Carta escrita por Felix Zubia, jefe de la UCI del Hospital Donostia.

 

Hasta ahora, he intentado no escribir sobre mí mismo. Pero esta semana me he dado cuenta de que no puedo más, que estoy agotado, agotado, que la cabeza no puede más.

Esta semana también hemos tenido más de veinte pacientes en nuestra UCI. Esta semana también he visto muertos, familias llorando, personas muriendo en soledad. Esta semana, de nuevo, a pesar de los más de quince muertos por día en Hego Euskal Herria, me he dado cuenta de que no nos importa mucho. Lo hemos convertido todo en una estadística, en un número frío, sin que nos demos cuenta de cuántas vidas hay por detrás, cuántos sufrimientos, cuántas familias.

He visto cómo quien escribe las leyes no las cumple, cómo un juez piensa que sabe más que los médicos. He visto cómo en la calle no se cumplen las medidas, cómo se acumula la gente. He visto, de nuevo, cómo todos creemos que nuestra actividad es segura, que no hay posibilidad de contagio, y que, por lo tanto, no necesitamos medidas restrictivas. Nadie es responsable de nada.

He visto cómo andan los partidos políticos en chextra, en discusión, picoteándose los unos a los otros, en lugar de buscar la solidaridad y el apoyo mutuo también en esta pandemia.

También esta semana, me han llamado una veintena de medios de comunicación, todos ellos con preguntas similares. Muchas de sus preguntas fueron hechas para romper la chextra antes mencionada, empujando la salsa, en lugar de explicar la situación que tenemos todos los días, o con el pretexto de explicarla.

He vuelto a ver cómo entendemos la vacunación como una medida de autoprotección, más que como una medida de protección mutua. Preguntándome cuándo es mi turno, en lugar de preguntarme qué puedo hacer yo. Y cómo la geopolítica puede condicionar nuestra vida, como si estuviéramos dentro de una partida de ajedrez.

Y me ha parecido que no puedo más. A ver por qué yo tengo que hacer más cuidados en el hospital para cuidar a los miembros de una sociedad que no es capaz de cuidarse a sí misma, a los miembros de una sociedad que no saben cuidarse los unos de los otros. Por qué tengo que dejar a mi familia en casa, a los miembros de una familia que necesito y me necesitan para cuidar de una sociedad que no tiene la responsabilidad de cuidarse mutuamente. Que os cuiden vuestros santísimos padres o madres.

Y cuando ya no puedes más, un enfermo te ha cogido de la mano. Lleva más de tres semanas con nosotros y, debido a una traqueotomía, no puede hablar. Me ha cogido justamente de la mano, y, no pudiendo de otro modo, me ha mostrado su gratitud con su mirada. Yo, guardando lágrimas bajo el beso, el anteojo y la pantalla, le he estrechado la mano. Entonces se me ha renovado el fuego y me ha recordado por qué la medicina es el medio de vida más hermoso del mundo, no sólo el oficio. Pero no sé hasta cuándo vamos a aguantar.



Categorías:EQUIPO DE REDACCIÓN

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