LA FALSIFICACIÓN DE LA IZQUIERDA

Hace un tiempo que no escribo porque la realidad ha cambiado y no tenía herramientas para analizar con cierta veracidad qué está sucediendo. He leído, he observado a mi alrededor, he conversado con mucha gente y creo haber encontrado la lógica por la que el mundo a todos los niveles funciona de una determinada manera. Por ejemplo ya no es posible entender los conflictos sobre la base de los estados-nación ni siquiera del imperialismo sin ver que sucede una pugna de intereses entre empresas multinacionales en una economía que es global. En ésta los llamados oligarcas o magnates empresariales adquieren un protagonismo sin precedentes, de manera que hacen de los estados herramientas para sus fines. Incluso a raíz de la guerra en Ucrania treinta y dos directores de grandes empresas transacionales de Rusia han sido eliminados por una pugna interna, mediante un golpe de dirección empresarial, imponiendo sus condiciones y ritmos en la contienda bélica para conquistar nuevos espacios de mercados dando una apariencia de conflicto territorial entre dos estados que es una mera apariencia, trágica pero la guerra real no la vemos. O habrá que mirar a un tribunal de EE.UU. a pasar de que nada se cuente sobre el hijo del actual presidente de este país Hunter Biden, que formó parte de una compañía de gas ucraniana hasta que comenzó la guerra. Pensemos que una empresa del mundo virtual puede paralizar un país si desenchufa el funcionamiento de los ordenadores. Desde las operaciones bancarias a los semáforos y la comunicación de empresas y las personas se vería afectada. Estas actuaciones están por venir, tiempo al tiempo. Ya no serán huelgas de trabajadores sino “huelgas” de capitales. Los estados pueden intervenir los aeropuertos, las eléctricas, por ejemplo pero no sus sistemas informáticos deslocalizados y fuera de las fronteras nacionales. Hace unos días según Klaus Schwab, residente del Foro Económico Mundial: “Los sistemas de alimentación, energía y suministro fallaran y tendréis que confiar en vuestros gobiernos en tiempos de crisis.”

Pero ya iremos viendo estos detalles observando la nueva realidad a medida que transcurra. En este artículo quiero analizar una situación engañosa que hace que no salgamos de unas arenas movedizas en las que se ha creado un espejismo informativo que impide la reflexión y pensar nuevas alternativas para adaptar nuestras condiciones de empleo, de vida y demás.

Las nuevas formas de informar generan sensaciones, mensajes emocionales sin que pueda haber un discurso, sino “relatos” en los que se cuenta una cosa y la contraria, porque no hay argumentario sino sensaciones vacías de contenido, formando parte de la comunicación social que se ha ido construyendo a lo largo de los años. Ya no se requiere coherencia ni lógica. Han influido en este escenario las nuevas tecnologías que simplifican los mensajes reduciendo su contenido y priorizando la velocidad acompañadas por estrategias de control social desde los medios de comunicación clásicos que han llevado a dar a conocer solamente lo trivial. Por ejemplo hoy es noticia lo que un personaje cuenta por un twitter. No puede haber nada más absurdo, siendo lo que se lleva y es la novedosa “ciencia de la información.».

La izquierda ideológica quedó anclada en postulados de la sociedad industrial, incapaz de actualizar sus contenidos y visión del mundo en relación a la nueva realidad en la que pudiera encajar su lucha. Esto ha llevado a una crisis política en la que nada se argumenta, se generan prejuicios y sobre todo no se definen los conceptos. Para empezar el llamado “neoliberalismo”, que ¿qué es? Porque como insisten Jose Manuel Sánchez y Alveano es la izquierda quien más lo impulsa. He aquí la base de la falsificación que hay que explicar.

Lo neoliberal nada tiene que ver con el liberalismo y la dicotomía entre capitalismo y comunismo se ha fusionado con los países comunistas, grandes potencias militares y también económicas posteriormente, chocando sus empresas en el reparto de los mercados y fuentes de materias primas. Estados consolidados se desvanecen ante esta situación. Entre otros los más antiguos y de mayor arraigo como los europeos, incapaces de articular el Estado Europeo.

El neoliberalismo proviene del cambio de modelo dando lugar a una especia de economía de la corrupción endémica. Los casos que se juzgan y salen en los medios de comunicación son de carácter político. La economía funciona sobre dos pilares. Uno es el endeudamiento de los estados, de manera que los desarman y condicionan su función. Una consecuencia ha sido la privatización de servicios públicos esenciales como la gestión del agua, de las basuras, empresas eléctricas y una parte de las externalizaciones en la sanidad y en la enseñanza. Sucede en todas las administraciones. Cada vez queda menos que vender.

Hay que preguntarse a quienes se endeudan los estados. Por ejemplo a grandes fondos de inversión y a empresas aseguradoras. En España en mayo de este año la deuda es del 113,25% del PIB. El mensaje simple de condonar la deuda no sirve para nada, o alegar exigir el dinero prestado a la banca, cuando lo reciproco es mucho mayor. Hace falta ver la realidad, entender cómo funciona y actuar sobre ella en favor de la mayoría social y no engañarla y aumentar, como está sucediendo, la pobreza. Este año un 20’4% de la población española está en riesgo de pobreza y padecen muchos la pobreza laboral, cuando el empleo no permite sufragar los gastos del mes a una familia. Con todas las crisis que justifican el no poder hacer más por las personas, con un gobierno etiquetado de izquierdas los seis mayores bancos de España han conseguido 20.850 millones de euros el año 2022. A la vez que este año 2023 el gasto militar ha aumentado en 13.514 millones de euros del presupuesto.

¿Por qué digo que es una economía de corrupción la que funciona casi globalmente?, porque el nuevo modelo es que el dinero público no va para el empleo público a través de empresas públicas de construcción y otras, sino a empresas privadas de manera que con el dinero de todos hay que pagar los salarios, las gestiones y los beneficios (enormes) de las empresas. Hasta se han legalizado las comisiones millonarias (por ejemplo en la compra de mascarillas, siendo de conocimiento público en caso de Madrid) Cabe recordar que en España hubo una Empresa nacional de Autocamiones cuya marca comercial fue Pegaso, otras empresas estatales como lo fueron Telefónica, Renfe, Endesa y demás. Al privatizarse para “modernizar” o bajar los precios mediante la competitividad, lo cual no ha sucedido, se pasó a un modelo nuevo al que han añadido “liberal» sin serlo. También ha desaparecido prácticamente la Vivienda de Protección Pública dando lugar a alquileres desorbitados. Etc.

De la plusvalía se ha pasado al pluscapital. Sin analizar esto es imposible hacer una política de izquierdas, porque está al servicio de la derecha en tanto va a parar a la concentración del capital, al amparo de una minoría que hace cómplice a una gran parte de la sociedad a través de abstracciones como la patria y erigirse salvadora de una economía que naufraga y que mantiene al límite a los trabajadores, cuando la izquierda los ha dejado atrás diciendo lo contrario.

La plusvalía es el dinero que produce con su trabajo el obrero y se lo lleva el empresario, según analizó Carlos Marx. En un modelo capitalista el dueño del capital lo invierte y gana unos beneficios. En la actualidad no hay inversión, sino el pago del Estado para obras en el caso de las empresas constructoras, o con legislaciones que permiten los precios abusivos y fuera de control supeditada la economía productiva a la economía financiera. Deberíamos preguntarnos cómo es posible que con una política de restricciones en gastos sanitarios, en la enseñanza, en políticas sociales aumente la deuda, generada con las “políticas de empleo” que van a aumentar los beneficios empresariales y de la banca. Caro sale crear empleo, a parte de las consecuencias fatales para la sostenibilidad que por otra parte se pregona de manera farisea. Pero este es otro tema.

El gobierno de Meloni en Italia, desde la llamada extrema derecha, por un lado elimina las ayudas sociales, con el fin de incentivar la búsqueda de empleo y que se acepten trabajos en condiciones de máxima explotación. Al mismo tiempo ha aprobado un impuesto a los beneficios de los bancos, que luego ha tenido que limitar al perder el pulso con las entidades bancarias.

¿Y la izquierda qué hace?, está siendo arrastrada, instrumentalizada cuando no dirigida en esta estrategia. Se podrá hacer mejor o peor, contar con más o menos apoyos, pero la cuestión es que está siendo un engaño que parte de la torpeza de quienes representan las políticas de progreso y de profesionales infiltrados que trabajan para que en el cambio nada cambie. De concienciar se ha pasado a empoderar. Ya la idea de que se mantenga una mentalidad de clase, la conciencia de la clase trabajadora, cuya base social ha cambiado, exige tomar conciencia de la realidad, labor fundamental de la izquierda para que se luche por los derechos de las personas y en consecuencia actuar desde colectivos sociales, organizaciones sindicales, partidos políticos. Pero todo esto se ha venido abajo, lo han tirado en la estrategia de empoderar que no ha sido sino que se delegue en unos políticos que iban a tener “poder” para transformarlo todo en representación del movimiento social. Confiar en esto ha sido el gran error, pero se ha producido como consecuencia de un engaño manifiesto que en su comienzo estuvo planificado y ¡dirigido!

Como ya advirtió Nicolás Sartotius “no suele ser la izquierda quien adquiera el Poder, es éste el que consigue a la izquierda para sus intereses.” Tal cual ha sucedido. Entre otras cosas creando una casta de izquierdas a la que se ha bien pagado, a sus protagonistas y aledaños y facilitando una red de trasmisión y de medios de comunicación que han teatralizado y dramatizado con que son comunistas, radicales, sin serlo. Todo ha sido un disfraz premeditado. Es imposible entenderlo de otra manera.

Por un lado se ha creado la forofización de los partidos, pero en las nuevas organizaciones emergentes los debates han brillado por su ausencia y cualquier reflexión se apartaba del “proyecto» y acusaban de revisionismo a quienes abrieran cualquier interrogante. Se acusó de apoyar a la derecha si se era crítico, con una presión que eliminó cualquier pensamiento de izquierdas para imponer criterios publicitarios, convirtiendo el partido en una marca, como han hecho los demás. ¿Era necesario?, para la transformación de la sociedad no. Los puntos esenciales con los que empezaron han sido apartados de su foco de acción. Para ello acabaron por decreto con los círculos, cuyas reuniones y planteamientos incomodaban para la otra estrategia amparada en los medios de comunicación, que luego les han ido haciendo la cama mediante un engaño dentro de un engaño. Un político de este colectivo de empoderados me lo dejó claro cuando se lo planteé en Alcalá de Henares: “Los círculos nos dan 500 votos, una buena campaña publicitaria 5.000, ¡elige!”

La simulación de ser la izquierda ha desembocado en la política gourmet, desde un Ministerio de Consumo que en lugar de garantizar el consumo básico a toda la ciudadanía se ha mantenido que, por ejemplo, los pobres paguen un euro por cada comida diaria y otro por cada cartilla semanal en diversas ciudades cuando las Asociaciones de la Caridad son subvencionadas para cubrir esta carencia al no hacerse cargo el Estado sin intermediarios. Pero se han preocupado en esta labor ministerial de una serie de temas que equivale a la labor de asociaciones de consumidores, a dar consejos gastronómicos y legislar como un prohombre de Estado su ministro sobre conservantes. Todo amparado por el partido que defiende a la clase trabajadora. Las personas en paro, los excluidos ya no lo son y quienes trabajan en precario tampoco. Buscan desde la izquierda una clientela y en ello se quedan. Porque ni una declaración que condene la pobreza, ni reflexiones para crear presión social, ¡nada!, cuatro consignas vacías contra el capitalismo gastando auténtico lujo, sin decir cómo ni dónde hacer la lucha social y dejándose llevar por debates-moda sin criterio alguno. Por ejemplo en los temas de los nacionalismos, en donde se junta la izquierda con las derechas más denostadas y casposas para pactar con ellas. Esto es posible ante la falsificación de la política que ha perdido el norte y su sentido. De ahí la necesidad de recuperar un discurso e indicar temas necesarios que definen la política real ante una nueva realidad.

Ante la falta de ideas de izquierdas y de propuestas las nuevas corrientes cogieron las ideas del feminismo, el ecologismo, los animalistas y demás, ¡pero desde colectivos y con personas exaltadas que han fanatizado sus las ideas, que no razonan, ni se las sitúa en la sociedad, sino que se llevan a un estado extravagante fuera de toda realidad. Es un fenómeno, el fanatismo, que ha sucedido siempre, como ha sido con las religiones (todas), las revoluciones desde la Francesa a la bolchevique. Para el fanático el fin justifica los medios y no se atiende a razones, llegando a ser lo contrario de lo que plantea la idea o creencia que defiende. Las leyes de igualdad, de garantizar la libertad sexual, de género y demás son un ejemplo de esta nueva izquierda que ni es nueva ni de izquierdas.

Otro ejemplo ha sido establecer el Ingreso Mínimo Vital (IMV), algo que ya estaba vigente como competencia social de las comunidades autónomas. Insuficiente, sí. Que no resolvían el problema de la pobreza, sí. Pero se establece toda una campaña mediática engañosa para convencer a los forofos y dar una imagen absolutamente falsa a la sociedad . Primero sin criterio. Segundo queriendo que se asocie a lo que fue un fundamento del origen político de la izquierda moderna, que suprimieron de un plumazo, siendo la propuesta más apoyada en cada congreso: la famosa Renta Básica. El IMV es justo lo contrario: No es universal, queda muy por debajo del umbral de la pobreza y se da a la unidad familiar no a las personas. Se traslada como competencia al Estado con condiciones más draconianas y es más restrictiva la posibilidad de solicitarlo. Una falsificación más.

No se ha derogado la Ley Mordaza, cualquier manifestación sigue siendo perseguida y castigada si no es en los limites que establece el gobierno. Los requisitos para hacer una protesta son más dificultosos y las multas son una espada de Damocles permanente. ¡En fin! ¿Y la reforma laboral? De esta idea partió el apoyo de una parte de la sociedad a la izquierda. El coste de los despidos de carácter “objetivos individuales” siguen haciendo estragos. Acá en León hay un ejemplo clarísimo en el restaurante del Hospital que conozco personalmente. Los contratos en prácticas son una explotación infame que exige trabajar ¡gratis! para empresas privadas. No sólo se ha consentido, sino que se ha reforzado, junto a cambiar los cálculos del IPC para ajustar a la baja las pensiones cuando se propaga que suben cuando el poder adquisitivo de las mismas es muy inferior ante la subida de la inflación. Y lo uno y lo otro están relacionados, no es una mera coincidencia. Era raro que la patronal apoyara con tanto entusiasmo dicha reforma, lo que se ha vendido como capacidad negociadora. Todo es propaganda y coartada para la derecha que deja que se vea como un triunfo, una “conquista de derechos” cuando aumenta el trabajo temporal, los fijos discontinuos se afianzan y quedan fuera de las estadísticas del paro. Todo un montaje. La derecha mediática se tira de los pelos para que se afiance esto que es lo que defienden. Los términos “derecha» e “izquierda» ya no definen lo mismo en política que en la economía. La tragedia intelectual es no comprender este matiz.

Y se aumenta el salario mínimo, perpetuándolo al frenarse otras subidas dentro de una empresa, pero se vende como un logro de la izquierda. La respuesta de los forofos es que es mejor que lo de antes, cuando es necesario plantear lo óptimo y no usar la lógica engañosa que construye la falsificación, al decir “es mejor que…» Pues según esta manera de aceptar la realidad es mejor que se suba el salario un euro a que se suba dos céntimos. Sí, pero no sirve para nada. O decir que es mejor que te den un latigazo que si te dan veinte, cuando no es admisible ninguno. Hay que razonar sobre aquello que resuelva los problemas.

Para reconstruir una lucha social necesaria hay que empezar a ver la realidad, denunciar la mentira que nos imponen los que usan el mismo lenguaje para disfrazarse con él y hay que desmontar los mecanismos emocionales con los que se fabrica miedo en la sociedad con temas que necesitan ser razonados. Que miseria que el gran valor de una llamada izquierda sea el miedo a que gobierne la extrema derecha. Cuando la extrema estupidez es la que nos arrastra y la extrema economía la que nos domina. El Poder miente y por eso existe. La democracia es el poder del pueblo desde la razón, de lo contrario es el poder de las masas que hace funcionar la irracionalidad y hoy por hoy son fanatismos enfrentados a través de campañas publicitarias y modelos estereotipados los que nos hacen estar en un callejón sin salida. Ergo…

 

 

RAMIRO PINTO



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