*LAS ONGD ANTE SU PROPIO ESPEJO:Sus Fondos de Financiación.

Para entender el dilema del funcionamiento de las ONGD, y sin entrar en su idoneidad y su eficacia real, es necesario analizar uno de sus punto más débiles, desde siempre, el de la financiación y las entidades financiadoras.

 

LA FINANCIACIÓN PÚBLICA.

 

Entre las características de las ONGD se señala su condición de “sin ánimo de lucro”, es decir se trata de organizaciones que no reparten benefícios a fin de año. Pero las ONGD funcionan como empresas y tienen gastos y salarios, ¿hasta qué punto se pueden considerar como “sin ánimo de lucro” cuando matienen sus sedes, sus actividades y pagan sus salarios? Además, el choque con la realidad se produce cuando se sabe que la casi totalidad de estas organizaciones dependen casi totalmente del dinero público. Según los datos de la Coordinadora Estatal de ONGD, en los casos de las grandes organizaciones se obtiene una media del 42% de los fondos de la esfera privada, pero estamos hablando de una docena de organizaciones. Pero en el caso de las pequeñas y medianas ONGD la dependencia suele oscilar entre el 80 al 90% de los fondos públicos.  Ello se traduce en una gran competitividad ante la Administración, con cada ONGD defendiendo su postura y, en algunos casos, llegando a desmerecer los méritos de las competidoras. Hay mucho “tiburón” en el mercado de la ayuda con una competencia feroz y muchas veces desleal  por los fondos públicos especialmente.

En cuanto a la característica de “no gubernamentales, independietes y autónomas” hay también mucho que discutir. En primer lugar ¿cómo se pueden considerar independientes, dependiendo de un modo paralizante del dinero público? En la práctica los financiadores (tanto públicos como privados) condicionan sus ayudas a determinadas actuaciones que no solamente se limitan a garantizar resultados, sino que penetran en la estructura de los proyectos y en la forma de llevarlos a cabo, imposibilitando una real autonomía. Estas exigencias sobre todo de las administraciones y el excesivo “culto al proyecto”, como casi única fuente de financiación, hace que las ONGD se centren en definitiva en la consecución de los fondos. Para ello y a ello sacrifican todo lo demás, su casi único objetivo es buscar fondos para los proyectos que sean. Así y dentro de esta lógica perversa, el objetivo de una ONGD puede ser la Ayuda a los Refugiados y pasar rápidamente a Género o a Soberanía Alimentaria sin ningún rubor, tocando todos los palos, sólo porque resulta que las estrategias gubernamentales de cooperación han variado.

En esta línea, lo primero que desaparece o se posterga “sine die” son la “misión”, los “valores”, los “ideales”, la “denuncia”. Se sabe que las ONGD que no renuncian a la crítica y a la denuncia, no reciben subvenciones, son desterradas de cualquier ayuda pública. Así que casi todas las ONGD se alejan del discurso de la acción política, de la denuncia, de la intención de transformar la realidad, y se limitan a aliviar los problemas que otros (el sistema capitalista que las financia) han creado, sin dar un paso adelante para cambiarlos.

Finalmente, esta situación se ha visto muy agravada en la actualidad. Desde aproximadamente el 2008 en todo el estado los fondos para la cooperación internacional han ido disminuyendo de forma drástica, hasta llegar a la situación actual de colapso. El Estado Español ya ha reducido un 73,5% la ayuda al desarrollo (según sus propias fuentes), siendo que el país figura en el puesto 26 de los 28 países donantes. El estado, sencillamente ha abandonado la cooperación internacional, a la que ha hundido. En cuanto a los ámbitos autonómicos y locales, después de una media de entre el 70 al 80% de recortes, se asiste a una leve recuperación de entre el 11 al 18%, según comunidades. No obstante subsiste el hecho del hundimiento de la cooperación, la desaparición de un buen número de ONGD, el despido de la mayoría del personal contratado, y el abandono de proyectos y países.

En este cuadro, las ONGD que lo pueden hacer (las menores o desaparecen o vegetan) están redoblando sus esfuerzos para conseguir fondo privados.

 

FINANCIACIÓN PRIVADA.

Tras años de recortes que han conducido al colapso de los fondos públicos para la cooperación, se redobla por parte de las ONGD la búsqueda de fondos privados, sean personas físicas (socios, donantes, etc), bancos o empresas.

En este contexto de la captación de fondos privados, hay que partir de la base de las debilidades de muchas ONGD en este sector. Por ejemplo, la identidad colectiva de estas organizaciones se encuentra muy difuminada, con una gran carencia de signos externos. Ello se debe, entre otros factores, a la primacía de los intereses particulares de cada ONGD sobre la idea de un frente común.

Pero partiendo de estas debilidades de entrada, subsiste el hecho de que cada organización aspira a quedarse con una buena parte de los recursos, en detrimento de las demás. Para ello, hay que conocer algunos datos como los siguientes que facilita la Coordinadora de ONGD,s de España:

 

  • En el Estado Español, el 66% de las personas están dispuestas a donar dinero, aunque de forma esporádica y sujeta a impulsos, los conocidos como “espasmos solidarios”. La media de la Unión Europea no pasa del 45%.
  • El 45% estaría dispuesta a aportar algo más que dinero, como tiempo, trabajo, etc.
  • El 18% estaría dispuesta a más y a adquirir un cierto compromiso.

 

Curiosamente, parece ser que ante estos datos la mayoría de las ONGD,s prefiere centrarse en la captación de fondos, muy por encima de la entrada de personal que desea un cierto compromiso. Es decir, interesa sobre todo, socios que paguen.

Y en esta parcela, no existe una competencia más brutal que la que hay entre las ONGD. En esta lucha por la captación de fondos y socios, se pisan el terreno unas a otras, empleando todo tipo de artimañas para ello. En ocasiones se llega a incumplir el propio Código Ético y de utilización de imágenes y mensajes. Como ejemplo de esta pugna, se llega a gastar más recursos y esfuerzos en este espacio que en los programas de sensibilización y denuncia.

¿QUÉ ES LO QUE SE VENDE?

 

Desarrollando en detalle lo enunciado, tenemos estos tres tipos de debate:

I.- ¿ Por qué le llaman Amor cuando quieren decir Sexo?

II.- ¿ Debemos hacer “cómoda” la solidaridad?

III.- ¿ Qué imágenes y emociones se venden?

 – I –

A lo largo de esta lucha por sobrevivir, muchas ONGD han llegado a perder su “virginidad”, ya no les preocupa la “bondad” contenida en su “misión”, llegando a obviar su propio ideario. En definitiva se trata de “vender”, y los sentimientos también están en el mercado. El consumidor de solidaridad busca a cambio de su aportación un algo más que antes no tenía, sea tranquilidad de conciencia, orgullo, etc. Las ONGD les ofrecen eso, además de una solución a sus problemas de conciencia.

Este llamado marketing con causa, no educa para el desarrollo y la solidaridad, porque supone, por ejemplo, la llamada “solidaridad del ratón”, es decir, el consumidor se queda en su sillón y con un mero click de ratón, con un simple ir a la compra, crea estar contribuyendo a un mundo mejor. No se intenta que el ciudadano se pregunte las causas sino que solo pretende actuaciones. En este sentido el marketing de las ONGD sería lo contrario al consumo consciente.

– II –

Así, se opta decididamente por incidir en aspectos como las campañas de apadrinamiento, que para un sector creciente de personas comprometidas con la solidaridad, se trata de la herramienta de captación de fondos menos comprometida y también la más alienante. Se trata de explotar los difusos sentimientos de culpabilidad de una parte de la sociedad, ofreciendo en contrapartida una cierta tranquilidad de conciencia y una comodidad a la hora de aportar su parte de solidaridad, que no debe requerir de esfuerzos ni implicación.

En este marco no se suele dudar en llegar a aberraciones como las famosas “tómbolas de la caridad” o los “telemaratones”, en el colmo de la banalización de la solidaridad.

También resulta dudosas éticamente hablando, las campañas para el uso de determinadas tarjetas de crédito, o la propaganda hacia determinados productos comerciales, a cambio de un porcentaje de los lucros.

El mensaje subyacente en estas campañas es el de: “Si tú compras más, yo dono más”, lo que supone la pervivencia del modelo que se dice combatir. Este  “marketing con causa” contribuye a hacer perdurar un modelo de desarrollo puramente asistencial, en contradicción a lo que públicamente defienden las ONGD. Igualmente se contribuye a un modelo de desarrollo no sostenible y a una dependencia del consumo.

     -III-

Otra herramienta, son los famosos viajes turístico-misionales de cooperación. Es decir viajes para conocer sobre el terreno las realizaciones de las ONGD. En este marco, la organización apela al mundo de los sentimientos, las emociones y la empatía, vendiéndolos como un producto.

Ello se debe al hecho de que en la actualidad, lo que parece  importar es la “MARCA”, el logotipo de la ONGD, no el producto, el trabajo bien hecho o el mensaje de valores. Así, en la proyección de la MARCA, se trata de conquistar espacios en la mente del consumidor de solidaridad y defender ese territorio contra el resto de las ONGD. Se trata de defender cada MARCA que nos diferencia de las demás organizaciones, para que nos prefieran. Se lucha por ser el primero en su categoría, y si no se puede, se inventa otra categoría donde poder serlo.

 

Igualmente, una ONGD debe gestionar Recursos y Emociones. Para ello hay que vender emociones y sentimientos. Es importante presentar y vender la carga emocional del trabajo de la ONGD, convertirla en algo deseable. En definitiva, se trata de identificar la Identidad Emocional con la Identidad Coorporativa.

 

Todo ello redunda en la mala práctica de centrarse en paliar las consecuencias del actual sistema globalizador, en vez de combatir contra ese mismo sistema. Ello se traduce en una lucha superficial e inoperante a la larga.

 

ALBERTO MARTINEZ LOPEZ

JUANTXO DOMINGUEZ

(Activistas de AMETZAGAINAKO ZIRKULUA)

NOTA;

Hablamos en propiedad por nuestra dilatada experiencia en el campo de la cooperación al desarrollo.

Desde los años 80,hemos visto,oido y comprobado-insitu-mucho de lo que confirmamos en el presente articulo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FASCISMO, RACISMO Y GENOCIDIO COMO PARTE INTEGRANTE DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES.

En casi todo el mundo el neoliberalismo impone sus normas aunque cada vez con más rebeldía a sus dictados. Pero se sigue proclamando el poder del capital y del llamado libre mercado. Tras estos conceptos se esconde un sistema oligopólico, dotado de formas de planificaciones extensas y poderosas. La actual forma de sociedad democrática permite un elevado grado de explotación de la fuerza de trabajo y es capaz de poner en acción mecanismos de vigilancia y control muy sofisticados.

Sin embargo, el neoliberalismo siempre ha tratado de envolver el abuso y explotación del capitalismo en un halo de democracia. En este contexto siempre ha dicho que, en el pasado, los regímenes francamente totalitarios, o no serían capitalistas, en el caso soviético, o, en el caso de los fascismos, impedían el normal funcionamiento de los mecanismos económicos por su sed de poder.

Pero, en lo que respecta a los regímenes de tipo soviético, mantuvieron y reforzaron las relaciones de trabajo capitalistas y el sistema de organización de empresas. La Unión Soviética y los países de su esfera de influencia demostraron en la práctica la posibilidad de conjugar diferentes sistemas de propiedad en el interior del capitalismo.

Fascismos y Nazismo nacidos de las democracias.

En cuanto a los fascismos se integraron plenamente en la lógica capitalista, y la organización corporativa de los sectores de actividad económica nunca fue contradictoria con el viejo liberalismo. Fueron las democracias las que levantaron toda suerte de mecanismos de represión y control de las clases trabajadoras, en efecto, muchos países y durante mucho tiempo prohibieron la asociación de los trabajadores y todo tipo de reclamaciones, las brutales represiones de las protestas fueron una constante en las democracias. Este tipo de organización social, fruto directo del capitalismo democrático, fueron sistematizados por los fascismos y llevados a sus últimas consecuencias.

El llevar dentro de sí las semillas fascistas, hizo y en cierta medida hace que las llamadas democracias occidentales nunca han sido ni son capaces de enfrentar eficazmente al fascismo antes de que se haga necesaria una guerra. Occidente después de la segunda guerra mundial intentó ocultar sus huellas. Los mecanismos de censura, tanto los oficiales como los ocultos, impidieron o dificultaron en los últimos cuarenta o cincuenta años la difusión de las teorías políticas y económicas de fascismos y nazismos, disfrazando este control como una medida progresista. Las democracias derrotaron los fascismos (no todos ellos) militarmente, pero fueron y continúan siendo incapaces de desmontarlos o destruirlos simbólicamente. Por eso el fascismo sigue existiendo y últimamente con más fuerza en Occidente, diluyéndose en la vida cotidiana en sus formas más amables o soterradas, o bien apareciendo más escandalosamente en las elecciones o en las manifestaciones de violencia contra grupos objeto de su ira. Lamentablemente la idea preeminente, sobre todo en Europa, ha sido y es el encontrar una forma de “convivir” con el fascismo, ya que el hacerle frente de forma total y decidida supondría plantarle cara al fascismo existente en el mismo seno de las democracias.

En efecto las democracias siempre han actuado por un lado para mantener a los pueblos en la indiferencia política, exacerbando los sentimientos más egoístas y estimulando la insolidaridad social. Han rodeado al sistema de una maraña ininteligible de leyes de todo tipo que siempre protegen a los poderosos. El pueblo es apartado de las decisiones haciendo opaco al sistema con sus legiones de tecnócratas. Como se suele decir, y salvando las diferencias existentes, el sistema capitalista de la democracia representativa, ha secuestrado la verdadera democracia y la encierra en los respectivos Parlamentos.

Por último, tenemos la “gran fiesta de la democracia”. Es cierto que en muchas sociedades se eligen listas abiertas, y en otras listas cerradas, pero en ambos casos el control ciudadano del poder político es nulo en muchos casos y harto limitado en otros. Las nociones de soberanía popular y de representatividad de los elegidos se han manipulado constantemente. Según muchas corrientes de opinión, el poder, o se tiene, o no se tiene, y delegarlo es perderlo. En las democracias capitalistas, el sufragio sólo es, en realidad, un ritual del fraude en el que, apenas se le dice a la población que ella es la depositaria del poder soberano, cuando públicamente tiene que renunciar a ese poder entregándolo en el voto. Y gracias a una especie de magia de la que sólo los políticos parecen poseer el secreto, ese poder, como un espíritu desencarnado, vuela hasta los elegidos. De este modo, el poder que la clase dirigente siempre poseyó es presentado como si procediese de una población que jamás lo tuvo. Por eso, la concepción fascista del jefe supremo como emanación de la voluntad colectiva de las masas, es muy parecida a la concepción de las democracias para las cuales el poder de los elegidos devendría de una delegación popular mediante el sufragio universal. Además, para que el poder pueda residir sólo en uno de los lados, sea un líder único o un Parlamento siempre domesticado, el otro lado, el pueblo o las masas, tiene que mantener a sus individuos recíprocamente aislados. En los fascismos, las masas sólo tienen razón de ser por la relación de cada uno de sus miembros con el líder. En las democracias capitalistas la universalidad del voto es precisamente la forma que mejor consigue la atomización de la población en el aislamiento individual. En efecto, para votar, las personas son apartadas de sus relaciones sociales, y el acto sólo será válido si refleja la reducción de cada individuo a las fronteras de su propia individualidad.

Así que, es dentro de los sistemas democráticos actuales, donde se generan las posturas fascistas y nazistas, son hijas del mismo sistema de acumulación, exclusión, poder y control.

 

Racismo y Genocidios de las Democracias.

 

Bastante antes de que los nazis, presentados como ejemplo de los genocidas, alcanzasen el poder, las democracias ya habían creado, desarrollado y aplicado un programa racista y genocida a nivel mundial. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que además realizaba una actividad selectiva de manera a orientar la evolución biológica. Se crearon una serie de teorías de superioridad racial, únicamente para aportar un basamento teórico-científico al más desenfrenado expolio y represión en los países del Sur.

En la segunda mitad del siglo XIX, se generalizó en los países europeos una versión en la que el racismo ya no era sólo cosa de pueblos atrasados, sino que también se refería a los habitantes de esos pueblos como atrasados e inferiores biológicamente hablando. Y el sustrato de esta teorización del racismo, intencionadamente o no, fue la obra de Darwin. Cuando este autor publicó el conocido “Viaje del Beagle”, queda patente en ella su desprecio por los pueblos “no civilizados”, pero explica la situación de ellos en términos estrictamente sociales. Sin embargo, cuando en 1874 Darwin publica la segunda edición ampliada, la perspectiva cambia radicalmente. La idea predominante se basa ahora en la inferioridad biológica de los pueblos que viven sin propiedades, y casi sin Estado. En ese mundo, cuando Darwin habla de las “jerarquías de raza” coloca a los Blancos como lo seres superiores. Los demás son inferiores en sus capacidades cerebrales. Y no sólo eso, Darwin también considera que es muy escasa la distancia que separa a los simios de muchos hombres de las razas inferiores, y por debajo de esos hombres subdesarrollados, todavía están sus mujeres.

Estas pseudo teorías darwinianas fueron aprovechadas por las potencias colonizadoras para dar sustrato teórico a sus genocidios y rapiñas. Cuando se asientan las guerras de conquista de los pueblos colonizados se acompaña, en la conciencia democrática europea, por la convicción de la inferioridad biológica de esos pueblos, sobre todo de los negros. Estas concepciones racistas se juzgaban necesarias para que los europeos justificaran la destrucción de las culturas no europeas, de sus modos de producción no capitalistas, el exterminio de muchos pueblos y el sometimiento, degradación y dependencia de los supervivientes.

Y en este contexto, se tornó fundamental el papel de organizaciones. A ejemplo del papel destructor de la Iglesia en América Latina, las “Sociedades de Geografía”, que proliferan a partir de la segunda mitad del siglo XIX, constituyeron la infraestructura pseudocientífica del nuevo tipo de colonialismo. Gracias a las expediciones (de científicos y misioneros), las campañas militares podían ser más devastadoras y se redoblaba la eficacia de la ocupación y explotación territorial. Al mismo tiempo la estrategia de rapiña y genocidio era justificada mediante la divulgación de las teorías racistas. En poco tiempo, y gracias a las Sociedades Geográficas, este conjunto de orientaciones se integró en una nueva disciplina académica, la “Geografía Política”, después denominada “Geopolítica”. La Geopolítica tanto en Europa como en Estados Unidos justificaba el colonialismo más brutal en la superioridad blanca en civilización, técnica y biología. Esta disciplina académica contribuiría más adelante a la formación del pensamiento de Hitler. Las enseñanzas del general y geógrafo Karl Haushofer formaron a gente como Rudolf Hess que influyó enormemente en Hitler.

Otra disciplina alimentadora de las teorías racistas de superioridad racial fue la “Eugenia” desarrollada en los regímenes democráticos, que participó decisivamente en la formación de los cuadros ideológicos del nazismo. Directo continuador de la obra de Darwin, su primo Francis Galton, fundador de la Eugenia, desarrolló el racismo en dos aspectos de gran importancia. Por un lado, consideró que en los pueblos, en todos los pueblos, también en los blancos, las élites de las clases dominantes serían seres superiores, social, física y mentalmente, y sus descendientes heredarían esas cualidades. Así la Eugenia justificaba el dominio de unos pueblos sobre otros y, en el interior de cada sociedad, el de una clase sobre las demás. Y no sólo eso, sino que se alentaba a los poderes a intervenir directamente en la evolución humana, por ejemplo mediante el condicionamiento de las uniones matrimoniales, la eliminación de taras, etc. La futura política racial nazi quedaba así trazada en sus líneas fundamentales. Fueron las democracias las que formularon un verdadero programa de genocidio social y racial, llevándolo a cabo de forma extensa en los países colonizados.

Basadas en las teorías de Darwin y Galton, las “Sociedades de Eugenia” proliferaron en los medios universitarios de las democracias europeas y norteamericanas, profundizando todavía más en el mensaje racista. Y ese racismo recibió su consagración oficial en el Derecho Internacional de las democracias, por ejemplo, cuando la Sociedad de Naciones (antecesora de las Naciones Unidas), fundada en 1919, se negó a introducir en sus estatutos una cláusula de igualdad racial, propuesta por Japón y China.

Por su parte, en Estados Unidos los eugenistas actuaron muy pronto contra la inmigración. Lograron que se aprobara en 1924 la “National Origins Quota Law” que fijaba los orígenes nacionales y raciales de las levas de inmigrantes con los criterios de orientar la composición étnica de la población norteamericana. Al mismo tiempo las Sociedades de Eugenia norteamericanas consiguieron campañas para la esterilización de varias categorías de enfermos mentales y de personas consideradas criminales o moralmente pervertidas. En la década de los años 30, Estados Unidos y algunas de las principales democracias europeas promulgaron leyes en este sentido.

 

Reflexiones finales.

 

Por todo ello, es preciso volver a insistir en varios hechos. Mucho antes de la eclosión de los diversos regímenes fascistas y nazistas, en el seno de las democracias occidentales ya se crearon y difundieron los gérmenes y programas de los totalitarismos, racismos y genocidios.

Como antecedentes de los totalitarismos, las democracias ya instauraron la supremacía de las élites de los poderosos, la represión sistemática de las luchas sociales, la inclusión de los enemigos del sistema como elementos inferiores a los cuales se les podía eliminar, degradar y excluir.

En el campo del racismo, las democracias crearon desde muy pronto un extenso y complejo programa racista. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que también, mediante normas legales, llevaba a cabo actuaciones para orientar la evolución biológica. El racismo nazi se distinguió del racismo democrático sólo desde el punto de vista administrativo, ya que era dentro de un marco altamente centralizado donde pretendía producir la “raza superior”, mientras que las democracias, articulando varios centros de poder, se proponía llegar al mismo objetivo por otros métodos. Y en cuanto a la ideología racista y sus objetivos, los proyectos de Hitler se enmarcaban legítimamente en el marco de la geopolítica y de la eugenia, contando por tanto con las más puras credenciales democráticas.

Por último y en cuanto a las formas atroces que ejercieron los nazis a la hora de aplicar sus programas racistas y el alcance de sus actos genocidas, quedaron muy por debajo en horror y alcance genocida de lo ejercido por las democracias en todos los pueblos colonizados por ellas. Es bien conocido el horror de los campos nazis de exterminio, pero las democracias cubren -todavía hoy- con un espeso velo sus propios genocidios, muy superiores en número y alcance. Ocultan la transformación de grandes territorios colonizados en puros campos de concentración, con la esclavización de millones de personas y el exterminio también de millones.  Si en la actualidad el sistema capitalista no puede sobrevivir sin la explotación y el robo a una mayoría de pueblos, entonces tampoco podía existir sin la explotación colonial. Y esta explotación era impuesta con una serie de atrocidades sistemáticas y un terrorismo de Estado. Democracia y terror colonial eran dos caras de una misma moneda. Sólo el empleo intensivo de variadas formas de crueldad, tanto los genocidios como la permanente humillación social, podían convertir, en el espacio de una generación, a poblaciones seguras de sí mismas, en una masa sumisa. En efecto, para asegurar la explotación colonial era indispensable desestructurar los sistemas sociales existentes en los países colonizados. Y esta tarea no se encomendó a la libre iniciativa de los colonos, sino que fue planificada y dirigida por los Estados y las Iglesias, la cruz y la espada. Se trataba, entre otras cosas, dejar a esos pueblos sin capacidad de comprender su presente, para poder robarles su presente y su futuro. Había que dejarlos desprovistos de su pasado y para ello los universitarios de las democracias negaron la dignidad de la Historia a todas las historias que no hubiesen conducido a la civilización europea.

Es casi imposible establecer un catálogo con los genocidios y crueldades de todo tipo que llevaron a cabo las democracias. Desde luego mataron bastante más personas que todas las víctimas del nazismo. Y practicaron todo tipo de crueldades en escala casi infinita.

Las democracias llevaron a la práctica uno de los programas racistas de explotación y exterminio más extensos y crueles de la historia. Lo que no se perdona al nazismo es que sus víctimas fuesen blancas.

IPAR HAIZEA TALDEA

FALSOS MITOS DE LA MUJER EN EL ISLAM

El FORO AMETZAGAÑA, presenta en San Sebastián, el libro de Laure Rodríguez Quiroga “Falsos mitos de la mujer en el Islam”.

La activista, investigadora y escritora guipuzcoana, reconocida feminista islámica y defensora de los DDHH ha realizados sus primeras declaraciones tras haber sido objeto  de expresiones amenazantes contra su persona y su propia vida, en diversas Redes Sociales, desde el día 3 de Abril.

Ejemplos de las amenazas:

“métete tu islamismo por el culo ,puta de mierda ,mereces morir violada, hija de puta….Es un de tantas amenazas vertidas ,sobre ella desde que la periodista Nuria Coronado twittease una mención sobre el libro, que acaba de ser publicado por la Editorial Almazara.

“Estas amenazas no están siendo un caso aislado, es más se repite la tónica  en las redes sociales, que tienen como objeto amedrentar a las mujeres y más específicamente a las feministas…” ha declarado en dicha presentación Laure Rodríguez.

..”Da igual ser musulmana, lesbiana, negra , gitana, judía o atea, nos quieren calladas” explica la escritora, quien se ha mostrado tranquila y orgullosa por la eficacia y respuesta de la Ertzantza, que le ha ofrecido medidas de protección.

…”La fijación por denunciar la situación de las musulmanas en otros países nos ciega en la realidad que vivimos muchas en nuestro país”, comenta Rodríguez. El aumento de la islamofobia es en los últimos años “se ceba con las mujeres, como siempre, porque nuestra cultura sigue cometiendo atentados terroristas machistas que buscan la agresión contra la vida o la integridad física o moral de las mujeres”

En su libro desmonta, con humor o ironía las falsas mentiras occidentales atribuidas al papel de las mujeres en el mundo islámico como expresa la escritora, “Musulmandia el país del que nunca saldrás “..

Según la autora, la visión occidental de las mujeres musulmanas se reduce a cabezas cubiertas, a cuerpos sin nombre sin historia, sin emociones ,sin ilusiones y sin capacidades  …”de la práctica totalidad de las noticias en las que la protagonista es musulmana, resta  su discusión en su cuerpo a través de cuatro prendas, hiyab,burka y burkinis “..

M. Laure Rodríguez Quiroga es hija de la emigración gallega en París, criada en País Vasco, se reconoció musulmana en edad adulta. Ha vivido y viajado por distintos territorios de Oriente Próximo y Norte de África. Co-directora del Congreso Internacional de Feminismo Islámico fue subrayada por El País como una de las 100 personas latinas más destacadas (2010). Es miembro de la Red Internacional Internacional Women’s Islamic Initiative in Spirituality and Equality (WISE), del movimiento global Musawah for Equality and Justice in the Muslim family o del equipo de la Revista feminista digital Locas del Coño. Es Jefa del Gabinete de Presidencia y coordinadora del Departamento Equality and Women Studies del EMUI EuroMed University

Sinopsis

¿Las musulmanas no pueden bailar ni maquillarse ni conducir ni ir al ginecólogo? ¿Tampoco pueden salir solas de casa, hablar con desconocidos, tener su propia cuenta bancaria o disfrutar durante el sexo? Si esperas corroborar en este texto que el islam es machista, deberías volver a dejarlo en la estantería porque lo que estás a punto de leer no te va a gustar. Pero si estás abierto a desmontar falsos mitos… ¡no pierdas un segundo en abalanzarte sobre sus páginas! Falsos mitos de la mujer en el islam es una secuencia de apartados escritos con ironía –sí, los musulmanes pueden tener sentido del humor– pero también con la seriedad que merece tratar el tema de las mujeres que han abrazado el Corán. La autora, subrayada por El País como una de las 100 personas más destacadas de Iberoamérica, intenta desmontar estereotipos, prejuicios y rumores que se han creado sobe el islam y las mujeres, a través de casos reales… Adéntrate en este libro para solucionar todas tus dudas.
  • Autor:M. Laure Rodriguez Quiroga
  • ISBN: 978-84-16776-17-7
  • EAN: 9788416776177
  • Editorial:ALMUZARA
  • Colección:NOVELA
  • Idioma: Castellano
  • Año de edición: 2017
  • Formato: RUSTICA
  • Número de páginas: 224
  • Tamaño: 240×150

EL DERECHO A SER POBRE O LA RENTA BÁSICA.

Hace unas semanas, durante la presentación del informe sobre la pobreza (XIV informe sobre derechos humanos; Federación Iberoamericana de Ombudsman, 2017), un representante de la institución del defensor del Pueblo se ofendió porque planteé que en España existe el derecho a ser pobre. Quiso defender su postura contraria a esta afirmación, junto a expertos y académicos de Derecho, sin que pudiera salir del laberinto terminológico de las leyes, situada fuera de la realidad. Tal discurso crea una pantalla conceptual a modo de  espejismo, en el que estamos atrapados.

¿Por qué la pobreza es un derecho?, porque no sólo es legal, sino que se establece por decreto ley quién ha de ser pobre. Por mucho que asuste a los bien pensantes de la sociedad del bienestar, sucede cuando se ha establecido que quienes carezcan de empleo y de rentas reciben, en determinadas condiciones, una Renta Mínima de Inserción, valorada muy por debajo del umbral de la pobreza, 435 euros, siendo tal umbral la base mínima para poder sobrevivir. Según indica el Departamento de Estadística Europeo (Euroestat) harían falta doscientos euros más por persona. Mientras que, además, las prestaciones en España son a nivel familiar, de manera que la recibe un miembro por familia y por ende excluye al resto de recibir otros apoyos económicos por parte de las instituciones. Quienes ponen en práctica estas prestaciones y los políticos y sindicalistas que las defienden ¿podrían vivir ellos y su familia con esta cantidad de dinero? Fue ésta otra de las preguntas que planteé en aquel debate, sin respuesta.

Es esto el derecho a ser pobre, a lo que las instituciones de defensoría del pueblo y procuradores del común debieran rebelarse y denunciar, pero se limitan a “ceñirse a la ley” y a quejarse de boquilla de que no tienen más competencias. Por ello la necesidad de rebelarse, de denunciar esta atrocidad en la que viven millones de personas cada día en nuestro país, que no pueden hacer otra cosa que vivir el día a día, sin más capacidad, porque el pobre está atado a su condición misma de ser pobre. Pero los que sí pueden desde sus cargos institucionales se limitan a mantener su sueldo y el de la trup que los rodea. No hacen nada efectivo en este sentido, pero permiten que exista la sensación de que instituciones “justas” amparan a quienes nada tiene.

No estamos hablando de una reivindicación utópica, ni que pueda alterar el rigor institucional, sino algo elemental que se establece en el seno de la Unión Europea: la Carta Social, en la que se dicta que no puede haber ningún ciudadano europeo que, ante la falta de medios económicos para vivir, reciba una prestación o pensión, contributiva o no, por debajo de este umbral de la pobreza, que es la cantidad mínima para vivir con las necesidades básicas cubiertas a título individual. El estado español no ha firmado el protocolo, por lo cual no está obligado a su cumplimento. A su vez hace que seis millones de ciudadanas-cuídanos españoles carezca de tener la ciudadanía europea, una especie de “brexit” a la española de la que nadie habla. Y los organismos europeos no hacen nada. ¿A quién interesan los pobres? Ni siquiera a los que ejercen la caridad o la pose de justicia social que usan la palabra “pobreza” para su vanagloria y pomposidad, en unos casos “cristiana” y en otros “solidaria”.

Lo grave de amparar el derecho a ser pobre es que los partidos de la oposición lo aceptan. Simplemente han propuesto recientemente que se aplique tal derecho a cada familia sin recursos. Lo mismo los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, que pretenden, de manera infame, que tales ayudas sigan siendo a nivel familiar y por ley inferiores a la posibilidad de sobrevivir. Al mismo tiempo se hace cada vez más extensa la pobreza laboral, ya que ganando el salario mínimo para una familia no cubre sus gastos básicos para sobrevivir. Pero siguen clamando por el salario digno cuando no hay empleo y sigue creciendo el que es temporal y mal pagado.

Este tipo de prestaciones insuficientes sirven, además, de coacción a los trabajadores para propiciar que acepten las condiciones, cada vez más restrictivas, de los derechos laborales. Quienes pretenden el derecho a la pobreza y lo imponen lo hacen desde organizaciones e instituciones subvencionadas con dinero público, que retribuye a sus dirigentes con salarios de lujo, de 3.000 euros para arriba.

No es nuevo este fenómeno. Víctor Hugo, en su novela “Los miserables”, escribe: “Esta lucha entre el derecho y el hecho dura desde los orígenes de las sociedades. Terminar este duelo, amalgamar la idea pura con la realidad humana, hace penetrar pacíficamente el derecho en el hecho y el hecho en el derecho, es el trabajo de los sabios. Pero ése es el trabajo de los sabios y otro el de los hábiles“.

Los hábiles son los políticos y funcionarios, los sindicalistas y activista apoltronados, que permiten y propugnan sin pudor alguno que haya pobres por decreto ley y lo camuflan hablando de la pobreza, cuando ésta no existe y así pueden lamentarse, porque lo que existe en realidad son los pobres: individuos de carne y hueso, que viven situaciones concretas. El pobre es pobre y carece por ello de medios de vida. Pero la pobreza se puede desdoblar, como hacen los “hábiles” en “pobrezas” relativas: pobreza energética, pobreza de acceso a internet, de vivienda, de que les cortan el agua, pobreza cultural, lo cual da mucho de qué hablar y de esta manera engañan hábilmente a la opinión pública, haciendo que hacen algo contra “la pobreza”, entre otros cosas informes y propuestas, declaraciones y poses que cacarean en la prensa con medidas parciales, las cuales para nada tienen en cuenta al pobre, sino a la palabra “pobre”. Y además les sirve para difamar propuestas como la Renta Básica, mientras que defienden el derecho al trabajo, cuando tal derecho no existe si no hay empleos suficientes.

Pobre ese quien carece de medios suficientes para vivir. Tan sencillo como esto, que es lo que hay que abordar. ¿Con trabajo? Cuando éste es escaso y la sociedad produce bienes en abundancia gracias a la tecnología, lo que necesita el parado es el salario correspondiente al trabajo, y cuando existe suficiente riqueza, pero no la capacidad de usar más mano de obra, es preciso ofrecer por derecho los medios económicos necesarios a cada persona para sobrevivir. Es curiosos que se aumenta el presupuesto de Defensa (2017) ante el peligro de un ataque externo y es el propio gobierno quien ataca a su pueblo condenando, a una parte del mismo, con su política económica y medidas sociales a la pobreza extrema.

La ciudadanía está desamparada porque las instituciones y organismos en los que se representa  la voluntad popular dan la espalda a los problemas reales y concretos de la gente, pues el mecanismo del Poder para controlar a estos “hábiles” no es pagar la labor de los políticos por su “trabajo”, igual que a  directores generales colocados a dedo y asesores ídem, como pretenden hacer ver. No cobran un salario por el trabajo que hacen, sino que reciben una retribución por vender sus voluntades al convertir sus cargos en mercancías, las cuales son sus decisiones y propuestas, que son las que tienen un precio, pero no un valor como fuerza de trabajo por una determinada labor. La política como mercancía consiste en negociar privilegios y denunciar la pobreza en abstracto de manera propagandística y llorar la injusticia y la desigualdad con lágrimas de cocodrilo.

Por ejemplo: cuando las anteriores elecciones, las primeras que luego se repitieron (26 de junio, 2016), hubo un voto mayoritario a favor de un cambio social de izquierdas, con la posibilidad real de lograr, al menos, algunas trasformaciones políticas y económicas, facilitar un nuevo consenso para resolver los problemas desde una mayor igualdad y libertad. Ninguna fuerza de “izquierdas” o del “cambio” planteó un pacto para que no haya pobres. Ni siquiera contra la pobreza, por si acaso. El eje de la negociación iba a ser para Podemos, por ejemplo, el referéndum para la independencia de Catalunya. ¿Y no otras consultas al pueblo: modelo energético, sueldo de los diputados autonómicos y nacionales, sobre la ley electoral, etc.? O el reparto de cargos sin más el PSOE.

Posteriormente Podemos en su negociación con el PSOE para un posible gobierno de coalición puso sobre la mesa bajar en cien euros las cuantías de las ayudas sociales a las personas en paro y sin recursos, porque el PSOE propuso en su programa que los parados fueran pobres por ley. Han acabado convertidos en sus propias arenas movedizas, como lo que Manuel Vázquez Montalbán escribió en su novela “Los mares del sur”: Víctimas de un mediocre y fatal viaje de la pobreza a la nada.

Todos los programas de los partidos con representación parlamentaria tienen propuestas con las que legislar para que haya pobres, también los del cambio en las instituciones que gobiernan, con políticas sociales nimias para extender la pobreza, ejerciendo así el derecho establecido a ser pobre.

Señalemos un ejemplo que lo hace visible, aunque no se quiera ver. El PP y Ciudadanos han llegado a un acuerdo por el cual han aprobado dedicar una partida de 10 millones de euros en los ayuntamientos que gobiernan en coalición para contratar a quienes cobran la Renta Mínima de Inserción (RMI), 435 euros. ¿Por qué no a quienes no cobran ni siquiera estas ayudas? El truco está en que como ya pagan tales ayudas con dinero público, van a hacer contratos laborales por 200 euros. Una familia con tres miembros va a ganar lo mínimo que establece la Carta Social para una sola persona. Como las ayudas sociales son por familia sólo se podrá contratar a un miembro con esta medida. Y además extienden esta propuesta a empresas privadas que contraten a quienes reciben el SMI, dando 200 euros al empresario por cada trabajador, de manera que la empresa pagará con su dinero únicamente 435 euros para llegar al salario mínimo. Es decir: lo que el Estado no da a los pobres, se lo da a los empresarios en forma de beneficios. Es imposible mayor dislate, y sin embargo se presenta como una propuesta legal y benefactora porque existe el derecho a ser pobre. Pero son tan “hábiles” que los dislates de unos camuflan el de los otros. Los cuales son posibles porque se aplica, insisto, el derecho a ser pobre.

 

Tal derecho a ser pobre se apoya en el hecho imposible al trabajo. De esta manera no se ve que el dinero que cuesta mantener el Instituto Nacional de Empleo (INEM) permite dar una prestación solvente a cada persona que no cobra ninguna y que carezca de empleo. El alquiler de locales, que en León, por ejemplo, se pagan a un precio desorbitado a un constructor que fue presidente de Caja España, lo que junto a gastos de mantenimiento, salarios a unos pocos frente a los millones que carecen de recursos, gastado para nada: el INEM logra únicamente cubrir el 2% de empleo fijo anualmente. La mayor parte de las ofertas de trabajo pueden recogerse a través de internet. El INEM se ha convertido en una institución de control contra las personas en paro. Por eso se mantiene, porque las medidas contra el paro se han reconvertido a medidas contra l@s trabajador@s en paro.

.

El discurso de los “hábiles” consiste en repetir en los medios de comunicación que es mejor una ayuda de 435 euros por familia que nada, como declara reiteradamente Rafael Simancas del PSOE en radios y televisiones. Pero también es mejor dar un euro que nada a cada parado. Tal argumento carece de toda lógica y es perversa porque justifica atrocidades come ésta. O ¿no es mejor matar a tres personas que a siete en un atentado? Tal criterio es absurdo, pero insisten. Incluso lo defienden haciéndose los graciosillos y los benefactores de la sociedad.

Vemos que la Renta Básica actualmente es la base de cualquier otro derecho de facto. Anula el derecho a ser pobre, que podrá ejercer como privilegio quien lo elija por un criterio de ascetismo. El derecho a una vivienda digna que reconoce la Constitución, como el derecho al trabajo, lo serán de hecho con la Renta Básica, sin la cual todo lo demás serán enunciados de principios irreales. Por eso encajan con el concepto de “pobreza”, pero no con el hecho de ser pobre.

El mes de febrero de este año 2017 durante el VII Premio de los Derechos Humanos, celebrado el acto en la universidad de Alcalá de Henares, el rey de España Felipe VI lamentó muy “hábilmente” que “en nuestros días aún sigan ignorados frecuentemente en muchas partes del mundo los derechos humanos”. Se le olvidó decir: incluida España. Y añadió: “son la esencia que permite a cada persona tomar conciencia de su propia dignidad y de cada uno de sus semejantes”.

Sucede que la misma ley se ha separado del derecho, ya no sólo éste del hecho, como dijo Víctor Hugo, sino que al corromperse la sociedad en sus instituciones se ha dado un paso más: Se ha convertido la ley en una herramienta política e ideológica, y ha dejado de serlo de derecho, a lo cual es necesario reaccionar. Veamos algunos ejemplos, que parece que han pasado desapercibidos en este sentido y que afecta a lo que venimos diciendo, porque es el fondo jurídico que hace posible establecer el derecho instrumental de ser pobre. Y, sin embargo, se ve bien.

Es, precisamente, desde la economía, donde se sitúa la hipóstasis del derecho, pues cuando se establezca el derecho a la supervivencia se hará efectivo el derecho a una vivienda digna y al trabajo por cuanto que su consecuencia salarial queda en la parte de necesidad vital cubierta con la Renta Básica. De otra manera los discursos altisonantes de progreso y desarrollo son mera falacia y retórica constitucionalista.

Pero hay que entender qué es lo que ha sucedido respecto a la separación de la ley y del derecho. Al entenderse la ley como un instrumento del gobierno, en lugar de servir para ejercer el derecho, lo que ha venido sucediendo en los últimos años es convertir la legalidad en una herramienta para hacer determinadas políticas o defender ciertos modelos ideológicos, fuera del derecho que debe ser la base de la ley, relación ésta que se ha trastocado.

El derecho a la libertad de expresión, por ejemplo, ha sido conculcado “legalmente” mediante la ley mordaza, pero ya antes con las leyes “contra el terrorismo”, que sin influir en lo que quieren combatir, sirven para un control férreo de la población. Una persona podría tener el derecho a expresar su idea a favor del ejercicio de la violencia como lucha política, por ejemplo. Otra cosa es que lo ejerza, lo cual nos sitúa en el asesinato. Hay postulados que defienden históricamente la lucha armada para imponer un nuevo orden social. En aras a no propagar el terrorismo, sin que tenga nada que ver, se establecen fundamentos como la “incitación al odio” y demás que permiten la censura por ley. Pero se admite porque cada parcela ideológica rebaña para sus postulados.

Una persona debería poder expresar su animadversión contra los homosexuales, o contra las mujeres y criticar el feminismo, pero por la misma razón tampoco lo permite ahora la ley. Se cercena la libertad y se coarta el derecho, mediante una ley instrumental. Una mujer ha sido condenada por hacer chistes sobre el atentado contra Carrero Blanco, que podrán gustar o no, pero bajo ningún concepto coartar la libertad de expresión. Lo mismo con la ley contra la llamada de “violencia de género “que rompe el principio de igualdad frente a la justicia y además diferencia la violencia en tipos, como si unos fueran más permitidos que otros, unos más resarcidos que iguales o equivalentes actos, según quien los sufra. Tal fue la aberración legal que se aplaudió, como la tipificación jurídica de la “violencia verbal”, que se asumió con la finalidad de que disminuyeran los casos de agresiones o ataques mortales contra las mujeres. Sin embargo desde que se implantó dicha ley sucedió lo contrario, pero no se ha cuestionado, sino que se insiste en dotar de más medios la lucha contra la que se planteó la nueva ley. Se justifica cada año diciendo que crece el número de delitos porque hay más denuncias, sin comprender su fracaso.

Todo trae sus consecuencias, pero como dijo Churchill, y antes Voltaire:daría media vida por dejar que mi enemigo se exprese libremente, y la otra para combatirlo”. Los deslices de la ley en pro de una causa sin más y sin criterios de derecho, sino propagandísticos, han afectado al derecho mismo y a la libertad con un marco legal cada vez más restrictivo y represor. Lo cual va en aumento.

Analicemos el asunto del derecho con cierta perspectiva histórica: Durante la II República una una diputada socialista, Victoria Kent, pretendió separar el derecho de la ley. Manifestó estar en contra del voto de la mujer, lo cual aun sin que fuera su voluntad, hizo que se reconociera el derecho a la inferioridad de la mujer frente al varón. Hoy nos parece absurdo, un anacronismo y una aberración, que se hizo en pro de valores progresistas y se supone que de “igualdad”. Lo justificó diciendo que “el voto de la mujer queda en manos de los curas y los maridos”. Le hubiera salido mejor querer prohibir los curas y los maridos. Un dislate, que de otra manera se repite hoy igualmente y ampliándose aún a otros muchos campos sociales, políticos y económicos.

La dictadura militar tras el golpe de Estado en España, 1936, cortó por lo sano y suprimió el derecho en sí, creando los “Principios del Movimiento”, de donde emanaron las nuevas leyes dictatoriales. Y ejercieron otras aprobadas anteriormente, durante la II República, como la ley contra vagos y maleantes, en la que los juristas del dictador incluyeron además a los homosexuales. Pero tal ley fue aceptada previamente a la Dictadura. O nos damos cuenta de lo que está sucediendo, o pongamos las barbas a remojar. Estamos sembrando demasiado viento como para recoger tempestades…

Con el actual marco legal podemos encontrarnos con una situación bochornosa de cara al futuro, pues el derecho a ser pobres es equivalente a legalizar la pena de muerte. No olvidemos qué dijo Martin Luther King, cuando le ley discriminó en la democracia estadounidense a las personas de piel negra: “nunca podremos olvidar que todo lo que Hitler hizo en Alemania fue “legal” y todo lo que hicieron en Hungría los luchadores húngaros por la libertad fue “ilegal”. Hoy el hambre y la necesidad es legal, amparada por instituciones “justas”.

No hay excusa, pues no habiendo empleo suficiente sí hay dinero, a pesar de la deuda que se incrementa a costa de expandir la pobreza, fuera y dentro de nuestras fronteras. El 28 de marzo de 2017, hace poco, el presidente del gobierno de España anunció la aportación de 4.200 millones de euros solamente para infraestructuras en Catalunya, pero obviando que el dinero público es para trabajo público, sin embargo lo pone en manos de empresas privadas, cuyo montante de tal aportación por parte del Estado en gran medida va a parar a los beneficios directos de accionistas y directivos de tales empresas. Los cuales van a generar una sinergia en la economía financiera con la revalorización de sus empresas en el mercado de valores. Con esta misma cantidad de dinero se podría pagar el montante de la Renta Básica a todos los desempleados que hay en España durante un año. Tal dislate de quitar el dinero público a la ciudadanía para dárselo a los grandes inversores, con una eficiencia nula en las obras previstas, es posible porque existe el derecho, de hecho, a ser pobre, el cual se aplica sobre una parte de la población.

El Derecho es un medio, pero un medio técnico de tipo jurídico para el desarrollo de la sociedad fundamentada en la libertad y el respeto entre los ciudadanos a través de un cuerpo legal. No se puede, sin embargo, admitir como un instrumento ideológico, ni de intereses corporativos o económicos como viene sucediendo, al amparo de los organismos institucionales, porque el derecho es un marco previo a la ley, que sin embargo se obvia.

Es necesaria la rebelión institucional, para no admitir el estancamiento legal en modelos de injusticia manifiesta y declarar que se prohíba que haya pobres y menos que lo sean por el ordenamiento jurídico del propio Estado. Incumbe a los políticos, a quienes forman parte de las defensorías del pueblo y a los demás organismos en “favor” del pueblo y del común, por más que se laven las manos. Como indica Angel Latorre, catedrático de la Universidad de Barcelona y  magistrado del Tribunal Constitucional: “es un error considerar la justicia como un conjunto de principios estáticos”. Considera además: “la ley es en el mundo moderno el instrumento principal de la reforma social”, pero para ejercer los derechos, no para condicionarlos o coartar su aplicación legal con triquiñuelas que hacen los “hábiles”. Sobre lo cual este catedrático de derecho declara que “la corrupción nunca se acabará porque los partidos políticos no quieren” (2015).
El profesor alemán de derecho R. Stammler (Granada 1922) ya plantea el proceso evolutivo de la ley, en la medida que el ser humano se transforma a lo largo de la vida y de generación en generación. Por lo cual entiende: “el derecho se forma con los deseos, las aspiraciones y el propósitos de los Hombres”. No es algo mecánico que venga dado. El paso del derecho al hecho sucede mediante la ley. La cual deberá establecer el derecho a no ser pobre, porque de lo contrario se impone la pobreza como lacra que tanto se “combate”, ya que nadie elige ser pobre, como tampoco la pena de muerte. John Stuart Mill planea que todas las leyes económicas se pueden alterar por el progreso del adelanto social. Y habría que añadir que también por los avances tecnológicos. Lo que quiere decir que la Renta Básica como derecho económico ha de ser el eje de un nuevo modelo de justicia. No sólo económico o social, sino en general.

Según Hegel la ley es en-sí y para-sí. Por consiguiente construye su esencia misma y su realidad. Si se hace instrumental para algo que no sea ella misma se pervierte.  Es por lo que, entiendo, hay que basar la eliminación de la pobreza en el derecho como tal, en lugar de promover ideas abstractas que se ajustan mediante leyes aprobadas únicamente con fines tácticos desde un punto de vista de la política de los partidos y los intereses de las grandes empresas.

En 1802 este filósofo de la dialéctica escribe “La Constitución de Alemania”, en la que hace una crítica de la actualidad de entonces. Estudia a los economistas ingleses y analiza los debates parlamentarios con minuciosidad. En la obra “Filosofía del derecho” Hegel descubre que la realización jurídica y política del concepto moderno de libertad es posible gracias al desarrollo económico. Con estas mismas pautas es posible añadir la Renta Básica, dos siglos después, como factor clave de los cambios venideros o de lo contrario la sociedad se verá abocada a un camino perverso ya iniciado con el derecho a ser pobre, que es la esclavitud,  modernizada con el amparo de quienes luchan contra la pobreza en abstracto sin tener en consideración a la persona que es pobre y cuya circunstancia es la que hay que solucionar.

 

RAMIRO PINTO