DECRECIMIENTO: PREGUNTAS A CARLOS TAIBO

 

 El decrecimiento no es un proyecto que sustituya a todo lo que el conjunto de luchas contra el capitalismo ha supuesto desde mucho tiempo atrás: es, antes bien, una perspectiva que permite abrir un nuevo frente de contestación del capitalismo imperante. En ese sentido parece razonable afirmar que en el Norte desarrollado de principios del siglo XXI no es imaginable ningún proyecto anticapitalista consecuente que no sea al mismo tiempo decrecimentalista, autogestionario y antipatriarcal.

1. En el momento presente, ¿es inequívocamente saludable el crecimiento económico? La visión dominante en las sociedades opulentas sugiere que el crecimiento económico es la panacea que resuelve todos los males. A su amparo – se nos dice – la cohesión social se asienta, los servicios públicos se mantienen, y el desempleo y la desigualdad no ganan terreno. Sobran las razones para recelar, sin embargo, de todo lo anterior. El crecimiento económico no genera -o no genera necesariamente- cohesión social, provoca agresiones medioambientales en muchos casos irreversibles, propicia el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de las generaciones venideras y, en fin, permite el asentamiento de un modo de vida esclavo que invita a pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir. Frente a esto se impone la certeza de que, dejado atrás un nivel elemental de consumo, el acrecentamiento irracional de este último es antes un indicador de infelicidad que una muestra de lo contrario. Es razonable adelantar, por lo demás, que la crisis general por la que atravesamos está llamada a permitir que la conciencia en lo que respecta a estos sinsentidos se asiente en una parte significada de la ciudadanía.

2. ¿Cuáles son los pilares en los que se asientan los sinsentidos del crecimiento?Son tres los pilares en los que se sustenta tanta irracionalidad.

*El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos y, llegado el caso, exige que adquiramos, incluso, lo que nos repugna.

*El segundo es el crédito, que históricamente ha permitido allegar el dinero que permitía preservar el consumo aun en ausencia de recursos.

*El tercero es la caducidad de los bienes producidos, claramente programados para que en un período de tiempo breve dejen de funcionar, de tal suerte que nos veamos en la obligación de comprar otros nuevos.

Por detrás de todo ello despunta, en palabras de Z. Bauman, la certeza de que “una sociedad de consumo sólo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro”.

3. ¿Debemos fiarnos de los indicadores económicos que hoy empleamos? Los indicadores económicos que nos vemos obligados a utilizar -así, el producto interior bruto (PIB) y afines- han permitido afianzar, en palabras de J.K. Galbraith, “una de las formas de mentira social más extendidas”. Pensemos que si un país retribuye al 10% de sus habitantes por destruir bienes, hacer socavones en las carreteras, dañar los vehículos…, y a otro 10% por reparar esas carreteras y vehículos, tendrá el mismo PIB que un país en el que el 20% de los empleos se consagre a mejorar la esperanza de vida, la salud, la educación y el ocio. Y es que la mayoría de esos indicadores contabiliza como crecimiento -y cabe suponer también que como bienestar- todo lo que es producción y gasto, incluidas las agresiones medioambientales, los accidentes de tráfico, la fabricación de cigarrillos, los fármacos y las drogas, o el gasto militar. Esos mismos indicadores apenas nada nos dicen, en cambio, del trabajo doméstico, en virtud de un código a menudo impregnado de machismo, de la preservación objetiva del medio ambiente – un bosque convertido en papel acrecienta el PIB, en tanto ese mismo bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza-, de la calidad de los sistemas educativo y sanitario – y en general de las actividades que generan bienestar aunque no impliquen producción y gasto -, o del incremento del tiempo libre. De resultas puede afirmarse que la ciencia económica dominante sólo presta atención a las mercancías – lo que se tiene o no se tiene -, y no a los bienes que hacen que alguien sea algo (F. Flahault), en un escenario en el que “las ideas rectoras de la modernidad son más, mayor, más deprisa, más lejos” (M. Linz).

4. ¿No son muchas las razones para contestar el progreso, más aparente que real, que han protagonizado nuestras sociedades durante decenios? Son muchas, sí. Hay que preguntarse, por ejemplo, si no es cierto que en la mayoría de las sociedades occidentales se vivía mejor en el decenio de 1960 que ahora: el número de desempleados era sensiblemente menor, la criminalidad mucho más baja, las hospitalizaciones por enfermedades mentales se hallaban a años luz de las actuales, los suicidios eran infrecuentes y el consumo de drogas escaso. En EE.UU., donde la renta per cápita se ha triplicado desde el final de la segunda guerra mundial, desde 1960 se reduce, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que declaran sentirse satisfechos. En 2005 un 49% de los norteamericanos estimaba que la felicidad se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario. Son muchos los expertos que concluyen, en suma, que el crecimiento en la esperanza de vida al nacer registrado en los últimos decenios bien puede estar tocando a su fin en un escenario lastrado por la extensión de la obesidad, el estrés, la aparición de nuevas enfermedades y la contaminación.

5. ¿Por qué hay que decrecer? En los países ricos hay que reducir la producción y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. “El único programa que necesitamos se resume en una palabra: menos. Menos trabajo, menos energía, menos materias primas” (B. Grillo). Por detrás de esos imperativos despunta un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplea, ello conducirá a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales. Aunque nos movemos -si así quiere- en un barco que se encamina directamente hacia un acantilado, lo único que hemos hecho en los últimos años ha sido reducir un poco la velocidad sin modificar, en cambio, el rumbo. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecológica, que mide la superficie del planeta, terrestre como marítima, que precisamos para mantener las actividades económicas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, según muchos pronósticos alcanzará dos Tierras -si ello es imaginable- en 2050. La huella ecológica igualó la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003. En paralelo, no está de más que recordemos que en 2000 se estimaban en 41 los años de reservas de petróleo, 70 los de gas y 55 los de uranio.

6. ¿Cuál es la actitud que ante lo anterior exhiben nuestros dirigentes políticos? Los dirigentes políticos, marcados por un irrefrenable cortoplacismo electoral, prefieren dar la espalda a todos estos problemas. De resultas, y en palabras de C. Castoriadis, “quienes preconizan ‘un cambio radical de la estructura política y social’ pasan por ser ‘incorregibles utopistas’, mientras que los que no son capaces de razonar a dos años vista son, naturalmente, realistas”. Todo pensamiento radical y contestatario es tildado inmediatamente de extremista y violento, además de patológico. La idea, supersticiosa, de que nuestros gobernantes tienen soluciones de recambio se completa con la que sugiere que la ciencia resolverá de manera mágica, antes o después, todos estos problemas. No parecería lógico, sin embargo, construir un “rascacielos sin escaleras ni ascensores sobre la base de la esperanza de que un día triunfaremos sobre la ley de la gravedad” (M. Bonaiuti). Más razonable resultaría actuar como lo haría un pater familias diligens, que “se dice a sí mismo: ya que los problemas son enormes, e incluso en el caso de que las probabilidades sean escasas, procedo con la mayor prudencia, y no como si nada sucediese” (C. Castoriadis). No es ésta una carencia que afecte en exclusiva a los políticos. Alcanza de lleno, antes bien, a los ciudadanos, circunstancia que da crédito a la afirmación realizada por un antiguo ministro del Medio Ambiente francés: “La crisis ecológica suscita una comprensión difusa, cognitivamente poco influyente, políticamente marginal, electoralmente insignificante”.

7. ¿Basta, sin más, con reducir determinadas actividades económicas? A buen seguro que no es suficiente con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar en paralelo nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Los verbos que hoy rigen nuestra vida cotidiana son “tener-hacer-ser“: si tengo esto o aquello, entonces haré esto y seré feliz. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo. O, lo que es casi lo mismo, frente al “más deprisa, más lejos, más a menudo y menos caro” hay que contraponer el “más despacio, menos lejos, menos a menudo y más caro” (Y. Cochet). Debe apostarse, también, por el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido con el paso del tiempo. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras productivas, de las organizaciones administrativas y de los sistemas de transporte. Lo local, por añadidura, debe adquirir una rotunda primacía frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria. Entre las razones que dan cuenta de la opción por esta última están la pésima situación económica, la ausencia de tiempo para llevar una vida saludable, la necesidad de mantener una relación equilibrada con el medio, la certeza de que el consumo no deja espacio para un desarrollo personal diferente o, en fin, la conciencia de las diferencias alarmantes que existen entre quienes consumen en exceso y quienes carecen de lo esencial. S. Latouche ha resumido el sentido de fondo de esos valores de la mano de ocho “re“: reevaluar (revisar los valores), reconceptualizar, reestructurar (adaptar producciones y relaciones sociales al cambio de valores), relocalizar, redistribuir (repartir la riqueza y el acceso al patrimonio natural), reducir (rebajar el impacto de la producción y el consumo), reutilizar (en vez de desprenderse de un sinfín de dispositivos) y reciclar.

8. Esos valores, ¿son realmente ajenos a la organización de las sociedades humanas? Los valores que acabamos de reseñar no faltan, en modo alguno, en la organización de las sociedades humanas. Así lo demuestran, al menos, cuatro ejemplos importantes. Si el primero nos recuerda que las prácticas correspondientes tienen una honda presencia en muchas de las tradiciones del movimiento obrero – y en particular, bien es cierto, en las vinculadas con el mundo libertario -, la segunda subraya que en una institución central en muchas sociedades, la familia, impera antes la lógica del don y de la reciprocidad que la de la mercancía. Pero lo social está a menudo presente, también, en lo que despectivamente hemos dado en llamar economía informal. En muchos casos “el objetivo de la producción informal no es la acumulación ilimitada, la producción por la producción. El ahorro, cuando existe, no se destina a la inversión para facilitar una reproducción ampliada”, recuerda S. Latouche. Y está presente en la experiencia histórica de muchas sociedades que no estiman que su felicidad deba vincularse con la acumulación de bienes, y que adaptaron su modo de vida a un entorno natural duradero. No se olvide al respecto a los campesinos que, en la Europa mediterránea, plantaban olivos e higueras cuyos frutos nunca llegarían a ver, pensando, con claridad, en las generaciones venideras. Tampoco debe olvidarse que muchas sociedades que tendemos a describir como primitivas y atrasadas pueden darnos muchas lecciones en lo que atañe a la forma de llevar a la práctica los valores de los que hemos hecho mención.

9. ¿Qué supondría el decrecimiento en las sociedades opulentas? Hablando en plata, lo primero que las sociedades opulentas deben tomar en consideración es la conveniencia de cerrar – o al menos de reducir sensiblemente la actividad correspondiente – muchos de los complejos fabriles hoy existentes. Estamos pensando, cómo no, en la industria militar, en la automovilística, en la de la aviación o en buena parte de la de la construcción. Los millones de trabajadores que, de resultas, perderían sus empleos deberían encontrar acomodo a través de dos grandes cauces. Si el primero lo aportaría el desarrollo ingente de actividades en los ámbitos relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y medioambientales, el segundo llegaría de la mano del reparto del trabajo en los sectores económicos tradicionales que sobrevivirían. Importa subrayar que en este caso la reducción de la jornada laboral bien podría llevar aparejada, por qué no, reducciones salariales, siempre y cuando éstas, claro, no lo fueran en provecho de los beneficios empresariales. Al fin y al cabo, la ganancia de nivel de vida que se derivaría de trabajar menos, y de disfrutar de mejores servicios sociales y de un entorno más limpio y menos agresivo, se sumaría a la derivada de la asunción plena de la conveniencia de consumir, también, menos, con la consiguiente reducción de necesidades en lo que a ingresos se refiere. No es preciso agregar -parece- que las reducciones salariales que nos ocupan no afectarían, naturalmente, a quienes menos tienen.

10. ¿Es el decrecimiento un proyecto que augura, sin más, la infelicidad a los seres humanos? Parece evidente que el decrecimiento no implica en modo alguno, para la mayoría de los habitantes, un entorno de deterioro de sus condiciones de vida. Antes bien, debe acarrear mejoras sustanciales como las vinculadas con la redistribución de los recursos; la creación de nuevos sectores que atiendan las necesidades insatisfechas; la preservación del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los ciudadanos y las condiciones del trabajo asalariado, o el crecimiento relacional en sociedades en las que el tiempo de trabajo se reducirá sensiblemente. Al margen de lo anterior, conviene subrayar que en el mundo rico se hacen valer elementos – así, la presencia de infraestructuras en muchos ámbitos, la satisfacción de necesidades elementales o el propio decrecimiento de la población – que facilitarían el tránsito a una sociedad distinta. Hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o después, del capitalismo global que padecemos. 

11. ¿Qué argumentos se han formulado para cuestionar la idoneidad del decrecimiento? Los argumentos vertidos contra el decrecimiento parecen poco relevantes. Se ha señalado, por ejemplo, y contra toda razón, que la propuesta se emite desde el Norte para que sean los países del Sur los que decrezcan materialmente. También se ha sugerido que el decrecimiento es antidemocrático, en franco olvido de que los regímenes que se ha dado en describir como totalitarios nunca han buscado, por razones obvias, reducir sus capacidades militar-industriales. Más bien parece que, muy al contrario, el decrecimiento, de la mano de la autosuficiencia y de la simplicidad voluntaria, bebe de una filosofía no violenta y antiautoritaria. La propuesta que nos interesa no remite, por otra parte, a una postura religiosa que reclama una renuncia a los placeres de la vida: reivindica, antes bien, una clara recuperación de éstos en un escenario marcado, eso sí, por el rechazo de los oropeles del consumo irracional.

12. ¿También deben decrecer los países pobres? Aunque, con certeza, el debate sobre el decrecimiento tiene un sentido distinto en los países pobres – está fuera de lugar reclamar reducciones en la producción y el consumo en una sociedad que cuenta con una renta per cápita treinta veces inferior a la nuestra -, parece claro que aquéllos no deben repetir lo hecho por los países del Norte. No se olvide, en paralelo, que una apuesta planetaria por el decrecimiento, que acarrearía por necesidad un ambicioso programa de redistribución, no tendría, por lo demás, efectos notables en términos de consumo convencional en el Sur. Para esos países se impone, en la percepción de S. Latouche, un listado diferente de “re“: romper con la dependencia económica y cultural con respecto al Norte, reanudar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización, reencontrar la identidad propia, reapropiar ésta, recuperar las técnicas y saberes tradicionales, conseguir el reembolso de la deuda ecológica y restituir el honor perdido.

 

Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, donde también ha dirigido el programa de estudios rusos del Instituto de Sociología de las Nuevas Tecnologías. Es autor de una veintena de libros en castellano, en su mayoría relativos a las transiciones en la Europa central y oriental contemporánea. Carlos Taibo es partidario de los movimientos antiglobalización y uno de los más destacados defensores de la corriente de pensamiento político, económico y social del decrecimiento,

MAREA BÁSICA CONTRA EL PARO Y LA PRECARIEDAD.

Otra vez salimos a la calle, otra vez, sí, por la Renta Básica, contra el paro y la precariedad, para llenar los caminos de reivindicaciones y de lucha porque ¡ya está bien de que continúe la pobreza afectando cada vez a más personas! . Convocamos desde la Marea Básica una Marcha de la Dignidad para llegar a Madrid el sábado 24 de Marzo del 2018,con el fin de exigir el fin de la precariedad en la que nos hacen sobrevivir y por el establecimiento de la Renta Básica. Hacemos un llamamiento a la unidad de acción contra la pobreza y por un cambio de modelo. Ante la necesidad imperiosa de la pobreza extrema exigimos la reivindicación urgente de que se cumpla de inmediato la CARTA SOCIAL EUROPEA, para atender la pobreza inminente de a quienes no llegan las prestaciones y para que no haya pobres por decreto, ya que como se establece en este tratado ninguna prestación ni pensión, contributiva o no, pueda estar por debajo del umbral de la pobreza, establecido al día de hoy en 674 euros mensuales. La RENTA BÁSICA es necesaria, siendo suficiente (el umbral de la pobreza – 674 euros); incondicional, individual y universal. Sin estas características no es Renta Básica, es otra cosa.

Es posible y es necesaria la RB para evitar el chantaje de aceptar empleos precarios a cualquier precio. Reivindicamos de esta manera el empleo digno. Esto nos va a permitir recuperar el poder salarial derogando las sucesivas reformas laborales. Pobre no es la palabra “pobre”, por eso no se puede desmenuzar la pobreza en diversos tipos para engañar, como se engaña con las estafas básicas que se anuncian y debaten como rentas mínimas, garantizadas o mal llamadas “básicas”, siempre por debajo del umbral de la pobreza para crear pobres por decreto ley. Pretendemos que todas las personas podamos sobrevivir y desarrollar nuestras capacidades en un modelo de tolerancia y libertad.

Desde esta lucha unimos otros derechos como son la sanidad, la educación, la vivienda, los derechos laborales, para no tener que caer en la precariedad social y en la pobreza laboral (trabajadores que son pobres por sueldos infames) y, por lo tanto, erradicar la exclusión social. Para lograr de manera efectiva el reparto del empleo y un pleno desarrollo de nuestra libertad individual. Hacemos un llamamiento a una respuesta no-violenta contra los recortes del gobierno a la sanidad y educación públicas y hacer que el dinero público sea para los servicios sociales de todas y de todos y que se redistribuya la riqueza a las personas cuando el empleo es sustituido cada vez más por las nuevas tecnologías y la robotización en la industria y en el sector servicios. Es el pueblo quien ha de tener a su disposición el dinero que nos corresponde y no que se ponga a disposición de beneficios bancarios-rescates (60.000 millones de euros a fondo perdido); subvenciones a empresas y a los terratenientes que llevan la mitad de los presupuestos a manos de los más ricos y contrataciones con dinero público a grandes empresas privadas alimentando los circuitos de la corrupción.

Hacemos un llamamiento a plataformas, colectivos, sindicatos y otras organizaciones sociales para unirnos en una lucha entre quienes tienen trabajo y quienes no lo tengan, en un compromiso mutuo de movilización social y de solidaridad. Unir la lucha del empleo digno a la Renta Básica y demás derechos sociales para recuperar la ilusión en la defensa de los derechos de todas y de todos, para acabar con la exclusión y que sirva de punto de apoyo para las trasformaciones necesarias con las que seamos capaces de construir una sociedad más justa, más libre, equitativa y más igualitaria y democrática exigiendo honestidad en la política y en la economía, contra los recortes sociales, contra la ley mordaza y las privatizaciones de los servicios públicos. Por la Renta Básica, el empleo digno y los derechos sociales.

 

  • Ramiro Pinto Cañón. Autor del primer libro en España sobre la Renta Básica: “La revolución del paro” (1998) y autor de la Teoría Alternativa ante un nuevo paradigma económico: “Los fundamentos de la Renta Básica y la perestroika del capitalismo”(2003)

EL TURISMO, COMO MONOCULTIVO ECONÓMICO

“Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado en su casa.”

 ( Blaise Pascal)

 

El turismo en este país siempre ha sido contemplado por los poderes políticos y los empresarios como la panacea ante el fracaso competitivo de casi todos los demás sectores económicos. Las sucesivas crisis acabaron con una industria potente, la burbuja inmobiliaria estalló, los bancos son rescatados… ¡pero Sol tenemos para aburrir! al menos en el sur. El turismo significa una entrada de dinero contante y sonante, mucho dinero, llegando hoy hasta el 19% del PIB.

Sin embargo el sector turístico siempre ha sido regido por un capitalismo salvaje y depredador, estando unido a un expansionismo constante y alocado, carente de planificación. Se han destruido las costas, los paisajes, se ha degradado la naturaleza, y sólo se piensa en el máximo lucro posible con el menor costo posible. Esta actividad claramente insostenible, sin embargo, siempre ha sido sostenida y glorificada por sus beneficiarios, los políticos y los empresarios, y eso nos ha llevado con el tiempo a esta gran prostitución socioeconómica, que somete a personas, territorios y valores culturales a unos intereses antisociales y perniciosos.

Pues bien, ahora nos encontramos con una ¿sorpresiva? reacción de una buena parte de la ciudadanía contra este turismo que sufrimos. La reacción contra los  abusos y excesos del turismo ha tardado décadas, pero al fin ha llegado con fuerza en este verano del 2017. Iniciada en Barcelona y Donostia, pronto se ha extendido a muchos más puntos turísticos. Se denuncia, entre otras cosas, la insostenibilidad del sistema, y la agresión contra la ciudadanía que supone esta invasión turística sin control, cuyas cotas de deformación y estupidez, hace necesario actuar contra ellas.

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses– Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

 

 

No es Turismofobia, es protesta ciudadana

Ante esta protesta en crecimiento, políticos y empresarios ponen el grito en el cielo y hablan de Turismofobia, un concepto inventado por los empresarios de turismo y recogido por los medios y la política caduca. La intención de esos sectores pasa por trasladar la culpa de la situación a las personas y organizaciones ciudadanas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte implicada (gobiernos de todos los niveles, empresarios, medios…) Así, se pretende dotar de normalidad a las consecuencias nocivas del turismo y se localiza el problema sólo en los supuestos transfóbicos. En el fondo subsiste, como siempre, el miedo de los poderosos ante la rebelión ciudadana, que amenaza claramente sus intereses- Pero no es turismofobia, es un cambio de mentalidad ciudadana con respecto al turismo. Por primera vez, de forma  organizada, se cuestionan los beneficios turísticos, en contraposición a  efectos perniciosos que ya está produciendo a distintos niveles.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

“Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Caracterización del fenómeno turístico y su carga ideológica

 “Turismo es hoy sinónimo de globalización, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado e irresponsabilidad medioambiental en todos los niveles. (…)

El turismo es un fenómeno relativamente reciente en la historia, y su aspecto masivo sólo se revela a partir de los años 60. Si en sus primeros momentos su impacto fue soportable, pronto, el capitalismo convirtió al viajero en turista, el turista es el viajero degradado al límite. El turista es un observador, un fotógrafo, ve las diferencias culturales pero casi nunca será partícipe de ellas. Observa pero no actúa. Ve el viaje como algo esporádico y ajeno a su realidad, contempla lo que le rodea como si estuviera detrás de un cristal, como si estuviera en un museo o en un zoo.

El sector contempla el turismo como un desplazamiento masivo de personas desde sus lugares de origen hasta otro por un período de tiempo limitado. Durante ese tiempo el negocio del turismo ofrece a esa masa humana la satisfacción de sus necesidades de ocio. Ahora bien, cuando esas necesidades ya se encuentran cubiertas desde hace años por la oferta existente, llega un momento en que el sector turístico no puede continuar su crecimiento por ese camino. Por eso hay que asumir su estancamiento, o bien hay que buscar otras propuestas  que ofertar a un número mayor y diferente de turistas, los de menor poder adquisitivo, los llamados “mochileros”, o los de los  del “todo incluido” que vienen facturados por los “vuelos low cost”. Tienen menor poder adquisitivo, pero son muchos más, por lo que generan beneficios por su número.

El precio a pagar ha sido la creciente degradación del turismo, algo previsible desde el principio, pero que nadie ha querido ver en su justo momento, y ahora nos estalla en nuestra cara, como ciudadanos.

Por otra parte, y centrándonos en este país, el turismo siempre ha sido fenómeno de capitalismo salvaje, mercantilización de recursos y personas, consumo desaforado de recursos y energías e irresponsabilidad medioambiental a todos los niveles. Desde los comienzos en el franquismo, el turismo ha sido nido de toda corrupción participando estrechamente con el sector inmobiliario en todas las irregularidades. El modelo se basó desde un principio en la especulación, la corrupción y el máximo beneficio, y se fomentó en la población una relación de servidumbre hacia el turista, presentado como única salvación para poder sobrevivir. Para ello se divulgó un folklore irreal, de cartón piedra, un servilismo hacia el turista, unos precios competitivos y una degradación y masificación masivas. Parecería que para los diversos gobiernos no estaba muy equivocada la definición de “un país de putas y camareros”.

BARCELONA 2016 07 09 Barcelona Mani en la Barceloneta contra turisme massiu Fotografia de JOAN CORTADELLAS

El turismo siempre ha venido apostando por un modelo desigual, injusto y depredador. Además siempre se ha usado para canalizar la actividad de otros sectores y prácticas, como la especulación inmobiliaria, las diversas corrupciones a todos los niveles, las constructoras, etc. En este modelo, los habitantes son figurantes y mano de obra barata y el país una simple marca.

En definitiva el sector turístico es todo un ejemplo de explotación neoliberal para el beneficio casi exclusivo de poderosos empresarios.

La mentira de la riqueza del turismo trasladada a la sociedad

Sí, el turismo es gran negocio… pero sólo para un sector restringido, para unos pocos. El sector del turismo no sólo consume ingentes cantidades de recursos naturales y energía, sino que además los gobiernos tienen que gastar en una red de infraestructuras y servicios. Se dedican grandes recursos  públicos, para una actividad privada, cuyos beneficios  ni llegan a repartirse equitativamente y mucho menos repercuten en la sociedad, o lo hacen en una parte mínima.

Cuando se habla de los aproximados 100.000 puestos de trabajo, no se habla de su estacionalidad, su precariedad y sus sueldos de miseria. La riqueza invertida aquí es ínfima con respecto a los desmedidos lucros del sector.

Por lo demás el turismo, al contrario de lo que se divulga, empobrece a las ciudades donde se desarrolla. El dinero que se gastan los turistas no se queda en las zonas turísticas, salvo una exigua parte. El dinero generado no compensa a los habitantes de las zonas turísticas, pues va a manos privadas, a los grandes grupos hoteleros y a los empresarios hosteleros, que financian su expansión a costa de precarizar los empleos y pagar salarios de miseria. Así se comprende, por ejemplo, que los destinos turísticos más famosos como Torrevieja, Fuengirola, Benalmádena y Benidorm estén entre los municipios más pobres de todo el estado. Y cuanto más crece el turismo, menos dinero repercute en la sociedad en general.   Además, la industria masiva del turismo ha logrado que sus costos y daños de todo tipo ya hayan alcanzado los beneficios.

Gentrificación. Turistificación y destrucción de entornos ciudadanos

Teóricamente la gentrificación es un proceso mediante el cual los pobres son desplazados de sus barrios céntricos o típicos porque el mercado los rehabilita, para destinarlos a los más pudientes. Así, tras décadas viviendo en edificios, muchas veces degradados , en distritos y barrios ignorados por la inversión pública y privada, sus calles se reforman así como sus inmuebles y sus alquileres son cada vez más caros. Y en el caso de los propietarios, la mayoría de las veces no pueden costear dichas  reformas, sus comercios tradicionales pronto se arruinan ante la competencia de actividades centradas en el turismo. Así que más pronto que tarde se tienen que ir, y son sustituidos por clase media alta y rica. La gentrificación es una clara representación de la denominada” lucha de clases y la segregación”.

Mucha gente sabe o es testigo de multitud de ejemplos de gentrificación en la casi totalidad de las grandes ciudades. Pero ahora estamos asistiendo a una turistificación bastante similar en el proceso. Como este verano decía un cartel en un barrio de Barcelona: “Bienvenido turista, el alquiler de apartamentos turísticos en este barrio destruye el tejido socio-cultural de esta zona y promueve la especulación. En consecuencia muchos de nuestros vecinos se ven obligados a abandonar el barrio. Disfruta de tu estancia.”  No es ya que una comunidad popular sea sustituida por otra más rica, sino que es reemplazada por una comunidad de turistas de paso, oleada tras oleada. La gentrificación substituye una comunidad por otra, sustituye poblaciones, la turistificación las elimina.

Como dice la Plataforma de Vecinos de la Parte Vieja de Donostia: “¿Cuánto tiempo podrá resistir el barrio un uso mercantil tan intensivo sin poner en peligro su cohesión social, su identidad histórica y cultural, la salud y la calidad de vida de sus habitantes?”.  La inquietud está justificada, como en otros tantos barrios, en otras tantas ciudades. El constante aumento de los alquileres, y la enorme concentración de pisos turísticos, terminan por expulsar a los habitantes y convertir el barrio en una especie de parque temático. Además la desaparición paulatina de los comercios locales y su reemplazo por tiendas de suvenires y restaurantes caros ponen en jaque la vida ciudadana.

En este contexto el auge de plataformas de apartamentos turísticos como la Airbnb, con sus instrumentos de mercantilización salvaje, agravan mucho la situación.  Y en este tema de los apartamentos turísticos, por un lado asistimos a escasos y tímidos intentos de los políticos para paliar el problema. Las limitaciones que se imponen, sólo pretenden “limpiar” el sector, tenerlo más o menos controlado, y eso lo hacen por la presión de las grandes cadenas hoteleras. Pero en realidad, no van a querer poner coto a esos apartamentos; en este sentido, muchas medidas vienen fracasando por la oposición del sector y por la escasa convicción de los políticos. Ahora bien, detrás de las protestas de los hoteles contra los apartamentos, se esconde un recelo a perder beneficios y muchas prebendas, un querer quedarse con todo el lucro que generan sus precios a todas luces abusivos. La mercantilización de los apartamentos turísticos debe ser frenada y regulada drásticamente, pero tampoco podemos prohibir el alquiler de habitaciones a turistas, que de otra forma no podrían pagar los altos precios de los hoteles, eso sí debidamente acreditados y formalizados.

Turismo y degradación medioambiental

La mayor parte de la expansión turística en España se concentró en las costas, sobre todo en el Mediterráneo. Y una buena parte de la construcción descontrolada que ocasionó la burbuja inmobiliaria, fue de naturaleza turística y ubicada en las costas. La peor parte se la lleva la costa mediterránea, urbanizada en un 43% y considerada oficialmente como la costa más fea y degradada de todo el Mediterráneo.

Ya hace tiempo que las Naciones Unidas denunciaron que el turismo masivo es una de las principales amenazas mundiales al medio ambiente. Como ejemplo, los vuelos “low cost” y los grandes cruceros son dos de los modos de transporte más contaminantes.

Hoteles, urbanizaciones, campos de golf, consumen enormes cantidades de agua y energía de un modo totalmente insostenible, además de la contaminación de capas freáticas, destrucción paisajística, apertura abusiva de pistas forestales, ocupación mercantilista de casi cada punto que pueda tener algún interés turístico.

De hecho, muchos destinos van siendo abandonados por su degradación tan irreversible que ya no son objeto de atracción turística. Sin embargo ese costo nunca se repercute en los grandes grupos que operan en el sector.

 

Turismo, un sistema basado en la explotación laboral

En el sector turístico las condiciones sociales y laborales nunca fueron muy buenas, pero en los últimos tiempos han ido degradándose hasta niveles indescriptibles, con trabajos rondando la esclavitud laboral, con salarios de mierda, horarios inhumanos y malos tratos frecuentes.

En el país del turismo donde el 40% de la población no puede permitirse ni una semana de vacaciones, el salario medio en la hostelería, es un 40% inferior al salario medio general.  La famosa “competitividad turística” no es más que un eufemismo de supe explotación laboral, de hecho las cotas de precariedad son alarmantes, el turismo se convierte así en una muestra más de la globalización de la explotación, es la expresión de cómo el capitalismo siempre encuentra nuevas formas de expandirse a niveles cada vez más profundos. Esto es, siempre se inventan nuevos procesos para la explotación de siempre.

Los principales abusos laborales en el sector del turismo, son los siguientes:

– La “media jornada ficticia” sin duda es el fenómeno estrella. Básicamente consiste en que se firma un contrato temporal por 4 horas de media, se cotiza sólo por eso, y se trabaja el triple en realidad. Estamos hablando de pinches, cocineros, camareros de barra y de terraza que reciben entre 500 a 700 euros por mes por jornadas inhumanas de 12 horas. Estos contratos se han multiplicado desde el inicio de la crisis, ante el desinterés más absoluto de los inspectores del Ministerio de Empleo. Es más, la propia patronal empresarial viene solicitando la posibilidad de legal de transformar contratos por jornadas completas en contratos de media jornada.

– Los “falsos autónomos” son aquellos que  son despedidos o presionados para dejar la plantilla, para acabar haciendo el mismo trabajo pero pagándose ellos su propia Seguridad Social.

. Los “fijos discontinuos”, eufemismo para decir que el empleado es despedido, sobre todo al comienzo del verano, y es vuelto a contratar en condiciones mucho peores, en la línea de 4 horas cotizadas y jornadas de 10 a 12 horas.

– Por último, los “empleos sin contrato alguno” más numerosos de lo que parece, con pagos en negro y ningún tipo de derechos.

– Y el caso sangrante de las “camareras de piso”, las que limpian las habitaciones de los hoteles, una versión moderna de la esclavitud.  En esta feminización de la pobreza, estas mujeres cobran entre 1,50 a 2,00 euros por habitación, lo que las obliga a trabajar jornadas de 12 horas, cargando pesos, forzando posturas, y muchas de ellas no librando ni un fin de semanas en 5 meses.  Las camareras de piso son el colectivo más castigado por la explotación laboral en el sector turístico, que a su costa y el del resto de personal explotado en la hostelería, vive uno de sus mejores momentos lucrativos. Esta vergonzosa explotación está relacionada con la externalización de servicios que realizan las cadenas hoteleras.

Ante este panorama, los 981 inspectores y 897 subinspectores del Ministerio de Empleo se limitan a inspecciones aleatorias, escasas sanciones y poco más. Como dicen algunos de ellos: “Nos tienen haciendo inspecciones a chiringuitos y mercadillos, en lugar de ir por los restaurantes y hoteles, donde son muy comunes las medias jornadas ficticias.” El propio Ministerio reconoce que la hostelería es el sector productivo con más falsos contratos y con más abusos de todo tipo. En realidad planea la sospecha de que hay instrucciones para molestar lo menos posible al turismo… mientras miles de personas sufren día a día la más brutal precariedad.

Según opiniones de los Sindicatos del sector, este año 2017 ha sido la temporada más precaria y con más abusos de todo tipo de que se tiene noticia. Y en ella, además de las pésimas condiciones económicas, las ilegalidades y las jornadas extenuantes, rebrota con fuerza los malos tratos hacia las personas empleadas. Parece ser que en tiempos de crisis, suele surgir lo mejor y lo peor de las personas, y según multitud de testimonios en muchos medios, el comportamiento de una gran parte de los jefes y propietarios de negocios turísticos, muestra la peor faceta de esas personas.  En efecto, muchos jefes, endeudados hasta las cejas, y sumergidos en una feroz competencia, sólo viven para ver dinero en todo lo que les rodea, no ven a las personas. Y en ese proceso de degradación ética y moral cometen todo tipo de excesos: hostigan constantemente hasta la locura, vigilan y ponen mala cara hasta cuando los camareros comen. Con una educación autoritaria e inquisitorial, insultan constantemente, siempre a gritos, humillaciones, lenguajes racistas y sexistas, todo les parece mal, parece que gozan ejerciendo su tiranía patética. Y lo peor que ese ambiente de maldad y crueldad, se traslada bastantes veces entre los propios trabajadores. Obligados a competir entre ellos para sobrevivir, retroalimentan la crueldad de trato recibido entre ellos mismos.bajo el capitalismo todo es negocio.

No hay opción de sostenibilidad ni resistencia bajo las reglas de juego del mercado, por mucho que se cacaree la pretendida responsabilidad empresarial como un mantra de solidaridad y justicia social.

La necesidad de una regulación y cambio de paradigma

En definitiva, todo un proceso neocolonial al servicio de los intereses de las clases pudientes del norte global. Donde el incremento anual de turistas internacionales es celebrado estúpidamente por los políticos de turno como un éxito económico sin igual, ignorando que tal crecimiento no puede ser indefinido, hasta el infinito. Ignorando que hablar de ‘capacidad de carga’ o ‘capacidad de acogida’ turística una vez que ésta ha sido ampliamente superada ya no es una solución sino otro problema más.

Gestionar la capacidad de carga es como regular el flujo de agua con un grifo, abriendo más o menos la llave para regular la cantidad de agua que queremos. Pero una vez que se ha inundado la casa, de nada sirve abrir o cerrar el grifo, pues está roto. Así, gestionar la masificación turística exige medidas al mismo nivel que la gestión de una inundación, medidas de emergencia y evacuación.

Hasta ahora todos los intentos han sido tímidos e inoperantes. Por ello es necesario un debate en profundidad, una revisión del modelo turístico radicalmente diferente del actual. Cunden ejemplos de buenas prácticas en ese sentido: prohibición de apartamentos turísticos en los centros urbanos y lugares de interés turístico; tasas a los turistas; preferencia de los locales en los transportes públicos; poner coto a los vuelos “low cost” y a los grandes cruceros. Todo eso pasa, según las circunstancias de cada localidad, en muchas ocasiones por limitar el número de turistas que visitan los centros urbanos, por ejemplo; ya se hace en bastantes lugares y esta medida aumenta.

También se habla de primar al “turismo de calidad”, o sea el que más gasta, pero va en contra del derecho a hacer turismo de las clases menos favorecidas económicamente; no creemos que se trate de primar a la “Visa Platinum”, sino de diversificar ofertas y controlar afluencias excesivas.

Con tantos ingresos millonarios del turismo, ya es hora de usarlos para reordenar el sector y dignificar las condiciones laborales de las personas. Es hora de buscar también otras fuentes de ingresos y no caer en una especie de monocultivo del turismo. No se trata de ser sólo el lugar de diversión de medio mundo.

 

EQUIPO DE REDACCIÓN DEL FORO AMETZAGAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS CRISIS DE LA CRISIS

“ Ellos, los ricos, nos laminarían entre los cilindros de un trapiche, nos destilarían en la pila de un alambique, nos carbonizarían en un horno de quemar metales, si de nuestro residuo pudieran extraer un solo miligramo de oro. Ellos, como tierra maldita, reciben la semilla y beben el agua, sin producir jamás el fruto.”

 ( Lima, 1885.- Manuel González Prada)

Casi todo el  mundo lleva años y años sumergido en una profunda crisis económica y sistémica. Lo que los políticos calificaban en el 2008 como una crisis coyuntural del capitalismo, se transformó en una crisis estructural que ha venido para quedarse para mucho, mucho tiempo. Para ello, veremos altos y bajos, pero un camino continuo de crisis.

 

En este marco nos hemos ido acostumbrando al uso de la palabra crisis, en singular, refiriéndonos únicamente a la crisis económica. Sin embargo, sufrimos una serie de crisis encadenadas,: así tenemos las crisis, política, social, educativa, de valores, de civilización, además de la climática, medioambiental, energética, alimentaria, etc.

El poder siempre ha pretendido ocultar todas las crisis supuestamente ocultas, hacer como si no existiesen. Prefieren sembrar el miedo paralizante a ser víctima de la crisis económica y olvidar las demás. Así se pretende que las personas se aíslen unas de otras y de la comunidad, se inmovilizan y ello asegura la continuación del poder. Y eso, porque al poder, al sistema, no le interesa que las personas se den cuenta de la real dimensión de las crisis, del sistema capitalista en su conjunto.

Veamos sólo algunos ejemplos de las crisis de esta crisis.

 

Crisis estructural económica y financiera.

 

El sistema capitalista neoliberal, especialmente desde su proceso de globalización, se presenta como el único posible, siendo todo lo demás algo irreal e irrealizable. Sin embargo, este modelo ya ha demostrado hace tiempo su insostenibilidad y su intrínseca injusticia social. Desde sus comienzos se ha basado en la desigualdad como motor indispensable de su desarrollo.

Los paradigmas de producir más para crecer más hace tiempo demostraron su fracaso. El sistema actual consume recursos sin límites, aumenta sin cesar la miseria y las desigualdades y defiende un llamado “desarrollo sostenible” que ni es un verdadero desarrollo y desde luego no es sostenible. En este contexto, los poderes neoliberales que son conscientes de la finitud del sistema, intenta seguir mintiendo y mintiéndose. Hablan de ecología cuando han quebrado el equilibrio medioambiental. Hablan de políticas de reciclaje, cuando sólo se trata de un paliativo sino se entra en un proceso de decrecimiento y descenso del consumo. Hablan de “desarrollo sostenible”, cuando este concepto es un oxímoron, una contradicción en sí misma; si se trata del actual modelo de desarrollo, de crecimiento, no es sostenible.

Se nos habla de la actual crisis económica global, se nos alerta del crecimiento de los totalitarismos, pero se porfía en el mismo sistema que lo hace posible. Y ocultan que hay más crisis que la económica que nos presentan como única culpable del desastre. Se olvidan de la crisis medio ambiental, del fin de los recursos naturales, de la feminización de la pobreza, de la continuación del expolio del Sur. No mencionan la marginación, exclusión y opresión de las poblaciones inmigrantes en el Norte, a las que se les impone una especie de nazismo modernizado, lo que algunos autores han dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

Y pese a esta realidad, los diversos gobiernos se niegan a reconocer que se han convertido en meros gestores de los intereses económicos nacionales e internacionales. Y lo peor es que, incluso las izquierdas y los sindicatos llevan décadas aplicando las recetas capitalistas, mejorandolas en lo social pero sin tocar el sistema, al que contribuyen a limpiar su imagen y a legitimar en la práctica.

Para cualquier tipo de análisis o diagnóstico hay que partir de la base, como lo hacen autores como Arcadi Oliveres y Carlos Taibo, de que a diferencia de otras crisis del capitalismo, la crisis actual ha llegado para quedarse. Y ello porque no se trata de una crisis coyuntural, sino estructural y sistémica. Todo el sistema capitalista está en crisis en todos sus niveles: económico, financiero, estructural, político, social, cultural, de valores, ecológico, etc. Y por lo tanto las posibles soluciones no pueden constituir una regulación del sistema, sino un sistema nuevo que, por primera vez, tenga su centro en el ser humano y no en el dinero y los mercados.

Desde las diversas instancias del poder se habla de ir hacia un capitalismo regulado, como si fuera la solución. El problema es el capitalismo en sí mismo, regulado o no. Igualmente es un error distinguir entre neoliberalismo y globalización y sus abusos, porque estos sistemas en sí mismos son un abuso.

Para concluir, se trata de que el capitalismo no tiene salida para esta crisis, y que la única respuesta posible es salir de este sistema. Hay que abandonar este modelo capitalista de mercado, recuperar el poder de los pueblos sobre el capital, y situar a la persona en el centro del debate. En definitiva, o se plantea un nuevo modelo de sociedad, y se entra en una política de decrecimiento consecuente, racional y paulatina, o no habrá más remedio que acabar con el sistema de mala manera, corriendo y en medio del desastre total.

 

Crisis climática, medioambiental y energética

 

Ya hace un tiempo el impacto destructivo de la actividad humana superó la capacidad de recarga de la Tierra. La destrucción imparable de todo tipo de bosques, el expolio y contaminación de los mares, las emisiones de CO2 a la atmósfera, etc., han desencadenado  el llamado “cambio climático”. Por ejemplo, el hecho de que cada año se destruyen 15 millones de Hectáreas de bosques, precisamente en los lugares donde la Naturaleza recicla el carbono, ha determinado el caos en los regímenes de lluvias. La desertización avanza en toda la Tierra, por ejemplo, según el “Informe Nicholas Stern”, los llamados “refugiados climáticos” son bastantes más que los desplazados por los conflictos y por la pobreza. Se calcula que en una década estos refugiados climáticos alcanzarán alrededor de los 200 millones de personas. El ciclo infernal de sequías e inundaciones arrasa periódicamente grandes extensiones del planeta.  Por ejemplo, a este ritmo en poco tiempo países como Bangla Desh perderán hasta el 15% de su población.

En cuanto a las emisiones de CO2, si en el período de 1990 al 2004 pasó del 26,7% al 49,0%, las proyecciones alertan de una constante subida. Se destaca además que los más ricos son los que más contaminan, por ejemplo los USA emiten aproximadamente 20.000 toneladas de CO2 por año, frente a las 10.000 toneladas de la Unión Europea. Pero estos dos grandes culpables no están sólos, el modelo China, se perfila como mucho más destructivo, emitiendo más o menos unas 40.000 toneladas de CO2 por año, el doble que USA.

En este marco, según el GIEC-Grupo Internacional de Expertos del Clima, que trabaja para las NN UU, habría sólo un espacio de tiempo de unos 15 años para adoptar drásticas medidas de reducción de las emisiones… lo que dado los sucesivos fracasos de todas las Cumbres sobre el Clima, presenta un panorama absolutamente pesimista.

El desarrollismo agrava este panorama con su explotación sistemáticas de las energías no renovables. En los últimos 50 años se ha consumido el 70% de las reservas petrolíferas mundiales, e incluso algunas de las aparentemente progresistas soluciones se revelan enormemente dañinas; es el caso de los Biocombustibles que arrasan la tierra y empobrecen aún más a los campesinos, parece ser que se prefiere alimentar los vehículos antes que a las personas. La producción de agroenergía, es la solución típicamente capitalista y falsa; el conjunto del ciclo de los agrocombustibles, revela que es todavía más perjudicial que la energía fósil y mineral. Además se trata de algo totalmente insostenible, por ejemplo, para producir 1 litro de etanol, hacen falta 3.000 litros de agua. También están surgiendo “mares muertos”, como el Golfo de México, totalmente contaminado por los restos de agrocombustibles que descienden por el Mississipí, ocurriendo lo mismo en Brasil, India, etc. Además, cada vez más se roban tierras a la agricultura para dedicarla a los biocombustibles, y de seguir así las cosas, en 15 años, centenas de millares de Has se detrairán de la producción de alimentos. Para el Capital todo esto son “externalizaciones” y “daños colaterales”.

En este cuadro hay que ser realistas, ya en 1986 se atravesó la línea de no retorno de la Naturaleza. Aquello que se destruyó ya no se recuperará jamás, se vive a costa de las futuras generaciones. Todas las cumbres y acuerdos son papel mojado, se ponen parches pero no se ataca la raíz del problema: el modelo de desarrollo, se intenta disminuir un poco el despilfarro en vez de ir cerrando el grifo. Es como un barco que se va a estrellar contra la costa y que en vez de cambiar de dirección sólo disminuye la velocidad un poco.

 

Crisis alimentaria

 

El problema de las sucesivas crisis alimentarias deriva del hecho de que el derecho humano a la alimentación deja de ser un derecho, al considerarse el alimento como un negocio. El 90% de los principales alimentos a nivel mundial están en manos de no más de una docena de transnacionales. Ellas, deliberadamente, condenan a muerte por hambre a millones de personas, al especular, almacenar y retirar alimentos. La Tierra tiene suficientes alimentos para todo el mundo, pero el comercio inmoral de la alimentación hace imposible su acesso a una enorme capa de la población mundial. Y el agua están tan mal distribuida como los alimentos, así tenemos un consumo de 550 litros por persona y día (incluyendo gastos con regadíos, etc) en USA; 350 litros de media en la UE, y 8 litros en África Subsahariana.

A nivel planetario los gobiernos apuestan por la paulatina destrucción de la agricultura campesina, tanto en el Norte como en el Sur. La agricultura extensiva y la agroindustria destruyen la tierra, el medio ambiente y las culturas campesinas. Asistimos desde hace décadas a una verdadera Contrarreforma Agraria: expulsión de campesinos de sus tierras, empleo masivo de agrotóxicos, privatización del agua, etc.

En el 2008 la FAO ( Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación) demostró que para combatir eficazmente contra el hambre hasta erradicarla, los países del Norte deberían poner en común una cantidad anual de 50.000 millones de dólares, como un fondo de emergencia. Los países ricos se negaron rotundamente, prometiendo quizás unos ínfimos 8.000 millones. Sin embargo, esos mismos países, tres meses después, rescataron a los Bancos culpables de la crisis con 2 billones 700.000 millones de dólares, es decir 54 veces más de lo que pedía la FAO. Y para el 2013 ya habían dado a los bancos 4 billones 600.000 millones, 92 veces más que lo que pedía la FAO.

No existió ni existe ninguna voluntad para acabar con el hambre, pues muchas empresas transnacionales viven del hambre, especulando con los alimentos y manejando ese inmenso poder concentrado en no más de una docena de empresas en el mundo. Esas empresas de forma calculada y premeditada determinan cuantos miles de personas irán a morir de hambre cada año por sus políticas inhumanas. Son unas entidades que cometen genocidios año tras año, y nadie hace nada contra ellas.

 

Crisis Sanitaria

 

El afán de convertir todo en negocio recae también sobre la Salud vista como generadora de inmensos lucros, y no como un servicio social. Y si en los países del Norte se ofrecen servicios sanitarios decentes, en el Sur la salud no es un derecho, sino un privilegio.

En el foco de todo están las grandes empresas farmacéuticas transnacionales, así como las privatizaciones sanitarias y la implantación de conceptos de lucro empresarial también en la salud pública. Por ejemplo, tenemos el gran fraude de la gripe A donde cada vez existen más pruebas de que todo fue un  montaje, una farsa para dar salida al medicamento Tamiflou, es decir se crea una falsa pandemia para no perder lucro farmacéutico. El principal beneficiario de este delito, al poseer la patente del medicamento, fue Donald Ramsey, el ministro de Defensa de la era Bush.Otro ejemplo es el SIDA, que se trata en los países ricos y se abandona en los países pobres. El 60% de los millones de afectados en el mundo están en el África Subsahariana, y de ellos sólo 1 millón recibe tratamiento, 24 millones se mueren sin ninguna asistencia. Las culpables de este verdadero genocidio son, una vez más, las farmaceúticas y su desmedido afán de lucro. Los tratamientos antiSIDA no son caros de producir, pero por la Ley de Patentes se venden carísimos en los países empobrecidos y en exclusiva durante 20 años; sólo a partir de entonces se permitirán los genéricos, pero aquí también hay trampa, las farmaceúticas modifican algún aspecto del producto, dicen que es una patente nueva y siguen lucrándose y agravando el genocidio sanitario.Como ejemplo ilustrativo del grado de inhumanidad de la industria farmacéutica mundial y sus aliados, tenemos el caso de la India. Allí, durante mucho tiempo, la ley sólo permitía una duración de exclusividad de 8 años a las patentes, y además el Estado fabricaba y vendía a precio bajo los medicamentos contra el SIDA. Como reacción, dos grandes compañías farmaceúticas, la británica GRAXCO/SMITH/KLINE, (el 2º mayor laboratorio mundial) y la alemana BOHERHNGIYER INGELHEIM ( el 3º mayor laboratorio mundial) demandaron al gobierno de la India, y aunque perdieron el juicio, lanzaron otra batalla. Presionaron a la OMC-Organización Mundial del Comercio, verdadera esclava y cómplice de las multinacionales, para doblegar a la India y obligarla a ampliar el tiempo de vigencia de las patentes. Para ello, la OMC no dudó en amenazar, chantajear, presionar y represaliar a la India, que al final se tuvo que rendir y dejar en 20 años el plazo de las patentes. El director de la OMC de entonces, fue recompensado con la dirección de la BP (British Petroleum). Sólo añadir que la farmaceútica alemana citada, realiza desde hace décadas todo tipo de pruebas y ensayos sin ningún tipo de reglamento en Rwanda, y a ella se refería la trama de la película “El Jardinero Fiel”. Igualmente todo el asunto de la India figura en la obra “Los crímenes de la industria farmaceútica” de Teresa Forcades.

Reflexiones

 

En definitiva, existen muchas crisis dentro de la crisis, porque lo ha colapsado es la madre de todas las crisis: el capitalismo.  Estamos en un punto en el que lo antiguo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.  Nunca en la Historia al acabar un sistema, ya estaba listo el sistema sustituto, se hizo poco a poco.

La experiencia ha demostrado sobradamente que no se pueden buscar soluciones dentro del sistema capitalista, porque él es el problema y nunca va a poder ser la solución.  Por lo tanto, no es cuestión de reformas, sino de la búsqueda de otro sistema, pasando antes por cambios radicales, y eso paso por adoptar nuevos parámetros y alternativas al sistema. Eso pasa por un nuevo tipo de relación con la tierra, respetuoso y no depredador; se trata de producir lo suficiente para la vida humana, de todos los humanos, no para alimentar mercados internacionales ni buscar lucros desmesurados. Los bienes comunes de la humanidad no pueden ser objeto de comercialización. Todo ello pasa por la adopción de la política del Decrecimiento, por un nuevo tipo de Economía de los Cuidados, como ya definen las asociaciones feministas, por nuevas organizaciones internacionales y una nueva ética social solidaria.

En definitiva, existen formas de salir del capitalismo,  construyendo a cada paso. Ya se está haciendo en todo el mundo, cada cambio logrado puede parecer modesto, pero cada uno de ellos tiene una carga revolucionaria, y todos juntos es una REVOLUCIÓN.

 

 

EQUIPO DE REDACCIÓN del FORO AMETZAGAÑA

*MERITOCRACIA Y EMPRENDIMIENTO: ANÁLISIS DE DOS GRANDES MENTIRAS DEL CAPITALISMO.

LA MENTIRA DE QUIENES DICEN QUE TODOS TENEMOS LAS MISMAS POSIBILIDADES.

  • El 90% de los niños/as que nacen en hogares pobres, mueren pobres. Por más capaces que sean.
  • Más del 90% de los niños/as que nacen en hogares ricos, mueren ricos. Por más estúpidos que sean.Por lo tanto el MÉRITO NO ES UN VALOR.( Joseph Eugene Stiglitz, Nobel de Economía, en su libro: “El precio de la desigualdad.” )

 

Uno de los mantras que el capitalismo repite, es el de la MERITOCRACIA, teóricamente entendida como un sistema de ascensión social basado en el mérito. Esto es, las posiciones sociales jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud, del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto. En resumen: talento más esfuerzo.

Es decir, meritocracia -según los poderosos- es una ideología que defiende la idea de que si uno se esfuerza lo suficiente, va a conseguir las mismas cosas que los demás, independientemente de su condición económica, clase social y red de relaciones.

Estamos ante una de las mayores farsas que intenta vender el capitalismo neoliberal. Los capitalistas afirman descaradamente, que los hijos de los pobres tienen las mismas oportunidades que los hijos de los ricos para escoger su profesión y tener éxito. Es sólo esforzarse, dicen. Pero, en realidad, la ideología de la meritocracia esconde, por detrás de una aparente y aceptable “ética del merecimiento”, una perversa justificación de la opresión y la desigualdad.

En efecto, en una sociedad de condiciones desiguales, pautada por lógicas mercantiles y formada por personas con condiciones desiguales, el merecimiento no deja de ser una falsedad manipulada por los ricos y poderosos. La meritocracia escamotea las verdaderas  relaciones de poder; los poderes económicos y políticos están detrás de los criterios de evaluación de los desempeños, y esos criterios siempre obedecen a los intereses dominantes, y se imponen a la mayoría de excluidos.  Así detrás de esta cortina de humo de la meritocracia está toda la estructura del poder que miente sobre la supuesta igualdad de oportunidades y el valor del mérito. Nada más ilusorio que la meritocracia, nada más peligroso, pues la peor política es aquella que despolitiza, y el peor poder, el más difícil de enfrentar y de combatir, es aquel que se niega a sí mismo, que se oculta para no ser visto. La meritocracia es una ideología que instituye la desigualdad social con fundamentos aparentemente racionales, e intenta justificar por una supuesta razón toda forma de dominación. Así, la dominación y el poder se ocultan bajo ropajes supuestamente científicos y una aparente naturalidad, para que los dominados acepten la dominación como algo inevitable.

Por todo ello, resulta evidente que es imposible hablar de igualdad de oportunidades, entre otras razones, porque ningún país está dispuesto a asimilar las consecuencias que acarrearía el desmantelamiento total del actual tejido social desigual que exigiría una estricta y real meritocracia. Así, toda referencia a la meritocracia se hace dentro de una sociedad que la imposibilita. Este concepto es utilizado por el poder para sostener que los de arriba están ahí porque lo merecen, mientras que los de abajo simplemente no tienen el talento suficiente y por lo tanto se merecen su destino. Es decir, la meritocracia se usa para justificar la desigualdad y la exclusión social, definiéndolas como merecidas. ¡ Darwinismo en estado puro!

Además, entre los objetivos de esta farsa de la meritocracia, está el hacernos creer que el éxito sólo depende del esfuerzo y los talentos individuales, lo que significa que la responsabilidad del éxito o el fracaso reside total y únicamente en el indivíduo. A los que fracasan en alcanzar el éxito, se les juzga como si fuera sólo culpa suya, se les tilda de perdedores, se les hace sentirse humillados, culpables y avergonzados.

Sin embargo resulta evidente que eso es una enorme mentira; la meritocracia no existe, nunca existió y nunca podrá existir en el actual tipo de sociedad. El poder inventa una escala de superioridad, partiendo de la idea de que el éxito sólo depende de las ganas, el talento y el esfuerzo, olvidando intencionadamente las diferencias económicas y sociales en el desarrollo de las personas. No se puede igualar a las personas que no tienen las mismas oportunidades. ¿Cuál es el mérito de un niño o niña que nacieron el mismo día en una familia rica o en una pobre? Podríamos preguntar ¿cuál es el mérito que ha hecho un niño que nació el mismo día y a la misma hora en una familia adinerada de Manhatan, respecto de un mismo niño, a la misma hora, pero en Rhuanda, Mozambique o Timor oriental? Con el correr del tiempo, quizás el primero se transforme en un empresario exitoso, mientras que el otro tenga que caminar kilómetros todos los días para conseguir un poco de agua. ¿Cuál es el mérito que hacen esos niños nacidos en la misma hora, pero en lugares y circunstancias diferentes?

El éxito no lo determina el mérito, sino la familia donde uno nace, la riqueza, la educación de élite recibida, las conexiones y relaciones interpersonales determinas en gran parte por el origen social del individuo, su riqueza, su poder. En este sentido, la evidente incompetencia de muchos de los que están arriba, muestra que el mérito tiene poco que ver con que estén donde están. Son sus conexiones y redes de intereses, su poder económico, sus enchufes y chanchullos lo que les permite trepar.

La utilización de esta falsa meritocracia, es lo que permite a las élites existir, permanecer y reproducirse, sin ninguna justificación o responsabilidad hacia los demás. No son mejores que la gente normal, sólo tienen menos escrúpulos y han nacido con una flor en el culo. Casi todos son peores que los de abajo, se enriquecen no por sus méritos, sino a costa de explotar a los demás. Los de arriba necesitan gente pobre,  cuanto más ricos y poderosos son, más pobre tiene que ser la gente que pisan.  Los ricos viven de la pobreza ajena, de la sociedad injusta y desigual. Por eso, aquellos que han sido favorecidos desde la cuna, defienden un sistema injusto y discriminatorio.

Por último, ¿de qué “éxito” se nos habla? ; Para el sistema es el mercado el que determina lo que es éxito y lo que es mérito. Para el capitalismo éxito es lo que se juzga valioso para la perpetuación del orden establecido, ese orden define también el mérito. Quien dice meritocracia quiere decir oligarquía.

Sin embargo, no tiene sentido establecer el valor de una persona por los diplomas que posee, y mucho menos por las relaciones que mantiene con el poder. Y no existe una sola noción de éxito, es más para cada vez más personas éxito pasa por actuar fuera o contra el sistema, por redefinir todas las relaciones sociales, por ejercer la economía de los cuidados de la vida.

En este contexto, felizmente tenemos que una de las consecuencias de la enorme crisis estructural actual, es la pérdida absoluta de confianza en las élites del poder, sean éstas financieras, económicas, mediáticas o políticas. La mayoría de la gente que solía creer que los que mandan son mejores, ya no lo cree; cada vez más y más gente cuestiona que las élites que mandan estén allí debido a sus méritos. Por otra parte, la evidente incompetencia de los que mandan, muestra que el mérito no tiene nada que ver en la posición que ostentan.

Por ello resulta lógico que la mayoría de la ciudadanía rechace el sistema y que esta toma de conciencia lleve a una situación en la que la falta de credibilidad de la ideología de la meritocracia provoca el deseo de eliminarla. El rey está desnudo, al poder hay que mostrarlo como lo que es: la mera defensa de intereses particulares para el enriquecimiento de élites que han trepado hasta arriba a costa de todos los demás.

EMPRENDIMIENTO: UN EJEMPLO DE LA MENTIRA DE LA MERITOCRACIA.

Otra de las falacias más utilizadas por el capitalismo en nuestro país es el del EMPRENDIMIENTO. Llevamos años sufriendo campañas continuas y cansinas que tratan de convencer que todos debemos ser emprendedores. Debemos tener iniciativa individual, crear nuestra propia empresa, ascender en la escala social, ser ricos… a cualquier precio. Así se lanzan slogans como “La crisis es el mejor momento para emprender”; “Si no encuentras empleo, conviértete en emprendedor”; “Capitaliza el desempleo y conviértete en emprendedor de éxito”. Todas estas tonterías llevan tiempo escuchándose con insistencia, sin ningún tipo de pudor o vergüenza.

Tertulianos, medios, políticos, empresas, etc., todos estos emisarios del corrupto sistema son verdaderos terroristas de la palabra. No es que sean ignorantes, sino que manipulan el mito del emprendimiento, de forma consciente y desde la indecencia de quien se sabe impostor.

Trasfondo oculto del emprendimiento.

 La campaña capitalista ensalzando el emprendimiento se da en un contexto que hace que la mayoría de las iniciativas fracasen en un corto plazo, las iniciativas se dan en un entorno que hace casi imposible el éxito. Pero por encima de todo, se trata de un sistema perverso que actúa contra la sociedad.

Veamos: Por un lado, ser emprendedor se refiere a ser empresario, lo que se presenta como bueno, en contraposición al trabajador. Se presenta al emprendedor-empresario como el éxito, aunque no se diga nunca en qué condiciones se lleva adelante la idea, ni quien gana y quien pierde. Como recoge un reciente artículo de GARA, el escritor Owen Jones relata que “el objetivo central del poder es acabar con la clase obrera como fuerza política y económica en la sociedad, reemplazándola por un conjunto de individuos emprendedores que compiten entre sí por su propio interés.”

Dentro de este objetivo de disolver los lazos entre ciudadanía política, responsabilidad ética y colectividad, el sistema pretende un arquetipo de emprendedor joven, triunfante e insolidario. Se pretende que los emprendedores sean consumistas, narcisistas y adictos a la adulación y el éxito individual. Se busca potenciar un emprendedor osado, competitivo y egoísta. Capaz de pasar por encima de todo y de todos, con el único interés de lograr su fin de triunfar. Rechaza la acción colectiva, y no le interesa en absoluto el bien común.

El poder, las empresas y los medios potencian este prototipo de sujeto individualista, capitalista feroz y ejemplo de la economía de mercado. Y por otro lado, debe ser una persona sumisa con el sistema no cuestionando ningún abuso  y buscando su hueco dentro. Para ello los emprendedores deben abandonar cualquier tipo de responsabilidad ética o social.

Pero en este contexto, ellos son también abandonados por el sistema. Lo que se vende es la idea de que los poderes no son responsables del más que probable fracaso del emprendimiento. Dentro de la acepción de ¡allá cada cual!, sólo existen las buenas y malas decisiones personales. Se pretende inculcar además, que la culpa del paro, la miseria y la destrucción de derechos es de los trabajadores, de los que fracasaron según la óptica capitalista. El sistema capitalista está libre de responsabilidades, si el emprendedor fracasa es que no valía, la culpabilidad es sólo suya. Así se exime de culpa al Estado neoliberal.

Como resultado,  el poder tiene un ejército de sumisos emprendedores que son la mejor defensa del orden establecido.

 

Razones del fracaso del emprendimiento.

La dura realidad económica.

 

Partamos de la base de que el 70% de los emprendedores fracasan y desaparecen al cabo de 2 años como máximo. Se da mucho el caso de personas que terminan aguantando hasta el plazo de 2 a 3 años, estando en la ruina, para al menos no tener que devolver la subvención que consumieron hace tiempo. Por el camino, se endeudaron más que cuando empezaron.

Estas personas ponen lo poco que tienen encima de la mesa para poder sobrevivir, muchos a los que no les llegan las exiguas subvenciones se empeñan en créditos en los que involucran a familiares. Así malviven siempre al borde de la ruina total y encima agradecidos por las migajas que les da el sistema, “porque tal y como están las cosas ya es mucho”. En el colmo de la ceguera social, asumen que quien les niega un trabajo digno es, para colmo, un estado generoso que premia a los emprendedores… hasta que fracasan.

Sin duda, muchos somos testigos de bares, tiendas, comercios, talleres, etc., que abren y cierran de manera constante. El camino de la ilusión del emprendedor, ejemplo de hombre y mujer triunfadores, termina en la mayoría de las veces en un amargo calvario. En efecto, cuando en la gran mayoría de los casos un emprendedor se hunde, no sólo pierde él, también aquellos que lo ayudaron con su dinero y esfuerzo. Pero eso, al Estado le trae sin cuidado y a los bancos no les importa nada, pues un emprendimiento fallido puede ser el comienzo de un buen desahucio.

Realmente resultan lamentables tantas personas ilusionadas con emprender, derrotados antes de empezar, engañados con pseudo éxitos de corta duración.

Además, en el terreno práctico tenemos una legislación tributaria rapaz que ahoga y se modifica cada 3 meses; unas escasas ayudas que se consumen rápidamente; unos impuestos que hacen que más del 50% de lo que se factura se vaya para Hacienda, asumiendo todos los gastos con el otro 50%. Igualmente siempre aparecen nuevas trabas legales y administrativas de todo tipo, así como nuevas obligaciones que suelen ocupar más de la mitad del tiempo del emprendedor o bien tiene que pagar caros profesionales externos.  Que se lo pregunten a tantos y tantos emprendedores que no han podido hacer frente al pago del alquiler del local en el que arriesgan todos sus ahorros, consumidos por un IVA del 21%, facturas de la luz abusivas, cuotas de autónomos carísimas, todo tipo de impuestos y tarifas que siempre se equivocan a favor de las empresas e instituciones.

Por otra parte la reglamentación del emprendimiento es pésima, hecha para desincentivar, carece de flexibilidad, no tiene en cuenta los ingresos del autónomo, y hace pagar lo mismo con beneficios o pérdidas, con lo que obliga muchas veces a entrar en la economía sumergida para sobrevivir.

 

Falta de preparación.

 

“Sé tu propio jefe”; “Cabalga sobre tus sueños”; “Sé el dueño de tu destino”, memeces como estas se coleccionan en los medios, ocultando una realidad desastrosa. Se presenta el triunfo en el emprendimiento como algo fácil. Sin embargo la acepción actual de emprendedor dista mucho de lo que debería ser.

Para empezar, la mayoría de los emprendedores no tienen vocación ni preparación para ello. Lo hacen obligados, porque creen que no tienen otra salida, no por vocación empresarial. ¿Qué cultura del emprendimiento es esta que sólo nace cuando los ciudadanos están asfixiados? Se empeñan en llamar emprendimiento a iniciativas que no reúnen los factores necesarios para esa denominación. Poner en marcha un negocio no es suficiente para decir que uno es emprendedor.

Y es que el emprendimiento ni siquiera define bien sus objetivos, se enseña mal y se trata de imponer a la fuerza. Ese concepto de emprender “porque no hay otra cosa”, “porque algo habrá que hacer”, construye proyectos sin más ambiciones que sobrevivir un tiempo.  La mayoría de los proyectos no se fundamentan en la realidad, por lo que acaban fracasando ante el desconocimiento de la verdadera demanda y ante la falta de preparación empresarial.

El falso mensaje de que hay infinidad de posibilidades para los emprendedores, mata el emprendimiento. Porque el emprendimiento tal y como es no representa ninguna solución, ni con él se corregirá la crisis ni se creará empleo.

El actual sistema está caduco, y como no se buscan nuevas estrategias, el mundo del emprendimiento está condenado al fracaso.

Por todo ello,  la llamada “cultura del emprendimiento” ha acabado por no cuajar en este país. El ambiente desincentiva la actividad emprendedora, y eso porque el sistema favorece sólo a las grandes empresas y a los defraudadores, empresarios sin escrúpulos, tramposos, a los que sólo hacen negocios mediante apaños, cambalaches, sobornos, corruptelas e intercambio de favores con el poder político. El sistema catapulta a personajes muy bien relacionados con el poder, que reciben el nombre de empresarios… sin serlo realmente. Es imposible promover aquello en lo que no se cree, y nuestro país nunca ha tenido fe ni confianza en el emprendimiento.

 

A modo de conclusiones:

 

La crisis se llevó por delante muchas cosas, y la tímida recuperación se logra a base de destruir todo tipo de derechos laborales, obligar a empleos de miseria que no dejan salir de la pobreza y aumentar constantemente las bolsas de miseria y exclusión social. En este contexto, los políticos conciben la farsa del emprendimiento como un intento de engañar a la población, especialmente a la juventud, y ganar tiempo impulsando el balón en una huída hacia delante.

Así reina una auténtica demagogia desde las administraciones, incitando a emprender cuando saben que no hay condiciones ni mercado para ello. En momentos de crisis, con el consumo bajo mínimos, con la continuidad de destrucción de empleo, con empleos de miseria, el emprendimiento está condenado al fracaso, salvo excepciones.

No obstante, los políticos, tan vacíos de ideas eficaces, optan por evadir su responsabilidad empujando a todos a emprender. Resulta curioso que la mayoría de los políticos que animan tan irresponsablemente a emprender, no hayan emprendido en su vida, aparte de subir a codazos en sus partidos, enchufarse en empresas y corromperse hasta la médula. Por ejemplo, detrás de la farsa del emprendimiento se oculta un gran negocio de empresas, consultoras, gabinetes, etc., que supuestamente enseñan y orientan a los emprendedores. En la práctica la mayor parte de las ayudas oficiales acaban recayendo en manos de los mismos grupos empresariales de siempre, y gestionadas por la misma gente que lleva años y años controlando el cotarro.

En este marco los llamamientos públicos al emprendimiento no sólo resultan inútiles, sino contraproducentes. Y parecen una burla al darse dentro de un entorno que desincentiva y condena al fracaso y la ruina. Resulta irresponsable empujar hacia la trampa del emprendimiento a gentes no preparadas, con el sólo propósito de recortar desesperadamente las listas de parados, aunque sea temporalmente, y maquillar el fracaso de los gobiernos a la hora de ofrecer salidas laborales, así como de paso, sangrar a estas personas con trabas de todo tipo, escasas ayudas e impuestos confiscatorios y abusivos.

Lo que se pretende desde el poder, dado el fracaso económico y el desastre social, es mantener a la gente, sobre todo a los jóvenes, entretenida, ilusionada… y engañada. Se trata de ir ganando tiempo y para ello se incentiva la dependencia con el sistema, el individualismo más insolidario y que los emprendedores continúen deambulando sin mirada crítica y con actitud de sumisión hacia los que dominan.

AMETZAGAINAKO ZIRKULUA

(ALBERTO MARTINEZ LOPEZ)

 

 

*LAS ONGD ANTE SU PROPIO ESPEJO:Sus Fondos de Financiación.

Para entender el dilema del funcionamiento de las ONGD, y sin entrar en su idoneidad y su eficacia real, es necesario analizar uno de sus punto más débiles, desde siempre, el de la financiación y las entidades financiadoras.

 

LA FINANCIACIÓN PÚBLICA.

 

Entre las características de las ONGD se señala su condición de “sin ánimo de lucro”, es decir se trata de organizaciones que no reparten benefícios a fin de año. Pero las ONGD funcionan como empresas y tienen gastos y salarios, ¿hasta qué punto se pueden considerar como “sin ánimo de lucro” cuando matienen sus sedes, sus actividades y pagan sus salarios? Además, el choque con la realidad se produce cuando se sabe que la casi totalidad de estas organizaciones dependen casi totalmente del dinero público. Según los datos de la Coordinadora Estatal de ONGD, en los casos de las grandes organizaciones se obtiene una media del 42% de los fondos de la esfera privada, pero estamos hablando de una docena de organizaciones. Pero en el caso de las pequeñas y medianas ONGD la dependencia suele oscilar entre el 80 al 90% de los fondos públicos.  Ello se traduce en una gran competitividad ante la Administración, con cada ONGD defendiendo su postura y, en algunos casos, llegando a desmerecer los méritos de las competidoras. Hay mucho “tiburón” en el mercado de la ayuda con una competencia feroz y muchas veces desleal  por los fondos públicos especialmente.

En cuanto a la característica de “no gubernamentales, independietes y autónomas” hay también mucho que discutir. En primer lugar ¿cómo se pueden considerar independientes, dependiendo de un modo paralizante del dinero público? En la práctica los financiadores (tanto públicos como privados) condicionan sus ayudas a determinadas actuaciones que no solamente se limitan a garantizar resultados, sino que penetran en la estructura de los proyectos y en la forma de llevarlos a cabo, imposibilitando una real autonomía. Estas exigencias sobre todo de las administraciones y el excesivo “culto al proyecto”, como casi única fuente de financiación, hace que las ONGD se centren en definitiva en la consecución de los fondos. Para ello y a ello sacrifican todo lo demás, su casi único objetivo es buscar fondos para los proyectos que sean. Así y dentro de esta lógica perversa, el objetivo de una ONGD puede ser la Ayuda a los Refugiados y pasar rápidamente a Género o a Soberanía Alimentaria sin ningún rubor, tocando todos los palos, sólo porque resulta que las estrategias gubernamentales de cooperación han variado.

En esta línea, lo primero que desaparece o se posterga “sine die” son la “misión”, los “valores”, los “ideales”, la “denuncia”. Se sabe que las ONGD que no renuncian a la crítica y a la denuncia, no reciben subvenciones, son desterradas de cualquier ayuda pública. Así que casi todas las ONGD se alejan del discurso de la acción política, de la denuncia, de la intención de transformar la realidad, y se limitan a aliviar los problemas que otros (el sistema capitalista que las financia) han creado, sin dar un paso adelante para cambiarlos.

Finalmente, esta situación se ha visto muy agravada en la actualidad. Desde aproximadamente el 2008 en todo el estado los fondos para la cooperación internacional han ido disminuyendo de forma drástica, hasta llegar a la situación actual de colapso. El Estado Español ya ha reducido un 73,5% la ayuda al desarrollo (según sus propias fuentes), siendo que el país figura en el puesto 26 de los 28 países donantes. El estado, sencillamente ha abandonado la cooperación internacional, a la que ha hundido. En cuanto a los ámbitos autonómicos y locales, después de una media de entre el 70 al 80% de recortes, se asiste a una leve recuperación de entre el 11 al 18%, según comunidades. No obstante subsiste el hecho del hundimiento de la cooperación, la desaparición de un buen número de ONGD, el despido de la mayoría del personal contratado, y el abandono de proyectos y países.

En este cuadro, las ONGD que lo pueden hacer (las menores o desaparecen o vegetan) están redoblando sus esfuerzos para conseguir fondo privados.

 

FINANCIACIÓN PRIVADA.

Tras años de recortes que han conducido al colapso de los fondos públicos para la cooperación, se redobla por parte de las ONGD la búsqueda de fondos privados, sean personas físicas (socios, donantes, etc), bancos o empresas.

En este contexto de la captación de fondos privados, hay que partir de la base de las debilidades de muchas ONGD en este sector. Por ejemplo, la identidad colectiva de estas organizaciones se encuentra muy difuminada, con una gran carencia de signos externos. Ello se debe, entre otros factores, a la primacía de los intereses particulares de cada ONGD sobre la idea de un frente común.

Pero partiendo de estas debilidades de entrada, subsiste el hecho de que cada organización aspira a quedarse con una buena parte de los recursos, en detrimento de las demás. Para ello, hay que conocer algunos datos como los siguientes que facilita la Coordinadora de ONGD,s de España:

 

  • En el Estado Español, el 66% de las personas están dispuestas a donar dinero, aunque de forma esporádica y sujeta a impulsos, los conocidos como “espasmos solidarios”. La media de la Unión Europea no pasa del 45%.
  • El 45% estaría dispuesta a aportar algo más que dinero, como tiempo, trabajo, etc.
  • El 18% estaría dispuesta a más y a adquirir un cierto compromiso.

 

Curiosamente, parece ser que ante estos datos la mayoría de las ONGD,s prefiere centrarse en la captación de fondos, muy por encima de la entrada de personal que desea un cierto compromiso. Es decir, interesa sobre todo, socios que paguen.

Y en esta parcela, no existe una competencia más brutal que la que hay entre las ONGD. En esta lucha por la captación de fondos y socios, se pisan el terreno unas a otras, empleando todo tipo de artimañas para ello. En ocasiones se llega a incumplir el propio Código Ético y de utilización de imágenes y mensajes. Como ejemplo de esta pugna, se llega a gastar más recursos y esfuerzos en este espacio que en los programas de sensibilización y denuncia.

¿QUÉ ES LO QUE SE VENDE?

 

Desarrollando en detalle lo enunciado, tenemos estos tres tipos de debate:

I.- ¿ Por qué le llaman Amor cuando quieren decir Sexo?

II.- ¿ Debemos hacer “cómoda” la solidaridad?

III.- ¿ Qué imágenes y emociones se venden?

 – I –

A lo largo de esta lucha por sobrevivir, muchas ONGD han llegado a perder su “virginidad”, ya no les preocupa la “bondad” contenida en su “misión”, llegando a obviar su propio ideario. En definitiva se trata de “vender”, y los sentimientos también están en el mercado. El consumidor de solidaridad busca a cambio de su aportación un algo más que antes no tenía, sea tranquilidad de conciencia, orgullo, etc. Las ONGD les ofrecen eso, además de una solución a sus problemas de conciencia.

Este llamado marketing con causa, no educa para el desarrollo y la solidaridad, porque supone, por ejemplo, la llamada “solidaridad del ratón”, es decir, el consumidor se queda en su sillón y con un mero click de ratón, con un simple ir a la compra, crea estar contribuyendo a un mundo mejor. No se intenta que el ciudadano se pregunte las causas sino que solo pretende actuaciones. En este sentido el marketing de las ONGD sería lo contrario al consumo consciente.

– II –

Así, se opta decididamente por incidir en aspectos como las campañas de apadrinamiento, que para un sector creciente de personas comprometidas con la solidaridad, se trata de la herramienta de captación de fondos menos comprometida y también la más alienante. Se trata de explotar los difusos sentimientos de culpabilidad de una parte de la sociedad, ofreciendo en contrapartida una cierta tranquilidad de conciencia y una comodidad a la hora de aportar su parte de solidaridad, que no debe requerir de esfuerzos ni implicación.

En este marco no se suele dudar en llegar a aberraciones como las famosas “tómbolas de la caridad” o los “telemaratones”, en el colmo de la banalización de la solidaridad.

También resulta dudosas éticamente hablando, las campañas para el uso de determinadas tarjetas de crédito, o la propaganda hacia determinados productos comerciales, a cambio de un porcentaje de los lucros.

El mensaje subyacente en estas campañas es el de: “Si tú compras más, yo dono más”, lo que supone la pervivencia del modelo que se dice combatir. Este  “marketing con causa” contribuye a hacer perdurar un modelo de desarrollo puramente asistencial, en contradicción a lo que públicamente defienden las ONGD. Igualmente se contribuye a un modelo de desarrollo no sostenible y a una dependencia del consumo.

     -III-

Otra herramienta, son los famosos viajes turístico-misionales de cooperación. Es decir viajes para conocer sobre el terreno las realizaciones de las ONGD. En este marco, la organización apela al mundo de los sentimientos, las emociones y la empatía, vendiéndolos como un producto.

Ello se debe al hecho de que en la actualidad, lo que parece  importar es la “MARCA”, el logotipo de la ONGD, no el producto, el trabajo bien hecho o el mensaje de valores. Así, en la proyección de la MARCA, se trata de conquistar espacios en la mente del consumidor de solidaridad y defender ese territorio contra el resto de las ONGD. Se trata de defender cada MARCA que nos diferencia de las demás organizaciones, para que nos prefieran. Se lucha por ser el primero en su categoría, y si no se puede, se inventa otra categoría donde poder serlo.

 

Igualmente, una ONGD debe gestionar Recursos y Emociones. Para ello hay que vender emociones y sentimientos. Es importante presentar y vender la carga emocional del trabajo de la ONGD, convertirla en algo deseable. En definitiva, se trata de identificar la Identidad Emocional con la Identidad Coorporativa.

 

Todo ello redunda en la mala práctica de centrarse en paliar las consecuencias del actual sistema globalizador, en vez de combatir contra ese mismo sistema. Ello se traduce en una lucha superficial e inoperante a la larga.

 

ALBERTO MARTINEZ LOPEZ

JUANTXO DOMINGUEZ

(Activistas de AMETZAGAINAKO ZIRKULUA)

NOTA;

Hablamos en propiedad por nuestra dilatada experiencia en el campo de la cooperación al desarrollo.

Desde los años 80,hemos visto,oido y comprobado-insitu-mucho de lo que confirmamos en el presente articulo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FASCISMO, RACISMO Y GENOCIDIO COMO PARTE INTEGRANTE DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES.

En casi todo el mundo el neoliberalismo impone sus normas aunque cada vez con más rebeldía a sus dictados. Pero se sigue proclamando el poder del capital y del llamado libre mercado. Tras estos conceptos se esconde un sistema oligopólico, dotado de formas de planificaciones extensas y poderosas. La actual forma de sociedad democrática permite un elevado grado de explotación de la fuerza de trabajo y es capaz de poner en acción mecanismos de vigilancia y control muy sofisticados.

Sin embargo, el neoliberalismo siempre ha tratado de envolver el abuso y explotación del capitalismo en un halo de democracia. En este contexto siempre ha dicho que, en el pasado, los regímenes francamente totalitarios, o no serían capitalistas, en el caso soviético, o, en el caso de los fascismos, impedían el normal funcionamiento de los mecanismos económicos por su sed de poder.

Pero, en lo que respecta a los regímenes de tipo soviético, mantuvieron y reforzaron las relaciones de trabajo capitalistas y el sistema de organización de empresas. La Unión Soviética y los países de su esfera de influencia demostraron en la práctica la posibilidad de conjugar diferentes sistemas de propiedad en el interior del capitalismo.

Fascismos y Nazismo nacidos de las democracias.

En cuanto a los fascismos se integraron plenamente en la lógica capitalista, y la organización corporativa de los sectores de actividad económica nunca fue contradictoria con el viejo liberalismo. Fueron las democracias las que levantaron toda suerte de mecanismos de represión y control de las clases trabajadoras, en efecto, muchos países y durante mucho tiempo prohibieron la asociación de los trabajadores y todo tipo de reclamaciones, las brutales represiones de las protestas fueron una constante en las democracias. Este tipo de organización social, fruto directo del capitalismo democrático, fueron sistematizados por los fascismos y llevados a sus últimas consecuencias.

El llevar dentro de sí las semillas fascistas, hizo y en cierta medida hace que las llamadas democracias occidentales nunca han sido ni son capaces de enfrentar eficazmente al fascismo antes de que se haga necesaria una guerra. Occidente después de la segunda guerra mundial intentó ocultar sus huellas. Los mecanismos de censura, tanto los oficiales como los ocultos, impidieron o dificultaron en los últimos cuarenta o cincuenta años la difusión de las teorías políticas y económicas de fascismos y nazismos, disfrazando este control como una medida progresista. Las democracias derrotaron los fascismos (no todos ellos) militarmente, pero fueron y continúan siendo incapaces de desmontarlos o destruirlos simbólicamente. Por eso el fascismo sigue existiendo y últimamente con más fuerza en Occidente, diluyéndose en la vida cotidiana en sus formas más amables o soterradas, o bien apareciendo más escandalosamente en las elecciones o en las manifestaciones de violencia contra grupos objeto de su ira. Lamentablemente la idea preeminente, sobre todo en Europa, ha sido y es el encontrar una forma de “convivir” con el fascismo, ya que el hacerle frente de forma total y decidida supondría plantarle cara al fascismo existente en el mismo seno de las democracias.

En efecto las democracias siempre han actuado por un lado para mantener a los pueblos en la indiferencia política, exacerbando los sentimientos más egoístas y estimulando la insolidaridad social. Han rodeado al sistema de una maraña ininteligible de leyes de todo tipo que siempre protegen a los poderosos. El pueblo es apartado de las decisiones haciendo opaco al sistema con sus legiones de tecnócratas. Como se suele decir, y salvando las diferencias existentes, el sistema capitalista de la democracia representativa, ha secuestrado la verdadera democracia y la encierra en los respectivos Parlamentos.

Por último, tenemos la “gran fiesta de la democracia”. Es cierto que en muchas sociedades se eligen listas abiertas, y en otras listas cerradas, pero en ambos casos el control ciudadano del poder político es nulo en muchos casos y harto limitado en otros. Las nociones de soberanía popular y de representatividad de los elegidos se han manipulado constantemente. Según muchas corrientes de opinión, el poder, o se tiene, o no se tiene, y delegarlo es perderlo. En las democracias capitalistas, el sufragio sólo es, en realidad, un ritual del fraude en el que, apenas se le dice a la población que ella es la depositaria del poder soberano, cuando públicamente tiene que renunciar a ese poder entregándolo en el voto. Y gracias a una especie de magia de la que sólo los políticos parecen poseer el secreto, ese poder, como un espíritu desencarnado, vuela hasta los elegidos. De este modo, el poder que la clase dirigente siempre poseyó es presentado como si procediese de una población que jamás lo tuvo. Por eso, la concepción fascista del jefe supremo como emanación de la voluntad colectiva de las masas, es muy parecida a la concepción de las democracias para las cuales el poder de los elegidos devendría de una delegación popular mediante el sufragio universal. Además, para que el poder pueda residir sólo en uno de los lados, sea un líder único o un Parlamento siempre domesticado, el otro lado, el pueblo o las masas, tiene que mantener a sus individuos recíprocamente aislados. En los fascismos, las masas sólo tienen razón de ser por la relación de cada uno de sus miembros con el líder. En las democracias capitalistas la universalidad del voto es precisamente la forma que mejor consigue la atomización de la población en el aislamiento individual. En efecto, para votar, las personas son apartadas de sus relaciones sociales, y el acto sólo será válido si refleja la reducción de cada individuo a las fronteras de su propia individualidad.

Así que, es dentro de los sistemas democráticos actuales, donde se generan las posturas fascistas y nazistas, son hijas del mismo sistema de acumulación, exclusión, poder y control.

 

Racismo y Genocidios de las Democracias.

 

Bastante antes de que los nazis, presentados como ejemplo de los genocidas, alcanzasen el poder, las democracias ya habían creado, desarrollado y aplicado un programa racista y genocida a nivel mundial. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que además realizaba una actividad selectiva de manera a orientar la evolución biológica. Se crearon una serie de teorías de superioridad racial, únicamente para aportar un basamento teórico-científico al más desenfrenado expolio y represión en los países del Sur.

En la segunda mitad del siglo XIX, se generalizó en los países europeos una versión en la que el racismo ya no era sólo cosa de pueblos atrasados, sino que también se refería a los habitantes de esos pueblos como atrasados e inferiores biológicamente hablando. Y el sustrato de esta teorización del racismo, intencionadamente o no, fue la obra de Darwin. Cuando este autor publicó el conocido “Viaje del Beagle”, queda patente en ella su desprecio por los pueblos “no civilizados”, pero explica la situación de ellos en términos estrictamente sociales. Sin embargo, cuando en 1874 Darwin publica la segunda edición ampliada, la perspectiva cambia radicalmente. La idea predominante se basa ahora en la inferioridad biológica de los pueblos que viven sin propiedades, y casi sin Estado. En ese mundo, cuando Darwin habla de las “jerarquías de raza” coloca a los Blancos como lo seres superiores. Los demás son inferiores en sus capacidades cerebrales. Y no sólo eso, Darwin también considera que es muy escasa la distancia que separa a los simios de muchos hombres de las razas inferiores, y por debajo de esos hombres subdesarrollados, todavía están sus mujeres.

Estas pseudo teorías darwinianas fueron aprovechadas por las potencias colonizadoras para dar sustrato teórico a sus genocidios y rapiñas. Cuando se asientan las guerras de conquista de los pueblos colonizados se acompaña, en la conciencia democrática europea, por la convicción de la inferioridad biológica de esos pueblos, sobre todo de los negros. Estas concepciones racistas se juzgaban necesarias para que los europeos justificaran la destrucción de las culturas no europeas, de sus modos de producción no capitalistas, el exterminio de muchos pueblos y el sometimiento, degradación y dependencia de los supervivientes.

Y en este contexto, se tornó fundamental el papel de organizaciones. A ejemplo del papel destructor de la Iglesia en América Latina, las “Sociedades de Geografía”, que proliferan a partir de la segunda mitad del siglo XIX, constituyeron la infraestructura pseudocientífica del nuevo tipo de colonialismo. Gracias a las expediciones (de científicos y misioneros), las campañas militares podían ser más devastadoras y se redoblaba la eficacia de la ocupación y explotación territorial. Al mismo tiempo la estrategia de rapiña y genocidio era justificada mediante la divulgación de las teorías racistas. En poco tiempo, y gracias a las Sociedades Geográficas, este conjunto de orientaciones se integró en una nueva disciplina académica, la “Geografía Política”, después denominada “Geopolítica”. La Geopolítica tanto en Europa como en Estados Unidos justificaba el colonialismo más brutal en la superioridad blanca en civilización, técnica y biología. Esta disciplina académica contribuiría más adelante a la formación del pensamiento de Hitler. Las enseñanzas del general y geógrafo Karl Haushofer formaron a gente como Rudolf Hess que influyó enormemente en Hitler.

Otra disciplina alimentadora de las teorías racistas de superioridad racial fue la “Eugenia” desarrollada en los regímenes democráticos, que participó decisivamente en la formación de los cuadros ideológicos del nazismo. Directo continuador de la obra de Darwin, su primo Francis Galton, fundador de la Eugenia, desarrolló el racismo en dos aspectos de gran importancia. Por un lado, consideró que en los pueblos, en todos los pueblos, también en los blancos, las élites de las clases dominantes serían seres superiores, social, física y mentalmente, y sus descendientes heredarían esas cualidades. Así la Eugenia justificaba el dominio de unos pueblos sobre otros y, en el interior de cada sociedad, el de una clase sobre las demás. Y no sólo eso, sino que se alentaba a los poderes a intervenir directamente en la evolución humana, por ejemplo mediante el condicionamiento de las uniones matrimoniales, la eliminación de taras, etc. La futura política racial nazi quedaba así trazada en sus líneas fundamentales. Fueron las democracias las que formularon un verdadero programa de genocidio social y racial, llevándolo a cabo de forma extensa en los países colonizados.

Basadas en las teorías de Darwin y Galton, las “Sociedades de Eugenia” proliferaron en los medios universitarios de las democracias europeas y norteamericanas, profundizando todavía más en el mensaje racista. Y ese racismo recibió su consagración oficial en el Derecho Internacional de las democracias, por ejemplo, cuando la Sociedad de Naciones (antecesora de las Naciones Unidas), fundada en 1919, se negó a introducir en sus estatutos una cláusula de igualdad racial, propuesta por Japón y China.

Por su parte, en Estados Unidos los eugenistas actuaron muy pronto contra la inmigración. Lograron que se aprobara en 1924 la “National Origins Quota Law” que fijaba los orígenes nacionales y raciales de las levas de inmigrantes con los criterios de orientar la composición étnica de la población norteamericana. Al mismo tiempo las Sociedades de Eugenia norteamericanas consiguieron campañas para la esterilización de varias categorías de enfermos mentales y de personas consideradas criminales o moralmente pervertidas. En la década de los años 30, Estados Unidos y algunas de las principales democracias europeas promulgaron leyes en este sentido.

 

Reflexiones finales.

 

Por todo ello, es preciso volver a insistir en varios hechos. Mucho antes de la eclosión de los diversos regímenes fascistas y nazistas, en el seno de las democracias occidentales ya se crearon y difundieron los gérmenes y programas de los totalitarismos, racismos y genocidios.

Como antecedentes de los totalitarismos, las democracias ya instauraron la supremacía de las élites de los poderosos, la represión sistemática de las luchas sociales, la inclusión de los enemigos del sistema como elementos inferiores a los cuales se les podía eliminar, degradar y excluir.

En el campo del racismo, las democracias crearon desde muy pronto un extenso y complejo programa racista. Este programa no sólo afirmaba la existencia de una jerarquía de capacidades mentales y físicas en consonancia con el color de la piel y los estratos sociales, sino que también, mediante normas legales, llevaba a cabo actuaciones para orientar la evolución biológica. El racismo nazi se distinguió del racismo democrático sólo desde el punto de vista administrativo, ya que era dentro de un marco altamente centralizado donde pretendía producir la “raza superior”, mientras que las democracias, articulando varios centros de poder, se proponía llegar al mismo objetivo por otros métodos. Y en cuanto a la ideología racista y sus objetivos, los proyectos de Hitler se enmarcaban legítimamente en el marco de la geopolítica y de la eugenia, contando por tanto con las más puras credenciales democráticas.

Por último y en cuanto a las formas atroces que ejercieron los nazis a la hora de aplicar sus programas racistas y el alcance de sus actos genocidas, quedaron muy por debajo en horror y alcance genocida de lo ejercido por las democracias en todos los pueblos colonizados por ellas. Es bien conocido el horror de los campos nazis de exterminio, pero las democracias cubren -todavía hoy- con un espeso velo sus propios genocidios, muy superiores en número y alcance. Ocultan la transformación de grandes territorios colonizados en puros campos de concentración, con la esclavización de millones de personas y el exterminio también de millones.  Si en la actualidad el sistema capitalista no puede sobrevivir sin la explotación y el robo a una mayoría de pueblos, entonces tampoco podía existir sin la explotación colonial. Y esta explotación era impuesta con una serie de atrocidades sistemáticas y un terrorismo de Estado. Democracia y terror colonial eran dos caras de una misma moneda. Sólo el empleo intensivo de variadas formas de crueldad, tanto los genocidios como la permanente humillación social, podían convertir, en el espacio de una generación, a poblaciones seguras de sí mismas, en una masa sumisa. En efecto, para asegurar la explotación colonial era indispensable desestructurar los sistemas sociales existentes en los países colonizados. Y esta tarea no se encomendó a la libre iniciativa de los colonos, sino que fue planificada y dirigida por los Estados y las Iglesias, la cruz y la espada. Se trataba, entre otras cosas, dejar a esos pueblos sin capacidad de comprender su presente, para poder robarles su presente y su futuro. Había que dejarlos desprovistos de su pasado y para ello los universitarios de las democracias negaron la dignidad de la Historia a todas las historias que no hubiesen conducido a la civilización europea.

Es casi imposible establecer un catálogo con los genocidios y crueldades de todo tipo que llevaron a cabo las democracias. Desde luego mataron bastante más personas que todas las víctimas del nazismo. Y practicaron todo tipo de crueldades en escala casi infinita.

Las democracias llevaron a la práctica uno de los programas racistas de explotación y exterminio más extensos y crueles de la historia. Lo que no se perdona al nazismo es que sus víctimas fuesen blancas.

IPAR HAIZEA TALDEA

EL DERECHO A SER POBRE O LA RENTA BÁSICA.

Hace unas semanas, durante la presentación del informe sobre la pobreza (XIV informe sobre derechos humanos; Federación Iberoamericana de Ombudsman, 2017), un representante de la institución del defensor del Pueblo se ofendió porque planteé que en España existe el derecho a ser pobre. Quiso defender su postura contraria a esta afirmación, junto a expertos y académicos de Derecho, sin que pudiera salir del laberinto terminológico de las leyes, situada fuera de la realidad. Tal discurso crea una pantalla conceptual a modo de  espejismo, en el que estamos atrapados.

¿Por qué la pobreza es un derecho?, porque no sólo es legal, sino que se establece por decreto ley quién ha de ser pobre. Por mucho que asuste a los bien pensantes de la sociedad del bienestar, sucede cuando se ha establecido que quienes carezcan de empleo y de rentas reciben, en determinadas condiciones, una Renta Mínima de Inserción, valorada muy por debajo del umbral de la pobreza, 435 euros, siendo tal umbral la base mínima para poder sobrevivir. Según indica el Departamento de Estadística Europeo (Euroestat) harían falta doscientos euros más por persona. Mientras que, además, las prestaciones en España son a nivel familiar, de manera que la recibe un miembro por familia y por ende excluye al resto de recibir otros apoyos económicos por parte de las instituciones. Quienes ponen en práctica estas prestaciones y los políticos y sindicalistas que las defienden ¿podrían vivir ellos y su familia con esta cantidad de dinero? Fue ésta otra de las preguntas que planteé en aquel debate, sin respuesta.

Es esto el derecho a ser pobre, a lo que las instituciones de defensoría del pueblo y procuradores del común debieran rebelarse y denunciar, pero se limitan a “ceñirse a la ley” y a quejarse de boquilla de que no tienen más competencias. Por ello la necesidad de rebelarse, de denunciar esta atrocidad en la que viven millones de personas cada día en nuestro país, que no pueden hacer otra cosa que vivir el día a día, sin más capacidad, porque el pobre está atado a su condición misma de ser pobre. Pero los que sí pueden desde sus cargos institucionales se limitan a mantener su sueldo y el de la trup que los rodea. No hacen nada efectivo en este sentido, pero permiten que exista la sensación de que instituciones “justas” amparan a quienes nada tiene.

No estamos hablando de una reivindicación utópica, ni que pueda alterar el rigor institucional, sino algo elemental que se establece en el seno de la Unión Europea: la Carta Social, en la que se dicta que no puede haber ningún ciudadano europeo que, ante la falta de medios económicos para vivir, reciba una prestación o pensión, contributiva o no, por debajo de este umbral de la pobreza, que es la cantidad mínima para vivir con las necesidades básicas cubiertas a título individual. El estado español no ha firmado el protocolo, por lo cual no está obligado a su cumplimento. A su vez hace que seis millones de ciudadanas-cuídanos españoles carezca de tener la ciudadanía europea, una especie de “brexit” a la española de la que nadie habla. Y los organismos europeos no hacen nada. ¿A quién interesan los pobres? Ni siquiera a los que ejercen la caridad o la pose de justicia social que usan la palabra “pobreza” para su vanagloria y pomposidad, en unos casos “cristiana” y en otros “solidaria”.

Lo grave de amparar el derecho a ser pobre es que los partidos de la oposición lo aceptan. Simplemente han propuesto recientemente que se aplique tal derecho a cada familia sin recursos. Lo mismo los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, que pretenden, de manera infame, que tales ayudas sigan siendo a nivel familiar y por ley inferiores a la posibilidad de sobrevivir. Al mismo tiempo se hace cada vez más extensa la pobreza laboral, ya que ganando el salario mínimo para una familia no cubre sus gastos básicos para sobrevivir. Pero siguen clamando por el salario digno cuando no hay empleo y sigue creciendo el que es temporal y mal pagado.

Este tipo de prestaciones insuficientes sirven, además, de coacción a los trabajadores para propiciar que acepten las condiciones, cada vez más restrictivas, de los derechos laborales. Quienes pretenden el derecho a la pobreza y lo imponen lo hacen desde organizaciones e instituciones subvencionadas con dinero público, que retribuye a sus dirigentes con salarios de lujo, de 3.000 euros para arriba.

No es nuevo este fenómeno. Víctor Hugo, en su novela “Los miserables”, escribe: “Esta lucha entre el derecho y el hecho dura desde los orígenes de las sociedades. Terminar este duelo, amalgamar la idea pura con la realidad humana, hace penetrar pacíficamente el derecho en el hecho y el hecho en el derecho, es el trabajo de los sabios. Pero ése es el trabajo de los sabios y otro el de los hábiles“.

Los hábiles son los políticos y funcionarios, los sindicalistas y activista apoltronados, que permiten y propugnan sin pudor alguno que haya pobres por decreto ley y lo camuflan hablando de la pobreza, cuando ésta no existe y así pueden lamentarse, porque lo que existe en realidad son los pobres: individuos de carne y hueso, que viven situaciones concretas. El pobre es pobre y carece por ello de medios de vida. Pero la pobreza se puede desdoblar, como hacen los “hábiles” en “pobrezas” relativas: pobreza energética, pobreza de acceso a internet, de vivienda, de que les cortan el agua, pobreza cultural, lo cual da mucho de qué hablar y de esta manera engañan hábilmente a la opinión pública, haciendo que hacen algo contra “la pobreza”, entre otros cosas informes y propuestas, declaraciones y poses que cacarean en la prensa con medidas parciales, las cuales para nada tienen en cuenta al pobre, sino a la palabra “pobre”. Y además les sirve para difamar propuestas como la Renta Básica, mientras que defienden el derecho al trabajo, cuando tal derecho no existe si no hay empleos suficientes.

Pobre ese quien carece de medios suficientes para vivir. Tan sencillo como esto, que es lo que hay que abordar. ¿Con trabajo? Cuando éste es escaso y la sociedad produce bienes en abundancia gracias a la tecnología, lo que necesita el parado es el salario correspondiente al trabajo, y cuando existe suficiente riqueza, pero no la capacidad de usar más mano de obra, es preciso ofrecer por derecho los medios económicos necesarios a cada persona para sobrevivir. Es curiosos que se aumenta el presupuesto de Defensa (2017) ante el peligro de un ataque externo y es el propio gobierno quien ataca a su pueblo condenando, a una parte del mismo, con su política económica y medidas sociales a la pobreza extrema.

La ciudadanía está desamparada porque las instituciones y organismos en los que se representa  la voluntad popular dan la espalda a los problemas reales y concretos de la gente, pues el mecanismo del Poder para controlar a estos “hábiles” no es pagar la labor de los políticos por su “trabajo”, igual que a  directores generales colocados a dedo y asesores ídem, como pretenden hacer ver. No cobran un salario por el trabajo que hacen, sino que reciben una retribución por vender sus voluntades al convertir sus cargos en mercancías, las cuales son sus decisiones y propuestas, que son las que tienen un precio, pero no un valor como fuerza de trabajo por una determinada labor. La política como mercancía consiste en negociar privilegios y denunciar la pobreza en abstracto de manera propagandística y llorar la injusticia y la desigualdad con lágrimas de cocodrilo.

Por ejemplo: cuando las anteriores elecciones, las primeras que luego se repitieron (26 de junio, 2016), hubo un voto mayoritario a favor de un cambio social de izquierdas, con la posibilidad real de lograr, al menos, algunas trasformaciones políticas y económicas, facilitar un nuevo consenso para resolver los problemas desde una mayor igualdad y libertad. Ninguna fuerza de “izquierdas” o del “cambio” planteó un pacto para que no haya pobres. Ni siquiera contra la pobreza, por si acaso. El eje de la negociación iba a ser para Podemos, por ejemplo, el referéndum para la independencia de Catalunya. ¿Y no otras consultas al pueblo: modelo energético, sueldo de los diputados autonómicos y nacionales, sobre la ley electoral, etc.? O el reparto de cargos sin más el PSOE.

Posteriormente Podemos en su negociación con el PSOE para un posible gobierno de coalición puso sobre la mesa bajar en cien euros las cuantías de las ayudas sociales a las personas en paro y sin recursos, porque el PSOE propuso en su programa que los parados fueran pobres por ley. Han acabado convertidos en sus propias arenas movedizas, como lo que Manuel Vázquez Montalbán escribió en su novela “Los mares del sur”: Víctimas de un mediocre y fatal viaje de la pobreza a la nada.

Todos los programas de los partidos con representación parlamentaria tienen propuestas con las que legislar para que haya pobres, también los del cambio en las instituciones que gobiernan, con políticas sociales nimias para extender la pobreza, ejerciendo así el derecho establecido a ser pobre.

Señalemos un ejemplo que lo hace visible, aunque no se quiera ver. El PP y Ciudadanos han llegado a un acuerdo por el cual han aprobado dedicar una partida de 10 millones de euros en los ayuntamientos que gobiernan en coalición para contratar a quienes cobran la Renta Mínima de Inserción (RMI), 435 euros. ¿Por qué no a quienes no cobran ni siquiera estas ayudas? El truco está en que como ya pagan tales ayudas con dinero público, van a hacer contratos laborales por 200 euros. Una familia con tres miembros va a ganar lo mínimo que establece la Carta Social para una sola persona. Como las ayudas sociales son por familia sólo se podrá contratar a un miembro con esta medida. Y además extienden esta propuesta a empresas privadas que contraten a quienes reciben el SMI, dando 200 euros al empresario por cada trabajador, de manera que la empresa pagará con su dinero únicamente 435 euros para llegar al salario mínimo. Es decir: lo que el Estado no da a los pobres, se lo da a los empresarios en forma de beneficios. Es imposible mayor dislate, y sin embargo se presenta como una propuesta legal y benefactora porque existe el derecho a ser pobre. Pero son tan “hábiles” que los dislates de unos camuflan el de los otros. Los cuales son posibles porque se aplica, insisto, el derecho a ser pobre.

 

Tal derecho a ser pobre se apoya en el hecho imposible al trabajo. De esta manera no se ve que el dinero que cuesta mantener el Instituto Nacional de Empleo (INEM) permite dar una prestación solvente a cada persona que no cobra ninguna y que carezca de empleo. El alquiler de locales, que en León, por ejemplo, se pagan a un precio desorbitado a un constructor que fue presidente de Caja España, lo que junto a gastos de mantenimiento, salarios a unos pocos frente a los millones que carecen de recursos, gastado para nada: el INEM logra únicamente cubrir el 2% de empleo fijo anualmente. La mayor parte de las ofertas de trabajo pueden recogerse a través de internet. El INEM se ha convertido en una institución de control contra las personas en paro. Por eso se mantiene, porque las medidas contra el paro se han reconvertido a medidas contra l@s trabajador@s en paro.

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El discurso de los “hábiles” consiste en repetir en los medios de comunicación que es mejor una ayuda de 435 euros por familia que nada, como declara reiteradamente Rafael Simancas del PSOE en radios y televisiones. Pero también es mejor dar un euro que nada a cada parado. Tal argumento carece de toda lógica y es perversa porque justifica atrocidades come ésta. O ¿no es mejor matar a tres personas que a siete en un atentado? Tal criterio es absurdo, pero insisten. Incluso lo defienden haciéndose los graciosillos y los benefactores de la sociedad.

Vemos que la Renta Básica actualmente es la base de cualquier otro derecho de facto. Anula el derecho a ser pobre, que podrá ejercer como privilegio quien lo elija por un criterio de ascetismo. El derecho a una vivienda digna que reconoce la Constitución, como el derecho al trabajo, lo serán de hecho con la Renta Básica, sin la cual todo lo demás serán enunciados de principios irreales. Por eso encajan con el concepto de “pobreza”, pero no con el hecho de ser pobre.

El mes de febrero de este año 2017 durante el VII Premio de los Derechos Humanos, celebrado el acto en la universidad de Alcalá de Henares, el rey de España Felipe VI lamentó muy “hábilmente” que “en nuestros días aún sigan ignorados frecuentemente en muchas partes del mundo los derechos humanos”. Se le olvidó decir: incluida España. Y añadió: “son la esencia que permite a cada persona tomar conciencia de su propia dignidad y de cada uno de sus semejantes”.

Sucede que la misma ley se ha separado del derecho, ya no sólo éste del hecho, como dijo Víctor Hugo, sino que al corromperse la sociedad en sus instituciones se ha dado un paso más: Se ha convertido la ley en una herramienta política e ideológica, y ha dejado de serlo de derecho, a lo cual es necesario reaccionar. Veamos algunos ejemplos, que parece que han pasado desapercibidos en este sentido y que afecta a lo que venimos diciendo, porque es el fondo jurídico que hace posible establecer el derecho instrumental de ser pobre. Y, sin embargo, se ve bien.

Es, precisamente, desde la economía, donde se sitúa la hipóstasis del derecho, pues cuando se establezca el derecho a la supervivencia se hará efectivo el derecho a una vivienda digna y al trabajo por cuanto que su consecuencia salarial queda en la parte de necesidad vital cubierta con la Renta Básica. De otra manera los discursos altisonantes de progreso y desarrollo son mera falacia y retórica constitucionalista.

Pero hay que entender qué es lo que ha sucedido respecto a la separación de la ley y del derecho. Al entenderse la ley como un instrumento del gobierno, en lugar de servir para ejercer el derecho, lo que ha venido sucediendo en los últimos años es convertir la legalidad en una herramienta para hacer determinadas políticas o defender ciertos modelos ideológicos, fuera del derecho que debe ser la base de la ley, relación ésta que se ha trastocado.

El derecho a la libertad de expresión, por ejemplo, ha sido conculcado “legalmente” mediante la ley mordaza, pero ya antes con las leyes “contra el terrorismo”, que sin influir en lo que quieren combatir, sirven para un control férreo de la población. Una persona podría tener el derecho a expresar su idea a favor del ejercicio de la violencia como lucha política, por ejemplo. Otra cosa es que lo ejerza, lo cual nos sitúa en el asesinato. Hay postulados que defienden históricamente la lucha armada para imponer un nuevo orden social. En aras a no propagar el terrorismo, sin que tenga nada que ver, se establecen fundamentos como la “incitación al odio” y demás que permiten la censura por ley. Pero se admite porque cada parcela ideológica rebaña para sus postulados.

Una persona debería poder expresar su animadversión contra los homosexuales, o contra las mujeres y criticar el feminismo, pero por la misma razón tampoco lo permite ahora la ley. Se cercena la libertad y se coarta el derecho, mediante una ley instrumental. Una mujer ha sido condenada por hacer chistes sobre el atentado contra Carrero Blanco, que podrán gustar o no, pero bajo ningún concepto coartar la libertad de expresión. Lo mismo con la ley contra la llamada de “violencia de género “que rompe el principio de igualdad frente a la justicia y además diferencia la violencia en tipos, como si unos fueran más permitidos que otros, unos más resarcidos que iguales o equivalentes actos, según quien los sufra. Tal fue la aberración legal que se aplaudió, como la tipificación jurídica de la “violencia verbal”, que se asumió con la finalidad de que disminuyeran los casos de agresiones o ataques mortales contra las mujeres. Sin embargo desde que se implantó dicha ley sucedió lo contrario, pero no se ha cuestionado, sino que se insiste en dotar de más medios la lucha contra la que se planteó la nueva ley. Se justifica cada año diciendo que crece el número de delitos porque hay más denuncias, sin comprender su fracaso.

Todo trae sus consecuencias, pero como dijo Churchill, y antes Voltaire:daría media vida por dejar que mi enemigo se exprese libremente, y la otra para combatirlo”. Los deslices de la ley en pro de una causa sin más y sin criterios de derecho, sino propagandísticos, han afectado al derecho mismo y a la libertad con un marco legal cada vez más restrictivo y represor. Lo cual va en aumento.

Analicemos el asunto del derecho con cierta perspectiva histórica: Durante la II República una una diputada socialista, Victoria Kent, pretendió separar el derecho de la ley. Manifestó estar en contra del voto de la mujer, lo cual aun sin que fuera su voluntad, hizo que se reconociera el derecho a la inferioridad de la mujer frente al varón. Hoy nos parece absurdo, un anacronismo y una aberración, que se hizo en pro de valores progresistas y se supone que de “igualdad”. Lo justificó diciendo que “el voto de la mujer queda en manos de los curas y los maridos”. Le hubiera salido mejor querer prohibir los curas y los maridos. Un dislate, que de otra manera se repite hoy igualmente y ampliándose aún a otros muchos campos sociales, políticos y económicos.

La dictadura militar tras el golpe de Estado en España, 1936, cortó por lo sano y suprimió el derecho en sí, creando los “Principios del Movimiento”, de donde emanaron las nuevas leyes dictatoriales. Y ejercieron otras aprobadas anteriormente, durante la II República, como la ley contra vagos y maleantes, en la que los juristas del dictador incluyeron además a los homosexuales. Pero tal ley fue aceptada previamente a la Dictadura. O nos damos cuenta de lo que está sucediendo, o pongamos las barbas a remojar. Estamos sembrando demasiado viento como para recoger tempestades…

Con el actual marco legal podemos encontrarnos con una situación bochornosa de cara al futuro, pues el derecho a ser pobres es equivalente a legalizar la pena de muerte. No olvidemos qué dijo Martin Luther King, cuando le ley discriminó en la democracia estadounidense a las personas de piel negra: “nunca podremos olvidar que todo lo que Hitler hizo en Alemania fue “legal” y todo lo que hicieron en Hungría los luchadores húngaros por la libertad fue “ilegal”. Hoy el hambre y la necesidad es legal, amparada por instituciones “justas”.

No hay excusa, pues no habiendo empleo suficiente sí hay dinero, a pesar de la deuda que se incrementa a costa de expandir la pobreza, fuera y dentro de nuestras fronteras. El 28 de marzo de 2017, hace poco, el presidente del gobierno de España anunció la aportación de 4.200 millones de euros solamente para infraestructuras en Catalunya, pero obviando que el dinero público es para trabajo público, sin embargo lo pone en manos de empresas privadas, cuyo montante de tal aportación por parte del Estado en gran medida va a parar a los beneficios directos de accionistas y directivos de tales empresas. Los cuales van a generar una sinergia en la economía financiera con la revalorización de sus empresas en el mercado de valores. Con esta misma cantidad de dinero se podría pagar el montante de la Renta Básica a todos los desempleados que hay en España durante un año. Tal dislate de quitar el dinero público a la ciudadanía para dárselo a los grandes inversores, con una eficiencia nula en las obras previstas, es posible porque existe el derecho, de hecho, a ser pobre, el cual se aplica sobre una parte de la población.

El Derecho es un medio, pero un medio técnico de tipo jurídico para el desarrollo de la sociedad fundamentada en la libertad y el respeto entre los ciudadanos a través de un cuerpo legal. No se puede, sin embargo, admitir como un instrumento ideológico, ni de intereses corporativos o económicos como viene sucediendo, al amparo de los organismos institucionales, porque el derecho es un marco previo a la ley, que sin embargo se obvia.

Es necesaria la rebelión institucional, para no admitir el estancamiento legal en modelos de injusticia manifiesta y declarar que se prohíba que haya pobres y menos que lo sean por el ordenamiento jurídico del propio Estado. Incumbe a los políticos, a quienes forman parte de las defensorías del pueblo y a los demás organismos en “favor” del pueblo y del común, por más que se laven las manos. Como indica Angel Latorre, catedrático de la Universidad de Barcelona y  magistrado del Tribunal Constitucional: “es un error considerar la justicia como un conjunto de principios estáticos”. Considera además: “la ley es en el mundo moderno el instrumento principal de la reforma social”, pero para ejercer los derechos, no para condicionarlos o coartar su aplicación legal con triquiñuelas que hacen los “hábiles”. Sobre lo cual este catedrático de derecho declara que “la corrupción nunca se acabará porque los partidos políticos no quieren” (2015).
El profesor alemán de derecho R. Stammler (Granada 1922) ya plantea el proceso evolutivo de la ley, en la medida que el ser humano se transforma a lo largo de la vida y de generación en generación. Por lo cual entiende: “el derecho se forma con los deseos, las aspiraciones y el propósitos de los Hombres”. No es algo mecánico que venga dado. El paso del derecho al hecho sucede mediante la ley. La cual deberá establecer el derecho a no ser pobre, porque de lo contrario se impone la pobreza como lacra que tanto se “combate”, ya que nadie elige ser pobre, como tampoco la pena de muerte. John Stuart Mill planea que todas las leyes económicas se pueden alterar por el progreso del adelanto social. Y habría que añadir que también por los avances tecnológicos. Lo que quiere decir que la Renta Básica como derecho económico ha de ser el eje de un nuevo modelo de justicia. No sólo económico o social, sino en general.

Según Hegel la ley es en-sí y para-sí. Por consiguiente construye su esencia misma y su realidad. Si se hace instrumental para algo que no sea ella misma se pervierte.  Es por lo que, entiendo, hay que basar la eliminación de la pobreza en el derecho como tal, en lugar de promover ideas abstractas que se ajustan mediante leyes aprobadas únicamente con fines tácticos desde un punto de vista de la política de los partidos y los intereses de las grandes empresas.

En 1802 este filósofo de la dialéctica escribe “La Constitución de Alemania”, en la que hace una crítica de la actualidad de entonces. Estudia a los economistas ingleses y analiza los debates parlamentarios con minuciosidad. En la obra “Filosofía del derecho” Hegel descubre que la realización jurídica y política del concepto moderno de libertad es posible gracias al desarrollo económico. Con estas mismas pautas es posible añadir la Renta Básica, dos siglos después, como factor clave de los cambios venideros o de lo contrario la sociedad se verá abocada a un camino perverso ya iniciado con el derecho a ser pobre, que es la esclavitud,  modernizada con el amparo de quienes luchan contra la pobreza en abstracto sin tener en consideración a la persona que es pobre y cuya circunstancia es la que hay que solucionar.

 

RAMIRO PINTO

 

CRISIS MUNDIAL Y DECRECIMIENTO

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Consideraciones sobre el modelo actual neoliberal

Crecimiento insostenible y consumismo exacerbado

El sistema capitalista neoliberal, especialmente desde su proceso de globalización, se presenta como el único posible, siendo todo lo demás algo irreal e irrealizable.

Sin embargo, este modelo ya ha demostrado hace tiempo su insostenibilidad y su intrínseca injusticia social. Desde sus comienzos se ha basado en la desigualdad como motor indispensable de su desarrollo.

El modelo actual se lanza a un crecimiento sin límites que agota los recursos no renovables del planeta, expolia los recursos del Sur y mantiene amplias bolsas de exclusión en el Norte. Igualmente contra la teoría que se vende de que el crecimiento genera cohesión social, la realidad responde con una creciente barrera entre los que tienen y la mayoría que no tiene. Aquellos que tienen poder, y los que no; los que tienen dinero, y los que no; los que tienen trabajo y los que no; los que consumen compulsivamente y los que no difícilmente satisfacen sus necesidades más básicas.

Además, la política de que lo importante es el mercado y no las personas, lleva a las poblaciones a un modo de vida casi esclavo y adormecedor que se basa en trabajar, producir y consumir. Pero cada vez más el nivel de hiperconsumo se traduce en una creciente infelicidad de las personas. La percepción de felicidad cada vez está más baja entre las víctimas del sistema neoliberal. Y entre esa infelicidad se encuentra la falta de tiempo para disfrutar de las cosas. Hoy en día existe menos tiempo libre para las personas que en toda la historia de la humanidad. Estamos en la civilización del “tener” en vez de la del “ser”; tener cosas, tener dinero, en vez de ser personas integrales. Y ni siquiera existe el consuelo de mejorar a las futuras generaciones, pues ya está demostrado que van a vivir bastante peor que las precedentes, y esto es la primera vez que ocurre en el devenir histórico.

Así pues el crecimiento constante se ve abocado a un círculo vicioso, se tiene que crecer para consumir. Pero el agotamiento de los recursos se traduce en una ralentización del crecimiento inexorable. Y si como consecuencia cae el consumo, el sistema se hunde.

Se ha vendido el consumo, o más bien el consumismo como un estilo de vida, como el único estilo de vida, más bien. Por ello se llega a absurdos, como que sólo el 1% de las cosas duran más de 6 meses. Como dice una cita famosa, se trata de: “Consumir, consumir malditos”. Para ello, el gobierno mundial de las multinacionales, el verdadero poder actual usurpado a las naciones, se base en dos conceptos. La “obsolescencia planificada” que consiste en hacer que las cosas duren lo menos posible; y la “obsolescencia percibida” que se basa en cambiar el aspecto de los bienes de consumo para seguir consumiendo. Para ello, es vital el papel de los medios de comunicación y de la publicidad; se trata de que las personas consuman aunque no necesiten esos bienes.

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Pero otro aliado fiel de esta fiebre delirante son los gobiernos de los diferentes estados, que se han transformado en meros gestores de los intereses económicos de los grandes grupos internacionales. Hace tiempo que la soberanía de las naciones es una irrealidad, aunque se venda como real. Incluso, la izquierda política  y los sindicatos vienen persistiendo décadas en ese error. Lleva más de 30 años aplicando el neoliberalismo y “lavando” su imagen, haciéndolo más “amable” para facilitar su digestión e implantación. Se trata de allanar el camino a una opresión sin límites. En definitiva, se trata de los mismos capitalistas disfrazados de izquierda.

Agotamiento de los recursos y del modelo

El sistema necesita ingentes cantidades de recursos para crecer, y ese crecimiento voraz agota dichos recursos. Se trata de una carrera ciega hacia el abismo. Ya existen señales claras de alarma al respecto, sea el calentamiento global, la destrucción del 80% de los bosques del planeta, el agotamiento medioambiental y de los recursos naturales, etc. El proceso de destrucción del medio ambiente es muy rápido; la “huella ecológica” de la parte más consumista de la población mundial significa los recursos de 2 o 3 planetas. Estamos gastando, más bien derrochando recursos que no tendrán nuestros hijos e hijas.

Además del agotamiento de recursos, el gigantesco nivel de desechos de las sociedades industrializadas degenera de forma gravísima el medio ambiente, superando con mucho la “capacidad de recarga del planeta”. Y es importante llevar en consideración que la mayor parte de esta hecatombe se debe a los países del Norte. Por ejemplo, los EE UU generan el 30% del desecho mundial.

Detrás de todo ello, subsiste el tema de la desigualdad social en el Norte y el expolio secular de los pueblos y recursos del Sur. Para que una mínima parte de la humanidad mantenga sus niveles de consumo, la mayor parte sigue en elevados niveles de pobreza cuando no de miseria absoluta. Así, ante el progresivo agotamiento de los recursos, las empresas externan sus costos, llevan sus fábricas –sobre todo las más contaminantes y obsoletas- al Sur. Allí, se mantienen gracias a la desigualdad y al expolio sin límites de ningún tipo de los recursos locales.

Por todo ello, es necesario matizar cuando hablamos de decrecimiento. Muchos países del Sur necesitan “crecer” para cubrir dignamente sus necesidades, y, principalmente, necesitan que no les usurpen sus recursos. Pero para ello el Norte tiene que decrecer, desde un doble paradigma: “la obligación de no exceder su consumo” y “la obligación de restituir lo robado”. Sin embargo, la experiencia debe servir para algo, es decir, no se trata de que los países del Sur imiten los malos ejemplos del Norte y se lancen a una espiral de crecimiento destructiva. El ejemplo más claro es el de China que se encuentra en un modelo de crecimiento irracional. Si en este país se crea una clase media de unos 400 millones de personas y consumen según los índices europeos o norteamericanos, sencillamente el planeta colapsa definitivamente. Pero sólo se le podría exigir a China y a los países del Sur una contención en el crecimiento, si el Norte comienza a decrecer.

En este contexto, los poderes neoliberales que son conscientes de la finitud del sistema, intenta seguir mintiendo y mintiéndose. Hablan de ecología cuando han quebrado el equilibrio medioambiental. Hablan de políticas de reciclaje, cuando sólo se trata de un paliativo sino se entra en un proceso de decrecimiento y descenso del consumo. Hablan de “desarrollo sostenible”, cuando este concepto es un oxímoron, una contradicción en sí misma; si se trata del actual modelo de desarrollo, de crecimiento, no es sostenible.

Se nos habla de la actual crisis económica global, se nos alerta del crecimiento de los totalitarismos, pero se porfía en el mismo sistema que lo hace posible. Y ocultan que hay más crisis que la económica que nos presentan como única culpable del desastre. Se olvidan de la crisis medio ambiental, del fin de los recursos naturales, de la feminización de la pobreza, de la continuación del expolio del Sur. No mencionan la marginación, exclusión y opresión de las poblaciones inmigrantes en el Norte, a las que se les impone una especie de nazismo modernizado, lo que se dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

En realidad todas las medidas correctoras que el capitalismo lleva a cabo son inútiles pues no cuestionan el paradigma de crecimiento – agotamiento de recursos – consumismo. Utilizando un símil, se trata de que el barco del actual modelo va a estrellarse contra un acantilado, pero sólo intenta reducir la marcha, la velocidad, pero no cambia el rumbo con lo que el choque, el desastre es inevitable.

En este marco, sería interesante repensar el futuro, e imaginarse cómo será cuando el actual modelo energético colapse, cuando mantener un vehículo sea impensable, cuando la crisis total torne imposible las grandes obras públicas, cuando los niveles de pobreza aumenten en todo el mundo de forma rápida.

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Para concluir, se trata de que el capitalismo no tiene salida para esta crisis, y que la única respuesta posible es salir de este sistema. Hay que abandonar este modelo capitalista de mercado, recuperar el poder de los pueblos sobre el capital, y situar a la persona en el centro del debate. En definitiva, o se plantea un nuevo modelo de sociedad, y se entra en una política de decrecimiento consecuente, racional y paulatina, o no habrá más remedio que acabar con el sistema de mala manera, corriendo y en medio del desastre total.

Algunas propuestas del decrecimiento

 

La teoría sobre el Decrecimiento aplicada tanto a la temática medioambiental, como a la de un consumo consciente y sostenible, como al desarrollo y las políticas de cooperación, no ofrece soluciones mágicas pero sí supone un algo más en el trabajo por ofrecer modelos alternativos a la actual situación de poder capitalista globalizador.

El Decrecimiento se plantea desde el convencimiento, cada vez más generalizado, de la absoluta insostenibilidad del actual modelo de crecimiento económico con sus efectos en materia de injusticia social, explotación de países, pueblos y personas, y opresión política.

Intenta responder a preguntas como: ¿Es posible un crecimiento indefinido e infinito en un planeta con recursos limitados? ¿Nuestro modelo de desarrollo es viable para nuestro mundo? ¿Cómo afecta el crecimiento a los pueblos del Sur? ¿Y a las bolsas crecientes de población marginada en el Norte? ¿El modelo capitalista basado en la ecuación producción-trabajo-consumo, nos hace realmente más felices?

Estas y muchas otras cuestiones son las que pone en el centro del debate el decrecimiento. Se trata de un concepto que parte de la base de que el crecimiento económico generalizado no produce efectos positivos para el ser humano y el medio ambiente. Esta idea se opone al consenso político ( ¿ y social ¿ ) generalizado según el cual el aumento del nivel de vida, entendido éste desde parámetros economicistas, es el objetivo al que debe aspirar cualquier sociedad.

Frente al modelo capitalista de crecimiento y desarrollo el decrecimiento propone una alternativa no por sencilla de comprender menos revolucionaria: frente a la economía dejemos que la persona vuelva a ser el centro de los debates y de la vida; propongamos un modelo en el que el consumo y la producción se frenen y disminuyan; hagamos que la justicia social y la ciudadanía sean protagonistas y remarquemos que no todo es valorizable económicamente.

Como puede deducirse muchas son las cuestiones, experiencias y dudas que surgen al hablar de decrecimiento. Para ello, se hace necesario profundizar en aspectos como los siguientes:

 

  1. Conceptos generales sobre el decrecimiento.
  2. La importancia del modelo energético.
  3. Críticas al decrecimiento y desde el decrecimiento.
  4. Los problemas del decrecimiento en el Sur.
  5. Decrecimiento sostenible: sociedades en transición.
  6. La sociedad del trabajo.
  7. Decrecimiento, democracia y ciudadanía.
  8. La cuestión tecnológica.
  9. Experiencias prácticas sobre decrecimiento y el futuro.
  10. El decrecimiento y la cooperación al desarrollo.

 

LUGARES, REFERENCIAS Y GRUPOS DONDE BUSCAR MÁS INFORMACIÓN

Referencias bibliográficas

 

  • Breve semblanza y relación de obras de Nicholas Georgescu-Roegen: www.eumed.net/cursecon/economistas/georgescu-roegen.htm  ( destacar “The entropy law and the economic process” 1971.
  • La convivencialidad”, 1973. “Alternativas”, 1974. “Energía y equidad”, 1974, todos ellos de Iván Illich.
  • Capitalismo, socialismo y ecología”, Ed. Hoac, 1995. “Metamorfosis del trabajo”, Ed. Fundación Sistema. “Crítica a la razón productivista”, Ed. Los libros de la catarata, 2008. “Miserias del presente, riqueza de lo posible”, Ed. Paidos, 1998, todos ellos de André Gorz.
  • Pequeño tratado del decrecimiento sereno” de Serge Latouche, Ed. Icaria, 2009.
  • Un mundo vulnerable”; “Todos los animales somos hermanos”; “Gente que no quiere viajar a Marte”; “Biomímesis”, todos ellos en la Editorial Los Libros de la Catarata, todos de Jorge Riechmann.
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Serge Latouche, “Por una sociedad de decrecimiento”. www.rebelion.org/noticia.php?id=8738
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Jean-Marie Harribey: “Alternativas por una sociedad ahorrativa y solidaria” : www.rebelion.org/noticia.php?id=4293
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Serge Latouche: “¿Tendrá el sur derecho al decrecimiento?”: www.sodepaz.net/modules.php?name=News&file=article&sid=2417
  • Artículo “Alternatives économiques, décroissance ou développement durable” : www.alternatives-economiques.fr/site/221_004.html

 

 

 

Páginas web sobre decrecimiento

 

 

 

Algunos grupos por el decrecimiento

 

 

 

 

Algunos ejemplos sobre cuestiones que impulsan otro tipo de sociedad y sistema

 

 

 

( Fuentes: Carlos Taibo; Arcadi Oliveres; Deshazkundea Gipuzkoa [Alberto Martínez] )

 

 

Prejuicios contra la RENTA BÁSICA.(Colaboración de RAMIRO PINTO)

 

RAMIRO PINTO
RAMIRO PINTO

Dijo Guillermo Rovirosa que las evidencias no hay que razonarlas ni explicarlas, porque adquieren una adhesión total, precisamente, porque son evidentes. Pero también sucede al revés: que aquello que no se razona ni explica hace que lo falso se convierta en “evidente”, sin ser algo cierto, pero la simpleza del mensaje hace que la mayoría se adhiera en forma de prejuicio.

Es decir lo que es anterior al juicio. La evidencia desde la razón hay que explicar en qué consiste y razonar, porque no se ve a simple vista. El problema es que no cabe en un eslogan, ni en 140 caracteres. Ni tan siquiera en un debate de los de la tele. Para desmontar prejuicios hay que saber cómo funcionan y desmontar aparentes “evidencias”, que son erróneas, o lo que Rovisora llamó “CODIN” (código interno).

Como un prejuicio no se puede argumentar, tampoco es posible razonar en contra, ese es su mecanismo de defensa, pero sí reducir al absurdo. A pesar del error, no se hace visible porque no se admite como tal, sino que la culpa es siempre de algo externo. Por eso hay que desmontarlos sentencia a sentencia, “ladrillo a ladrillo”. Y de la única manera que se puede hacer, usando la lógica misma del prejuicio, ya que éste anula, como una humareda cualquier razonamiento.

Últimamente una pléyade de economistas se han dedicado a esparcir prejuicios con los que se ataca a la Renta Básica sin posibilidad de defensa, sin información sobre lo que es y en qué consiste desde el punto de la economía política. No se admite el debate para confrontar argumentos e ideas, porque se presentan como autoridades académicas cuya opinión es “evidente”. Curiosamente cada vez se intensifica más el ataque a la RB, y a la vez mayor es su apoyo entre los colectivos sociales y de parados.

Tales expertos consideran que no hay dinero, porque lo presentan como un añadido a los gastos ya establecidos. En este caso tendrían razón. Pero la RB es una manera diferente de organizar el dinero que hay, ni más ni menos. Lo cual quiere decir que hay que descontar muchos gastos inútiles en favor de crear empleos mediante obras que se contratan a empresas privadas con dinero público, con la excusa de combatir el paro, pero que se convierten en beneficios empresariales y luego no se usan tales infraestructuras suficientemente, lo cual suponen gastos de mantenimiento y falta de rentabilidad de las mismas. Y muchos gasto actuales se incluirían en el montante de la Renta Básica. Que se diga que no hay dinero es otro prejuicio, en el que se insiste, lo cual no permite ver lo caro que sale crear empleo inútil. ninos-770x470

 

Francisco Garrido: profesor de la universidad de Granada, que fue diputado en las listas del PSOE y presentó el “proyecto simio” en el Parlamento. Cuando le contradije en las redes sociales me bloqueó para no hacer evidente sus prejuicios. Alega que al ser una medida que quiere estudiar el gobierno de derechas finlandés es una medida de derechas pura y dura. Plantea que la Renta Básica es un caballo de Troya del neoliberalismo. Si es así, por la misma lógica si Trump no defiende la Renta Básica ¿quién no la defiende es seguidor suyo? A su vez desde otros prejuicios se ve lo mismo también como un caballo de Troya, pero del comunismo. Nada puede ser una cosa y su contraria a la vez. Carece de lógica, porque preguntado por qué, los que usan estos prejuicios contestan: “es evidente”. ¿Me lo puedes explicar? Nada tienen qué decir, porque no es un razonamiento.La RB precisamente elimina la base de la explotación humana: la necesidad, el hambre, la coacción.

Enrique Lluc: presenta la RB como una “renta de vagos”, en un tono de que es vista así por muchas personas. Al ser una Renta Universal, como un derecho universal ¿todas las personas son vagas?, sin embargo sí defienden atender a los pobres, o sea a los “vagos”. Es una falta de respeto presentar el problema así, aunque sea diciendo que “se dice…”. Por otra parte no habría que usar, por ejemplo, la rueda, ya que la inventó un vago y la usamos los mismos (todos) para no cargar tanto.

Juan Torres, tiene previsto editar un libro, con una gran promoción, en contra de la Renta Básica. En sus conferencias parte de premisas que no son exactas y su conclusión es que la pobreza como, dice, demuestra la Historia, sólo se supera con el pleno empleo. Es cierto lo que dice, es una verdad a medias y por lo tanto manipuladora, no es un razonamiento que ha de partir de la realidad. Hace años sí sería de esta manera, pero la tecnología sustituye una parte importante de la mano de obra. El pleno empleo no es posible. Hasta tal punto que un fenómeno de la economía moderna es la precariedad laboral, personas que no logran alcanzar el umbral de pobreza en su familia con un empleo precario y temporal.

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Juan Carlos Díez, mete el miedo en el cuerpo cuando declara que si se instituye la RB habrá que poner francos tiradores en las fronteras. Esta idea se ha divulgado a los cuatro vientos. Hasta yo tiemblo. Luego matizó sus palabras, pero éstas no recorrieron los medios de comunicación de masas ni las redes. Con matiz o sin él, es deformar dos hechos, por un lado la RB y por otro lado los movimientos migratorios. Y quizá la relación de ambos temas sean otros, como que no existe “efecto llamada”, sino de expulsión de los lugares de origen mediante guerras, hambrunas, destrucción de recursos, o simplemente  que no haya empleo suficiente, como cuando hubo el trasvase de personas del campo a la ciudad, todo para mantener un modelo económico depredador, que no sólo coloca francotiradores en las fronteras, sino que lanza bombas allá donde haya algo que le interese.

Juan Ramón Rallo, asegura que con la RB aumentará el trabajo con sueldos en dinero negro. Me recuerda a aquella canción, “El himno del cañaveral”, sobre que “encuentran a un hombre ahorcado y luego le preguntaban ¿por qué te estás columpiando”. Lo que dice sucede con RB y sin ella. Además la implantación de la RB arrastra a un modelo fiscal en sintonía con la nueva realidad, a la que se debe de adaptar, necesariamente, pues el mismo ha entrado en quiebra por ineficacia, con o sin RB. Hay modelos propuestos que evitarán este problema, de lo que ya comentaremos, porque sea otra la manera de tributar. Pero además hay cierto cinismo en estas pretensiones y más querer asustar con esto, que provoca el mismo hecho de la precariedad. Al tener ayudas por un importe menor al umbral de la pobreza, sólo con algunas chapuzas fuera de toda cotización puede sobrevivir. Le condenan a esto al precario, de manera que se criminaliza así la pobreza y al parado que lucha por su supervivencia y no para enriquecerse. Pero además calla, y nada dice a la par, de que el 97% de los pisos y propiedades se han vendido y se sigue haciendo con un 25 / 40% en dinero negro, en las mismas notarias, cuando sale el notario de la sala para que las partes lleguen a un “acuerdo”. Nada dice de que la mayoría de los presidentes de los clubes de fútbol sean constructores y no explican las cifras astronómicas en el contrato de futbolistas. (¿Publicidad?, ¡ja!)

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Eduardo Garzón, insiste en crear puestos de trabajo públicos, para absorber la mano de obra en paro. Al tratarse de un gasto añadido el encarecimiento de dicho empleo es mayor de lo que pueda soportar cualquier administración. Precisamente el libro “La perestroika” de Mijail Gorbachov se plantea en contra en este aspecto: “no podemos mantener el pleno empleo”. La informática ha sustituido a miles de puestos de trabajo en la burocracia y va en aumento. Las necesidades en la educación, sanidad e infraestructura básica necesaria y pública es una parte mínima del ejército de desempleados de lo que se necesita ampliar. Poner empleos públicos por poner hace que el trabajo de los mismos sea ineficaz y su efecto añadido es acabar con gran parte del empleo privado, de manera que el paro seguiría siendo el mismo o más. Llegaría esta medida a estatalizar hasta los comercios y la consecuente necesidad de planificar. Las experiencias constatan en lo que desembocan al cabo de los años. Las necesidades de empleo público han de ser en función de los puestos necesarios, no como medida contra el paro, pues además no es esta su función, sino que lo que hace su propuesta es convertirlo en propaganda política e instrumentalizar dicho empleo en algo ideológico más que en el bien público que se supone que es.

Daniel Lacalle, asegura dramáticamente que ¡no hay dinero! ¿De dónde va a salir? Además augura que la quiebra del Estado sería inmediata. ¿Cómo con esto y todo lo demás es posible que alguien defienda la RB? Todo consiste en asustar, en descartar que se implante la RB y ni siquiera se debata sobre que es posible y necesaria. Entienden la RB como un gasto añadido, cuando es un sustitutivo de las políticas de empleo, que salen carísimas, las subvenciones a sectores como la minería o la indutrialización de las cuencas que ha desembocado en graves casos de corrupción. O en las ayudas de la Política Agraria Común, en la que se benefician de las mismas el 3% de los más ricos de la Unión Europea, mientras que el pequeño agricultor cada vez se ve más presionado y desamparado y abandonan sus pequeñas explotaciones agrarias. Una RB vendría mejor a los pequeños agricultores. Se trata de un cambio de modelo, de una reorganización del gasto del dinero público y de ponerlo en manos de toda la ciudadanía para potenciar la economía productiva frente a la economía financiera que es adonde va a parar el dinero público otorgado a las empresas que son contratadas y adquieren de tales contratos su enormes beneficios directamente. La pregunta no es ¿cuánto cuesta? y añadirlo a los gastos ya existentes, sino que hay que plantear ¿cómo organizamos el dinero público?, el que hay, ni más ni menos. Y si eliminamos muchas partidas presupuestarias, sólo las relacionadas con el empleo, se verá un ahorro y una gran eficacia en la aplicación de la RB. Se ahorrarían los costes descomunales que supone mantener la burocracia de las oficinas de empleo y  del Instituto Nacional de Empleo (INEM), que, por cierto, sólo supone la creación anual del 2% de los nuevos contratos laborales. ¿Para esto tanto dineral?, cuando se puede buscar por internet las oportunidades de trabajo. Los locales, por ejemplo, de las oficinas en la ciudad de León, se alquilan al constructor, antiguo presidente de caja Espala, Santos Llamas. Y no digo otro tipo de gastos (militares, monárquicos, contaminantes, multas por incumplimiento de compromisos adquiridos, etc…) pues no se puede hacer cambio de cromos en economía, lo que es muchas veces una especie de simpleza: quito de aquí, pongo allá. La sustitución de gastos sólo puede valorarse en relación a lo que sustituye: el empleo. Lo demás es ya una cuestión política a dilucidar en las urnas.

Gonzalo Bernardo, asegura que nadie trabajaría. O sea con sueldos que triplican la cuantía de la Renta Básica, se hacen horas extras, pero ganando mucho menos la gente dejaría de trabajar sin más. Lo que es cierto es que tendrá la oportunidad de no aceptar contratos humillantes, que no paguen el trabajo que se haga, que impongan condiciones horarias más allá de lo contratado y demás. El salario será un incentivo para ganar más, pues pocos se conforman con vivir con lo justo. Pero puede darse, y estas personas tienen su derecho a sobrevivir. Algo que cuando se necesita el empleo para resolver las necesidades de la sociedad en su conjunto no es admisible. Pero una sociedad en que la tecnología produce gran parte de la riqueza no se puede interponer en las medidas económicas criterios morales o ideológicos (generalmente camuflados) Además la RB va a permitir una pléyade de empleos artesanales, en cooperativas, de agricultura ecológica, ingeniosos, en arte, y demás que sin una base de subsistencia no son posibles hoy en día. Lo que sí hay que tener en cuenta es que el umbral de la pobreza no puede llegar a una renta de lujo colectiva con el incremento de hijos, de manera que la RB a menores de 18 años sea cuantificada en la mitad, lo mismo que carecen de voto hasta que tengan un criterio personal. A nivel económico hay gastos comunes que no se incrementan de manera proporcional, como el de la luz, la calefacción, el butano, etc. Hay un aumento, pero no como para medir el umbral de la pobreza del colectivo como suma de gastos básicos individuales.

 

Alberto Garzón, tiembla con la Renta Básica en favor del empleo garantizado. Porque la Renta Básica es una medida ¡del capitalismo! Propone el trabajo garantizado, pero ¿antes de tomar la Bastilla?, porque de otra manera también lo será dentro del capitalismo. Mientras que su medida merma la capacidad del trabajador que habrá de aceptar las contrataciones impuestas, mientras que la RB permite una libertad personal suficiente para poder elegir los medios laborales que le puedan interesar. Pero es que además no es una crítica sino un prejuicio en toda regla, que es contradictorio, porque ¿rechazamos la democracia por suceder a la par que el capitalismo?, ¿él ha dejado de cobrar del Estado como parlamentario en una institución que funciona en el capitalismo y lo refuerza? Él sí cobra de un estado capitalista, pero los demás y los precarios no. Es inaudito a lo que los prejuicios pueden llegar a plantear, cuando la RB es el punto de apoyo para lograr un cambio radical del modelo capitalista, y de cualquier otro cuando que han dejado de funcionar como tales para trasformarse en modelos económicos de corrupción.

 

Y todos al unísono hacen propuestas de cómo crear empleo, cuando ya se ha comprobado que han fracasado en toda regla, pero es que no se han tenido en cuenta ciertos matices… y cuando sí, será que es que … y siempre habrá a algo a lo que echar la culpa, en lugar de buscar soluciones. Los cursos para buscar empleos se han convertido en estafas al ser inútiles, pero se insiste en ellos.

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La falta de perspectiva en las teorías de economía política, su encasillamiento en análisis desfasados, que no tienen en cuenta los cambios que ha sufrido la realidad, hace que las políticas económicas al uso vayan a la deriva y no funcionen, sino como promesas fatuas que se sobreponen con más promesas y azuzando los prejuicios.

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La RB permite adaptarse a la nueva realidad, definida por: la tecnología, la globalización, la pujanza de la economía financiera y la necesidad ineludible de lograr un desarrollo sostenible, en lugar de plantear como el TTIP o como enuncia Trump “las leyes medioambientales hay que dejarlas a un lado por ser asesinas del empleo”, lo que en la práctica se impone ante los intereses económicos, unos al descubierto y otros cínicamente.

Las Rentas Mínimas de Inserción (RMI), que defienden, casi al unísono estos economistas y los partidos “progresistas”, hace que haya pobres por decreto, no resuelven la pobreza, sino que la agravan, la extienden y la trasforman en exclusión social. No es que sea algo diferente a la RB, sino que es lo contrario. Lo veremos más despacio en otra reflexión.De ahí la defensa por la Marea Básica el cumplimiento con la Carta Social, que establece que nadie puede existir en la UE con subsidios o prestaciones por debajo del umbral de la pobreza.

 

Pero todo este mecanismo de ataques contra la RB no es nuevo. Sucede en cada cambio de paradigma, y es necesario hacerlo ver, comprobar cómo funcionan los prejuicios que llevan al absurdo las soluciones y las objeciones. Fue así cuando Einstein planteó su teoría General de la Relatividad, o la comprobación de que el espacio es curvo. Afirmó: “no se pueden resolver los problemas con las mismas ideas que los han provocado”.

Cuando se descubrió que la tierra es esférica y que se mueve se rechazó por prejuicios religiosos y los intelectuales de la época aludieron que a simple vista está quieto nuestro planeta, ¡es evidente!, que nos caeríamos, o que los de la parte de abajo de la forma esferoide andarían con los pies hacia arriba. Fue necesario ver desde fuera las cosas y comprender la nueva realidad.

¡Qué maravilla es nuestra mente humana!, pero con qué trampas nos atrapa, que en lugar de superar se refuerzan para que unos pocos se beneficien. ¡Ay!, cuando nadie creyó lo que contó Marco Polo de sus viajes, que luego se comprobó ser cierto. ¡Hasta le llamaron sus coetáneos “Micer Millonario”, por las millones de mentiras que dijeron que contaba y por las riquezas que dijo ver. Sin embargo las leyendas e historias falsas que trajo de Oriente fueron creídas, hasta el punto de motivar la búsqueda de ciudades llenas de montañas de oro, lugares con mujeres desnudas que esperan la llegada de los marineros a sus Paraísos, etc. En la búsqueda de El Dorado, de las Amazonas, etc, perdieron la vida miles y miles de personas cuando creyeron haber llegado a Cipango, y luego al Nuevo Mundo del que oyeron decir…

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Como dijera el autor del libro “Psicología del artista”, Santiago Ramón y Cajal: “Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar? ¡Qué fácil, rápido y barato!”. Queda dicho.