Euskadi, elecciones y lecciones de El Gatopardo

  “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” (El Gatopardo)

Los sondeos electorales predicen el futuro con el sigilo y las reservas propias de una pitonisa, de tal modo que incluso si se equivocan parece que aciertan. Ha ocurrido en las elecciones del 12 de julio en el País Vasco. En las condiciones sanitarias actuales el índice de participación tenía que bajar, pero incluso con el precedente francés nadie pronosticó una caída cercana al 50% del censo electoral. La gente de los barrios marginales de Bilbao, que no ha votado, tenía motivos para sentirse más desprotegida que el resto. Antes de proclamarse los resultados definitivos, se declara la obligatoriedad de circular por la calle con mascarilla. Urgía anticipar las elecciones para mantener el statu quo político, sin que influyese un probable rebrote de la pandemia, ni la agudización de la crisis socioeconómica venidera. Como consecuencia de la precipitación, el Parlamento Vasco tendrá un alarmante déficit de legitimación democrática.

Es cierto que el PNV ha obtenido excelentes resultados, pero EH Bildu los supera sin que estuviese previsto un ascenso tan destacado. El PSE ha alcanzado la tercera posición, no por méritos propios, gracias al descenso de Elkarrekin Podemos-IU, que se convierte en la fuerza política más damnificada, con mayor descalabro que el vaticinado para el PP+Cs. Al renovarse la coalición PNV-PSE, el Gobierno Vasco tendrá una cómoda mayoría parlamentaria. Tras el recuento definitivo de votos, resulta que ni siquiera en teoría cabía la opción del tripartito proclamado por Elkarrekin Podemos-IU. Sin esperar a la extrema derecha en la cámara vasca, Vox logra su escaño de fogueo. El candidato de Equo supo que no tenía posibilidades de salir elegido cuando desde el Gobierno Vasco se recomendó acudir a las urnas con el sobre preparado. Ocurrió como con Podemos Euskadi en las elecciones generales del 2016, al no buzonear las papeletas del senado le regalaron tres escaños al PNV.

Para que unos partidos ganen, otros tienen que perder. Regocijo y decepción a partes iguales. Varía la correlación de fuerzas en el Parlamento y dentro de las propias organizaciones. Restablecido el equilibrio, la diferencia es cero. Lo realmente novedoso, lo esencial del nuevo acontecer político, vendrá determinado por el peso, o si se prefiere el rodillo, de la mayoría absoluta del tándem PNV-PSE. Por eso, a pesar de tantos cambios, como en El Gatopardo, todo seguirá igual. Nada alterará la agenda institucional, salvo que se dé una situación de emergencia todavía más aguda, le interese al PNV renegociar la reforma estatutaria o intervenga la presión ciudadana en la calle, que no funciona ni se contabiliza como los votos.

En pocos días se han hecho diversos balances cuantitativos sobre los resultados del 12-J, quedan pendientes los análisis cualitativos. La formación del gobierno de coalición es una cuestión de fechas, más que de contenido. El porvenir del PP es incierto y no afectará a la política vasca. Lo tiene difícil para recuperar el voto del conservadurismo vasquista refugiado en el PNV. Ciudadanos y Vox serán convidados de piedra. Lo que más interesa conocer es el devenir de la oposición de izquierdas. EH Bildu y Elkarrekin Podemos-IU, aunque se ubican en campos ideológicos distintos, comparten aspiraciones sociales y criterios económicos, siendo referentes electorales del sector más joven y progresista. Mientras unos buscarán rentabilizar su triunfo, los otros procurarán recuperarse de la derrota.

EH Bildu, segunda fuerza parlamentaria, ocupará mucho espacio en el hemiciclo, su voz sonará potente en la cámara vasca, pero no podrá bloquear los presupuestos ni vetar los proyectos del Gobierno. Ante la imposibilidad de influir en los asuntos ordinarios, puede que opte por hacer oposición impulsando su programa soberanista, con el fin de crearle contradicciones al PNV. La representación del nacionalismo vasco moderado y radical alcanza el 71%. Es muy superior a la del nacionalismo catalán. Ese dato puede despertar la tentación de iniciar un procés unilateral, pese a ser un valor estadístico, no una constante sociológica. No ha ido a votar casi la mitad de la población, el sector menos sensibilizado, sin motivos ni intereses para identificarse con aspiraciones identitarias, que con frecuencia reside en barrios depauperados. Además, el PNV no asumiría ese reto que recuerda demasiado al “Pacto de Lizarra”.

EH Bildu se ha podemizado, pero no es probable que se disponga a “asaltar los cielos”, seguirá con su actual transformación, evitando caer en los errores ajenos. Ha tenido ocasión de utilizar la consigna del tripartito de izquierdas y no lo ha hecho. Puede que no considere llegada su hora. Saben que todavía no se dan las condiciones para impulsar una iniciativa de ese calado. Antes tienen que aparecer indicios de que el poder del PNV se acerca al final. Hasta el PRI cayó en México. La imagen de una gestión eficiente se labra ocultando errores. En algún momento se desvanecerá ese espejismo en el idílico oasis vasco. Todo apunta a que EH Bildu proseguirá su metamorfosis hasta convertirse en mariposa.

Tras el adiós a las armas y el cambio de fisonomía, EH Bildu renueva hasta la terminología. El pueblo trabajador vasco es historia, ahora toca resolver los problemas de la gente. Entretanto cabe ampliar la coalición que apadrina Sortu. Personajes con marcada trayectoria política, como Gemma Zabaleta, Javier Madrazo o Daniel Arranz, están llamando a esa puerta desde la prensa: “es más necesaria que nunca una izquierda vasca, de frente amplio, liderada desde EH Bildu”. La Izquierda Abertzale siempre ha deslumbrado a la izquierda radical de ámbito estatal. Podemos Euskadi marcó distancias en sus orígenes, era una de sus señas de identidad, veremos si en las horas bajas sigue navegando con rumbo propio, evitando cantos de sirena.

Lo que no se logra en el Parlamento se puede intentar conseguir en la calle. EH Bildu jugará esa baza, movilizando a los colectivos de la Carta de los Derechos Sociales de Euskal Herria y contando con el respaldo de los sindicatos ELA y LAB. Puede que sus primeras iniciativas consistan en trasladar desde la tabla reivindicativa del movimiento de pensionistas la revisión de la titularidad y gestión de las residencias geriátricas, junto con la pensión mínima de 1.080 euros, que ya figuraba en su programa electoral. Todo ello encuadrado en el contexto del derecho a decidir, interpretado como aspiración soberanista.

 En Elkarrekin Podemos-IU, la diferencia numérica entre el anterior grupo parlamentario de 11 miembros y el actual de 6 puede quedar compensada con una actividad más eficiente. La clave está en la imagen de la portavocía, que con toda probabilidad ganará en carisma y elocuencia. Teniendo escasa posibilidad de influir en las votaciones, dado que el Parlamento estará regido por una mayoría absoluta, su opción es utilizar la tribuna para abrir un espacio político propio, marcando distancias respecto al resto de los grupos, en particular con EH Bildu y PSE-EE, los más afines y competidores próximos.

La acción parlamentaria no constituye la tarea prioritaria de Elkarrekin Podemos-IU. Lo más urgente y determinante es dotarse de una estructura organizativa operativa y con suficiente implantación territorial, equivalente a la de cualquier partido político. El problema que más apremia a Podemos, en Euskadi y en el conjunto del Estado, es la debilidad de los círculos. Sin una red organizativa sólida seguirá siendo un movimiento desestructurado. Aunque resulte una frase ingeniosa, no se puede “correr y atarse los cordones a la vez”.

Un partido necesita una estructura similar a la de cualquier otra organización, sea política, sindical, empresarial, cultural o religiosa. El partido de los círculos está en cuadro. Tras conocer los resultados de las elecciones gallegas y vascas, JC Monedero lo expresó así: “sigue sin dedicar el grueso de sus energías a lo que debe”, que es “construir partido”. El exdiputado de Podemos Manolo Monereo es contundente y explícito cuando advierte que el proyecto está en crisis e incluso percibe una tendencia a la decadencia del ideario político.

No se trata sólo de la cantidad, importa más la calidad de la militancia. En ese sentido hay una diferencia apreciable entre Podemos e Izquierda Unida. No basta con manejar argumentarios, son claves el arraigo social y la formación, la adquisición de ideario e ideología. Sin esas bases no puede haber debate sereno con crítica y autocrítica, los principios se tambalean, falla la estabilidad interna, estallan las crisis, se pierde credibilidad, la gente inscrita deja de participar en las consultas, disminuye el apoyo social. Al final de esa cadena está el fracaso en las urnas.

También ocurre que los poderes mediáticos que añoran la vuelta al bipartidismo, en concreto los grupos Prisa y Vocento (sin necesidad de citar prensa amarilla), se empeñan en magnificar la crisis interna de Podemos, dando voz a quienes contribuyeron a provocarla, abandonando sus compromisos en las circunstancias más desfavorables para el partido. Titular de El País: “Podemos se desangra en los territorios”. Titular de El Correo: “Iglesias elude cualquier responsabilidad por la debacle en Galicia y País Vasco”.

Zanjados los conflictos que bloqueaban el funcionamiento orgánico, poniendo en entredicho el proyecto político, ahora sin oposición interna se corre el riesgo de perder el sentido de la realidad, cayendo en la autocomplacencia. Elkarrekin Podemos-IU necesita una estructura orgánica sólida, cauces de participación efectivos, afianzar los liderazgos internos. También necesita participar en los movimientos sociales, no para controlarlos, como hace EH Bildu, sino para integrarse en la sociedad a través de ellos. De otra forma no habrá remontada electoral.

La formación práctica empieza por saber diferenciar la táctica a corto plazo de una estrategia de mayor alcance. La alternativa a la hegemonía peneuvista es un gobierno de izquierdas, pero convertir ese objetivo en consigna electoral, sin darse condiciones favorables para un cambio de ciclo inmediato, ni ser siquiera la fuerza más representativa de la oposición, además de desconcertar a la ciudadanía, supone perder protagonismo, ceder la iniciativa. Tampoco cabe pretender copiar el actual modelo del Gobierno central, fruto de la necesidad, más que de la voluntad de sus integrantes. Por ahí se han ido los votos a la abstención y a otros partidos.

Elkarrekin Podemos-IU tendrá que afrontar la travesía del desierto con humildad y tenacidad, ilusionando a la gente como los hizo en sus orígenes, con aquella utópica Euskal Hiria, fruto de la imaginación de Bernardo Atxaga, que significaba ofrecer a la ciudadanía una alternativa política basada en las necesidades reales de la sociedad vasca, partiendo de una visión de la realidad amable, dialogante y constructiva. Falta hará para afrontar los retos venideros.

Luis Alejos

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