COOPERACIÓN.Verdades,mentiras y vivencias de una ¿UTOPÍA?

 

En el libro, el autor se hace algunas preguntas como: «¿Qué puedo hacer yo?» o «siempre decís que os traéis más de lo que dejáis», pero «¿Qué es lo que os traéis de allí?»

Se pretende con esta obra sacudir disculpas, cuestionar realidades aparentes y desmitificar; hacer un guiño de proselitismo para iniciar en este mundo de la cooperación a los no iniciados, a los que están en la fase previa pero necesitan un empujón o para los que ya introducidos les puede complementar su visión. Para todos ellos, pretendo aportar con este relato un punto de vista más humano e introspectivo.

En definitiva, es la trayectoria personal de un recorrido que pretende demostrar cómo desde unas capacidades absolutamente normales y con las limitaciones de aquí, verdaderamente podemos avanzar aquí y allí.

PRESENTACIÓN DEL AUTOR

Mi nombre es José Luís Paulín Seijas, donostiarra pero afincado en Oiartzun (Gipuzkoa) desde hace ya varios años.

Soy médico y tengo en mi haber dos especialidades: Medicina Familiar y Comunitaria y Cirugía Ortopédica y Traumatología.

Además de mi profesión, la cooperación, tanto internacional como en mi entorno más cercano, ha ocupado una parte importante de mi vida. Esta actividad la he desarrollado en comunidades indígenas de Ecuador (Amazonía, Altiplano y costa del Pacífico), en los Campamentos de refugiados saharauis de Argelia y en Camboya. En el plano más local, he    participado en organizaciones del ámbito ecologista y en relación con la salud. Pero todo ello en el contexto de una vida que no puedo dejar de definir como convencional, por lo que he intentado, con mis limitaciones de aquí, ser coherente conmigo mismo “aquí” y “allí”.

Siempre he pensado que la solidaridad tiene tres frentes: La acción directa, La denuncia y El proselitismo; por esta última razón he escrito artículos relacionados con mis actividades solidarias, tanto en algunos medios de comunicación como en revistas del ámbito profesional, además de dar entrevistas y charlas en relación con estos temas

Los motivos que me han llevado a escribir este libro han sido: por un lado, avanzar en ese proselitismo, demostrando que no hace falta ser especial para dedicar una parte de nuestras vidas para que el mundo sea un poco mejor y, por otro lado, poner orden en todas esas impresiones vividas en el terreno de la cooperación y que pienso puede ser positivo el compartirlo.

He buscado publicaciones sobre la cooperación y la solidaridad en la línea de reflejar esas sensaciones individuales, pero tan sólo he encontrado algunos testimonios de experiencias puntuales en ámbitos muy limitados, o desarrollos político-sociales que alejan a muchas personas con inquietudes pero indecisas. Mucha gente se ha acercado a mí con la idea de hacer algo en el terreno solidario, pero dicen no verse capacitadas para ello y, en muchas ocasiones, el desconocimiento se ve adobado por las dudas y las disculpas.  

Pretendo con este libro de recorrido humanista romper tópicos y dar respuestas a la visión y dudas que sobre la cooperación habitualmente tiene la sociedad. Para ello utilizo el hilo conductor de mis experiencias personales, siendo éstas las que visten las reflexiones que sobre la cooperación reflejo en el libro. La narración de mis vivencias a lo largo de la obra, añaden un plus de credibilidad a los pensamientos desarrollados. Todo ello con el objeto de acercar la solidaridad a aquellas personas que, por diferentes razones, se sienten más alejados de ella, pero también para los que están dentro de este mundo, para volver a poner en valor esas sensaciones íntimas que tenemos los cooperantes con cada uno de los momentos que hemos vivido.

El núcleo del libro consta de 275 páginas, a las que añado un  dossier sobre la situación en el mundo de 36 páginas, destinado a dar datos sobre diferentes ámbitos para poder cooperar en función de las preferencias de cada cual. Las ilustraciones y las vivencias con las que salpico algunos pasajes, además de la credibilidad citada, tienen la función de visualizar mejor el contenido de la obra para que resulte más accesible a cualquier tipo de público.

El libro está distribuido en capítulos, siendo cada uno independiente del resto; por ello, no es imprescindible seguir el orden pre-establecido para poder entenderlo, así el lector podrá dirigirse directamente a aquellos apartados por los que se sienta más atraído y saltar de un capítulo a otro según su preferencia.

El 100% de los ingresos por derechos de autor de este libro se dedicarán a la cooperación mediante su ingreso en la cuenta a favor del Equipo de Salud de Auserd de la ONG Mundubat. Este equipo está compuesto por médicos/as de Familia, Pediatras de Atención Primaria y enfermeras. Su misión principal consiste en apoyar la estructura sanitaria de las 40.000 personas de la Wilaya de Auserd en los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf (Argelia).

LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y LA ISLAMOFOBIA

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en su artículo 19, establece que la libertad de expresión reúne los siguientes rasgos:

*El derecho que tiene todo individuo a la libertad de opinión y de expresión)

*El derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones.

  *El derecho de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

La “Convención Americana sobre Derechos Humanos” o “Pacto de San José de Costa Rica” de 1969, en el Artículo 13, sobre la libertad de pensamiento y expresión, señala que este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura, sino a responsabilidades ulteriores.

La libertad de expresión, según establece la jurisprudencia del Tribunal Constitucional en su Sentencia 235/2007, de 7 de noviembre, es la “libre manifestación de creencias, juicios o valoraciones subjetivas”, y comprende, según las Sentencias 6/2000, de 17 de enero y 108/2008, de 22 de septiembre, “junto a la mera expresión de juicios de valor, la crítica de la conducta de otro, aun cuando la misma sea desabrida y pueda molestar, inquietar o disgustar a quien se dirige”, pues “así lo requieren el pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura, sin los cuales no existe sociedad democrática”.

En el caso concreto del islam, podemos ver cómo existen gran cantidad de canciones, dibujos y artículos que de manera constante hacen referencia al mismo desarrollando un lenguaje y un discurso claramente islamofobo.

Ninguna o casi ninguna de estas manifestaciones que podrían ser calificadas como islamófobas ha merecido la atención y el reproche de la judicatura, en gran parte porque este tipo de manifestaciones se solapan en una crítica a los grupos mal llamados yihadistas, que con sus crímenes manchan constantemente la imagen del islam, del mismo modo que grupos cristianos, como el Ku Kux Klan, han cometido crímenes de odio en nombre de la presunta raza blanca y de un cristianismo que es incompatible con los preceptos bíblicos.

El hecho de que existan grupos fanáticos que, desviados del islam, cometan crímenes atroces, ya sea contra personas laicas, (como los atentados de París), contra personas cristianas, (como los recientes en Niger y Nigeria), o contra los propios musulmanes, (como ocurre en gran parte de los países de mayoría musulmana), no puede ser un motivo para articular un lenguaje islamóbofo, contra toda una comunidad, que en su inmensa mayoría vive alejada del mal llamado terrorismo yihadista o que es víctima del mismo. Identificar terrorismo con islam, es el mismo error que identificar ETA con vasco, o nazi con alemán.

Sobre el lenguaje del odio, la Audiencia Provincial de Barcelona, (Sección Décima), en su Sentencia de 18 de septiembre del 2.009, hizo constar en su Fundamento de Derecho Tercero lo siguiente:

F.D. 3. …Lo que es objeto de castigo no es la expresión en sí de unas ideas, por execrables que sean, sino cuando esta expresión se hace de modo y circunstancias que suponen una provocación a la discriminación, infringiendo el valor constitucional de la no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social contenido en el artículo 14 de la Constitución. También cuando tienden a provocar el odio o la violencia, sea física o moral. Es lo que el Tribunal Constitucional en su STC 176/1995 (Caso Makoki) define como “lenguaje del odio”, aquel que contiene “una densa carga de hostilidad que incita a veces directa y otras subliminalmente a la violencia por la vía de la vejación.”

En su artículo 13.5 de la “Convención Americana sobre Derechos Humanos” “Pacto de San José de Costa Rica”, se establece que estará prohibida toda propaganda y toda apología del odio religioso que constituyan incitaciones a la violencia.

La Sentencia del Tribunal Constitucional Español 214/1991, de 11 de noviembre, señala que … ni la libertad ideológica (art. 16 C.E.) ni la libertad de expresión (art. 20.1 C.E.) comprenden el derecho a efectuar manifestaciones, expresiones o campañas de carácter racista o xenófobo, puesto que, tal como dispone el art. 20.4, no existen derechos ilimitados … El odio y el desprecio a todo un pueblo o a una etnia (a cualquier pueblo o a cualquier etnia) son incompatibles con el respeto a la dignidad humana…

El Art. 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, contempla la posibilidad de establecer ciertos límites a estas libertades, siempre que estén previstos por la ley, además de constituir medidas necesarias en una sociedad democrática para la seguridad nacional, la integridad territorial, la defensa del orden, la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, la protección de la reputación o de los derechos ajenos, impedir la divulgación de las informaciones confidenciales o para garantizar la autoridad y la imparcialidad del poder judicial.

El Tribunal Constitucional ha afirmado en sus Sentencias 6 /1088, 171, 172/1990, 6/1988, 105/1990, 171 y 172/1990, 214/1991 y 223/1992, que no es información ni noticia aquella narración de hechos que defrauda el interés colectivo o que carece de un fin informativo, como los rumores, insidias, insultos y vilipendios.

En el mismo sentido el Tribunal Constitucional en sus sentencias 81/1983, 51/1985, 6/1988, 14371991 y 42/1995, señala que no se les otorgara protección constitucional a las narraciones falsas o tendenciosas, las realizadas con fin de infamar, las que revelan la intimidad de las personas o las que vulneran principios y bienes jurídicos como la buena fe, la seguridad del Estado o el buen funcionamiento de las instituciones públicas.

El Tribunal Constitucional, considera también un límite a la libertad de expresión, la dignidad de ciertos colectivos, victimas de genocidio o persecución, y así lo muestra en sus sentencias 214/1991, (derecho al honor de una víctima del holocausto), 51/1985, (víctimas del nazismo) 176/1995 y 46/1998. También considera el tribunal Constitucional como un límite a la libertad de expresión la seguridad exterior e interior del Estado, el respeto a la autoridad e imparcialidad de los órganos judiciales y los actos de los mismos jueces.

Las Sentencias del Tribunal Constitucional 29/09 de 26 de enero y 144/1998, de 30 de junio requieren a quien se exprese libremente, “específico deber de diligencia en la búsqueda de la verdad de la noticia y en la comprobación de la información difundida, de tal manera que lo que se transmita como hechos o noticias haya sido objeto de previo contraste con datos objetivos o con fuentes informativas de solvencia.”

La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa (CERI) en su Recomendación de política general nº 5 sobre la lucha contra la intolerancia y las discriminaciones hacia los musulmanes ha manifestado literalmente:

Que las comunidades musulmanas sufren prejuicios que “pueden manifestarse de diferentes formas, concretamente mediante actitudes negativas generales, pero también, en diversos grados, mediante discriminaciones y mediante la violencia y el acoso”.

Según la Recomendación de política general nº 7, el racismo puede definirse como “la creencia de que un motivo como la raza, el color,

la lengua, la religión, la nacionalidad o el origen nacional o étnico justifica el desprecio hacia una persona o un grupo de personas o la idea de superioridad de una persona o de un grupo de personas”.

Para combatir la ola islamófoba es necesario no mezclar el islam con el terrorismo, acabar con los prejuicios de quienes de manera maliciosa los difunden sembrando el odio y la confusión, y aceptar que islam y modernidad no son incompatibles, que un islam democrático es posible, y que aquellos que atentan contra la paz y la convivencia se desvían del islam y de cualquier norma humana.

 


Musulmanes contra el terrorismo

Después del horror, la tragedia y la barbarie del atentado de Barcelona con 15 muertos y un centenar de heridos, la comunidad musulmana salió a la calle y venció a los terroristas que querían secuestrar el islam, y a los islamófobos que querían fomentar el odio contra ellos criminalizándoles por lo que no habían hecho, ni eran responsables. Las banderas de España y de Catalunya recorrieron plazas, pueblos y ciudades, llevadas de las manos de musulmanes, para dejar claro que no son terroristas y están al lado de las víctimas. Hemos visto los rostros de mujeres musulmanas llorando de dolor por lo ocurrido. Hemos leído las cartas emotivas que chicas musulmanas escribían a los periódicos condenando el monstruoso crimen. Hemos escuchado el lamento llenos de rabia de jóvenes musulmanes que se indignaban y gritaban contra los asesinos.

Los musulmanes han salido a la calle y han hablado con su voz. Han dejado claro que un grupo de salvajes con el cerebro lavado por un pseudo-iman fanático, no saben nada del islam, ni los representan, y la inmensa mayoría del pueblo Español, lejos de culpabilizar a los musulmanes, ha señalado con el dedo acusador como responsables a los que financian a los terroristas.

El verdadero islam, nos habla de paz, de misericordia y de amor. Se cuenta que el Profeta de Allah, (saw), dijo:

“Tened misericordia con aquellos que están en la Tierra para que Aquel que está en el cielo sea misericordioso con vosotros” ( At-Tirmidhi). “Dios no mostrará misericordia a quien no es misericordioso con la gente.” (Sahih Al-Bujari).

España y Catalunya se han encontrado de repente con dos millones de vecinos musulmanes, que lloraban con ellos por cada muerto y cada herido. Barcelona nos ha arrancado el corazón a todos y nos ha dejo helados, con el alma fría y los ojos sedientos de lagrimas.

Cuando aun estaban sobre La Rambla, los cuerpos sin vida de los inocentes asesinados, la extrema derecha, ya sacaba a pasear su locura, para atacar mezquitas y llenar algunas ciudades con pintadas cargadas de odio, y de histeria, pero unos pocos centenares de exaltados, tampoco representan a España, ni a Catalunya.

Estamos con las víctimas, con los niños que no jugaran nunca más con sus padres, con las parejas rotas, con los amores que se han marchado. Estamos con Barcelona, y la amamos más que nunca. Allah, en su Sagrado Corán nos ofrece esperanza y nos dice:

“Observa, pues, la Misericordia de Dios, y como Él vivifica la tierra luego de la sequía; ciertamente Él resucitará a los muertos…” (Corán 30:50).

 

ÁNGEL ÁLVAREZ HERNÁNDEZ

(Es autor de ambos artículos)

EL TURISMO, COMO MONOCULTIVO ECONÓMICO

“Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado en su casa.”

 ( Blaise Pascal)

 

El turismo en este país siempre ha sido contemplado por los poderes políticos y los empresarios como la panacea ante el fracaso competitivo de casi todos los demás sectores económicos. Las sucesivas crisis acabaron con una industria potente, la burbuja inmobiliaria estalló, los bancos son rescatados… ¡pero Sol tenemos para aburrir! al menos en el sur. El turismo significa una entrada de dinero contante y sonante, mucho dinero, llegando hoy hasta el 19% del PIB.

Sin embargo el sector turístico siempre ha sido regido por un capitalismo salvaje y depredador, estando unido a un expansionismo constante y alocado, carente de planificación. Se han destruido las costas, los paisajes, se ha degradado la naturaleza, y sólo se piensa en el máximo lucro posible con el menor costo posible. Esta actividad claramente insostenible, sin embargo, siempre ha sido sostenida y glorificada por sus beneficiarios, los políticos y los empresarios, y eso nos ha llevado con el tiempo a esta gran prostitución socioeconómica, que somete a personas, territorios y valores culturales a unos intereses antisociales y perniciosos.

Pues bien, ahora nos encontramos con una ¿sorpresiva? reacción de una buena parte de la ciudadanía contra este turismo que sufrimos. La reacción contra los  abusos y excesos del turismo ha tardado décadas, pero al fin ha llegado con fuerza en este verano del 2017. Iniciada en Barcelona y Donostia, pronto se ha extendido a muchos más puntos turísticos. Se denuncia, entre otras cosas, la insostenibilidad del sistema, y la agresión contra la ciudadanía que supone esta invasión turística sin control, cuyas cotas de deformación y estupidez, hace necesario actuar contra ellas.

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses– Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

 

 

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses- Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

“Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

 “Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Por otra parte, y centrándonos en este país, el turismo siempre ha sido fenómeno de capitalismo salvaje, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado de recursos y energías e irresponsabilidad medioambiental a todos los niveles. Desde los comienzos en el franquismo, el turismo ha sido nido de toda corrupción participando estrechamente con el sector inmobiliario en todas las irregularidades. El modelo se basó desde un principio en la especulación, la corrupción y el máximo beneficio, y se fomentó en la población una relación de servidumbre hacia el turista, presentado como única salvación para poder sobrevivir. Para ello se divulgó un folklore irreal, de cartón piedra, un servilismo hacia el turista, unos precios competitivos y una degradación y masificación masivas. Parecería que para los diversos gobiernos no estaba muy equivocada la definición de “un país de putas y camareros”.

BARCELONA 2016 07 09 Barcelona Mani en la Barceloneta contra turisme massiu Fotografia de JOAN CORTADELLAS

El turismo siempre ha venido apostando por un modelo desigual, injusto y depredador. Además siempre se ha usado para canalizar la actividad de otros sectores y prácticas, como la especulación inmobiliaria, las diversas corrupciones a todos los niveles, las constructoras, etc. En este modelo, los habitantes son figurantes y mano de obra barata y el país una simple marca.

En definitiva el sector turístico es todo un ejemplo de explotación neoliberal para el beneficio casi exclusivo de poderosos empresarios.

La mentira de la riqueza del turismo trasladada a la sociedad

Sí, el turismo es gran negocio… pero sólo para un sector restringido, para unos pocos. El sector del turismo no sólo consume ingentes cantidades de recursos naturales y energía, sino que además los gobiernos tienen que gastar en una red de infraestructuras y servicios. Se dedican grandes recursos  públicos, para una actividad privada, cuyos beneficios  ni llegan a repartirse equitativamente y mucho menos repercuten en la sociedad, o lo hacen en una parte mínima.

Cuando se habla de los aproximados 100.000 puestos de trabajo, no se habla de su estacionalidad, su precariedad y sus sueldos de miseria. La riqueza invertida aquí es ínfima con respecto a los desmedidos lucros del sector.

Por lo demás el turismo, al contrario de lo que se divulga, empobrece a las ciudades donde se desarrolla. El dinero que se gastan los turistas no se queda en las zonas turísticas, salvo una exigua parte. El dinero generado no compensa a los habitantes de las zonas turísticas, pues va a manos privadas, a los grandes grupos hoteleros y a los empresarios hosteleros, que financian su expansión a costa de precarizar los empleos y pagar salarios de miseria. Así se comprende, por ejemplo, que los destinos turísticos más famosos como Torrevieja, Fuengirola, Benalmádena y Benidorm estén entre los municipios más pobres de todo el estado. Y cuanto más crece el turismo, menos dinero repercute en la sociedad en general.   Además, la industria masiva del turismo ha logrado que sus costos y daños de todo tipo ya hayan alcanzado los beneficios.

Gentrificación. Turistificación y destrucción de entornos ciudadanos

Teóricamente la gentrificación es un proceso mediante el cual los pobres son desplazados de sus barrios céntricos o típicos porque el mercado los rehabilita, para destinarlos a los más pudientes. Así, tras décadas viviendo en edificios, muchas veces degradados , en distritos y barrios ignorados por la inversión pública y privada, sus calles se reforman así como sus inmuebles y sus alquileres son cada vez más caros. Y en el caso de los propietarios, la mayoría de las veces no pueden costear dichas  reformas, sus comercios tradicionales pronto se arruinan ante la competencia de actividades centradas en el turismo. Así que más pronto que tarde se tienen que ir, y son sustituidos por clase media alta y rica. La gentrificación es una clara representación de la denominada” lucha de clases y la segregación”.

Mucha gente sabe o es testigo de multitud de ejemplos de gentrificación en la casi totalidad de las grandes ciudades. Pero ahora estamos asistiendo a una turistificación bastante similar en el proceso. Como este verano decía un cartel en un barrio de Barcelona: “Bienvenido turista, el alquiler de apartamentos turísticos en este barrio destruye el tejido socio-cultural de esta zona y promueve la especulación. En consecuencia muchos de nuestros vecinos se ven obligados a abandonar el barrio. Disfruta de tu estancia.”  No es ya que una comunidad popular sea sustituida por otra más rica, sino que es reemplazada por una comunidad de turistas de paso, oleada tras oleada. La gentrificación substituye una comunidad por otra, sustituye poblaciones, la turistificación las elimina.

Como dice la Plataforma de Vecinos de la Parte Vieja de Donostia: “¿Cuánto tiempo podrá resistir el barrio un uso mercantil tan intensivo sin poner en peligro su cohesión social, su identidad histórica y cultural, la salud y la calidad de vida de sus habitantes?”.  La inquietud está justificada, como en otros tantos barrios, en otras tantas ciudades. El constante aumento de los alquileres, y la enorme concentración de pisos turísticos, terminan por expulsar a los habitantes y convertir el barrio en una especie de parque temático. Además la desaparición paulatina de los comercios locales y su reemplazo por tiendas de suvenires y restaurantes caros ponen en jaque la vida ciudadana.

En este contexto el auge de plataformas de apartamentos turísticos como la Airbnb, con sus instrumentos de mercantilización salvaje, agravan mucho la situación.  Y en este tema de los apartamentos turísticos, por un lado asistimos a escasos y tímidos intentos de los políticos para paliar el problema. Las limitaciones que se imponen, sólo pretenden “limpiar” el sector, tenerlo más o menos controlado, y eso lo hacen por la presión de las grandes cadenas hoteleras. Pero en realidad, no van a querer poner coto a esos apartamentos; en este sentido, muchas medidas vienen fracasando por la oposición del sector y por la escasa convicción de los políticos. Ahora bien, detrás de las protestas de los hoteles contra los apartamentos, se esconde un recelo a perder beneficios y muchas prebendas, un querer quedarse con todo el lucro que generan sus precios a todas luces abusivos. La mercantilización de los apartamentos turísticos debe ser frenada y regulada drásticamente, pero tampoco podemos prohibir el alquiler de habitaciones a turistas, que de otra forma no podrían pagar los altos precios de los hoteles, eso sí debidamente acreditados y formalizados.

Turismo y degradación medioambiental

La mayor parte de la expansión turística en España se concentró en las costas, sobre todo en el Mediterráneo. Y una buena parte de la construcción descontrolada que ocasionó la burbuja inmobiliaria, fue de naturaleza turística y ubicada en las costas. La peor parte se la lleva la costa mediterránea, urbanizada en un 43% y considerada oficialmente como la costa más fea y degradada de todo el Mediterráneo.

Ya hace tiempo que las Naciones Unidas denunciaron que el turismo masivo es una de las principales amenazas mundiales al medio ambiente. Como ejemplo, los vuelos “low cost” y los grandes cruceros son dos de los modos de transporte más contaminantes.

Hoteles, urbanizaciones, campos de golf, consumen enormes cantidades de agua y energía de un modo totalmente insostenible, además de la contaminación de capas freáticas, destrucción paisajística, apertura abusiva de pistas forestales, ocupación mercantilista de casi cada punto que pueda tener algún interés turístico.

De hecho, muchos destinos van siendo abandonados por su degradación tan irreversible que ya no son objeto de atracción turística. Sin embargo ese costo nunca se repercute en los grandes grupos que operan en el sector.

 

Turismo, un sistema basado en la explotación laboral

En el sector turístico las condiciones sociales y laborales nunca fueron muy buenas, pero en los últimos tiempos han ido degradándose hasta niveles indescriptibles, con trabajos rondando la esclavitud laboral, con salarios de mierda, horarios inhumanos y malos tratos frecuentes.

En el país del turismo donde el 40% de la población no puede permitirse ni una semana de vacaciones, el salario medio en la hostelería, es un 40% inferior al salario medio general.  La famosa “competitividad turística” no es más que un eufemismo de supe explotación laboral, de hecho las cotas de precariedad son alarmantes, el turismo se convierte así en una muestra más de la globalización de la explotación, es la expresión de cómo el capitalismo siempre encuentra nuevas formas de expandirse a niveles cada vez más profundos. Esto es, siempre se inventan nuevos procesos para la explotación de siempre.

Los principales abusos laborales en el sector del turismo, son los siguientes:

– La “media jornada ficticia” sin duda es el fenómeno estrella. Básicamente consiste en que se firma un contrato temporal por 4 horas de media, se cotiza sólo por eso, y se trabaja el triple en realidad. Estamos hablando de pinches, cocineros, camareros de barra y de terraza que reciben entre 500 a 700 euros por mes por jornadas inhumanas de 12 horas. Estos contratos se han multiplicado desde el inicio de la crisis, ante el desinterés más absoluto de los inspectores del Ministerio de Empleo. Es más, la propia patronal empresarial viene solicitando la posibilidad de legal de transformar contratos por jornadas completas en contratos de media jornada.

– Los “falsos autónomos” son aquellos que  son despedidos o presionados para dejar la plantilla, para acabar haciendo el mismo trabajo pero pagándose ellos su propia Seguridad Social.

. Los “fijos discontinuos”, eufemismo para decir que el empleado es despedido, sobre todo al comienzo del verano, y es vuelto a contratar en condiciones mucho peores, en la línea de 4 horas cotizadas y jornadas de 10 a 12 horas.

– Por último, los “empleos sin contrato alguno” más numerosos de lo que parece, con pagos en negro y ningún tipo de derechos.

– Y el caso sangrante de las “camareras de piso”, las que limpian las habitaciones de los hoteles, una versión moderna de la esclavitud.  En esta feminización de la pobreza, estas mujeres cobran entre 1,50 a 2,00 euros por habitación, lo que las obliga a trabajar jornadas de 12 horas, cargando pesos, forzando posturas, y muchas de ellas no librando ni un fin de semanas en 5 meses.  Las camareras de piso son el colectivo más castigado por la explotación laboral en el sector turístico, que a su costa y el del resto de personal explotado en la hostelería, vive uno de sus mejores momentos lucrativos. Esta vergonzosa explotación está relacionada con la externalización de servicios que realizan las cadenas hoteleras.

Ante este panorama, los 981 inspectores y 897 subinspectores del Ministerio de Empleo se limitan a inspecciones aleatorias, escasas sanciones y poco más. Como dicen algunos de ellos: “Nos tienen haciendo inspecciones a chiringuitos y mercadillos, en lugar de ir por los restaurantes y hoteles, donde son muy comunes las medias jornadas ficticias.” El propio Ministerio reconoce que la hostelería es el sector productivo con más falsos contratos y con más abusos de todo tipo. En realidad planea la sospecha de que hay instrucciones para molestar lo menos posible al turismo… mientras miles de personas sufren día a día la más brutal precariedad.

Según opiniones de los Sindicatos del sector, este año 2017 ha sido la temporada más precaria y con más abusos de todo tipo de que se tiene noticia. Y en ella, además de las pésimas condiciones económicas, las ilegalidades y las jornadas extenuantes, rebrota con fuerza los malos tratos hacia las personas empleadas. Parece ser que en tiempos de crisis, suele surgir lo mejor y lo peor de las personas, y según multitud de testimonios en muchos medios, el comportamiento de una gran parte de los jefes y propietarios de negocios turísticos, muestra la peor faceta de esas personas.  En efecto, muchos jefes, endeudados hasta las cejas, y sumergidos en una feroz competencia, sólo viven para ver dinero en todo lo que les rodea, no ven a las personas. Y en ese proceso de degradación ética y moral cometen todo tipo de excesos: hostigan constantemente hasta la locura, vigilan y ponen mala cara hasta cuando los camareros comen. Con una educación autoritaria e inquisitorial, insultan constantemente, siempre a gritos, humillaciones, lenguajes racistas y sexistas, todo les parece mal, parece que gozan ejerciendo su tiranía patética. Y lo peor que ese ambiente de maldad y crueldad, se traslada bastantes veces entre los propios trabajadores. Obligados a competir entre ellos para sobrevivir, retroalimentan la crueldad de trato recibido entre ellos mismos.bajo el capitalismo todo es negocio.

No hay opción de sostenibilidad ni resistencia bajo las reglas de juego del mercado, por mucho que se cacaree la pretendida responsabilidad empresarial como un mantra de solidaridad y justicia social.

La necesidad de una regulación y cambio de paradigma

En definitiva, todo un proceso neocolonial al servicio de los intereses de las clases pudientes del norte global. Donde el incremento anual de turistas internacionales es celebrado estúpidamente por los políticos de turno como un éxito económico sin igual, ignorando que tal crecimiento no puede ser indefinido, hasta el infinito. Ignorando que hablar de ‘capacidad de carga’ o ‘capacidad de acogida’ turística una vez que ésta ha sido ampliamente superada ya no es una solución sino otro problema más.

Gestionar la capacidad de carga es como regular el flujo de agua con un grifo, abriendo más o menos la llave para regular la cantidad de agua que queremos. Pero una vez que se ha inundado la casa, de nada sirve abrir o cerrar el grifo, pues está roto. Así, gestionar la masificación turística exige medidas al mismo nivel que la gestión de una inundación, medidas de emergencia y evacuación.

Hasta ahora todos los intentos han sido tímidos e inoperantes. Por ello es necesario un debate en profundidad, una revisión del modelo turístico radicalmente diferente del actual. Cunden ejemplos de buenas prácticas en ese sentido: prohibición de apartamentos turísticos en los centros urbanos y lugares de interés turístico; tasas a los turistas; preferencia de los locales en los transportes públicos; poner coto a los vuelos “low cost” y a los grandes cruceros. Todo eso pasa, según las circunstancias de cada localidad, en muchas ocasiones por limitar el número de turistas que visitan los centros urbanos, por ejemplo; ya se hace en bastantes lugares y esta medida aumenta.

También se habla de primar al “turismo de calidad”, o sea el que más gasta, pero va en contra del derecho a hacer turismo de las clases menos favorecidas económicamente; no creemos que se trate de primar a la “Visa Platinum”, sino de diversificar ofertas y controlar afluencias excesivas.

Con tantos ingresos millonarios del turismo, ya es hora de usarlos para reordenar el sector y dignificar las condiciones laborales de las personas. Es hora de buscar también otras fuentes de ingresos y no caer en una especie de monocultivo del turismo. No se trata de ser sólo el lugar de diversión de medio mundo.

 

EQUIPO DE REDACCIÓN DEL FORO AMETZAGAÑA