CANDIDATURA VERDE (EQUO) EN LAS LISTAS DE PODEMOS EUSKADI

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UNA VISIÓN DESDE LA ECOLOGÍA POLÍTICA.

JUANTXO LÓPEZ DE URALDE(Candidato por Alava- PODEMOS Euskadi )Juan_López_de_Uralde

Meses antes del 15M ya estábamos pensando en la necesidad de cambio, en la necesidad de dar un volantazo que cambiara el rumbo y nos sacara de la profunda crisis política en la que había caído el sistema del 78. Cuando presentamos el proyecto EQUO aquel 24 de septiembre de 2010 no imaginábamos que meses más tarde nuestras sospechas se verían confirmadas.

Sin embargo, a pesar de aquella ola de cambio y esperanza que fue la movilización ciudadana del 15M, cuando llegaron las elecciones generales del 20N de 2011 nada cambió, el bipartidismo arrasó y el PP se impuso con una agobiante mayoría absoluta.

Cuatro años más tarde, las condiciones políticas han cambiado de forma abismal y la cuestión se plantea en un contexto radicalmente distinto, donde los aires de cambio son una realidad, y en la que los resultados de las elecciones municipales celebradas el mes de mayo nos muestran el camino.

Pero ¿hacia dónde lleva este camino? Desde mi punto de vista son necesarios tres ejes de cambio: político, económico y ecológico.

El cambio no puede ser solo un parche a las debilidades o las disfunciones del actual sistema político. Hay que reiniciar la democracia, hay que conseguir una democracia más participativa, más transparente, una democracia en la que, más allá de votar cada cuatro años, se permita a la ciudadanía ser un actor principal en la toma de decisiones.

Reiniciar la democracia significa, desde mi punto de vista, que la ciudadanía recupere la política y el trabajo en las instituciones como herramienta de transformación. Sin embargo el cambio no puede ser completo si no se cuestiona el modelo económico actual.

No es únicamente una cuestión de reparar el modelo que nos ha llevado a la crisis, sino de cambiar el modelo de crecimiento en el que estamos instalados; un modelo basado en el crecimiento continuado sobre una base física que es finita. Cierto es que es necesario una reactivación económica para crear empleo, pero siempre orientada hacia un nuevo modelo productivo ambientalmente sostenible.

No habrá empleo si no hay actividad que lo sustente. Sin nueva actividad y empleo no será posible hacer frente a la deuda, ni reducir el déficit y avanzar hacia la consolidación fiscal, sino que por el contrario aumentará el desempleo, el déficit y la deuda y crecerán las desigualdades y la exclusión social. El cambio pasa por la deconstrucción del capitalismo y la construcción de un modelo sostenible y socialmente justo.

Mucho se ha hablado de las alianzas, las confluencias, las coaliciones, la unidad popular… pero lo cierto es que a menos de un mes para las elecciones esa confluencia amplia que mucha gente reclamaba y por la que tanto hemos trabajado no ha podido ser completa.

Está claro que un sistema electoral injusto va a castigar que finalmente no saliera adelante, pero también es cierto que el momento del cambio ha llegado y los resultados electorales van a dibujar un Parlamento más abierto que nunca, en el que los partidos viejos van a ver mermado su poder.

En este nuevo escenario que imaginamos post 20D los pactos serán clave para que el cambio pueda llegar. La duda no es tanto si seremos capaces de entendernos los diferentes partidos políticos, como si habrá una mayoría de cambio.

Esas incógnitas las despejaremos a partir del 21 de diciembre. Sólo entonces sabremos si hay una voluntad de entendimiento para no volver a repetir las políticas del austericidio, de los recortes sociales y del desmantelamiento ambiental que hemos soportado hasta ahora de la mano de una mayoría absoluta, que pese a ser legal, dista mucho de ser democrática.

A pesar de eso, no podemos olvidar la otra mitad de la ecuación, igual que hablamos de los partidos políticos como actores de cambio, también tenemos a la ciudadanía. Sin duda cualquier cambio ha de contar con el consenso de la ciudadanía, con su participación. Es la hora de poner a las personas en el centro de la política, de la democracia. De otra manera cualquier cambio que no cuente con ese consenso, solo será un cambio efímero que desaparecerá con las próximas elecciones generales.

El cambio no es sólo necesario, sino que es posible. Ni la presión de los lobbies económicos, ni políticos podrán frenarlo si la ciudadanía es capaz de desbordar a la vieja política.

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EL CAMBIO SERÁ FEMINISTA,O NO SERÁ.

No puedo estar más de acuerdo con los elementos que las ponencias anteriores han enumerado como parte imprescindible del cambio del sistema político y del sistema económico y social. Y sin embargo, si consiguiéramos construir un cambio con todos esos elementos, sin tener en cuenta el feminismo ciertas cosas no cambiarían nada para la mitad de la población.

Las mujeres seguiríamos estando infrarrepresentadas en política, siendo más pobres y cobrando menos que los hombres, sufriendo todo tipo de violencias por el hecho de ser mujeres y por supuesto, seguiríamos ocupándonos mayoritariamente de los trabajos de cuidados y reproductivos.

Y es que no hay más vieja política que la hecha exclusivamente por hombres. Podremos construir un sistema político más democrático, más abierto a la ciudadanía, más transparente y participativo; pero si las mujeres no participan en igualdad, ni tienen puestos de responsabilidad y liderazgo, no será tan democrático como nos gustaría ni asegurará la igualdad de oportunidades de la manera a la que aspiramos.

El cambio que llegó en las municipales lo hizo liderado por las mujeres (Ada Colau, Manuela Carmena, Mónica Oltra), y lo hizo además con unos principios y mecanismos de participación (entre otros la paridad y las listas cremallera) que favorecieron el protagonismo de las mujeres en este proceso de construcción de alternativas políticas y ciudadanas a nivel local.

Seis meses después no hay ni una sola mujer candidata a la presidencia del gobierno y las mujeres encabezan 1 de cada 3 listas. Esto supone que en un escenario de reparto de escaños entre más partidos, entrarán más números 1 (mayoritariamente hombres). Podría darse entonces la circunstancia de que tengamos un parlamento de los más masculinizados, a pesar de la ley de paridad (que obliga a un mínimo de 40% de mujeres en las listas en tramos de 5) .

Porcentaje de participación

Mientras el porcentaje de participación de la mujer no se aproxime a su peso porcentual en el total de la población (¡51%!) habrá que seguir hablando de barreras y desigualdad. Si realmente queremos un cambio en la cultura política, hay que poner los medios necesarios para eliminar obstáculos y facilitar la participación de las mujeres, promoviendo su visibilidad y liderazgo. La menor presencia en número y cargos de responsabilidad no es fruto del azar o de la menor preparación, sino otra manifestación de la desigualdad que las mujeres sufrimos por el mero hecho de serlo.

Y esta es la segunda dimensión del cambio: cómo eliminar las desigualdades estructurales que el patriarcado, gran aliado del capitalismo, ha conseguido institucionalizar en nuestra economía, nuestra sociedad y nuestras relaciones personales. A día de hoy existen dos cuestiones prioritarias: la violencia machista y la desigualdad económica. Ambas exigen una acción política específica, porque nos convierten a las mujeres en ciudadanas de segunda.

Y lo hacen hasta tal punto que muchos hombres ejercen la violencia física, sexual y psicológica hacia nosotras con total legitimidad moral e impunidad social, sin que ni las instituciones ni las administraciones públicas lo vean como una prioridad política. Igualmente, los mayores datos de pobreza feminina, desempleo, precariedad laboral y la brecha salarial ponen de manifiesto que la independencia económica es para muchas mujeres inalcanzable. Hecho que no se asume como una merma de nuestros derechos, sino como una “circunstancia del mercado”.

Reparto del trabajo productivo

Sin embargo, cualquier cambio en nuestro sistema quedará incompleto si no aborda el reparto de trabajo reproductivo. Ese trabajo que realizan mayoritariamente las mujeres en todo el mundo, ese que es imprescindible y que no aparece en ninguna estadística ni indicador de progreso o riqueza. Nuestro modelo de sociedad, producción y consumo está basado precisamente en esa fuerza de trabajo gratuita que somos las mujeres y que realizamos las tareas básicas para la vida. Si tuvieramos que pagar ese trabajo en la sombra el sistema se colapsaría

La conciliación no basta, acaba siendo una trampa para las mujeres (la doble jornada). Hay que trabajar por la corresponsabilidad, los hombres y las instituciones deben asumir su parte en este trabajo esencial para la sociedad. Porque no nos engañemos, la desigualdad social, económica y política de las mujeres tiene su origen y es consecuencia de asumir sin remuneración, sin visibilización y sin reconocimiento el trabajo más básico que necesitamos como sociedad: el de cuidar de la vida.

¿Cómo hacer que la igualdad formal se traduzca en igualdad real? He aquí el doble reto del cambio: asegurar una mayor participación política de las mujeres para conseguir eliminar el origen de las desigualdades. Si asumimos este reto como democrática, ética y políticamente ineludible, no queda otra que incorporar el feminismo al cambio.

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ROSA MARTINEZ Candidata por Bizkaia-PODEMOS Euskadi)

 

http://rosamartinez.org/candidata-a-diputada-verde/

 

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