Las difíciles relaciones entre las instituciones y las Asociaciones de Vecinos

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Dentro del marco de las diversas formas de Participación Ciudadana en política, el Municipio sería el entorno más idóneo, que no el único, para esa participación, y la organización más básica serían las Asociaciones de Vecinos (AA.VV.). Estas organizaciones  trabajan para lograr acciones colectivas y mediante ellas avanzar en el desarrollo y promoción de las personas y grupos que forman la comunidad. Y ya es ahora de que sean reconocidas como uno de los pilares básicos de una verdadera democracia.

 

En el primer período de democracia las AA.VV. tuvieron un gran impulso, con grandes movilizaciones e intervenciones en muchísimos municipios del estado. Eso despertó rápidamente la desconfianza de los poderes y de los partidos que fueron mermando su labor y hasta su propia existencia.

Actualmente el panorama sigue siendo muy difícil. Desde las instituciones y fundamentalmente desde muchos Ayuntamientos, las AA.VV. son contempladas generalmente como molestos obstáculos para el desarrollo de la actividad política “profesional”, o como instrumentos meramente reivindicativos, o, todavía peor, como posibles órganos de contrapoder municipal. Incluso son contempladas como grupos egoístas que sólo defienden sus propios intereses.

Además de eso, las relaciones vecinales con los ayuntamientos se ven afectadas por factores como: el momento político, que va a depender de la línea política del alcalde de turno;  las infraestructuras, en el sentido de que un barrio donde ellas sean más o menos satisfactorias tendrá  mejores relaciones con los poderes municipales que las de otro barrio que tenga carencias. Y por último, el tema de las actividades, ya que aquella AA.VV. que actúe de forma pasiva y acate las directrices de las instituciones obtendrá mejor tratamiento que una que sea controvertida.LaconcejaladePartici_57496_1840

En esta situación, salvo algunos partidos y, sobre todo, algunos municipios donde se es más abierto a las demandas vecinales, la mayoría de las instituciones siguen considerando molestas a las AA VV.  Continúa pues, la práctica política consistente en proyectar, planificar, desarrollar e imponer las decisiones a la ciudadanía sistemáticamente de arriba hacia abajo. Eso viene creando en el tejido vecinal un clima de apatía y abatimiento en cuanto a su derecho de participar activamente en las decisiones municipales. El criterio imperante de que las fuerzas políticas, sustentadoras del poder institucional, se consideren a sí mismas como las únicas estructuras legitimadas, en base a la delegación que supone el voto, supone claramente una dificultad añadida al esfuerzo que realizan las AA VV. Estas asociaciones son deslegitimadas desde el poder, e ignoradas, cuando no despreciadas por las instituciones al no ser aceptada su representatividad, ni valoradas respecto a su tarea fundamental que es la de tratar de transformar al ciudadano o vecino en una persona  consciente de su responsabilidad ante la sociedad, dispuesto a ofrecer su servicio a la misma participando y colaborando activamente en todos aquellos temas y proyectos que tengan como fin una mejora de su barrio o pueblo.

Por ello, el desinterés, cuando no hostilidad de tantas instituciones hacia las AA VV supone una gran barrera para su desarrollo. Así, por ejemplo, la capacidad de estas asociaciones de cara a generar un proceso de vida activa, muy a menudo es entendida por las instituciones y partidos, como una injerencia en el “terreno que a ellos les corresponde”, dado que esa actividad, a su juicio, podría suponer de algún modo, la pérdida de su exclusivo protagonismo político, que ejercen desde el poder.

Además, el aparato burocrático implantado en las instituciones, de extrema complejidad y de difícil comprensión para la ciudadanía, dificulta enormemente la tarea de las AA VV.

Asimismo, la diversificación dentro de las instituciones de los temas por departamentos, comisiones de estudio, órganos intermedios, etc., dejan absolutamente en manos de los poderes institucionales la agilización o ralentización de los temas, proyectos o reivindicaciones presentadas, en la medida en que les interese o no aquello que se les presente, y eso cuando no utilizan además el “silencio administrativo” Es lo que se dado en llamar gráficamente “el credo del funcionario” que estriba en la máxima que dice: “al amigo se le pone el culo; al enemigo se le da por culo y al indiferente se le aplica la legislación vigente.”

Por otro lado, además, las instituciones se dotan de todos los medios técnicos, humanos y financieros que les permitan el ejercicio del poder, medios que utilizan única y exclusivamente para su servicio, impidiendo con ello que puedan ponerse al servicio de los ciudadanos.

La realidad de todo esto es que las AA. VV-, por su carácter reivindicativo, no interesan ni a partidos políticos ni a instituciones.

Por todo lo expuesto, y pensando en los partidos emergentes, si verdaderamente se desea potenciar la participación popular y ciudadana, ello debe pasar, por:

*El reconocimiento explícito de las AA.VV como organismos de utilidad pública

*El pleno reconocimiento de su representatividad, ya que a través de ellas, se expresa el sentir, el deseo y las aspiraciones de sus asociados.

*A ello debería seguir el establecimiento de los cauces necesarios que hagan posible la información, comunicación y relación entre instituciones, partidos y AA.VV.

*Además, todas las legalmente constituidas y avaladas por un trabajo constante, deben de ser dotadas de un local social donde poder desarrollar su labor.

*Asimismo debe  asumirse su derecho a participar en la elaboración de los Presupuestos Municipales, y donde ya lo hacen deben participar en todos los presupuestos, no sólo en pequeñas parcelas sin importancia, como se sigue haciendo en la actualidad.

*Y además, sería necesario que dentro de las Corporaciones Municipales exista un representante de las AA.VV, con voz y voto, e independiente de cualquier disciplina de partido. 

 

Con esos planteamientos se pasaría de una actuación predominantemente reivindicativa, a poder optar por un mayor contacto activo con los Ayuntamientos. Es decir, es imprescindible implantar una nueva cultura institucional que permita una nueva praxis de funcionamiento que permita avanzar en la participación ciudadana de forma activa en la mejora de la calidad de vida personal y colectiva.

IPAR HAIZEA TALDEA

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