El auge de mensajes políticos extremistas, incluyendo algunas variantes del fascismo o neofascismo, en sectores socioeconómicos humildes es un fenómeno complejo que los analistas explican a través de múltiples factores interrelacionados:
1. Crisis socioeconómica y desesperanza:
· Cuando hay precariedad, desempleo, pérdida de calidad de vida y sensación de abandono por parte del sistema, se crea un caldo de cultivo para discursos que buscan chivos expiatorios y prometen soluciones simples y rápidas.
· El fascismo histórico y sus variantes modernas suelen presentarse como «salvadores» del pueblo común frente a élites corruptas o amenazas externas.
2. Identidad y pertenencia:
· Estos movimientos ofrecen una identidad fuerte, un sentido de comunidad y pertenencia a algo mayor, algo que puede ser muy atractivo en contextos de desarraigo o fragilidad social.
· Apelan al orgullo nacional o local, especialmente cuando las personas sienten que su identidad o forma de vida está siendo menospreciada o amenazada.
3. Simplificación y chivos expiatorios:
· Proporcionan narrativas simples para problemas complejos (ej.: «la culpa es de los inmigrantes, de las élites globalistas, de los políticos tradicionales»).
· Dirigen la frustración y el enojo hacia grupos específicos, liberando a las personas de la ambigüedad y ofreciendo una causa clara de sus males.
4. Descrédito de las instituciones y partidos tradicionales:
· Cuando los partidos tradicionales (de izquierda y derecha) no logran dar respuestas efectivas a problemas como la desigualdad, o son percibidos como parte de un establishment corrupto, se abre espacio para alternativas que se venden como «antisistema».
5. Uso efectivo de emociones y redes sociales:
· Los mensajes fascistas o autoritarios suelen apelar más a las emociones (miedo, ira, nostalgia, esperanza) que a propuestas racionales complejas.
· Las redes sociales permiten viralizar consignas simples, crear comunidades de seguidores y utilizar algoritmos que favorecen contenidos polarizantes.
6. Promesas de orden y seguridad:
· En contextos de inseguridad ciudadana o percepción de caos social, prometen mano firme, orden y estabilidad, valores muy apreciados por quienes viven en situaciones vulnerables.
7. Falta de alternativas de izquierda convincentes:
· En algunos contextos, la izquierda ha perdido conexión con su base tradicional de clase trabajadora, ya sea por adoptar discursos muy academicistas, por no abordar temas como la seguridad o la identidad, o por ser percibida como parte de la élite.
8. Crisis cultural y cambio social acelerado:
· La globalización, cambios en valores sociales y migraciones pueden generar ansiedad en comunidades que ven transformarse su entorno. Los movimientos fascistas prometen restaurar un orden tradicional (real o imaginado).
Importante: Esto no significa que las poblaciones humildes sean inherentemente proclives al fascismo. Al contrario, históricamente también han sido base de movimientos progresistas, sindicales y de solidaridad. La clave está en qué narrativas y organizaciones logran conectar con sus necesidades materiales y emocionales en un momento dado.
La respuesta democrática no debe ser menospreciar a quienes son atraídos por estos mensajes, sino abordar las causas profundas de su descontento, reconstruir tejido social y ofrecer alternativas inclusivas que generen esperanza real sin recurrir al odio o al autoritarismo.
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