaban electoralmente una y otra vez.
Esa gente nunca había existido, era tan invisible en Caracas como invisible nos resulta a los europeos el océano de miseria que se extiende al otro lado de la valla de Melilla. La fractura social era del mismo tenor. Había muros suficientemente altos para mantenerlos al margen. Las alambradas que separan a Europa del tercer mundo, atravesaban (y atraviesan) todo el interior de Venezuela, separando barrios, blindando avenidas, fortificando residencias adineradas. La diferencia es que ese tercer mundo interior, aunque no votaba, podía votar, y de pronto empezó a hacerlo y a ganar elecciones, eligiendo una y otra vez a un presidente al que la oligarquía calificaba de negro o de mono. Para la parte más adinerada de la población venezolana, esa es la pesadilla en la que llevan viviendo desde hace veinte años.
Los pobres no han ganado mucho, y están empezando a perder gran parte de lo que ganaron por los errores del chavismo y por los ataques internos y externos. Lo que no han perdido es el orgullo y la dignidad de saber que han tenido y tienen la palabra, que por primera vez han sido y son ciudadanos, aunque sean pobres. A eso es a lo que se aferran los que siguen defendiendo el chavismo, incluso cuando reconocen que se ha acabado en fracaso, no pueden olvidar que en el curso de esos acontecimientos, se les dio la palabra con dignidad.
Este sentimiento popular es el que tanto cuesta revertir políticamente, y es lo que despierta tanta sed de sangre y venganza en la oposición venezolana.

La ofensiva capitalista contra Venezuela
A estas alturas no es ninguna novedad que el único interés que tiene el capitalismo para presionar y amenazar al régimen de Maduro es el deseo de apoderarse de las riquezas del país. Estados Unidos utiliza a títeres como Guaidó para que la oposición mantenga el país en crisis perpetua, mientras los estadounidenses ayudados por países como Brasil, Colombia y varios otros, amenazan con la invasión militar y actúan con bloqueos y sanciones económicas.
Los ataques contra Venezuela no tienen absolutamente nada que ver ni con la democracia ni con los derechos humanos. Son un conjunto de intereses políticos, sociales y, sobre todo, económicos los que actúan contra Venezuela. Las reservas de petróleo venezolanas son las mayores del mundo, y además el país posee la cuarta mayor reserva de oro del mundo, la sexta mayor reserva de gas y la novena mayor reserva de agua dulce. Con sólo estos datos ya es posible imaginar lo que está en juego.
Para los Estados Unidos hay poderosas razones para doblegar Venezuela. La primera razón, incluso más allá de la intención de apropiarse de sus riquezas, son las cuestiones geoestratégicas. En efecto si Estados Unidos se queda con las reservas de petróleo y demás hidrocarburos, priva de ellos a China, su principal competidor mundial.
La segunda razón pasa porque la cuenca del Caribe es el punto intocable de una estrategia de defensa y ataque de Washington. Nada ni nadie, excepto Cuba, puede desafiar esta hegemonía estadounidense. Cualquier disidencia, debe ser eliminada, de un modo u otro.
La tercera razón consiste en los poderes populares, como en Venezuela. Estados Unidos puede negociar con cualquier poder estatal, porque esos poderes siguen lógicas similares y pueden ser incluso chantajeados. Pero cuando se enfrenta a poderes populares, desde abajo, como en el caso venezolano, se ve amenazado, no sabe cómo actuar, ya que en la práctica hace demasiado tiempo que la democracia está prostituida en Estados Unidos. Este problema de no saber relacionarse con poderes populares, como Cuba o Venezuela, es el más difícil de abordar para los estadounidenses. Y es porque, a pesar de la crisis, el chavismo conserva dos características fundamentales: su capacidad de pensar y actuar de forma estratégica, y su capacidad para identificar y conocer a su principal enemigo, el imperialismo norteamericano. No es en vano que Venezuela sigue resistiendo mientras tantos gobiernos progresistas latinoamericanos han sido derrocados.
En esta ofensiva, la estrategia diseñada por los EE UU, pasa por la institución de un gobierno títere de la oposición anti Maduro a partir del único foro controlado por la derecha, que es la Asamblea Nacional. La tesis pasa con que ese gobierno pueda funcionar para dividir a las Fuerzas Armadas, para entonces abrir paso al llamado “apoyo internacional”, algo que viene fracasando una y otra vez, sin visos de triunfos en un futuro próximo. Además ese pretendido apoyo internacional no es tan grande como Estados Unidos quiere hacer creer, por ejemplo, sólo 16 de los 34 países de la OEA y sólo 3 gobiernos de los 15 de la Comunidad del Caribe se han alineado con Guaidó, y tampoco se cuenta con el apoyo de la ONU.
Igualmente han fracasado los intentos de la falsa “ayuda humanitaria”, un intento de forzar las defensas del gobierno venezolano, un arma de guerra disfrazada de ayuda. La firme actuación chavista con el apoyo de la Cruz Roja Internacional y de las Naciones Unidas, también ha hecho fracasar esta tentativa.
Las varias facetas del ataque capitalista contra Venezuela, ya fueron explicadas en septiembre del 2018 en un informe de las Naciones Unidas. Sus conclusiones se posicionan contra la versión norteamericana y de sus aliados, de que Venezuela es un estado fallido por sus propios errores. El informe marca claramente las responsabilidades del gobierno de Maduro en la crisis actual, pero sostiene que una causa fundamental se debe a la guerra económica emprendida por EE UU y sus aliados europeos y americanos contra Venezuela.
Así el informe señala varios frentes contra el gobierno chavista.
Por un lado la existencia de una verdadera guerra no convencional contra Venezuela, una guerra fundamentalmente económica, con bloqueos, incautaciones de capitales venezolanos en el exterior y sanciones. Pero también es una guerra acompañada de chantajes a otros países, amenazas de invasión militar, etc.
También se señalan las acciones de sabotaje fronterizo y dentro de Venezuela, alentando y financiando el robo de recursos públicos, alimentos y medicamentos y su posterior reventa en el mercado negro. Especialmente graves son las acciones de la oposición con el sabotaje generalizado de bienes públicos, con incendios provocados en edificios públicos, autobuses, ambulancias, hospitales y otras instituciones. Además de la destrucción de los tendidos eléctricos y líneas telefónicas, el empleo de milicias paramilitares en zonas fronterizas y otros actos violentos equivalentes al terrorismo.
Igualmente, se está utilizando una campaña internacional para la demonización de Venezuela. Para desacreditar al gobierno venezolano a fin de forzar un cambio de régimen, y con el apoyo de la casi totalidad de los medios de comunicación globales, se miente, se difama y se manipula. Por ejemplo, se aumentan de forma excesiva las violaciones en el ámbito de los derechos humanos para que un derrocamiento violento parezca aceptable.
Asimismo se utiliza la emigración venezolana a otros países para atacar al gobierno chavista, cuando, según las Naciones Unidas, “puede demostrarse que las medidas coercitivas unilaterales y los bloqueos financieros han agravado la crisis económica y generado desempleo y emigración a Colombia, Brasil y Ecuador, entre otros países.”

A modo de conclusiones
La oposición venezolana es de derechas y de extrema derecha, son los mismos oligarcas de siempre, resentidos contra el chavismo y con sed de venganza contra las clases populares. Son partidos, como Acción Democrática que, cuando gobernaron cometieron matanzas masivas de trabajadores, como en el Caracazo. Fueron golpistas contra Chaves, y siguieron siendo golpistas contra Maduro. Llevan tiempo intentando derribar al gobierno legítimo utilizando todo tipo de violencia, financiados y dirigidos por Estados Unidos.
No obstante, pese al desastre económico y a la podredumbre del gobierno de Maduro, los partidos opositores siguen siendo minoritarios. El autoproclamado “presidente” golpista, Juan Guaidó, representa sólo un partido de extrema derecha, títere de los Estados Unidos, y apoyado por fascistas como Bolsonaro, Macri, Duque y Netanyahu.
Ante esta situación, los chavistas estrechan filas de forma acrítica en torno a Maduro, en nombre de la defensa de la soberanía. Ante los ataques internos y externos, gana el cerrar filas y se sospecha de cualquier forma de análisis crítico de la situación.
No obstante, ni el desastre económico, ni la incapacidad de Maduro pueden justificar poner en un mismo plano a una burguesía de extrema derecha y al imperialismo norteamericano, junto con el régimen venezolano y las clases populares. Las agresiones contra un país no pueden equipararse a la defensa contra ellas.
Como decía Trotsky, hay que derrotar primero al imperialismo capitalista y a las derechas reaccionarias locales, y después hay que proceder a hacer perder el poder de forma democrática al gobierno incapaz y opresor, como el de Maduro. En resumen, Estados Unidos quiere derribar al gobierno venezolano para instaurar la derecha de infausto recuerdo y convertir al país en una colonia. Por eso hay que derrotar esa amenaza interna y externa, para luego abogar por otro gobierno nacional.
Para finalizar, señalar que no es gratis tomar parte en el conflicto de Venezuela, hagas lo que hagas y digas lo que digas siempre estarás equivocado para alguien.
Si aceptas a Guaidó y su proyecto estás apoyando una guerra de la mano de EEUU, y viendo como acaban o siguen esas guerras que lideró o lidera EEUU solo veo la destrucción de Venezuela…
Si aceptas a Maduro y sus formas, seguirán las carencias, las quejas y los problemas, nada mejorará y el pueblo seguirá pasando penurias injustas…., a menos que una vez eliminada la amenaza contra Venezuela, le llegue el turno de pagar al gobierno venezolano actual.
Habrá otra vía y seguro que algunas vías más para que en Venezuela se recupere el bienestar que puede disfrutar como nación afortunada en riquezas que es, aunque viendo los tres actores principales no es de esperar un final feliz….

EL RENACER DEL FASCISMO EN EL ESTADO ESPAÑOL

“Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Normalmente lo intentan mantener más o menos controlado cuando le conviene, pero cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos, alza la bandera del fascismo para mantener sus privilegios y aplastar cualquier disidencia.

El contexto europeo del fascismo

El fantasma del resurgir de los totalitarismos fascistas, nazis y franquistas con su lenguaje actualizado racista, antiinmigrante, xenófobo e islamófobo lleva décadas en Europa y en los últimos tiempos viene cobrando un impulso preocupante. Los fascistas obtienen cada vez mejores resultados electorales y, aunque sólo en contadas ocasiones forman parte de Gobiernos, su presencia política y su actividad pública tienen una creciente influencia.

El fascismo europeo agita banderas nacionales y racistas como un elemento divulgador de sus premisas. Y a ello se une el clasismo utilizado como arma, pobres contra pobres en una guerra global. El fracaso evidente de la política tradicional se vuelve contra ella en forma de extremismos de ultraderecha.

No reconocemos a los fascismos por sus ideas, pues no tienen ninguna, pero sí por sus acciones y su práctica política, nutrida de resentimiento, miedo e ira. El fascismo incita a la violencia, ensalza el materialismo más rastrero, se escuda en la xenofobia y odia la vida intelectual. El fascismo alimenta los peores sentimientos de las personas, movilizando la ignorancia y los prejuicios, alimentándolos y halagándolos. Europa no se enfrenta a una amenaza del populismo, sino a la del fascismo.

De estas fuentes envenenadas se alimentan movimientos como el UKIP en Gran Bretaña, AMANECER DORADO en Grecia, el NSU en Alemania y Austria, el JOBBYK en Hungría, el RENOUVEAU FRANÇAIS y el FRONT NATIONAL en Francia, etc. Todos ellos y muchos más similares son la cara actualizada de fascismos y nazismos en el Viejo Continente.

Sin embargo, la idea de que el fascismo y el racismo en Europa sólo tienen que ver con estos grupos no pasa de ser una estrategia para encubrir y negar el racismo y cierto totalitarismo mantenido por la Unión Europea, sus estados miembros y todos sus organismos. Esta estrategia es utilizada para intentar invisibilidad el carácter racista y excluyente de la Europa blanca y contemporánea, una identidad que se autodenomina como “democrática”, pero que en realidad se utiliza para legitimar el uso de la violencia contra aquellos pueblos del sur y contra las comunidades migrantes y racializadas, a las cuales se acusa de no poseer esas características que se atribuye a sí misma la identidad europea actual. Así, la UE, sus instituciones, sus medios políticos, sus estados miembros, sus ideólogos y gran parte de su ciudadanía, tienen la responsabilidad de haber construido y reforzado las estructuras del racismo institucional y social que le ha servido a la ultraderecha para escalar cotas de poder.

La farsa de la Transición como caldo de cultivo del fascismo español

Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial los fascismos y nazismos fueron perseguidos y destruidos en gran parte. Se produjeron fusilamientos, depuraciones y ofensivas para extirpar el fenómeno nazi-fascista.

¿Por qué no ocurrió lo mismo en España? Sencillamente porque aquí el fascismo bajo su forma franquista, ganó la guerra contra la democracia. Fue el único fascismo sobreviviente del conflicto bélico, y después del final el régimen fascista español fue tolerado por los aliados vencedores al considerarlo un activo en la lucha contra el comunismo. Así pervivió este fascismo sin apenas problemas. Y tuvo mucho tiempo para afianzarse y para ello se basó en una ideología totalitaria, el llamado nacional-catolicismo, o franquismo, disfraces semánticos para definir una forma de fascismo. Esta ideología afectaba a la totalidad de la sociedad, invadiendo incluso las esferas más íntimas de los individuos, que incluía desde el comportamiento sexual, al idioma y cultura en la que estaba obligado expresarse. Se imponían toda una serie de normas de comportamiento y de pensamiento; era el régimen donde todo lo que no estaba prohibido, era obligatorio. Igualmente se impuso un nacionalismo español extremo, de carácter fascista y racista, sumamente excluyente; todo lo que no fuese España era considerado anti-España, y por lo tanto reprimido y eliminado.

Este fascismo siempre estuvo y está intrínsecamente unido a la Iglesia Católica, una de las más totalitarias y retrógradas del mundo. No es que la Iglesia apoyara la dictadura, sino que era un componente claro y decisivo de ella. La hipocresía de la Iglesia negando esta vergonzosa realidad es inmoral e intolerable.

Asimismo la represión genocida fue una de las mayores, con centenares de miles de personas asesinadas por el régimen fascista una vez concluida la guerra, siendo hoy en día el estado español el segundo país del mundo (después de Camboya) con más fusilados y desaparecidos del mundo.

El fascismo español fue, en realidad, uno de los regímenes con una ideología más totalitaria y criminal que hayan existido en Europa.

El verdadero problema, es que una vez muerto Franco, se perdió la oportunidad de acabar con su régimen. Eso se explica, en parte, porque cuarenta años de dictadura fascista, seguidos de treinta y muchos de democracia “tutelada”, enormemente supervisada por la Monarquía franquista y el Ejército, han imposibilitado el cambio profundo del fascismo. En este sentido la llamada Transición fue una farsa, cambiar algo para que en el fondo nada cambiase.

La Transición fue debida al empeño de un sector del fascismo franquista para erigirse en vértice de todos los acuerdos de cara a seguir preservando los intereses y privilegios de la clase dictatorial. Los cambios sólo deberían ser cosméticos y semánticos. Así fue como el proceso de reforma se convirtió en una exaltación del famoso “consenso”, que no fue más que un reparto de cromos y una preservación de intereses y prebendas. Y todo ello se hizo con la connivencia de las fuerzas antifranquistas de casi toda la izquierda que se desembarazó de sus ideales revolucionarios y de sus convicciones para pasarse a la moderación calculada para encajar mejor en el reparto del pastel.

Durante la Transición, la exaltación del consenso obligatorio de la clase fascista envenenó todo el proceso desde el comienzo. Y es que el fetiche del consenso iba a permitir silenciar todas aquellas luchas que desde los márgenes de la legalidad o completamente fuera de ella, no se resignaban a aceptar un proceso de reforma tutelado por los grandes jerarcas de la dictadura fascista. Todas estas fuerzas que se atrevieron a mantenerse al margen de la farsa de la transición y el consenso fueron descalificadas como extremistas e insensatas, cuando no perseguidas y diezmadas.

A pesar de toda la literatura vertida, la Transición nunca fue capaz de desatar un gran entusiasmo popular. Si bien es verdad que las primeras elecciones formalmente democráticas fueron objeto de una euforia democrática y la celebración de las libertades, no tardó en llegar a la desconfianza, el desconcierto y la apatía. Pronto se llegó a un sentimiento de haber sido traicionados por una nueva clase política que seguía con sus métodos fascistas puestos al día. El fervor democrático fue dejando paso a una sensación general de incomprensión y cansancio que la prensa bautizó como desencanto.

Lo cierto es que siempre hubo motivos sobrados para desconfiar de la transición. En primer lugar porque el rey educado bajo los principios fascistas, nunca renegaba ni renegó de ellos. En segundo lugar, porque el control del país nunca dejó de estar en manos de los altos mandos franquistas, compartiendo el poder con los “moderados” socialistas. En tercer lugar porque la tutela que impusieron las fuerzas armadas impidió en la práctica un debate público en igualdad de condiciones. De la noche a la mañana, los mismos que habían sostenido una dictadura sangrienta y asesina hasta los últimos día de vida de Franco, aparecían ahora como garantes del proceso democrático; se habían acostado una noche franquistas, y se habían despertado al día siguiente, demócratas.

La Transición permitió a los cargos fascistas perpetuarse en sus puestos con todos sus privilegios y sin tener que rendir cuentas de sus delitos. Los mismos militares fascistas siguieron en sus puestos, y permanecieron también los mismos mandos policiales que todavía entonces sembraban el pánico en las calles, que habían asesinado a disidentes, que habían torturado en oscuros calabozos. Siguieron también en sus puestos los mismos jueces artífices de tantos juicios sumarísimos, de tantos silencios sobre torturas, de tantos fusilamientos. La jurisprudencia actual, o al menos la mayor parte de ella es la que procede de los jueces fascistas. Los grandes grupos empresariales y de los medios de comunicación continúan intactos. Las mismas grandes fortunas que engordaron robando bajo el régimen más corrupto de Occidente, continúan todavía hoy al amparo del parlamentarismo constitucional. Y nadie se metió ni entonces ni ahora con la poderosa Iglesia.

Además, la Transición fue un baño de sangre, el régimen asesinó por medio de sus policías y guardias civiles a 600 antifascistas de diversas organizaciones y a otros que no pertenecían a ninguna organización. Los presos políticos se contaban por decenas de millares, siendo torturados muchísimos de ellos

En esta farsa de la transición, la oposición antifranquista pasó de ser un convidado pobre al banquete, a aliarse en la práctica a las políticas del neo-fascismo. La traición de la mayoría de la izquierda a sus ideales y a las clases populares, es una de las páginas más vergonzosa de la historia de este país.


El fascismo actual en el Estado Español

En este país, el más desigual e injusto de Europa, hace mucho tiempo que el Estado perdió la poca soberanía que le quedaba, gobernando únicamente para los mercados financieros y sus propios intereses y los de la clase social que lo apoya. La actual democracia de masas está completamente vacía y halaga los peores instintos de la sociedad. Una banda de políticos, empresarios y banqueros, con las herramientas de la Justicia, la Policía y la Iglesia han secuestrado lo que podría haber de democrático en este país y están llevando una vuelta al fascismo para privar a la sociedad de sus derechos.

Ya hace décadas que con los varios gobiernos del PP y la complicidad del PSOE y CS,s venimos sufriendo a un Estado represor que cada vez más recurre al fascismo de los muchos franquistas que nunca se fueron. El aumento del fascismo y el nazismo en el estado parece imparable y aumenta sin cesar, siendo que el PP y Ciudadanos lo estimulan y manipulan, y la supuesta izquierda no se atreve a oponerse. La impunidad con la que actúan los nazi-fascistas es alarmante, pero ni el estado ni los medios hacen nada para remediarlo, más bien todo lo contrario.

Esto se comprende muy bien en el PP que es como el escorpión de la fábula, siempre le sale su carácter franquista aunque lo fastidie todo. Este partido nunca ha creído en la democracia, diga lo que diga, a nada que tenga oportunidad hace lo que le dicta su ADN franquista, pervertir las herramientas de la libertad para oprimir y robar. Por mucho que trate de defenderse, el PP es un partido defensor del fascismo y el franquismo. Las pruebas no dejan lugar a dudas. Y lo mismo ocurre con la monarquía, que heredera del franquismo, sigue sin desacreditar a su mentor.

Peor es el caso del PSOE que no sólo también es cómplice de estas derivas de fascismo, sino que lo fomenta al realizar las mismas políticas economicistas del PP. A lo largo de sus años en el poder jamás ha hecho ninguna política verdaderamente social y, desde luego, nunca se ha propuesta siquiera frenar el auge de estos extremismos, son la socialdemocracia capitalista más cobarde y pusilánime de nuestra historia.

Vivimos en un estado represor de los derechos y libertades fundamentales, un estado autoritario en el cual no existe la separación de poderes ni verdaderas garantías democráticas; todo ello con la casi totalidad de los medios vendidos al poder, y con el apoyo total de empresarios, iglesia y fuerzas armadas.

Durante un tiempo los medios decían que a diferencia del resto de Europa, en el Estado español había grupos neonazis y fascistas, pero que eran minoritarios y no tenían un poder verdadero. En realidad lo que ocurría y ocurre es que la extrema derecha formaba y forma parte del PP, el partido incorporó desde el principio el franquismo ideológico dentro de él. El PP y sus derivados como Ciudadanos, Vox, etc., lo han incorporado sutilmente a sus postulados.

Lo que ocurrió es que mientras no fue necesario se acallaron las bandas fascistas, pero desde la gran crisis económica y social los diferentes gobiernos de la derecha han resucitado el monstruo de formas diferentes aunque complementarias.

Por un lado, cada vez que se necesita, como en la crisis de Catalunya, se vuelve a echar mano de las bandas fascistas como antes y se las deja actuar impunemente en sus ataques callejeros. Se les garantiza, en la práctica, una total impunidad. Es más, de forma periódica se les estimula con declaraciones de los más fascistas miembros del aparato del PP. Así, de forma periódica, se desatan las furias de los descerebrados fascistas, en muchos casos auténticos terroristas, armados de banderas rojigualdas y barras de hierro, gesticulando y amenazando como locos peligrosos.

Por otro lado, desde los gobiernos de Rajoy se ensalza públicamente el fascismo, y se permite la apología de la dictadura. Para el PP la única memoria histórica es la franquista. Los fusilados y asesinados por el fascismo, los represaliados y asesinados por el terrorismo de Estado (entre ellos el dirigido por el PSOE) jamás han sido reconocidos ni rehabilitados.

Y por último, una vez reivindicado el fascismo con descaro, los distintos gobiernos del PP instauran medidas tendentes a convertir el estado en uno totalitario con grandes rasgos fascistas. La llamada “Ley Mordaza” criminaliza las ideas, la libertad de expresión, censura los medios que no son afines, se persigue a artistas, cómicos, a la ciudadanía disidente de todo tipo y condición. Se cerraron periódicos, se censuran libros, en definitiva, se criminaliza cualquier tipo de denuncia de la continuidad del franquismo y la colaboración de gran parte de la izquierda en ello. Es el reavivamiento del fascismo que nunca nos dejó.

El PP cuenta para esta vuelta a rasgos dictatoriales con la Justicia más vendida, retrógrada e ineficaz de Europa, unos jueces que representan lo peor del patriarcado y del orden fascista.

Cuenta con muchas simpatías en las fuerzas armadas, en la Iglesia, en el tejido empresarial y en el universitario. Y desde luego con los medios, pudiendo decir que, salvo honrosas excepciones, tenemos la peor prensa europea, la más manipuladora, comprada por el poder sin casi excepciones. Tenemos una dictadura mediática que no permite la diversidad ideológica que debería estar presente en una democracia de verdad.

Si una de las características de los regímenes totalitarios es la de perseguir, detener, juzgar sin garantías, ejerciendo la venganza y no la justicia, encarcelar a personas por sus ideas políticas, el proteger la tortura y a los torturadores, en suma atacar a cualquier disidencia política, cultural, mediática o social, entonces estamos en un Estado con clara tendencia autoritaria.

No obstante en este proceso totalitario hay modificaciones que hacen más difícil el combatirlo. Aquí, los dictadores reprimen disfrazados de demócratas. Aquí la Justicia actúa contra el pueblo bajo apariencias legales. Aquí no se fusila pero se lleva a la miseria a la mayor parte de la población, condenándola a sobrevivir a duras penas. Acaso ¿no estamos viviendo un paulatino golpe de estado fascista, cuando se apoya descaradamente a los poderosos y corruptos de toda índole mientras se macha y oprime a los más necesitados?

Cada día que pasa los diversos gobiernos empeoran más y más la situación de las clases populares. Quieren tener al pueblo sumiso, temeroso y manipulado, para seguir haciendo todo lo que exigen los poderes económicos, las mafias que dominan este país. Tanto derecha como izquierdas, salvo excepciones en este último caso, se han convertido en bestias negras que acaban con la moral y hasta con la vida de tantas personas, sin sentir el más mínimo remordimiento por ello. Hemos padecido gobiernos muy malos, pero los últimos de la derecha han desbordado la previsiones más pesimistas, empeorando la ya deteriorada convivencia de esta sociedad, día a día.

Y lo peor de todo, salvo ciertos sectores sociales, el pueblo cada vez más oprimido, participa gustoso de la farsa o del drama, según se mire. El pueblo, en su inmensa mayoría, idiotizado, manipulado, alimentado desde el sistema en sus más bajos instintos, alaba a los dictadores de la económioa y se niega a considerarse oprimido. El pueblo camina como rebaño de ovejas sumisas al corral que se le destina; el matadero se reserva a las ovejas negras, valientes, que se enfrentan a sus pastores.

 

De los ODM (OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO) ,a los ODS (OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE): REPITIENDO ERRORES Y FRACASOS.

Durante la cumbre de Naciones Unidas en septiembre del 2015, se aprobó la AGENDA 2030 para el Desarrollo Sostenible, definida como “un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que tabién tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia”. La Agenda plantea los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), derivados de los fracasados ODM ( Objetivos de Desarrollo del Milenio).  Estos ODS constan de 17 grandes objetivos y 169 metas de carácter integrado e indivisible. Son aún más ambiciosos que los ODM y presentan algunas novedades como la lucha contra el Cambio Climático, pero en lo sustancial participan de los mismos errores de planificación y de concepto que los difuntos ODM.

Sin embargo, una vez más, asistimos a un cierto entusiasmo de ONGD,s y otras organizaciones por creer en los ODS, se vuelve otra vez a dar un cierto aval a las NN UU. Las organizaciones son libres de llevar adelante esta iniciativa, pero llegados a esta segunda versión, también se multiplican las voces para no respaldar los ODS. Porque ¿de verdad podemos creer en lo que las Naciones Unidas nos informan acerca de esta Agenda 2030? A muchas organizaciones les resulta muy sospechoso que, una vez más, la resolución de los problemas del mundo dependa de los mismos políticos, empresarios y entidades financieras que fracasaron con los ODM, y de los cuales una gran parte de la ciudadanía global desconfía profundamente.

Los ODS como antes los ODM se dedican a combatir las consecuencias del nefasto sistema capitalista y no ataca a las causas. En realidad no se pone en cuestión al sistema, lo que para muchos torna inviable la consecución de los ODS.

 

FALSEDADES CONCEPTUALES DE LOS ODS

 

Se mantiene una visión retrógada y errónea del desarrollo

La ONU continúa pues, con una visión capitalista del desarrollo condenada al fracaso. No se cuestiona en absoluto el sistema capitalista, limitándose, como siempre, a una huída hacia adelante, hacia el colapso total. Se continúa con una visión desarrollista diseñada por la ONU, el FMI y el BM que ya ha demostrado con creces su fracaso. Más de una vez las políticas diseñadas por esta pléyade de burócratas han ocasionado y ocasionan verdaderas catástrofes económicas y sociales.

 

Continúa combatiendo las consecuencias y no las causas de la situación global.

Al no cuestionar el orden mundial, se continúa desgastándose luchando contra las consecuencias del injusto sistema mundial, sin ni siquiera intentar denunciar y combatir a las causas,es decir, el actual sistema capitalista y neoliberal. Se formula un diagnóstico falso y se aplican medidas erróneas que no llevan a ninguna parte. Por ejemplo, se habla de “reducir el hambre” o de “disminuir la desigualdad” sin denunciar las causas que producen estos fenómenos económicos y sociales, como las injustas estructuras económicas mundiales y la exclusión sistemática de las clases más desfavorecidas.

 

Se da el poder y el protagonismo al sector privado, a las grandes transnacionales y a las entidades económicas, excluyendo, en la práctica, a los Movimientos Sociales y a la Ciudadanía Global.

Los ODS nacen con una absoluta falta de democracia y con un abuso del poder en manos de los poderosos de siempre. No se crean mecanismos democráticos de decisión acerca de los problemas colectivos globales. Una vez más serán los poderosos los que terminarán decidiendo sobre el resto.

Además y, tal como ocurrió con los ODM, la Agenda 2030 se utiliza como arma de chantaje y control sobre los países más empobrecidos, condicionando la asignación de ayudas al sometimiento a los dictámenes de los poderosos grupos económicos, o a los intereses geoestratégicos, tales como la represión de los movimientos migratorios.

 

 

“ Cuanto más ampulosa y florida es la retórica

que acompaña a un hecho, menos relevante es, inevitablemente, su contenido. “

 

Ausencia de un enfoque de Derechos Humanos en los ODS.

La Agenda 2030 no ha incluído en sus ODS un compromiso claro con los derechos humanos, otro de los grandes fallos de este programa. En la parte del texto de los objetivos, sólo aparecen dos derechos, los laborales y los reproductivos, nada más. Y además se substituye la palabra “garantizar” por la de un simple “promover”.

Los ODS priorizan unos Derechos Humanos e ignora otros. Así no se contemplan ni las minorías étnicas, ni a las personas marginadas del sistema. No existe transversalidad de género en ninguno de los 17 objetivos, tampoco se contemplan los Derechos Sexuales ni a las personas LGTB.

 

Se dice promover sociedades pacíficas e igualitarias, pero no se condena la venta de armas ni las políticas genocidas contra los refugiados.

No se puede sermonear sobre la paz mundial, cuando los principales países protagonistas son los líderes mundiales del comercio de armamento.

Igualmente, no se pueden lanzar estos ODS y paralelamente negar una ruta segura y legal a las personas refugiadas e inmigrantes. No se puede hablar de derechos humanos reprimiendo a la fuerza la llegada de refugiados y chantajeando a los países del Sur para que actúen como gendarmes contra los flujos migratorios.

 

Rechazo a combatir los paraísos fiscales, el fraude y la evasión fiscal.

A sólo dos meses de la aprobación de la Agenda 2030, los países se reunieron en Etiopía en la Cumbre de Financiación de Addis Abeba para decidir cómo pagar el proyecto. Allí se retiraron de la Agenda algunas de las medidas más importantes. Los países ricos bloquaron la propuesta de los estado empobrecidos y emergentes para crear un organismo independiente para luchar contra el fraude y la evasión fiscal.

A pesar de que los países del Sur pierden al menos 100.000 millones de dólares por año por los abusos fiscales de las grandes transnacionales, los países ricos se negaron en rotundo a ningún tipo de control hacia sus políticas corruptas y fraudulentas en el terreno económico.

 

Se evita la obligatoriedad y los compromisos vinculantes

A rechazar un enfoque de derechos humanos, se suma que la estrategia de los ODS no es vinculante. Los objetivos no son de obligado cumplimiento, ni hay sanciones a los países que los incumplan o que no alcancen las metas, porque así lo han decidido los países firmantes.

Ocurre lo mismo que con los ODM, con lo que todo se convierte en “papel mojado”, en una mera declaración de intenciones.Los Estados sólo rendirán cuentas ante la opinión pública, mayoritariamente desinteresada en la temática, cuando se publiquen las evaluaciones de resultados. Además y, según la experiencia de los ODM, los Estados siempre tienden a falsiticar esas evaluaciones. Los diversos “Informes Sombra” de los Movimientos Sociales demuestran que las cifras oficiales que dan todos los gobiernos no son reales, se practica el juego de cifras, el maquillaje político de los datos.

 

ERRORES METODOLÓGICOS DE LOS ODS: EL PROBLEMA DE LOS INDICADORES

 

En este contexto, tenemos que casi una tercera parte de las metas que definen los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por los gobiernos en la ONU, están siendo reescritos de facto o borrados por la propuesta del Grupo de Expertos Interinstitucional sobre “indicadores prioritarios”. Nociones importantes incluidas en los ODS, tales como los derechos laborales, derechos de las mujeres a la propiedad, servicios financieros, la herencia y los recursos naturales y muchos compromisos de los países desarrollados para apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo, están fuera de la lista de indicadores propuesta y, por lo tanto, no formarían parte de las revisiones de la ONU de la nueva agenda de desarrollo.

El ejemplo más obvio es el Objetivo 10, “Reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos”. No se propone un solo indicador para medir las desigualdades entre países (o a nivel global) y no hay ninguna sugerencia de un indicador universal adecuado para la desigualdad dentro de los países. Además alrededor de 50 metas de los ODS (de un total de 169) serán alteradas substancialmente por un indicador que no mida en absoluto o sólo parcialmente lo que trate la meta. Este es particularmente el caso de todas las metas relacionadas con los medios de aplicación. Tome la meta 1.a, que propone “garantizar una importante movilización de recursos a partir de una variedad de fuentes, incluso mediante una mayor cooperación para el desarrollo”. El indicador propuesto (por el Banco Mundial) mide la “parte general en el gasto total del gobierno (incluyendo subnacionales) en programas dirigidos a al 40% más pobre de la población del país”. El “indicador de prioridad” no sólo no mide cualquier mejora en la cooperación internacional sino que también desplaza la atención (y la culpa potencial por no cumplir con la meta) al gobierno del país en desarrollo y no a los países desarrollados que fallen en hacer su parte.

Del mismo modo, la meta 3c quiere “aumentar sustancialmente la financiación” para la salud pero los indicadores propuestos sólo miden el número de trabajadores de salud. La meta 4.c plantea la “cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo”, pero los indicadores propuestos sólo miden el número de maestros capacitados, independientemente de la existencia de la cooperación o no.

Esta incoherencia entre metas e indicadores es particularmente notable en muchas de las metas relacionadas con la sostenibilidad. La meta 15.c de los ODS busca “aumentar el apoyo mundial en la lucha contra la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas, incluso mediante el aumento de la capacidad de las comunidades locales para aprovechar las oportunidades de medios de vida sostenibles”. El indicador propuesto es una medida de la OCDE de inversión extranjera directa en el sector forestal, ¡que muchos dirían que es parte del problema.

Similarmente, la meta 17.6 quiere “mejorar […] la cooperación internacional y el acceso a la ciencia, la tecnología y la innovación […] a través de un mecanismo de facilitación de tecnología global”, pero el indicador propuesto por la OMPI mide el uso del actual sistema internacional de propiedad intelectual, que es visto por los países en desarrollo, precisamente, como uno de los obstáculos que esta meta trata de evitar.

 

Por último, sobre los indicadores en sí mismos, la meta 17.18 quiere “para el 2020, aumentar el apoyo de creación de capacidades a los países en desarrollo […] para aumentar significativamente la disponibilidad de […] datos desglosados”. El indicador propuesto sobre indicadores mide la “proporción de indicadores de desarrollo sostenible con la desagregación total producida a nivel nacional”, pero no el apoyo para lograr ese resultado.

 

En definitiva,los retos que plantean los ODS vuelven a ser irrealizables, generando falsas expectativas que no van a ser satisfechas. No existe una base sólida ni una alternativa al actual sistema, principal causante de las desigualdades mundiales. Además el actual contexto mundial es más difícil y complicado que en la época de los ODM. Los  ODS adolecen tanto de errores de diagnóstico y definición, como de método. Esto llevará a su incumplimiento general y al fracaso de la consecución de los objetivos.

 

 

DECRECIMIENTO: PREGUNTAS A CARLOS TAIBO

 

 El decrecimiento no es un proyecto que sustituya a todo lo que el conjunto de luchas contra el capitalismo ha supuesto desde mucho tiempo atrás: es, antes bien, una perspectiva que permite abrir un nuevo frente de contestación del capitalismo imperante. En ese sentido parece razonable afirmar que en el Norte desarrollado de principios del siglo XXI no es imaginable ningún proyecto anticapitalista consecuente que no sea al mismo tiempo decrecimentalista, autogestionario y antipatriarcal.

1. En el momento presente, ¿es inequívocamente saludable el crecimiento económico? La visión dominante en las sociedades opulentas sugiere que el crecimiento económico es la panacea que resuelve todos los males. A su amparo – se nos dice – la cohesión social se asienta, los servicios públicos se mantienen, y el desempleo y la desigualdad no ganan terreno. Sobran las razones para recelar, sin embargo, de todo lo anterior. El crecimiento económico no genera -o no genera necesariamente- cohesión social, provoca agresiones medioambientales en muchos casos irreversibles, propicia el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de las generaciones venideras y, en fin, permite el asentamiento de un modo de vida esclavo que invita a pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir. Frente a esto se impone la certeza de que, dejado atrás un nivel elemental de consumo, el acrecentamiento irracional de este último es antes un indicador de infelicidad que una muestra de lo contrario. Es razonable adelantar, por lo demás, que la crisis general por la que atravesamos está llamada a permitir que la conciencia en lo que respecta a estos sinsentidos se asiente en una parte significada de la ciudadanía.

2. ¿Cuáles son los pilares en los que se asientan los sinsentidos del crecimiento?Son tres los pilares en los que se sustenta tanta irracionalidad.

*El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos y, llegado el caso, exige que adquiramos, incluso, lo que nos repugna.

*El segundo es el crédito, que históricamente ha permitido allegar el dinero que permitía preservar el consumo aun en ausencia de recursos.

*El tercero es la caducidad de los bienes producidos, claramente programados para que en un período de tiempo breve dejen de funcionar, de tal suerte que nos veamos en la obligación de comprar otros nuevos.

Por detrás de todo ello despunta, en palabras de Z. Bauman, la certeza de que “una sociedad de consumo sólo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro”.

3. ¿Debemos fiarnos de los indicadores económicos que hoy empleamos? Los indicadores económicos que nos vemos obligados a utilizar -así, el producto interior bruto (PIB) y afines- han permitido afianzar, en palabras de J.K. Galbraith, “una de las formas de mentira social más extendidas”. Pensemos que si un país retribuye al 10% de sus habitantes por destruir bienes, hacer socavones en las carreteras, dañar los vehículos…, y a otro 10% por reparar esas carreteras y vehículos, tendrá el mismo PIB que un país en el que el 20% de los empleos se consagre a mejorar la esperanza de vida, la salud, la educación y el ocio. Y es que la mayoría de esos indicadores contabiliza como crecimiento -y cabe suponer también que como bienestar- todo lo que es producción y gasto, incluidas las agresiones medioambientales, los accidentes de tráfico, la fabricación de cigarrillos, los fármacos y las drogas, o el gasto militar. Esos mismos indicadores apenas nada nos dicen, en cambio, del trabajo doméstico, en virtud de un código a menudo impregnado de machismo, de la preservación objetiva del medio ambiente – un bosque convertido en papel acrecienta el PIB, en tanto ese mismo bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza-, de la calidad de los sistemas educativo y sanitario – y en general de las actividades que generan bienestar aunque no impliquen producción y gasto -, o del incremento del tiempo libre. De resultas puede afirmarse que la ciencia económica dominante sólo presta atención a las mercancías – lo que se tiene o no se tiene -, y no a los bienes que hacen que alguien sea algo (F. Flahault), en un escenario en el que “las ideas rectoras de la modernidad son más, mayor, más deprisa, más lejos” (M. Linz).

CARLOS TAIBO nos habla sobre el DECRECIMIENTO(1ª Parte)

 

4. ¿No son muchas las razones para contestar el progreso, más aparente que real, que han protagonizado nuestras sociedades durante decenios? Son muchas, sí. Hay que preguntarse, por ejemplo, si no es cierto que en la mayoría de las sociedades occidentales se vivía mejor en el decenio de 1960 que ahora: el número de desempleados era sensiblemente menor, la criminalidad mucho más baja, las hospitalizaciones por enfermedades mentales se hallaban a años luz de las actuales, los suicidios eran infrecuentes y el consumo de drogas escaso. En EE.UU., donde la renta per cápita se ha triplicado desde el final de la segunda guerra mundial, desde 1960 se reduce, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que declaran sentirse satisfechos. En 2005 un 49% de los norteamericanos estimaba que la felicidad se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario. Son muchos los expertos que concluyen, en suma, que el crecimiento en la esperanza de vida al nacer registrado en los últimos decenios bien puede estar tocando a su fin en un escenario lastrado por la extensión de la obesidad, el estrés, la aparición de nuevas enfermedades y la contaminación.

5. ¿Por qué hay que decrecer? En los países ricos hay que reducir la producción y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. “El único programa que necesitamos se resume en una palabra: menos. Menos trabajo, menos energía, menos materias primas” (B. Grillo). Por detrás de esos imperativos despunta un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplea, ello conducirá a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales. Aunque nos movemos -si así quiere- en un barco que se encamina directamente hacia un acantilado, lo único que hemos hecho en los últimos años ha sido reducir un poco la velocidad sin modificar, en cambio, el rumbo. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecológica, que mide la superficie del planeta, terrestre como marítima, que precisamos para mantener las actividades económicas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, según muchos pronósticos alcanzará dos Tierras -si ello es imaginable- en 2050. La huella ecológica igualó la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003. En paralelo, no está de más que recordemos que en 2000 se estimaban en 41 los años de reservas de petróleo, 70 los de gas y 55 los de uranio.

6. ¿Cuál es la actitud que ante lo anterior exhiben nuestros dirigentes políticos? Los dirigentes políticos, marcados por un irrefrenable cortoplacismo electoral, prefieren dar la espalda a todos estos problemas. De resultas, y en palabras de C. Castoriadis, “quienes preconizan ‘un cambio radical de la estructura política y social’ pasan por ser ‘incorregibles utopistas’, mientras que los que no son capaces de razonar a dos años vista son, naturalmente, realistas”. Todo pensamiento radical y contestatario es tildado inmediatamente de extremista y violento, además de patológico. La idea, supersticiosa, de que nuestros gobernantes tienen soluciones de recambio se completa con la que sugiere que la ciencia resolverá de manera mágica, antes o después, todos estos problemas. No parecería lógico, sin embargo, construir un “rascacielos sin escaleras ni ascensores sobre la base de la esperanza de que un día triunfaremos sobre la ley de la gravedad” (M. Bonaiuti). Más razonable resultaría actuar como lo haría un pater familias diligens, que “se dice a sí mismo: ya que los problemas son enormes, e incluso en el caso de que las probabilidades sean escasas, procedo con la mayor prudencia, y no como si nada sucediese” (C. Castoriadis). No es ésta una carencia que afecte en exclusiva a los políticos. Alcanza de lleno, antes bien, a los ciudadanos, circunstancia que da crédito a la afirmación realizada por un antiguo ministro del Medio Ambiente francés: “La crisis ecológica suscita una comprensión difusa, cognitivamente poco influyente, políticamente marginal, electoralmente insignificante”.

CARLOS TAIBO nos habla sobre el DECRECIMIENTO(2ª Parte)

 

7. ¿Basta, sin más, con reducir determinadas actividades económicas? A buen seguro que no es suficiente con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar en paralelo nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Los verbos que hoy rigen nuestra vida cotidiana son “tener-hacer-ser“: si tengo esto o aquello, entonces haré esto y seré feliz. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo. O, lo que es casi lo mismo, frente al “más deprisa, más lejos, más a menudo y menos caro” hay que contraponer el “más despacio, menos lejos, menos a menudo y más caro” (Y. Cochet). Debe apostarse, también, por el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido con el paso del tiempo. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras productivas, de las organizaciones administrativas y de los sistemas de transporte. Lo local, por añadidura, debe adquirir una rotunda primacía frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria. Entre las razones que dan cuenta de la opción por esta última están la pésima situación económica, la ausencia de tiempo para llevar una vida saludable, la necesidad de mantener una relación equilibrada con el medio, la certeza de que el consumo no deja espacio para un desarrollo personal diferente o, en fin, la conciencia de las diferencias alarmantes que existen entre quienes consumen en exceso y quienes carecen de lo esencial. S. Latouche ha resumido el sentido de fondo de esos valores de la mano de ocho “re“: reevaluar (revisar los valores), reconceptualizar, reestructurar (adaptar producciones y relaciones sociales al cambio de valores), relocalizar, redistribuir (repartir la riqueza y el acceso al patrimonio natural), reducir (rebajar el impacto de la producción y el consumo), reutilizar (en vez de desprenderse de un sinfín de dispositivos) y reciclar.

8. Esos valores, ¿son realmente ajenos a la organización de las sociedades humanas? Los valores que acabamos de reseñar no faltan, en modo alguno, en la organización de las sociedades humanas. Así lo demuestran, al menos, cuatro ejemplos importantes. Si el primero nos recuerda que las prácticas correspondientes tienen una honda presencia en muchas de las tradiciones del movimiento obrero – y en particular, bien es cierto, en las vinculadas con el mundo libertario -, la segunda subraya que en una institución central en muchas sociedades, la familia, impera antes la lógica del don y de la reciprocidad que la de la mercancía. Pero lo social está a menudo presente, también, en lo que despectivamente hemos dado en llamar economía informal. En muchos casos “el objetivo de la producción informal no es la acumulación ilimitada, la producción por la producción. El ahorro, cuando existe, no se destina a la inversión para facilitar una reproducción ampliada”, recuerda S. Latouche. Y está presente en la experiencia histórica de muchas sociedades que no estiman que su felicidad deba vincularse con la acumulación de bienes, y que adaptaron su modo de vida a un entorno natural duradero. No se olvide al respecto a los campesinos que, en la Europa mediterránea, plantaban olivos e higueras cuyos frutos nunca llegarían a ver, pensando, con claridad, en las generaciones venideras. Tampoco debe olvidarse que muchas sociedades que tendemos a describir como primitivas y atrasadas pueden darnos muchas lecciones en lo que atañe a la forma de llevar a la práctica los valores de los que hemos hecho mención.

9. ¿Qué supondría el decrecimiento en las sociedades opulentas? Hablando en plata, lo primero que las sociedades opulentas deben tomar en consideración es la conveniencia de cerrar – o al menos de reducir sensiblemente la actividad correspondiente – muchos de los complejos fabriles hoy existentes. Estamos pensando, cómo no, en la industria militar, en la automovilística, en la de la aviación o en buena parte de la de la construcción. Los millones de trabajadores que, de resultas, perderían sus empleos deberían encontrar acomodo a través de dos grandes cauces. Si el primero lo aportaría el desarrollo ingente de actividades en los ámbitos relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y medioambientales, el segundo llegaría de la mano del reparto del trabajo en los sectores económicos tradicionales que sobrevivirían. Importa subrayar que en este caso la reducción de la jornada laboral bien podría llevar aparejada, por qué no, reducciones salariales, siempre y cuando éstas, claro, no lo fueran en provecho de los beneficios empresariales. Al fin y al cabo, la ganancia de nivel de vida que se derivaría de trabajar menos, y de disfrutar de mejores servicios sociales y de un entorno más limpio y menos agresivo, se sumaría a la derivada de la asunción plena de la conveniencia de consumir, también, menos, con la consiguiente reducción de necesidades en lo que a ingresos se refiere. No es preciso agregar -parece- que las reducciones salariales que nos ocupan no afectarían, naturalmente, a quienes menos tienen.

10. ¿Es el decrecimiento un proyecto que augura, sin más, la infelicidad a los seres humanos? Parece evidente que el decrecimiento no implica en modo alguno, para la mayoría de los habitantes, un entorno de deterioro de sus condiciones de vida. Antes bien, debe acarrear mejoras sustanciales como las vinculadas con la redistribución de los recursos; la creación de nuevos sectores que atiendan las necesidades insatisfechas; la preservación del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los ciudadanos y las condiciones del trabajo asalariado, o el crecimiento relacional en sociedades en las que el tiempo de trabajo se reducirá sensiblemente. Al margen de lo anterior, conviene subrayar que en el mundo rico se hacen valer elementos – así, la presencia de infraestructuras en muchos ámbitos, la satisfacción de necesidades elementales o el propio decrecimiento de la población – que facilitarían el tránsito a una sociedad distinta. Hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o después, del capitalismo global que padecemos. 

11. ¿Qué argumentos se han formulado para cuestionar la idoneidad del decrecimiento? Los argumentos vertidos contra el decrecimiento parecen poco relevantes. Se ha señalado, por ejemplo, y contra toda razón, que la propuesta se emite desde el Norte para que sean los países del Sur los que decrezcan materialmente. También se ha sugerido que el decrecimiento es antidemocrático, en franco olvido de que los regímenes que se ha dado en describir como totalitarios nunca han buscado, por razones obvias, reducir sus capacidades militar-industriales. Más bien parece que, muy al contrario, el decrecimiento, de la mano de la autosuficiencia y de la simplicidad voluntaria, bebe de una filosofía no violenta y antiautoritaria. La propuesta que nos interesa no remite, por otra parte, a una postura religiosa que reclama una renuncia a los placeres de la vida: reivindica, antes bien, una clara recuperación de éstos en un escenario marcado, eso sí, por el rechazo de los oropeles del consumo irracional.

12. ¿También deben decrecer los países pobres? Aunque, con certeza, el debate sobre el decrecimiento tiene un sentido distinto en los países pobres – está fuera de lugar reclamar reducciones en la producción y el consumo en una sociedad que cuenta con una renta per cápita treinta veces inferior a la nuestra -, parece claro que aquéllos no deben repetir lo hecho por los países del Norte. No se olvide, en paralelo, que una apuesta planetaria por el decrecimiento, que acarrearía por necesidad un ambicioso programa de redistribución, no tendría, por lo demás, efectos notables en términos de consumo convencional en el Sur. Para esos países se impone, en la percepción de S. Latouche, un listado diferente de “re“: romper con la dependencia económica y cultural con respecto al Norte, reanudar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización, reencontrar la identidad propia, reapropiar ésta, recuperar las técnicas y saberes tradicionales, conseguir el reembolso de la deuda ecológica y restituir el honor perdido.

 

CARLOS TAIBO nos habla sobre el DECRECIMIENTO(3ª Parte)

 

Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, donde también ha dirigido el programa de estudios rusos del Instituto de Sociología de las Nuevas Tecnologías. Es autor de una veintena de libros en castellano, en su mayoría relativos a las transiciones en la Europa central y oriental contemporánea. Carlos Taibo es partidario de los movimientos antiglobalización y uno de los más destacados defensores de la corriente de pensamiento político, económico y social del decrecimiento,

MAREA BÁSICA CONTRA EL PARO Y LA PRECARIEDAD.

Otra vez salimos a la calle, otra vez, sí, por la Renta Básica, contra el paro y la precariedad, para llenar los caminos de reivindicaciones y de lucha porque ¡ya está bien de que continúe la pobreza afectando cada vez a más personas! . Convocamos desde la Marea Básica una Marcha de la Dignidad para llegar a Madrid el sábado 24 de Marzo del 2018,con el fin de exigir el fin de la precariedad en la que nos hacen sobrevivir y por el establecimiento de la Renta Básica. Hacemos un llamamiento a la unidad de acción contra la pobreza y por un cambio de modelo. Ante la necesidad imperiosa de la pobreza extrema exigimos la reivindicación urgente de que se cumpla de inmediato la CARTA SOCIAL EUROPEA, para atender la pobreza inminente de a quienes no llegan las prestaciones y para que no haya pobres por decreto, ya que como se establece en este tratado ninguna prestación ni pensión, contributiva o no, pueda estar por debajo del umbral de la pobreza, establecido al día de hoy en 674 euros mensuales. La RENTA BÁSICA es necesaria, siendo suficiente (el umbral de la pobreza – 674 euros); incondicional, individual y universal. Sin estas características no es Renta Básica, es otra cosa.

Es posible y es necesaria la RB para evitar el chantaje de aceptar empleos precarios a cualquier precio. Reivindicamos de esta manera el empleo digno. Esto nos va a permitir recuperar el poder salarial derogando las sucesivas reformas laborales. Pobre no es la palabra “pobre”, por eso no se puede desmenuzar la pobreza en diversos tipos para engañar, como se engaña con las estafas básicas que se anuncian y debaten como rentas mínimas, garantizadas o mal llamadas “básicas”, siempre por debajo del umbral de la pobreza para crear pobres por decreto ley. Pretendemos que todas las personas podamos sobrevivir y desarrollar nuestras capacidades en un modelo de tolerancia y libertad.

Desde esta lucha unimos otros derechos como son la sanidad, la educación, la vivienda, los derechos laborales, para no tener que caer en la precariedad social y en la pobreza laboral (trabajadores que son pobres por sueldos infames) y, por lo tanto, erradicar la exclusión social. Para lograr de manera efectiva el reparto del empleo y un pleno desarrollo de nuestra libertad individual. Hacemos un llamamiento a una respuesta no-violenta contra los recortes del gobierno a la sanidad y educación públicas y hacer que el dinero público sea para los servicios sociales de todas y de todos y que se redistribuya la riqueza a las personas cuando el empleo es sustituido cada vez más por las nuevas tecnologías y la robotización en la industria y en el sector servicios. Es el pueblo quien ha de tener a su disposición el dinero que nos corresponde y no que se ponga a disposición de beneficios bancarios-rescates (60.000 millones de euros a fondo perdido); subvenciones a empresas y a los terratenientes que llevan la mitad de los presupuestos a manos de los más ricos y contrataciones con dinero público a grandes empresas privadas alimentando los circuitos de la corrupción.

Hacemos un llamamiento a plataformas, colectivos, sindicatos y otras organizaciones sociales para unirnos en una lucha entre quienes tienen trabajo y quienes no lo tengan, en un compromiso mutuo de movilización social y de solidaridad. Unir la lucha del empleo digno a la Renta Básica y demás derechos sociales para recuperar la ilusión en la defensa de los derechos de todas y de todos, para acabar con la exclusión y que sirva de punto de apoyo para las trasformaciones necesarias con las que seamos capaces de construir una sociedad más justa, más libre, equitativa y más igualitaria y democrática exigiendo honestidad en la política y en la economía, contra los recortes sociales, contra la ley mordaza y las privatizaciones de los servicios públicos. Por la Renta Básica, el empleo digno y los derechos sociales.

 

  • Ramiro Pinto Cañón. Autor del primer libro en España sobre la Renta Básica: “La revolución del paro” (1998) y autor de la Teoría Alternativa ante un nuevo paradigma económico: “Los fundamentos de la Renta Básica y la perestroika del capitalismo”(2003)

EL TURISMO, COMO MONOCULTIVO ECONÓMICO

“Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado en su casa.”

 ( Blaise Pascal)

 

El turismo en este país siempre ha sido contemplado por los poderes políticos y los empresarios como la panacea ante el fracaso competitivo de casi todos los demás sectores económicos. Las sucesivas crisis acabaron con una industria potente, la burbuja inmobiliaria estalló, los bancos son rescatados… ¡pero Sol tenemos para aburrir! al menos en el sur. El turismo significa una entrada de dinero contante y sonante, mucho dinero, llegando hoy hasta el 19% del PIB.

Sin embargo el sector turístico siempre ha sido regido por un capitalismo salvaje y depredador, estando unido a un expansionismo constante y alocado, carente de planificación. Se han destruido las costas, los paisajes, se ha degradado la naturaleza, y sólo se piensa en el máximo lucro posible con el menor costo posible. Esta actividad claramente insostenible, sin embargo, siempre ha sido sostenida y glorificada por sus beneficiarios, los políticos y los empresarios, y eso nos ha llevado con el tiempo a esta gran prostitución socioeconómica, que somete a personas, territorios y valores culturales a unos intereses antisociales y perniciosos.

Pues bien, ahora nos encontramos con una ¿sorpresiva? reacción de una buena parte de la ciudadanía contra este turismo que sufrimos. La reacción contra los  abusos y excesos del turismo ha tardado décadas, pero al fin ha llegado con fuerza en este verano del 2017. Iniciada en Barcelona y Donostia, pronto se ha extendido a muchos más puntos turísticos. Se denuncia, entre otras cosas, la insostenibilidad del sistema, y la agresión contra la ciudadanía que supone esta invasión turística sin control, cuyas cotas de deformación y estupidez, hace necesario actuar contra ellas.

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses– Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

 

 

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses- Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

“Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

 “Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Por otra parte, y centrándonos en este país, el turismo siempre ha sido fenómeno de capitalismo salvaje, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado de recursos y energías e irresponsabilidad medioambiental a todos los niveles. Desde los comienzos en el franquismo, el turismo ha sido nido de toda corrupción participando estrechamente con el sector inmobiliario en todas las irregularidades. El modelo se basó desde un principio en la especulación, la corrupción y el máximo beneficio, y se fomentó en la población una relación de servidumbre hacia el turista, presentado como única salvación para poder sobrevivir. Para ello se divulgó un folklore irreal, de cartón piedra, un servilismo hacia el turista, unos precios competitivos y una degradación y masificación masivas. Parecería que para los diversos gobiernos no estaba muy equivocada la definición de “un país de putas y camareros”.

BARCELONA 2016 07 09 Barcelona Mani en la Barceloneta contra turisme massiu Fotografia de JOAN CORTADELLAS

El turismo siempre ha venido apostando por un modelo desigual, injusto y depredador. Además siempre se ha usado para canalizar la actividad de otros sectores y prácticas, como la especulación inmobiliaria, las diversas corrupciones a todos los niveles, las constructoras, etc. En este modelo, los habitantes son figurantes y mano de obra barata y el país una simple marca.

En definitiva el sector turístico es todo un ejemplo de explotación neoliberal para el beneficio casi exclusivo de poderosos empresarios.

La mentira de la riqueza del turismo trasladada a la sociedad

Sí, el turismo es gran negocio… pero sólo para un sector restringido, para unos pocos. El sector del turismo no sólo consume ingentes cantidades de recursos naturales y energía, sino que además los gobiernos tienen que gastar en una red de infraestructuras y servicios. Se dedican grandes recursos  públicos, para una actividad privada, cuyos beneficios  ni llegan a repartirse equitativamente y mucho menos repercuten en la sociedad, o lo hacen en una parte mínima.

Cuando se habla de los aproximados 100.000 puestos de trabajo, no se habla de su estacionalidad, su precariedad y sus sueldos de miseria. La riqueza invertida aquí es ínfima con respecto a los desmedidos lucros del sector.

Por lo demás el turismo, al contrario de lo que se divulga, empobrece a las ciudades donde se desarrolla. El dinero que se gastan los turistas no se queda en las zonas turísticas, salvo una exigua parte. El dinero generado no compensa a los habitantes de las zonas turísticas, pues va a manos privadas, a los grandes grupos hoteleros y a los empresarios hosteleros, que financian su expansión a costa de precarizar los empleos y pagar salarios de miseria. Así se comprende, por ejemplo, que los destinos turísticos más famosos como Torrevieja, Fuengirola, Benalmádena y Benidorm estén entre los municipios más pobres de todo el estado. Y cuanto más crece el turismo, menos dinero repercute en la sociedad en general.   Además, la industria masiva del turismo ha logrado que sus costos y daños de todo tipo ya hayan alcanzado los beneficios.

Gentrificación. Turistificación y destrucción de entornos ciudadanos

Teóricamente la gentrificación es un proceso mediante el cual los pobres son desplazados de sus barrios céntricos o típicos porque el mercado los rehabilita, para destinarlos a los más pudientes. Así, tras décadas viviendo en edificios, muchas veces degradados , en distritos y barrios ignorados por la inversión pública y privada, sus calles se reforman así como sus inmuebles y sus alquileres son cada vez más caros. Y en el caso de los propietarios, la mayoría de las veces no pueden costear dichas  reformas, sus comercios tradicionales pronto se arruinan ante la competencia de actividades centradas en el turismo. Así que más pronto que tarde se tienen que ir, y son sustituidos por clase media alta y rica. La gentrificación es una clara representación de la denominada” lucha de clases y la segregación”.

Mucha gente sabe o es testigo de multitud de ejemplos de gentrificación en la casi totalidad de las grandes ciudades. Pero ahora estamos asistiendo a una turistificación bastante similar en el proceso. Como este verano decía un cartel en un barrio de Barcelona: “Bienvenido turista, el alquiler de apartamentos turísticos en este barrio destruye el tejido socio-cultural de esta zona y promueve la especulación. En consecuencia muchos de nuestros vecinos se ven obligados a abandonar el barrio. Disfruta de tu estancia.”  No es ya que una comunidad popular sea sustituida por otra más rica, sino que es reemplazada por una comunidad de turistas de paso, oleada tras oleada. La gentrificación substituye una comunidad por otra, sustituye poblaciones, la turistificación las elimina.

Como dice la Plataforma de Vecinos de la Parte Vieja de Donostia: “¿Cuánto tiempo podrá resistir el barrio un uso mercantil tan intensivo sin poner en peligro su cohesión social, su identidad histórica y cultural, la salud y la calidad de vida de sus habitantes?”.  La inquietud está justificada, como en otros tantos barrios, en otras tantas ciudades. El constante aumento de los alquileres, y la enorme concentración de pisos turísticos, terminan por expulsar a los habitantes y convertir el barrio en una especie de parque temático. Además la desaparición paulatina de los comercios locales y su reemplazo por tiendas de suvenires y restaurantes caros ponen en jaque la vida ciudadana.

En este contexto el auge de plataformas de apartamentos turísticos como la Airbnb, con sus instrumentos de mercantilización salvaje, agravan mucho la situación.  Y en este tema de los apartamentos turísticos, por un lado asistimos a escasos y tímidos intentos de los políticos para paliar el problema. Las limitaciones que se imponen, sólo pretenden “limpiar” el sector, tenerlo más o menos controlado, y eso lo hacen por la presión de las grandes cadenas hoteleras. Pero en realidad, no van a querer poner coto a esos apartamentos; en este sentido, muchas medidas vienen fracasando por la oposición del sector y por la escasa convicción de los políticos. Ahora bien, detrás de las protestas de los hoteles contra los apartamentos, se esconde un recelo a perder beneficios y muchas prebendas, un querer quedarse con todo el lucro que generan sus precios a todas luces abusivos. La mercantilización de los apartamentos turísticos debe ser frenada y regulada drásticamente, pero tampoco podemos prohibir el alquiler de habitaciones a turistas, que de otra forma no podrían pagar los altos precios de los hoteles, eso sí debidamente acreditados y formalizados.

Turismo y degradación medioambiental

La mayor parte de la expansión turística en España se concentró en las costas, sobre todo en el Mediterráneo. Y una buena parte de la construcción descontrolada que ocasionó la burbuja inmobiliaria, fue de naturaleza turística y ubicada en las costas. La peor parte se la lleva la costa mediterránea, urbanizada en un 43% y considerada oficialmente como la costa más fea y degradada de todo el Mediterráneo.

Ya hace tiempo que las Naciones Unidas denunciaron que el turismo masivo es una de las principales amenazas mundiales al medio ambiente. Como ejemplo, los vuelos “low cost” y los grandes cruceros son dos de los modos de transporte más contaminantes.

Hoteles, urbanizaciones, campos de golf, consumen enormes cantidades de agua y energía de un modo totalmente insostenible, además de la contaminación de capas freáticas, destrucción paisajística, apertura abusiva de pistas forestales, ocupación mercantilista de casi cada punto que pueda tener algún interés turístico.

De hecho, muchos destinos van siendo abandonados por su degradación tan irreversible que ya no son objeto de atracción turística. Sin embargo ese costo nunca se repercute en los grandes grupos que operan en el sector.

 

Turismo, un sistema basado en la explotación laboral

En el sector turístico las condiciones sociales y laborales nunca fueron muy buenas, pero en los últimos tiempos han ido degradándose hasta niveles indescriptibles, con trabajos rondando la esclavitud laboral, con salarios de mierda, horarios inhumanos y malos tratos frecuentes.

En el país del turismo donde el 40% de la población no puede permitirse ni una semana de vacaciones, el salario medio en la hostelería, es un 40% inferior al salario medio general.  La famosa “competitividad turística” no es más que un eufemismo de supe explotación laboral, de hecho las cotas de precariedad son alarmantes, el turismo se convierte así en una muestra más de la globalización de la explotación, es la expresión de cómo el capitalismo siempre encuentra nuevas formas de expandirse a niveles cada vez más profundos. Esto es, siempre se inventan nuevos procesos para la explotación de siempre.

Los principales abusos laborales en el sector del turismo, son los siguientes:

– La “media jornada ficticia” sin duda es el fenómeno estrella. Básicamente consiste en que se firma un contrato temporal por 4 horas de media, se cotiza sólo por eso, y se trabaja el triple en realidad. Estamos hablando de pinches, cocineros, camareros de barra y de terraza que reciben entre 500 a 700 euros por mes por jornadas inhumanas de 12 horas. Estos contratos se han multiplicado desde el inicio de la crisis, ante el desinterés más absoluto de los inspectores del Ministerio de Empleo. Es más, la propia patronal empresarial viene solicitando la posibilidad de legal de transformar contratos por jornadas completas en contratos de media jornada.

– Los “falsos autónomos” son aquellos que  son despedidos o presionados para dejar la plantilla, para acabar haciendo el mismo trabajo pero pagándose ellos su propia Seguridad Social.

. Los “fijos discontinuos”, eufemismo para decir que el empleado es despedido, sobre todo al comienzo del verano, y es vuelto a contratar en condiciones mucho peores, en la línea de 4 horas cotizadas y jornadas de 10 a 12 horas.

– Por último, los “empleos sin contrato alguno” más numerosos de lo que parece, con pagos en negro y ningún tipo de derechos.

– Y el caso sangrante de las “camareras de piso”, las que limpian las habitaciones de los hoteles, una versión moderna de la esclavitud.  En esta feminización de la pobreza, estas mujeres cobran entre 1,50 a 2,00 euros por habitación, lo que las obliga a trabajar jornadas de 12 horas, cargando pesos, forzando posturas, y muchas de ellas no librando ni un fin de semanas en 5 meses.  Las camareras de piso son el colectivo más castigado por la explotación laboral en el sector turístico, que a su costa y el del resto de personal explotado en la hostelería, vive uno de sus mejores momentos lucrativos. Esta vergonzosa explotación está relacionada con la externalización de servicios que realizan las cadenas hoteleras.

Ante este panorama, los 981 inspectores y 897 subinspectores del Ministerio de Empleo se limitan a inspecciones aleatorias, escasas sanciones y poco más. Como dicen algunos de ellos: “Nos tienen haciendo inspecciones a chiringuitos y mercadillos, en lugar de ir por los restaurantes y hoteles, donde son muy comunes las medias jornadas ficticias.” El propio Ministerio reconoce que la hostelería es el sector productivo con más falsos contratos y con más abusos de todo tipo. En realidad planea la sospecha de que hay instrucciones para molestar lo menos posible al turismo… mientras miles de personas sufren día a día la más brutal precariedad.

Según opiniones de los Sindicatos del sector, este año 2017 ha sido la temporada más precaria y con más abusos de todo tipo de que se tiene noticia. Y en ella, además de las pésimas condiciones económicas, las ilegalidades y las jornadas extenuantes, rebrota con fuerza los malos tratos hacia las personas empleadas. Parece ser que en tiempos de crisis, suele surgir lo mejor y lo peor de las personas, y según multitud de testimonios en muchos medios, el comportamiento de una gran parte de los jefes y propietarios de negocios turísticos, muestra la peor faceta de esas personas.  En efecto, muchos jefes, endeudados hasta las cejas, y sumergidos en una feroz competencia, sólo viven para ver dinero en todo lo que les rodea, no ven a las personas. Y en ese proceso de degradación ética y moral cometen todo tipo de excesos: hostigan constantemente hasta la locura, vigilan y ponen mala cara hasta cuando los camareros comen. Con una educación autoritaria e inquisitorial, insultan constantemente, siempre a gritos, humillaciones, lenguajes racistas y sexistas, todo les parece mal, parece que gozan ejerciendo su tiranía patética. Y lo peor que ese ambiente de maldad y crueldad, se traslada bastantes veces entre los propios trabajadores. Obligados a competir entre ellos para sobrevivir, retroalimentan la crueldad de trato recibido entre ellos mismos.bajo el capitalismo todo es negocio.

No hay opción de sostenibilidad ni resistencia bajo las reglas de juego del mercado, por mucho que se cacaree la pretendida responsabilidad empresarial como un mantra de solidaridad y justicia social.

La necesidad de una regulación y cambio de paradigma

En definitiva, todo un proceso neocolonial al servicio de los intereses de las clases pudientes del norte global. Donde el incremento anual de turistas internacionales es celebrado estúpidamente por los políticos de turno como un éxito económico sin igual, ignorando que tal crecimiento no puede ser indefinido, hasta el infinito. Ignorando que hablar de ‘capacidad de carga’ o ‘capacidad de acogida’ turística una vez que ésta ha sido ampliamente superada ya no es una solución sino otro problema más.

Gestionar la capacidad de carga es como regular el flujo de agua con un grifo, abriendo más o menos la llave para regular la cantidad de agua que queremos. Pero una vez que se ha inundado la casa, de nada sirve abrir o cerrar el grifo, pues está roto. Así, gestionar la masificación turística exige medidas al mismo nivel que la gestión de una inundación, medidas de emergencia y evacuación.

Hasta ahora todos los intentos han sido tímidos e inoperantes. Por ello es necesario un debate en profundidad, una revisión del modelo turístico radicalmente diferente del actual. Cunden ejemplos de buenas prácticas en ese sentido: prohibición de apartamentos turísticos en los centros urbanos y lugares de interés turístico; tasas a los turistas; preferencia de los locales en los transportes públicos; poner coto a los vuelos “low cost” y a los grandes cruceros. Todo eso pasa, según las circunstancias de cada localidad, en muchas ocasiones por limitar el número de turistas que visitan los centros urbanos, por ejemplo; ya se hace en bastantes lugares y esta medida aumenta.

También se habla de primar al “turismo de calidad”, o sea el que más gasta, pero va en contra del derecho a hacer turismo de las clases menos favorecidas económicamente; no creemos que se trate de primar a la “Visa Platinum”, sino de diversificar ofertas y controlar afluencias excesivas.

Con tantos ingresos millonarios del turismo, ya es hora de usarlos para reordenar el sector y dignificar las condiciones laborales de las personas. Es hora de buscar también otras fuentes de ingresos y no caer en una especie de monocultivo del turismo. No se trata de ser sólo el lugar de diversión de medio mundo.

 

EQUIPO DE REDACCIÓN DEL FORO AMETZAGAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS CRISIS DE LA CRISIS

“ Ellos, los ricos, nos laminarían entre los cilindros de un trapiche, nos destilarían en la pila de un alambique, nos carbonizarían en un horno de quemar metales, si de nuestro residuo pudieran extraer un solo miligramo de oro. Ellos, como tierra maldita, reciben la semilla y beben el agua, sin producir jamás el fruto.”

 ( Lima, 1885.- Manuel González Prada)

Casi todo el  mundo lleva años y años sumergido en una profunda crisis económica y sistémica. Lo que los políticos calificaban en el 2008 como una crisis coyuntural del capitalismo, se transformó en una crisis estructural que ha venido para quedarse para mucho, mucho tiempo. Para ello, veremos altos y bajos, pero un camino continuo de crisis.

 

En este marco nos hemos ido acostumbrando al uso de la palabra crisis, en singular, refiriéndonos únicamente a la crisis económica. Sin embargo, sufrimos una serie de crisis encadenadas,: así tenemos las crisis, política, social, educativa, de valores, de civilización, además de la climática, medioambiental, energética, alimentaria, etc.

El poder siempre ha pretendido ocultar todas las crisis supuestamente ocultas, hacer como si no existiesen. Prefieren sembrar el miedo paralizante a ser víctima de la crisis económica y olvidar las demás. Así se pretende que las personas se aíslen unas de otras y de la comunidad, se inmovilizan y ello asegura la continuación del poder. Y eso, porque al poder, al sistema, no le interesa que las personas se den cuenta de la real dimensión de las crisis, del sistema capitalista en su conjunto.

Veamos sólo algunos ejemplos de las crisis de esta crisis.

 

Crisis estructural económica y financiera.

 

El sistema capitalista neoliberal, especialmente desde su proceso de globalización, se presenta como el único posible, siendo todo lo demás algo irreal e irrealizable. Sin embargo, este modelo ya ha demostrado hace tiempo su insostenibilidad y su intrínseca injusticia social. Desde sus comienzos se ha basado en la desigualdad como motor indispensable de su desarrollo.

Los paradigmas de producir más para crecer más hace tiempo demostraron su fracaso. El sistema actual consume recursos sin límites, aumenta sin cesar la miseria y las desigualdades y defiende un llamado “desarrollo sostenible” que ni es un verdadero desarrollo y desde luego no es sostenible. En este contexto, los poderes neoliberales que son conscientes de la finitud del sistema, intenta seguir mintiendo y mintiéndose. Hablan de ecología cuando han quebrado el equilibrio medioambiental. Hablan de políticas de reciclaje, cuando sólo se trata de un paliativo sino se entra en un proceso de decrecimiento y descenso del consumo. Hablan de “desarrollo sostenible”, cuando este concepto es un oxímoron, una contradicción en sí misma; si se trata del actual modelo de desarrollo, de crecimiento, no es sostenible.

Se nos habla de la actual crisis económica global, se nos alerta del crecimiento de los totalitarismos, pero se porfía en el mismo sistema que lo hace posible. Y ocultan que hay más crisis que la económica que nos presentan como única culpable del desastre. Se olvidan de la crisis medio ambiental, del fin de los recursos naturales, de la feminización de la pobreza, de la continuación del expolio del Sur. No mencionan la marginación, exclusión y opresión de las poblaciones inmigrantes en el Norte, a las que se les impone una especie de nazismo modernizado, lo que algunos autores han dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

Y pese a esta realidad, los diversos gobiernos se niegan a reconocer que se han convertido en meros gestores de los intereses económicos nacionales e internacionales. Y lo peor es que, incluso las izquierdas y los sindicatos llevan décadas aplicando las recetas capitalistas, mejorandolas en lo social pero sin tocar el sistema, al que contribuyen a limpiar su imagen y a legitimar en la práctica.

Para cualquier tipo de análisis o diagnóstico hay que partir de la base, como lo hacen autores como Arcadi Oliveres y Carlos Taibo, de que a diferencia de otras crisis del capitalismo, la crisis actual ha llegado para quedarse. Y ello porque no se trata de una crisis coyuntural, sino estructural y sistémica. Todo el sistema capitalista está en crisis en todos sus niveles: económico, financiero, estructural, político, social, cultural, de valores, ecológico, etc. Y por lo tanto las posibles soluciones no pueden constituir una regulación del sistema, sino un sistema nuevo que, por primera vez, tenga su centro en el ser humano y no en el dinero y los mercados.

Desde las diversas instancias del poder se habla de ir hacia un capitalismo regulado, como si fuera la solución. El problema es el capitalismo en sí mismo, regulado o no. Igualmente es un error distinguir entre neoliberalismo y globalización y sus abusos, porque estos sistemas en sí mismos son un abuso.

Para concluir, se trata de que el capitalismo no tiene salida para esta crisis, y que la única respuesta posible es salir de este sistema. Hay que abandonar este modelo capitalista de mercado, recuperar el poder de los pueblos sobre el capital, y situar a la persona en el centro del debate. En definitiva, o se plantea un nuevo modelo de sociedad, y se entra en una política de decrecimiento consecuente, racional y paulatina, o no habrá más remedio que acabar con el sistema de mala manera, corriendo y en medio del desastre total.

 

Crisis climática, medioambiental y energética

 

Ya hace un tiempo el impacto destructivo de la actividad humana superó la capacidad de recarga de la Tierra. La destrucción imparable de todo tipo de bosques, el expolio y contaminación de los mares, las emisiones de CO2 a la atmósfera, etc., han desencadenado  el llamado “cambio climático”. Por ejemplo, el hecho de que cada año se destruyen 15 millones de Hectáreas de bosques, precisamente en los lugares donde la Naturaleza recicla el carbono, ha determinado el caos en los regímenes de lluvias. La desertización avanza en toda la Tierra, por ejemplo, según el “Informe Nicholas Stern”, los llamados “refugiados climáticos” son bastantes más que los desplazados por los conflictos y por la pobreza. Se calcula que en una década estos refugiados climáticos alcanzarán alrededor de los 200 millones de personas. El ciclo infernal de sequías e inundaciones arrasa periódicamente grandes extensiones del planeta.  Por ejemplo, a este ritmo en poco tiempo países como Bangla Desh perderán hasta el 15% de su población.

En cuanto a las emisiones de CO2, si en el período de 1990 al 2004 pasó del 26,7% al 49,0%, las proyecciones alertan de una constante subida. Se destaca además que los más ricos son los que más contaminan, por ejemplo los USA emiten aproximadamente 20.000 toneladas de CO2 por año, frente a las 10.000 toneladas de la Unión Europea. Pero estos dos grandes culpables no están sólos, el modelo China, se perfila como mucho más destructivo, emitiendo más o menos unas 40.000 toneladas de CO2 por año, el doble que USA.

En este marco, según el GIEC-Grupo Internacional de Expertos del Clima, que trabaja para las NN UU, habría sólo un espacio de tiempo de unos 15 años para adoptar drásticas medidas de reducción de las emisiones… lo que dado los sucesivos fracasos de todas las Cumbres sobre el Clima, presenta un panorama absolutamente pesimista.

El desarrollismo agrava este panorama con su explotación sistemáticas de las energías no renovables. En los últimos 50 años se ha consumido el 70% de las reservas petrolíferas mundiales, e incluso algunas de las aparentemente progresistas soluciones se revelan enormemente dañinas; es el caso de los Biocombustibles que arrasan la tierra y empobrecen aún más a los campesinos, parece ser que se prefiere alimentar los vehículos antes que a las personas. La producción de agroenergía, es la solución típicamente capitalista y falsa; el conjunto del ciclo de los agrocombustibles, revela que es todavía más perjudicial que la energía fósil y mineral. Además se trata de algo totalmente insostenible, por ejemplo, para producir 1 litro de etanol, hacen falta 3.000 litros de agua. También están surgiendo “mares muertos”, como el Golfo de México, totalmente contaminado por los restos de agrocombustibles que descienden por el Mississipí, ocurriendo lo mismo en Brasil, India, etc. Además, cada vez más se roban tierras a la agricultura para dedicarla a los biocombustibles, y de seguir así las cosas, en 15 años, centenas de millares de Has se detrairán de la producción de alimentos. Para el Capital todo esto son “externalizaciones” y “daños colaterales”.

En este cuadro hay que ser realistas, ya en 1986 se atravesó la línea de no retorno de la Naturaleza. Aquello que se destruyó ya no se recuperará jamás, se vive a costa de las futuras generaciones. Todas las cumbres y acuerdos son papel mojado, se ponen parches pero no se ataca la raíz del problema: el modelo de desarrollo, se intenta disminuir un poco el despilfarro en vez de ir cerrando el grifo. Es como un barco que se va a estrellar contra la costa y que en vez de cambiar de dirección sólo disminuye la velocidad un poco.

 

Crisis alimentaria

 

El problema de las sucesivas crisis alimentarias deriva del hecho de que el derecho humano a la alimentación deja de ser un derecho, al considerarse el alimento como un negocio. El 90% de los principales alimentos a nivel mundial están en manos de no más de una docena de transnacionales. Ellas, deliberadamente, condenan a muerte por hambre a millones de personas, al especular, almacenar y retirar alimentos. La Tierra tiene suficientes alimentos para todo el mundo, pero el comercio inmoral de la alimentación hace imposible su acesso a una enorme capa de la población mundial. Y el agua están tan mal distribuida como los alimentos, así tenemos un consumo de 550 litros por persona y día (incluyendo gastos con regadíos, etc) en USA; 350 litros de media en la UE, y 8 litros en África Subsahariana.

A nivel planetario los gobiernos apuestan por la paulatina destrucción de la agricultura campesina, tanto en el Norte como en el Sur. La agricultura extensiva y la agroindustria destruyen la tierra, el medio ambiente y las culturas campesinas. Asistimos desde hace décadas a una verdadera Contrarreforma Agraria: expulsión de campesinos de sus tierras, empleo masivo de agrotóxicos, privatización del agua, etc.

En el 2008 la FAO ( Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación) demostró que para combatir eficazmente contra el hambre hasta erradicarla, los países del Norte deberían poner en común una cantidad anual de 50.000 millones de dólares, como un fondo de emergencia. Los países ricos se negaron rotundamente, prometiendo quizás unos ínfimos 8.000 millones. Sin embargo, esos mismos países, tres meses después, rescataron a los Bancos culpables de la crisis con 2 billones 700.000 millones de dólares, es decir 54 veces más de lo que pedía la FAO. Y para el 2013 ya habían dado a los bancos 4 billones 600.000 millones, 92 veces más que lo que pedía la FAO.

No existió ni existe ninguna voluntad para acabar con el hambre, pues muchas empresas transnacionales viven del hambre, especulando con los alimentos y manejando ese inmenso poder concentrado en no más de una docena de empresas en el mundo. Esas empresas de forma calculada y premeditada determinan cuantos miles de personas irán a morir de hambre cada año por sus políticas inhumanas. Son unas entidades que cometen genocidios año tras año, y nadie hace nada contra ellas.

 

Crisis Sanitaria

 

El afán de convertir todo en negocio recae también sobre la Salud vista como generadora de inmensos lucros, y no como un servicio social. Y si en los países del Norte se ofrecen servicios sanitarios decentes, en el Sur la salud no es un derecho, sino un privilegio.

En el foco de todo están las grandes empresas farmacéuticas transnacionales, así como las privatizaciones sanitarias y la implantación de conceptos de lucro empresarial también en la salud pública. Por ejemplo, tenemos el gran fraude de la gripe A donde cada vez existen más pruebas de que todo fue un  montaje, una farsa para dar salida al medicamento Tamiflou, es decir se crea una falsa pandemia para no perder lucro farmacéutico. El principal beneficiario de este delito, al poseer la patente del medicamento, fue Donald Ramsey, el ministro de Defensa de la era Bush.Otro ejemplo es el SIDA, que se trata en los países ricos y se abandona en los países pobres. El 60% de los millones de afectados en el mundo están en el África Subsahariana, y de ellos sólo 1 millón recibe tratamiento, 24 millones se mueren sin ninguna asistencia. Las culpables de este verdadero genocidio son, una vez más, las farmaceúticas y su desmedido afán de lucro. Los tratamientos antiSIDA no son caros de producir, pero por la Ley de Patentes se venden carísimos en los países empobrecidos y en exclusiva durante 20 años; sólo a partir de entonces se permitirán los genéricos, pero aquí también hay trampa, las farmaceúticas modifican algún aspecto del producto, dicen que es una patente nueva y siguen lucrándose y agravando el genocidio sanitario.Como ejemplo ilustrativo del grado de inhumanidad de la industria farmacéutica mundial y sus aliados, tenemos el caso de la India. Allí, durante mucho tiempo, la ley sólo permitía una duración de exclusividad de 8 años a las patentes, y además el Estado fabricaba y vendía a precio bajo los medicamentos contra el SIDA. Como reacción, dos grandes compañías farmaceúticas, la británica GRAXCO/SMITH/KLINE, (el 2º mayor laboratorio mundial) y la alemana BOHERHNGIYER INGELHEIM ( el 3º mayor laboratorio mundial) demandaron al gobierno de la India, y aunque perdieron el juicio, lanzaron otra batalla. Presionaron a la OMC-Organización Mundial del Comercio, verdadera esclava y cómplice de las multinacionales, para doblegar a la India y obligarla a ampliar el tiempo de vigencia de las patentes. Para ello, la OMC no dudó en amenazar, chantajear, presionar y represaliar a la India, que al final se tuvo que rendir y dejar en 20 años el plazo de las patentes. El director de la OMC de entonces, fue recompensado con la dirección de la BP (British Petroleum). Sólo añadir que la farmaceútica alemana citada, realiza desde hace décadas todo tipo de pruebas y ensayos sin ningún tipo de reglamento en Rwanda, y a ella se refería la trama de la película “El Jardinero Fiel”. Igualmente todo el asunto de la India figura en la obra “Los crímenes de la industria farmaceútica” de Teresa Forcades.

Reflexiones

 

En definitiva, existen muchas crisis dentro de la crisis, porque lo ha colapsado es la madre de todas las crisis: el capitalismo.  Estamos en un punto en el que lo antiguo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.  Nunca en la Historia al acabar un sistema, ya estaba listo el sistema sustituto, se hizo poco a poco.

La experiencia ha demostrado sobradamente que no se pueden buscar soluciones dentro del sistema capitalista, porque él es el problema y nunca va a poder ser la solución.  Por lo tanto, no es cuestión de reformas, sino de la búsqueda de otro sistema, pasando antes por cambios radicales, y eso paso por adoptar nuevos parámetros y alternativas al sistema. Eso pasa por un nuevo tipo de relación con la tierra, respetuoso y no depredador; se trata de producir lo suficiente para la vida humana, de todos los humanos, no para alimentar mercados internacionales ni buscar lucros desmesurados. Los bienes comunes de la humanidad no pueden ser objeto de comercialización. Todo ello pasa por la adopción de la política del Decrecimiento, por un nuevo tipo de Economía de los Cuidados, como ya definen las asociaciones feministas, por nuevas organizaciones internacionales y una nueva ética social solidaria.

En definitiva, existen formas de salir del capitalismo,  construyendo a cada paso. Ya se está haciendo en todo el mundo, cada cambio logrado puede parecer modesto, pero cada uno de ellos tiene una carga revolucionaria, y todos juntos es una REVOLUCIÓN.

 

 

EQUIPO DE REDACCIÓN del FORO AMETZAGAÑA

*MERITOCRACIA Y EMPRENDIMIENTO: ANÁLISIS DE DOS GRANDES MENTIRAS DEL CAPITALISMO.

LA MENTIRA DE QUIENES DICEN QUE TODOS TENEMOS LAS MISMAS POSIBILIDADES.

  • El 90% de los niños/as que nacen en hogares pobres, mueren pobres. Por más capaces que sean.
  • Más del 90% de los niños/as que nacen en hogares ricos, mueren ricos. Por más estúpidos que sean.Por lo tanto el MÉRITO NO ES UN VALOR.( Joseph Eugene Stiglitz, Nobel de Economía, en su libro: “El precio de la desigualdad.” )

 

Uno de los mantras que el capitalismo repite, es el de la MERITOCRACIA, teóricamente entendida como un sistema de ascensión social basado en el mérito. Esto es, las posiciones sociales jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud, del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto. En resumen: talento más esfuerzo.

Es decir, meritocracia -según los poderosos- es una ideología que defiende la idea de que si uno se esfuerza lo suficiente, va a conseguir las mismas cosas que los demás, independientemente de su condición económica, clase social y red de relaciones.

Estamos ante una de las mayores farsas que intenta vender el capitalismo neoliberal. Los capitalistas afirman descaradamente, que los hijos de los pobres tienen las mismas oportunidades que los hijos de los ricos para escoger su profesión y tener éxito. Es sólo esforzarse, dicen. Pero, en realidad, la ideología de la meritocracia esconde, por detrás de una aparente y aceptable “ética del merecimiento”, una perversa justificación de la opresión y la desigualdad.

En efecto, en una sociedad de condiciones desiguales, pautada por lógicas mercantiles y formada por personas con condiciones desiguales, el merecimiento no deja de ser una falsedad manipulada por los ricos y poderosos. La meritocracia escamotea las verdaderas  relaciones de poder; los poderes económicos y políticos están detrás de los criterios de evaluación de los desempeños, y esos criterios siempre obedecen a los intereses dominantes, y se imponen a la mayoría de excluidos.  Así detrás de esta cortina de humo de la meritocracia está toda la estructura del poder que miente sobre la supuesta igualdad de oportunidades y el valor del mérito. Nada más ilusorio que la meritocracia, nada más peligroso, pues la peor política es aquella que despolitiza, y el peor poder, el más difícil de enfrentar y de combatir, es aquel que se niega a sí mismo, que se oculta para no ser visto. La meritocracia es una ideología que instituye la desigualdad social con fundamentos aparentemente racionales, e intenta justificar por una supuesta razón toda forma de dominación. Así, la dominación y el poder se ocultan bajo ropajes supuestamente científicos y una aparente naturalidad, para que los dominados acepten la dominación como algo inevitable.

Por todo ello, resulta evidente que es imposible hablar de igualdad de oportunidades, entre otras razones, porque ningún país está dispuesto a asimilar las consecuencias que acarrearía el desmantelamiento total del actual tejido social desigual que exigiría una estricta y real meritocracia. Así, toda referencia a la meritocracia se hace dentro de una sociedad que la imposibilita. Este concepto es utilizado por el poder para sostener que los de arriba están ahí porque lo merecen, mientras que los de abajo simplemente no tienen el talento suficiente y por lo tanto se merecen su destino. Es decir, la meritocracia se usa para justificar la desigualdad y la exclusión social, definiéndolas como merecidas. ¡ Darwinismo en estado puro!

Además, entre los objetivos de esta farsa de la meritocracia, está el hacernos creer que el éxito sólo depende del esfuerzo y los talentos individuales, lo que significa que la responsabilidad del éxito o el fracaso reside total y únicamente en el indivíduo. A los que fracasan en alcanzar el éxito, se les juzga como si fuera sólo culpa suya, se les tilda de perdedores, se les hace sentirse humillados, culpables y avergonzados.

Sin embargo resulta evidente que eso es una enorme mentira; la meritocracia no existe, nunca existió y nunca podrá existir en el actual tipo de sociedad. El poder inventa una escala de superioridad, partiendo de la idea de que el éxito sólo depende de las ganas, el talento y el esfuerzo, olvidando intencionadamente las diferencias económicas y sociales en el desarrollo de las personas. No se puede igualar a las personas que no tienen las mismas oportunidades. ¿Cuál es el mérito de un niño o niña que nacieron el mismo día en una familia rica o en una pobre? Podríamos preguntar ¿cuál es el mérito que ha hecho un niño que nació el mismo día y a la misma hora en una familia adinerada de Manhatan, respecto de un mismo niño, a la misma hora, pero en Rhuanda, Mozambique o Timor oriental? Con el correr del tiempo, quizás el primero se transforme en un empresario exitoso, mientras que el otro tenga que caminar kilómetros todos los días para conseguir un poco de agua. ¿Cuál es el mérito que hacen esos niños nacidos en la misma hora, pero en lugares y circunstancias diferentes?

El éxito no lo determina el mérito, sino la familia donde uno nace, la riqueza, la educación de élite recibida, las conexiones y relaciones interpersonales determinas en gran parte por el origen social del individuo, su riqueza, su poder. En este sentido, la evidente incompetencia de muchos de los que están arriba, muestra que el mérito tiene poco que ver con que estén donde están. Son sus conexiones y redes de intereses, su poder económico, sus enchufes y chanchullos lo que les permite trepar.

La utilización de esta falsa meritocracia, es lo que permite a las élites existir, permanecer y reproducirse, sin ninguna justificación o responsabilidad hacia los demás. No son mejores que la gente normal, sólo tienen menos escrúpulos y han nacido con una flor en el culo. Casi todos son peores que los de abajo, se enriquecen no por sus méritos, sino a costa de explotar a los demás. Los de arriba necesitan gente pobre,  cuanto más ricos y poderosos son, más pobre tiene que ser la gente que pisan.  Los ricos viven de la pobreza ajena, de la sociedad injusta y desigual. Por eso, aquellos que han sido favorecidos desde la cuna, defienden un sistema injusto y discriminatorio.

Por último, ¿de qué “éxito” se nos habla? ; Para el sistema es el mercado el que determina lo que es éxito y lo que es mérito. Para el capitalismo éxito es lo que se juzga valioso para la perpetuación del orden establecido, ese orden define también el mérito. Quien dice meritocracia quiere decir oligarquía.

Sin embargo, no tiene sentido establecer el valor de una persona por los diplomas que posee, y mucho menos por las relaciones que mantiene con el poder. Y no existe una sola noción de éxito, es más para cada vez más personas éxito pasa por actuar fuera o contra el sistema, por redefinir todas las relaciones sociales, por ejercer la economía de los cuidados de la vida.

En este contexto, felizmente tenemos que una de las consecuencias de la enorme crisis estructural actual, es la pérdida absoluta de confianza en las élites del poder, sean éstas financieras, económicas, mediáticas o políticas. La mayoría de la gente que solía creer que los que mandan son mejores, ya no lo cree; cada vez más y más gente cuestiona que las élites que mandan estén allí debido a sus méritos. Por otra parte, la evidente incompetencia de los que mandan, muestra que el mérito no tiene nada que ver en la posición que ostentan.

Por ello resulta lógico que la mayoría de la ciudadanía rechace el sistema y que esta toma de conciencia lleve a una situación en la que la falta de credibilidad de la ideología de la meritocracia provoca el deseo de eliminarla. El rey está desnudo, al poder hay que mostrarlo como lo que es: la mera defensa de intereses particulares para el enriquecimiento de élites que han trepado hasta arriba a costa de todos los demás.

EMPRENDIMIENTO: UN EJEMPLO DE LA MENTIRA DE LA MERITOCRACIA.

Otra de las falacias más utilizadas por el capitalismo en nuestro país es el del EMPRENDIMIENTO. Llevamos años sufriendo campañas continuas y cansinas que tratan de convencer que todos debemos ser emprendedores. Debemos tener iniciativa individual, crear nuestra propia empresa, ascender en la escala social, ser ricos… a cualquier precio. Así se lanzan slogans como “La crisis es el mejor momento para emprender”; “Si no encuentras empleo, conviértete en emprendedor”; “Capitaliza el desempleo y conviértete en emprendedor de éxito”. Todas estas tonterías llevan tiempo escuchándose con insistencia, sin ningún tipo de pudor o vergüenza.

Tertulianos, medios, políticos, empresas, etc., todos estos emisarios del corrupto sistema son verdaderos terroristas de la palabra. No es que sean ignorantes, sino que manipulan el mito del emprendimiento, de forma consciente y desde la indecencia de quien se sabe impostor.

Trasfondo oculto del emprendimiento.

 La campaña capitalista ensalzando el emprendimiento se da en un contexto que hace que la mayoría de las iniciativas fracasen en un corto plazo, las iniciativas se dan en un entorno que hace casi imposible el éxito. Pero por encima de todo, se trata de un sistema perverso que actúa contra la sociedad.

Veamos: Por un lado, ser emprendedor se refiere a ser empresario, lo que se presenta como bueno, en contraposición al trabajador. Se presenta al emprendedor-empresario como el éxito, aunque no se diga nunca en qué condiciones se lleva adelante la idea, ni quien gana y quien pierde. Como recoge un reciente artículo de GARA, el escritor Owen Jones relata que “el objetivo central del poder es acabar con la clase obrera como fuerza política y económica en la sociedad, reemplazándola por un conjunto de individuos emprendedores que compiten entre sí por su propio interés.”

Dentro de este objetivo de disolver los lazos entre ciudadanía política, responsabilidad ética y colectividad, el sistema pretende un arquetipo de emprendedor joven, triunfante e insolidario. Se pretende que los emprendedores sean consumistas, narcisistas y adictos a la adulación y el éxito individual. Se busca potenciar un emprendedor osado, competitivo y egoísta. Capaz de pasar por encima de todo y de todos, con el único interés de lograr su fin de triunfar. Rechaza la acción colectiva, y no le interesa en absoluto el bien común.

El poder, las empresas y los medios potencian este prototipo de sujeto individualista, capitalista feroz y ejemplo de la economía de mercado. Y por otro lado, debe ser una persona sumisa con el sistema no cuestionando ningún abuso  y buscando su hueco dentro. Para ello los emprendedores deben abandonar cualquier tipo de responsabilidad ética o social.

Pero en este contexto, ellos son también abandonados por el sistema. Lo que se vende es la idea de que los poderes no son responsables del más que probable fracaso del emprendimiento. Dentro de la acepción de ¡allá cada cual!, sólo existen las buenas y malas decisiones personales. Se pretende inculcar además, que la culpa del paro, la miseria y la destrucción de derechos es de los trabajadores, de los que fracasaron según la óptica capitalista. El sistema capitalista está libre de responsabilidades, si el emprendedor fracasa es que no valía, la culpabilidad es sólo suya. Así se exime de culpa al Estado neoliberal.

Como resultado,  el poder tiene un ejército de sumisos emprendedores que son la mejor defensa del orden establecido.

 

Razones del fracaso del emprendimiento.

La dura realidad económica.

 

Partamos de la base de que el 70% de los emprendedores fracasan y desaparecen al cabo de 2 años como máximo. Se da mucho el caso de personas que terminan aguantando hasta el plazo de 2 a 3 años, estando en la ruina, para al menos no tener que devolver la subvención que consumieron hace tiempo. Por el camino, se endeudaron más que cuando empezaron.

Estas personas ponen lo poco que tienen encima de la mesa para poder sobrevivir, muchos a los que no les llegan las exiguas subvenciones se empeñan en créditos en los que involucran a familiares. Así malviven siempre al borde de la ruina total y encima agradecidos por las migajas que les da el sistema, “porque tal y como están las cosas ya es mucho”. En el colmo de la ceguera social, asumen que quien les niega un trabajo digno es, para colmo, un estado generoso que premia a los emprendedores… hasta que fracasan.

Sin duda, muchos somos testigos de bares, tiendas, comercios, talleres, etc., que abren y cierran de manera constante. El camino de la ilusión del emprendedor, ejemplo de hombre y mujer triunfadores, termina en la mayoría de las veces en un amargo calvario. En efecto, cuando en la gran mayoría de los casos un emprendedor se hunde, no sólo pierde él, también aquellos que lo ayudaron con su dinero y esfuerzo. Pero eso, al Estado le trae sin cuidado y a los bancos no les importa nada, pues un emprendimiento fallido puede ser el comienzo de un buen desahucio.

Realmente resultan lamentables tantas personas ilusionadas con emprender, derrotados antes de empezar, engañados con pseudo éxitos de corta duración.

Además, en el terreno práctico tenemos una legislación tributaria rapaz que ahoga y se modifica cada 3 meses; unas escasas ayudas que se consumen rápidamente; unos impuestos que hacen que más del 50% de lo que se factura se vaya para Hacienda, asumiendo todos los gastos con el otro 50%. Igualmente siempre aparecen nuevas trabas legales y administrativas de todo tipo, así como nuevas obligaciones que suelen ocupar más de la mitad del tiempo del emprendedor o bien tiene que pagar caros profesionales externos.  Que se lo pregunten a tantos y tantos emprendedores que no han podido hacer frente al pago del alquiler del local en el que arriesgan todos sus ahorros, consumidos por un IVA del 21%, facturas de la luz abusivas, cuotas de autónomos carísimas, todo tipo de impuestos y tarifas que siempre se equivocan a favor de las empresas e instituciones.

Por otra parte la reglamentación del emprendimiento es pésima, hecha para desincentivar, carece de flexibilidad, no tiene en cuenta los ingresos del autónomo, y hace pagar lo mismo con beneficios o pérdidas, con lo que obliga muchas veces a entrar en la economía sumergida para sobrevivir.

 

Falta de preparación.

 

“Sé tu propio jefe”; “Cabalga sobre tus sueños”; “Sé el dueño de tu destino”, memeces como estas se coleccionan en los medios, ocultando una realidad desastrosa. Se presenta el triunfo en el emprendimiento como algo fácil. Sin embargo la acepción actual de emprendedor dista mucho de lo que debería ser.

Para empezar, la mayoría de los emprendedores no tienen vocación ni preparación para ello. Lo hacen obligados, porque creen que no tienen otra salida, no por vocación empresarial. ¿Qué cultura del emprendimiento es esta que sólo nace cuando los ciudadanos están asfixiados? Se empeñan en llamar emprendimiento a iniciativas que no reúnen los factores necesarios para esa denominación. Poner en marcha un negocio no es suficiente para decir que uno es emprendedor.

Y es que el emprendimiento ni siquiera define bien sus objetivos, se enseña mal y se trata de imponer a la fuerza. Ese concepto de emprender “porque no hay otra cosa”, “porque algo habrá que hacer”, construye proyectos sin más ambiciones que sobrevivir un tiempo.  La mayoría de los proyectos no se fundamentan en la realidad, por lo que acaban fracasando ante el desconocimiento de la verdadera demanda y ante la falta de preparación empresarial.

El falso mensaje de que hay infinidad de posibilidades para los emprendedores, mata el emprendimiento. Porque el emprendimiento tal y como es no representa ninguna solución, ni con él se corregirá la crisis ni se creará empleo.

El actual sistema está caduco, y como no se buscan nuevas estrategias, el mundo del emprendimiento está condenado al fracaso.

Por todo ello,  la llamada “cultura del emprendimiento” ha acabado por no cuajar en este país. El ambiente desincentiva la actividad emprendedora, y eso porque el sistema favorece sólo a las grandes empresas y a los defraudadores, empresarios sin escrúpulos, tramposos, a los que sólo hacen negocios mediante apaños, cambalaches, sobornos, corruptelas e intercambio de favores con el poder político. El sistema catapulta a personajes muy bien relacionados con el poder, que reciben el nombre de empresarios… sin serlo realmente. Es imposible promover aquello en lo que no se cree, y nuestro país nunca ha tenido fe ni confianza en el emprendimiento.

 

A modo de conclusiones:

 

La crisis se llevó por delante muchas cosas, y la tímida recuperación se logra a base de destruir todo tipo de derechos laborales, obligar a empleos de miseria que no dejan salir de la pobreza y aumentar constantemente las bolsas de miseria y exclusión social. En este contexto, los políticos conciben la farsa del emprendimiento como un intento de engañar a la población, especialmente a la juventud, y ganar tiempo impulsando el balón en una huída hacia delante.

Así reina una auténtica demagogia desde las administraciones, incitando a emprender cuando saben que no hay condiciones ni mercado para ello. En momentos de crisis, con el consumo bajo mínimos, con la continuidad de destrucción de empleo, con empleos de miseria, el emprendimiento está condenado al fracaso, salvo excepciones.

No obstante, los políticos, tan vacíos de ideas eficaces, optan por evadir su responsabilidad empujando a todos a emprender. Resulta curioso que la mayoría de los políticos que animan tan irresponsablemente a emprender, no hayan emprendido en su vida, aparte de subir a codazos en sus partidos, enchufarse en empresas y corromperse hasta la médula. Por ejemplo, detrás de la farsa del emprendimiento se oculta un gran negocio de empresas, consultoras, gabinetes, etc., que supuestamente enseñan y orientan a los emprendedores. En la práctica la mayor parte de las ayudas oficiales acaban recayendo en manos de los mismos grupos empresariales de siempre, y gestionadas por la misma gente que lleva años y años controlando el cotarro.

En este marco los llamamientos públicos al emprendimiento no sólo resultan inútiles, sino contraproducentes. Y parecen una burla al darse dentro de un entorno que desincentiva y condena al fracaso y la ruina. Resulta irresponsable empujar hacia la trampa del emprendimiento a gentes no preparadas, con el sólo propósito de recortar desesperadamente las listas de parados, aunque sea temporalmente, y maquillar el fracaso de los gobiernos a la hora de ofrecer salidas laborales, así como de paso, sangrar a estas personas con trabas de todo tipo, escasas ayudas e impuestos confiscatorios y abusivos.

Lo que se pretende desde el poder, dado el fracaso económico y el desastre social, es mantener a la gente, sobre todo a los jóvenes, entretenida, ilusionada… y engañada. Se trata de ir ganando tiempo y para ello se incentiva la dependencia con el sistema, el individualismo más insolidario y que los emprendedores continúen deambulando sin mirada crítica y con actitud de sumisión hacia los que dominan.

AMETZAGAINAKO ZIRKULUA

(ALBERTO MARTINEZ LOPEZ)

 

 

*LAS ONGD ANTE SU PROPIO ESPEJO:Sus Fondos de Financiación.

Para entender el dilema del funcionamiento de las ONGD, y sin entrar en su idoneidad y su eficacia real, es necesario analizar uno de sus punto más débiles, desde siempre, el de la financiación y las entidades financiadoras.

 

LA FINANCIACIÓN PÚBLICA.

 

Entre las características de las ONGD se señala su condición de “sin ánimo de lucro”, es decir se trata de organizaciones que no reparten benefícios a fin de año. Pero las ONGD funcionan como empresas y tienen gastos y salarios, ¿hasta qué punto se pueden considerar como “sin ánimo de lucro” cuando matienen sus sedes, sus actividades y pagan sus salarios? Además, el choque con la realidad se produce cuando se sabe que la casi totalidad de estas organizaciones dependen casi totalmente del dinero público. Según los datos de la Coordinadora Estatal de ONGD, en los casos de las grandes organizaciones se obtiene una media del 42% de los fondos de la esfera privada, pero estamos hablando de una docena de organizaciones. Pero en el caso de las pequeñas y medianas ONGD la dependencia suele oscilar entre el 80 al 90% de los fondos públicos.  Ello se traduce en una gran competitividad ante la Administración, con cada ONGD defendiendo su postura y, en algunos casos, llegando a desmerecer los méritos de las competidoras. Hay mucho “tiburón” en el mercado de la ayuda con una competencia feroz y muchas veces desleal  por los fondos públicos especialmente.

En cuanto a la característica de “no gubernamentales, independietes y autónomas” hay también mucho que discutir. En primer lugar ¿cómo se pueden considerar independientes, dependiendo de un modo paralizante del dinero público? En la práctica los financiadores (tanto públicos como privados) condicionan sus ayudas a determinadas actuaciones que no solamente se limitan a garantizar resultados, sino que penetran en la estructura de los proyectos y en la forma de llevarlos a cabo, imposibilitando una real autonomía. Estas exigencias sobre todo de las administraciones y el excesivo “culto al proyecto”, como casi única fuente de financiación, hace que las ONGD se centren en definitiva en la consecución de los fondos. Para ello y a ello sacrifican todo lo demás, su casi único objetivo es buscar fondos para los proyectos que sean. Así y dentro de esta lógica perversa, el objetivo de una ONGD puede ser la Ayuda a los Refugiados y pasar rápidamente a Género o a Soberanía Alimentaria sin ningún rubor, tocando todos los palos, sólo porque resulta que las estrategias gubernamentales de cooperación han variado.

En esta línea, lo primero que desaparece o se posterga “sine die” son la “misión”, los “valores”, los “ideales”, la “denuncia”. Se sabe que las ONGD que no renuncian a la crítica y a la denuncia, no reciben subvenciones, son desterradas de cualquier ayuda pública. Así que casi todas las ONGD se alejan del discurso de la acción política, de la denuncia, de la intención de transformar la realidad, y se limitan a aliviar los problemas que otros (el sistema capitalista que las financia) han creado, sin dar un paso adelante para cambiarlos.

Finalmente, esta situación se ha visto muy agravada en la actualidad. Desde aproximadamente el 2008 en todo el estado los fondos para la cooperación internacional han ido disminuyendo de forma drástica, hasta llegar a la situación actual de colapso. El Estado Español ya ha reducido un 73,5% la ayuda al desarrollo (según sus propias fuentes), siendo que el país figura en el puesto 26 de los 28 países donantes. El estado, sencillamente ha abandonado la cooperación internacional, a la que ha hundido. En cuanto a los ámbitos autonómicos y locales, después de una media de entre el 70 al 80% de recortes, se asiste a una leve recuperación de entre el 11 al 18%, según comunidades. No obstante subsiste el hecho del hundimiento de la cooperación, la desaparición de un buen número de ONGD, el despido de la mayoría del personal contratado, y el abandono de proyectos y países.

En este cuadro, las ONGD que lo pueden hacer (las menores o desaparecen o vegetan) están redoblando sus esfuerzos para conseguir fondo privados.

 

FINANCIACIÓN PRIVADA.

Tras años de recortes que han conducido al colapso de los fondos públicos para la cooperación, se redobla por parte de las ONGD la búsqueda de fondos privados, sean personas físicas (socios, donantes, etc), bancos o empresas.

En este contexto de la captación de fondos privados, hay que partir de la base de las debilidades de muchas ONGD en este sector. Por ejemplo, la identidad colectiva de estas organizaciones se encuentra muy difuminada, con una gran carencia de signos externos. Ello se debe, entre otros factores, a la primacía de los intereses particulares de cada ONGD sobre la idea de un frente común.

Pero partiendo de estas debilidades de entrada, subsiste el hecho de que cada organización aspira a quedarse con una buena parte de los recursos, en detrimento de las demás. Para ello, hay que conocer algunos datos como los siguientes que facilita la Coordinadora de ONGD,s de España:

 

  • En el Estado Español, el 66% de las personas están dispuestas a donar dinero, aunque de forma esporádica y sujeta a impulsos, los conocidos como “espasmos solidarios”. La media de la Unión Europea no pasa del 45%.
  • El 45% estaría dispuesta a aportar algo más que dinero, como tiempo, trabajo, etc.
  • El 18% estaría dispuesta a más y a adquirir un cierto compromiso.

 

Curiosamente, parece ser que ante estos datos la mayoría de las ONGD,s prefiere centrarse en la captación de fondos, muy por encima de la entrada de personal que desea un cierto compromiso. Es decir, interesa sobre todo, socios que paguen.

Y en esta parcela, no existe una competencia más brutal que la que hay entre las ONGD. En esta lucha por la captación de fondos y socios, se pisan el terreno unas a otras, empleando todo tipo de artimañas para ello. En ocasiones se llega a incumplir el propio Código Ético y de utilización de imágenes y mensajes. Como ejemplo de esta pugna, se llega a gastar más recursos y esfuerzos en este espacio que en los programas de sensibilización y denuncia.

¿QUÉ ES LO QUE SE VENDE?

 

Desarrollando en detalle lo enunciado, tenemos estos tres tipos de debate:

I.- ¿ Por qué le llaman Amor cuando quieren decir Sexo?

II.- ¿ Debemos hacer “cómoda” la solidaridad?

III.- ¿ Qué imágenes y emociones se venden?

 – I –

A lo largo de esta lucha por sobrevivir, muchas ONGD han llegado a perder su “virginidad”, ya no les preocupa la “bondad” contenida en su “misión”, llegando a obviar su propio ideario. En definitiva se trata de “vender”, y los sentimientos también están en el mercado. El consumidor de solidaridad busca a cambio de su aportación un algo más que antes no tenía, sea tranquilidad de conciencia, orgullo, etc. Las ONGD les ofrecen eso, además de una solución a sus problemas de conciencia.

Este llamado marketing con causa, no educa para el desarrollo y la solidaridad, porque supone, por ejemplo, la llamada “solidaridad del ratón”, es decir, el consumidor se queda en su sillón y con un mero click de ratón, con un simple ir a la compra, crea estar contribuyendo a un mundo mejor. No se intenta que el ciudadano se pregunte las causas sino que solo pretende actuaciones. En este sentido el marketing de las ONGD sería lo contrario al consumo consciente.

– II –

Así, se opta decididamente por incidir en aspectos como las campañas de apadrinamiento, que para un sector creciente de personas comprometidas con la solidaridad, se trata de la herramienta de captación de fondos menos comprometida y también la más alienante. Se trata de explotar los difusos sentimientos de culpabilidad de una parte de la sociedad, ofreciendo en contrapartida una cierta tranquilidad de conciencia y una comodidad a la hora de aportar su parte de solidaridad, que no debe requerir de esfuerzos ni implicación.

En este marco no se suele dudar en llegar a aberraciones como las famosas “tómbolas de la caridad” o los “telemaratones”, en el colmo de la banalización de la solidaridad.

También resulta dudosas éticamente hablando, las campañas para el uso de determinadas tarjetas de crédito, o la propaganda hacia determinados productos comerciales, a cambio de un porcentaje de los lucros.

El mensaje subyacente en estas campañas es el de: “Si tú compras más, yo dono más”, lo que supone la pervivencia del modelo que se dice combatir. Este  “marketing con causa” contribuye a hacer perdurar un modelo de desarrollo puramente asistencial, en contradicción a lo que públicamente defienden las ONGD. Igualmente se contribuye a un modelo de desarrollo no sostenible y a una dependencia del consumo.

     -III-

Otra herramienta, son los famosos viajes turístico-misionales de cooperación. Es decir viajes para conocer sobre el terreno las realizaciones de las ONGD. En este marco, la organización apela al mundo de los sentimientos, las emociones y la empatía, vendiéndolos como un producto.

Ello se debe al hecho de que en la actualidad, lo que parece  importar es la “MARCA”, el logotipo de la ONGD, no el producto, el trabajo bien hecho o el mensaje de valores. Así, en la proyección de la MARCA, se trata de conquistar espacios en la mente del consumidor de solidaridad y defender ese territorio contra el resto de las ONGD. Se trata de defender cada MARCA que nos diferencia de las demás organizaciones, para que nos prefieran. Se lucha por ser el primero en su categoría, y si no se puede, se inventa otra categoría donde poder serlo.

 

Igualmente, una ONGD debe gestionar Recursos y Emociones. Para ello hay que vender emociones y sentimientos. Es importante presentar y vender la carga emocional del trabajo de la ONGD, convertirla en algo deseable. En definitiva, se trata de identificar la Identidad Emocional con la Identidad Coorporativa.

 

Todo ello redunda en la mala práctica de centrarse en paliar las consecuencias del actual sistema globalizador, en vez de combatir contra ese mismo sistema. Ello se traduce en una lucha superficial e inoperante a la larga.

 

ALBERTO MARTINEZ LOPEZ

JUANTXO DOMINGUEZ

(Activistas de AMETZAGAINAKO ZIRKULUA)

NOTA;

Hablamos en propiedad por nuestra dilatada experiencia en el campo de la cooperación al desarrollo.

Desde los años 80,hemos visto,oido y comprobado-insitu-mucho de lo que confirmamos en el presente articulo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FASCISMO, RACISMO Y GENOCIDIO COMO PARTE INTEGRANTE DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES.

En casi todo el mundo el neoliberalismo impone sus normas aunque cada vez con más rebeldía a sus dictados. Pero se sigue proclamando el poder del capital y del llamado libre mercado. Tras estos conceptos se esconde un sistema oligopólico, dotado de formas de planificaciones extensas y poderosas. La actual forma de sociedad democrática permite un elevado grado de explotación de la fuerza de trabajo y es capaz de poner en acción mecanismos de vigilancia y control muy sofisticados.

Sin embargo, el neoliberalismo siempre ha tratado de envolver el abuso y explotación del capitalismo en un halo de democracia. En este contexto siempre ha dicho que, en el pasado, los regímenes francamente totalitarios, o no serían capitalistas, en el caso soviético, o, en el caso de los fascismos, impedían el normal funcionamiento de los mecanismos económicos por su sed de poder.

Pero, en lo que respecta a los regímenes de tipo soviético, mantuvieron y reforzaron las relaciones de trabajo capitalistas y el sistema de organización de empresas. La Unión Soviética y los países de su esfera de influencia demostraron en la práctica la posibilidad de conjugar diferentes sistemas de propiedad en el interior del capitalismo.

Fascismos y Nazismo nacidos de las democracias.

En cuanto a los fascismos se integraron plenamente en la lógica capitalista, y la organización corporativa de los sectores de actividad económica nunca fue contradictoria con el viejo liberalismo. Fueron las democracias las que levantaron toda suerte de mecanismos de represión y control de las clases trabajadoras, en efecto, muchos países y durante mucho tiempo prohibieron la asociación de los trabajadores y todo tipo de reclamaciones, las brutales represiones de las protestas fueron una constante en las democracias. Este tipo de organización social, fruto directo del capitalismo democrático, fueron sistematizados por los fascismos y llevados a sus últimas consecuencias.

El llevar dentro de sí las semillas fascistas, hizo y en cierta medida hace que las llamadas democracias occidentales nunca han sido ni son capaces de enfrentar eficazmente al fascismo antes de que se haga necesaria una guerra. Occidente después de la segunda guerra mundial intentó ocultar sus huellas. Los mecanismos de censura, tanto los oficiales como los ocultos, impidieron o dificultaron en los últimos cuarenta o cincuenta años la difusión de las teorías políticas y económicas de fascismos y nazismos, disfrazando este control como una medida progresista. Las democracias derrotaron los fascismos (no todos ellos) militarmente, pero fueron y continúan siendo incapaces de desmontarlos o destruirlos simbólicamente. Por eso el fascismo sigue existiendo y últimamente con más fuerza en Occidente, diluyéndose en la vida cotidiana en sus formas más amables o soterradas, o bien apareciendo más escandalosamente en las elecciones o en las manifestaciones de violencia contra grupos objeto de su ira. Lamentablemente la idea preeminente, sobre todo en Europa, ha sido y es el encontrar una forma de “convivir” con el fascismo, ya que el hacerle frente de forma total y decidida supondría plantarle cara al fascismo existente en el mismo seno de las democracias.

En efecto las democracias siempre han actuado por un lado para mantener a los pueblos en la indiferencia política, exacerbando los sentimientos más egoístas y estimulando la insolidaridad social. Han rodeado al sistema de una maraña ininteligible de leyes de todo tipo que siempre protegen a los poderosos. El pueblo es apartado de las decisiones haciendo opaco al sistema con sus legiones de tecnócratas. Como se suele decir, y salvando las diferencias existentes, el sistema capitalista de la democracia representativa, ha secuestrado la verdadera democracia y la encierra en los respectivos Parlamentos.

Por último, tenemos la “gran fiesta de la democracia”. Es cierto que en muchas sociedades se eligen listas abiertas, y en otras listas cerradas, pero en ambos casos el control ciudadano del poder político es nulo en muchos casos y harto limitado en otros. Las nociones de soberanía popular y de representatividad de los elegidos se han manipulado constantemente. Según muchas corrientes de opinión, el poder, o se tiene, o no se tiene, y delegarlo es perderlo. En las democracias capitalistas, el sufragio sólo es, en realidad, un ritual del fraude en el que, apenas se le dice a la población que ella es la depositaria del poder soberano, cuando públicamente tiene que renunciar a ese poder entregándolo en el voto. Y gracias a una especie de magia de la que sólo los políticos parecen poseer el secreto, ese poder, como un espíritu desencarnado, vuela hasta los elegidos. De este modo, el poder que la clase dirigente siempre poseyó es presentado como si procediese de una población que jamás lo tuvo. Por eso, la concepción fascista del jefe supremo como emanación de la voluntad colectiva de las masas, es muy parecida a la concepción de las democracias para las cuales el poder de los elegidos devendría de una delegación popular mediante el sufragio universal. Además, para que el poder pueda residir sólo en uno de los lados, sea un líder único o un Parlamento siempre domesticado, el otro lado, el pueblo o las masas, tiene que mantener a sus individuos recíprocamente aislados. En los fascismos, las masas sólo tienen razón de ser por la relación de cada uno de sus miembros con el líder. En las democracias capitalistas la universalidad del voto es precisamente la forma que mejor consigue la atomización de la población en el aislamiento individual. En efecto, para votar, las personas son apartadas de sus relaciones sociales, y el acto sólo será válido si refleja la reducción de cada individuo a las fronteras de su propia individualidad.

Así que, es dentro de los sistemas democráticos actuales, donde se generan las posturas fascistas y nazistas, son hijas del mismo sistema de acumulación, exclusión, poder y control.

 

Racismo y Genocidios de las Democracias.

 

Bastante antes de que los nazis, presentados como ejemplo de los genocidas, alcanzasen el poder, las democracias ya habían creado, desarrollado y aplicado un programa racista y genocida a nivel mundial. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que además realizaba una actividad selectiva de manera a orientar la evolución biológica. Se crearon una serie de teorías de superioridad racial, únicamente para aportar un basamento teórico-científico al más desenfrenado expolio y represión en los países del Sur.

En la segunda mitad del siglo XIX, se generalizó en los países europeos una versión en la que el racismo ya no era sólo cosa de pueblos atrasados, sino que también se refería a los habitantes de esos pueblos como atrasados e inferiores biológicamente hablando. Y el sustrato de esta teorización del racismo, intencionadamente o no, fue la obra de Darwin. Cuando este autor publicó el conocido “Viaje del Beagle”, queda patente en ella su desprecio por los pueblos “no civilizados”, pero explica la situación de ellos en términos estrictamente sociales. Sin embargo, cuando en 1874 Darwin publica la segunda edición ampliada, la perspectiva cambia radicalmente. La idea predominante se basa ahora en la inferioridad biológica de los pueblos que viven sin propiedades, y casi sin Estado. En ese mundo, cuando Darwin habla de las “jerarquías de raza” coloca a los Blancos como lo seres superiores. Los demás son inferiores en sus capacidades cerebrales. Y no sólo eso, Darwin también considera que es muy escasa la distancia que separa a los simios de muchos hombres de las razas inferiores, y por debajo de esos hombres subdesarrollados, todavía están sus mujeres.

Estas pseudo teorías darwinianas fueron aprovechadas por las potencias colonizadoras para dar sustrato teórico a sus genocidios y rapiñas. Cuando se asientan las guerras de conquista de los pueblos colonizados se acompaña, en la conciencia democrática europea, por la convicción de la inferioridad biológica de esos pueblos, sobre todo de los negros. Estas concepciones racistas se juzgaban necesarias para que los europeos justificaran la destrucción de las culturas no europeas, de sus modos de producción no capitalistas, el exterminio de muchos pueblos y el sometimiento, degradación y dependencia de los supervivientes.

Y en este contexto, se tornó fundamental el papel de organizaciones. A ejemplo del papel destructor de la Iglesia en América Latina, las “Sociedades de Geografía”, que proliferan a partir de la segunda mitad del siglo XIX, constituyeron la infraestructura pseudocientífica del nuevo tipo de colonialismo. Gracias a las expediciones (de científicos y misioneros), las campañas militares podían ser más devastadoras y se redoblaba la eficacia de la ocupación y explotación territorial. Al mismo tiempo la estrategia de rapiña y genocidio era justificada mediante la divulgación de las teorías racistas. En poco tiempo, y gracias a las Sociedades Geográficas, este conjunto de orientaciones se integró en una nueva disciplina académica, la “Geografía Política”, después denominada “Geopolítica”. La Geopolítica tanto en Europa como en Estados Unidos justificaba el colonialismo más brutal en la superioridad blanca en civilización, técnica y biología. Esta disciplina académica contribuiría más adelante a la formación del pensamiento de Hitler. Las enseñanzas del general y geógrafo Karl Haushofer formaron a gente como Rudolf Hess que influyó enormemente en Hitler.

Otra disciplina alimentadora de las teorías racistas de superioridad racial fue la “Eugenia” desarrollada en los regímenes democráticos, que participó decisivamente en la formación de los cuadros ideológicos del nazismo. Directo continuador de la obra de Darwin, su primo Francis Galton, fundador de la Eugenia, desarrolló el racismo en dos aspectos de gran importancia. Por un lado, consideró que en los pueblos, en todos los pueblos, también en los blancos, las élites de las clases dominantes serían seres superiores, social, física y mentalmente, y sus descendientes heredarían esas cualidades. Así la Eugenia justificaba el dominio de unos pueblos sobre otros y, en el interior de cada sociedad, el de una clase sobre las demás. Y no sólo eso, sino que se alentaba a los poderes a intervenir directamente en la evolución humana, por ejemplo mediante el condicionamiento de las uniones matrimoniales, la eliminación de taras, etc. La futura política racial nazi quedaba así trazada en sus líneas fundamentales. Fueron las democracias las que formularon un verdadero programa de genocidio social y racial, llevándolo a cabo de forma extensa en los países colonizados.

Basadas en las teorías de Darwin y Galton, las “Sociedades de Eugenia” proliferaron en los medios universitarios de las democracias europeas y norteamericanas, profundizando todavía más en el mensaje racista. Y ese racismo recibió su consagración oficial en el Derecho Internacional de las democracias, por ejemplo, cuando la Sociedad de Naciones (antecesora de las Naciones Unidas), fundada en 1919, se negó a introducir en sus estatutos una cláusula de igualdad racial, propuesta por Japón y China.

Por su parte, en Estados Unidos los eugenistas actuaron muy pronto contra la inmigración. Lograron que se aprobara en 1924 la “National Origins Quota Law” que fijaba los orígenes nacionales y raciales de las levas de inmigrantes con los criterios de orientar la composición étnica de la población norteamericana. Al mismo tiempo las Sociedades de Eugenia norteamericanas consiguieron campañas para la esterilización de varias categorías de enfermos mentales y de personas consideradas criminales o moralmente pervertidas. En la década de los años 30, Estados Unidos y algunas de las principales democracias europeas promulgaron leyes en este sentido.

 

Reflexiones finales.

 

Por todo ello, es preciso volver a insistir en varios hechos. Mucho antes de la eclosión de los diversos regímenes fascistas y nazistas, en el seno de las democracias occidentales ya se crearon y difundieron los gérmenes y programas de los totalitarismos, racismos y genocidios.

Como antecedentes de los totalitarismos, las democracias ya instauraron la supremacía de las élites de los poderosos, la represión sistemática de las luchas sociales, la inclusión de los enemigos del sistema como elementos inferiores a los cuales se les podía eliminar, degradar y excluir.

En el campo del racismo, las democracias crearon desde muy pronto un extenso y complejo programa racista. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que también, mediante normas legales, llevaba a cabo actuaciones para orientar la evolución biológica. El racismo nazi se distinguió del racismo democrático sólo desde el punto de vista administrativo, ya que era dentro de un marco altamente centralizado donde pretendía producir la “raza superior”, mientras que las democracias, articulando varios centros de poder, se proponía llegar al mismo objetivo por otros métodos. Y en cuanto a la ideología racista y sus objetivos, los proyectos de Hitler se enmarcaban legítimamente en el marco de la geopolítica y de la eugenia, contando por tanto con las más puras credenciales democráticas.

Por último y en cuanto a las formas atroces que ejercieron los nazis a la hora de aplicar sus programas racistas y el alcance de sus actos genocidas, quedaron muy por debajo en horror y alcance genocida de lo ejercido por las democracias en todos los pueblos colonizados por ellas. Es bien conocido el horror de los campos nazis de exterminio, pero las democracias cubren -todavía hoy- con un espeso velo sus propios genocidios, muy superiores en número y alcance. Ocultan la transformación de grandes territorios colonizados en puros campos de concentración, con la esclavización de millones de personas y el exterminio también de millones.  Si en la actualidad el sistema capitalista no puede sobrevivir sin la explotación y el robo a una mayoría de pueblos, entonces tampoco podía existir sin la explotación colonial. Y esta explotación era impuesta con una serie de atrocidades sistemáticas y un terrorismo de Estado. Democracia y terror colonial eran dos caras de una misma moneda. Sólo el empleo intensivo de variadas formas de crueldad, tanto los genocidios como la permanente humillación social, podían convertir, en el espacio de una generación, a poblaciones seguras de sí mismas, en una masa sumisa. En efecto, para asegurar la explotación colonial era indispensable desestructurar los sistemas sociales existentes en los países colonizados. Y esta tarea no se encomendó a la libre iniciativa de los colonos, sino que fue planificada y dirigida por los Estados y las Iglesias, la cruz y la espada. Se trataba, entre otras cosas, dejar a esos pueblos sin capacidad de comprender su presente, para poder robarles su presente y su futuro. Había que dejarlos desprovistos de su pasado y para ello los universitarios de las democracias negaron la dignidad de la Historia a todas las historias que no hubiesen conducido a la civilización europea.

Es casi imposible establecer un catálogo con los genocidios y crueldades de todo tipo que llevaron a cabo las democracias. Desde luego mataron bastante más personas que todas las víctimas del nazismo. Y practicaron todo tipo de crueldades en escala casi infinita.

Las democracias llevaron a la práctica uno de los programas racistas de explotación y exterminio más extensos y crueles de la historia. Lo que no se perdona al nazismo es que sus víctimas fuesen blancas.

IPAR HAIZEA TALDEA